La muerte es un buen negocio
23 de Abril , 2024He dedicado parte de la mañana del lunes a escuchar las respuestas del señor García, alias don Koldo, a cuantas preguntas se le dirigieron en la comisión del Senado sobre el affaire mascarillas, y estoy agotado.
Sólo en una ocasión pude utilizar las vulgares orejas para escuchar la respuesta del interpelado; inter-, porque estaba en una comisión bajo cubierto, y -pelado, porque no se le conoce pilosidad en su molondra.
Interrogado si tenía la conciencia tranquila, don Koldo afirmó con voz clara y rotunda que “mucho” sin necesidad de proteger su rostro con mascarilla alguna, lo cual demuestra las horas dedicadas a entrenar delante del espejo para evitar que afloren las rojeces acompañando las mentiras.
Poco más dijo, aparte de prometer que volvería y lo contaría todo cuando tuviese las herramientas. Vamos, que si se trata de una fuga de dinero, le falta estopa y brea para calafatear las junturas.
Menos mal que entre las preguntas realizadas por María Caballero (UPN), engarzadas con sus silencios que valen tanto como asentimientos, y el relato del senador Luis Santamaría (PP), engarzado con la precisión de un auto judicial, la trama Koldo, Ábalos, lo que sea… quedó dibujada con detalle puntillista y ni siquiera faltó la calificación fiscal que tan turbios asuntos merecen:
—No se puede ser más miserable, señor García.
Es cierto que la horajasca política nos hace olvidar con más frecuencia de la aconsejada que estamos hablando de unos planes para llevárselo crudo, mientras miles de españoles morían en las UCIs o luchaban por no ceder ante la mortandad de la pandemia. Uno de los guiones más inhumanos y sanguinarios que ni el cine ha podido imaginar hasta la fecha, aunque siempre ha entendido que la muerte es un buen negocio.











