Sentido y sensibilidad

14 de Noviembre , 2024

Los gallegos, y los lucenses en particular, somos unos seres despiadados que hacemos fiesta en torno a la degustación ritual de criaturas inteligentes y sensibles, los pulpos.

Los animalistas europeos del Eurogroup for Animals han iniciado una campaña para suprimir el cefalópodo de los menús humanos. Todavía no le he dicho nada a Pelúdez. No me atrevo. Prefiero que se entere por los papeles.

Los animalistas ven en el pulpo y en los calamares unos rasgos de inteligencia y sensibilidad muy por encima de los que presentan los cerdos, las vacas y las gambas en gabardina, aunque nada nos libra de que, una vez salvados los moluscos, comiencen las campañas pro porcino, pro vacuno y pro gambino; y por qué no, la que persiga salvar del consumo a todos los bichos vivientes, al margen de sus signos de inteligencia y sensibilidad.

Comemos animales desde que alcanzamos la categoría de humanos, y a esta alimentación se debe la marcha de nuestra evolución. Si descubrimos la forma de sustituir el aporte carnívoro, nos habremos cargado la gastronomía y, probablemente, los pulpos acaben con las nécoras, o se coman entre ellos hasta que su inteligencia sea superior a la nuestra y nos encierren en granjas vigiladas. No lo sé.

Cierto que hoy no podemos justificar la ingesta de pulpo como método de lucha contra el bocio en el interior de Galicia. Sólo como fuente de energía y de placer, lo cual no es poco teniendo en cuenta que los pulpos adultos mueren después de copular con un año de vida, que es cuando no los comemos.

En cualquier caso, si hemos de renunciar a ellos por sentido y sensibilidad, no creo que deba de ser el Eurogroup for Animals el encargado de quitárnoslos.

La culpa del otro

13 de Noviembre , 2024

Ya sabemos quiénes metieron la pata, ahora sólo nos falta por conocer quiénes acertaron, porque alguno habría, aunque fuera un alcalde pedáneo, ¿o es que estamos condenados a una equivocación continua, a elegir permanentemente a los más ineptos y a discutir después cuál es el más nefasto?

No es imposible. Vean esta secuencia. Rita Maestre acaba de reconocer el error de haber elegido a Iglesias, Monedero y Errejón para pilotar Podemos. Irene Montero asegura que el mayor error de Podemos fue elegir a Yolanda Díaz, y Yolanda Díaz se ve obligada a entonar el mea culpa por mantener a Errejón como portavoz.

Es decir, equivocarse forma parte de la actividad diaria de los políticos, y no por ello se dan por aludidos y se retiran a cultivar cebollinos, sino que se presentan una y otra vez pidiéndonos el voto.

Y lo curioso es que se los damos.

Cuando en este estado de cosas se introduce una catástrofe de dimensiones fuera de lo común, el acierto en la toma de decisiones sólo puede deberse a la casualidad, porque lo previsible es que los ineptos cometan ineptitudes. Como decía Forrest Gump, “tonto es el que hace tonterías”.

A continuación se inicia una vez más la guerra de las culpas, donde lo importante no es la solución de los problemas, sino aparentar que la responsabilidad de que se produzcan no es tuyo, sino del rival político, del otro.

La estrategia en España tiene largo recorrido. Hoy todavía se discute, con riesgo de bronca, quién tuvo la culpa de la guerra civil, y son muchas las personas que se dan por satisfechas convenciéndose de que los culpables fueron los del bando con el que no se identifican, en vez de poner los medios para que no repita.

Por eso, por ahí adelante, ante la sospecha de culpa, se considera que lo correcto es la dimisión como primera medida.

Solo el cielo lo sabe

12 de Noviembre , 2024

El caso de Íñigo Errejón volvería hoy a las primeras planas con motivo de las declaraciones que él y la actriz denunciante tendrían que deponer ante el juez, si el embarazo de la abogada de esta última no se interpusiera en esas previsiones. Bueno, será más tarde.

