Drácula

Dice Aragonés que la pregunta del ansiado referéndum ha de ser muy clara y sencillita. De hecho, ya la tiene porque se la ha copiado a los escoceses. Se plantea así: ¿Quiere que Catalunya sea un estado independiente?

Clara es clarísima, pero de sencillita no tiene nada. Para empezar, por el mero hecho de plantearla se nos está diciendo que Cataluña ya no es de los españoles y, por lo tanto, no se nos va a preguntar qué queremos hacer ella.

El mismo principio jurídico de birlibirloque nos permite afirmar que Canarias es de los canarios, Murcia, de los murcianos y Madrid, de los madrileños. ¿Y qué es de los españoles? Nada. Por eso, según ellos, es tan sencilla la pregunta.

Es inmaginable que Aragonés se crea un simple empleado del Estado y que la tierra que se le encomienda administrar pertenece a España, pero esa situación puede cambiar de raíz con una preguntita de tres al cuarto.

En todo caso, dado el planteamiento que se gasta, tendría lógica que se preguntase: ¿Quiere que esta tierra, que ya es nuestra, siga siendo nuestra, o participamos con ella en el proyecto España?

Si únicamente van a votar ellos, esta segunda formulación tendría sentido, no la primera.

Para entrar en harina, ya ha adelantado Patxi López que ellos no son nada partidarios del referéndum y eso nos da una tranquilidad relativa, porque cada vez que se han jugado el bigote por una cosa… han hecho la contraria.

Ya nos gustaría escuchar a López que tanto él como Sánchez son unos acérrimos defensores de la autodeterminación de Cataluña, porque entonces cabrían muchas posibilidad de que el referéndum se diluyese en la jara. Viéndolos así, tan poco receptivos, nos entran unos miedos transilvánicos, porque éstos cambian como Drácula del día a la noche.

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