Con tal motivo le han dado voz a Rita Maestre, su compañera ideológica y de amores durante ocho años, para que lo ponga a escurrir y para que haga lo que todos ante los posibles delitos de sus parejas, desde la infanta Cristina hacia abajo: “Yo no sabía nada”.

Lo raro del asunto es que la buena de Rita, no sabiendo nada, le acuse de ser un misógino integral, un depredador insaciable y un manipulador patológico, porque si la relación se prolongó durante ocho años, el comportamiento de Íñigo con ella durante ese tiempo habrá sido el de un amante cariñoso, un feminista convencido y un amigo sincero. Eso se supone para justificar lo prolongado de la relación.

O lo que es lo mismo, su testimonio tiene el mismo valor que el mío, que he oído decir de Íñigo que es un misógino, un depredador y un manipulador, pero no podría aportar ni la más mínima prueba, salvo en su defensa, pues nada vi.

Rita extiende su estado de inopia a todas las estructuras de los partidos en los que coincidieron, aunque ahora, visto lo visto, se lamenta de haber puesto el futuro de Podemos en manos de tres personajes “muy masculinos”, Errejón, Iglesias y Monedero, que ya es puntería.

Se siente. Contra ella no hay más reproche que no saber elegir los compañeros. A otras se les acusa de ocultarlo, y son cientos las denuncias que se acumulan contra él. Nueva riada.

Rita, que hizo su debut político poniéndose en tetas dentro de la capilla católica de la Complutense, nunca dio pruebas de enterarse de nada y en ésas sigue.

Enemigos públicos

11 de Noviembre , 2024

Nuestro surtido de enemigos públicos es realmente impresionante. Los tenemos de todos los colores, tallas y hechuras.

Los hay con solera, cargados de delitos que se cometieron casi en la Edad Media, como el legendario Jordi Pujol, al que van a juzgar por los pelos cuando ronda el siglo de su nacimiento, u otro recién descubierto para las masas, como Mazón, al que le ha caído la del pulpo en menos de lo que tarda en caer una dana.

Los tenemos contrastados, de amplia y variada experiencia, como Pedro Sánchez, al que lo mismo se le puede acusar de despilfarrar, como de mentir, traicionar o prevaricar. Los hay que dan el pego porque parecen dueños de un prestigio impresionante y al final resultan como cualquier otro, al estilo Teresa Ribera, a la que íbamos a exportar como España Calidade y se va a quedar la cosa en oferta de baratillo.

Los hay de fama creciente cual espuma, como Aldama, que no sé cómo podíamos vivir sin él hace unos años. O el tal Koldo, por el que nadie daba un duro y hoy cotiza en el Ibex. En ese plan destaca también el dúo musical Begoña y Azagra, dos auténticos descubrimientos en la captación de capitales, que si los monises no fuesen los nuestros y no los pescasen con enchufe público, diríamos de ellos que dejaban en ridículo al propio Rockefeller.

Por ahí anda también un tal Álvaro García Ortiz, que ha conseguido el récord de ser el primer fiscal general del Estado al que le escudriña el despacho la Guardia Civil y al jefe de la Sección de Delitos Económicos de la Jefatura Superior de Policía Nacional en Madrid, que emparedaba su casa con los millones apañados porque ya no tenía donde meterlos.

Nos domina la sensación de que falta espacio, pero mucho, para completar la lista. Habrá que seguir otro día.

El lamento del patriota

10 de Noviembre , 2024

Nos estaban alertando contra los peligros y la expansión del lamento crónico cuando, de repente, descargan las nubes y todo el país se convierte en un puro llorar. ¿No quieren lamentos? ¡Toma motivos!

Naturalmente, el lamento crónico no incluye las devastaciones y los cataclismos, propios o colectivos. Hay centenares de catástrofes diarias de las que apenas nos enteramos y, cuando lo hacemos, más que compadecernos de quienes las sufren, disfrutamos al pensar que nosotros no estamos implicados. Si la desgracia no nos salpica, ejerce sobre nosotros un efecto benéfico, como el terror de ficción, que por muy mal que consigan hacércetelo pasar, experimentas una agradable sensación de alivio cuando termina, porque, en efecto, todo era falso.

El lamento crónico al que se refieren los sociólogos es la protesta continuada y la disculpa para no asumir ninguna responsabilidad, remitiéndola siempre a un ajeno, tenga o no tenga competencias sobre la materia.

Quizá sea un contagio de la permanente actitud política de echar balones fuera. El rival es causa de todos los males, esté en el poder o en la oposición. O viceversa, son los políticos los que imitan a los niños que intentan librarse de la regañina con la misma letanía: “Yo no fui. Fue Luisito”.

Ningún filósofo alaba las lamentaciones salvo cuando son el propio acicate para corregir las propias conductas. Las demás entran en el saco de lo perfectamente inútil. Tácito llega a decir que quienes más se lamentan son los que menos motivos tienen para ello.

Es muy difícil abordar este tema en tiempos de postdana, pero no tanto como para reconocer que si al lamento no le acompaña la acción, se perpetúa la inutilidad.

Por eso hay miles de patriotas achicando agua y barro.

Nos estaban alertando contra los peligros y la expansión del lamento crónico cuando, de repente, descargan las nubes y todo el país se convierte en un puro llorar. ¿No quieren lamentos? ¡Toma motivos!

Naturalmente, el lamento crónico no incluye las devastaciones y los cataclismos, propios o colectivos. Hay centenares de catástrofes diarias de las que apenas nos enteramos y, cuando lo hacemos, más que compadecernos de quienes las sufren, disfrutamos al pensar que nosotros no estamos implicados. Si la desgracia no nos salpica, ejerce sobre nosotros un efecto benéfico, como el terror de ficción, que por muy mal que consigan hacércetelo pasar, experimentas una agradable sensación de alivio cuando termina, porque, en efecto, todo era falso.

El lamento crónico al que se refieren los sociólogos es la protesta continuada y la disculpa para no asumir ninguna responsabilidad, remitiéndola siempre a un ajeno, tenga o no tenga competencias sobre la materia.

Quizá sea un contagio de la permanente actitud política de echar balones fuera. El rival es causa de todos los males, esté en el poder o en la oposición. O viceversa, son los políticos los que imitan a los niños que intentan librarse de la regañina con la misma letanía: “Yo no fui. Fue Luisito”.

Ningún filósofo alaba las lamentaciones salvo cuando son el propio acicate para corregir las propias conductas. Las demás entran en el saco de lo perfectamente inútil. Tácito llega a decir que quienes más se lamentan son los que menos motivos tienen para ello.

Es muy difícil abordar este tema en tiempos de postdana, pero no tanto como para reconocer que si al lamento no le acompaña la acción, se perpetúa la inutilidad.

Por eso hay miles de patriotas achicando agua y barro.

El hombre del tiempo

9 de Noviembre , 2024

No me tengo por negacionista, porque para serlo en cualquier campo hay que estudiar mucho, y yo prefiero fiarme de lo que han investigado los demás.

Ahora bien, cada vez que oigo cambio climático es como si oyera pensamiento filosófico. El pensamiento conlleva la filosofía y la filosofía exige el pensamiento. Una redundancia.

Cambio climático es la constatación de la historia de la Tierra. El Mediterráneo seco, el Sáhara un vergel, la glaciación en Torremolinos y el mar que llegaba a O Incio.

Las opiniones contrarias tienen el mismo valor que la del vecino al que le preguntaron los palenteólogos si en aquella zona se conocían huellas de dinosaurios y contestó: “No, señor; desde que yo vivo aquí, y ya son años, nunca en mi vida me crucé con un dinosaurio”.

Los ribereños del Mediterráneo también pueden asegurar que jamás en su vida lo han visto seco, y eso que se que conocen cinco o seis momentos históricos en los que estuvo seco como la mojama. Eso sí, ninguno de nosotros estaba allí para verlo, ni el Pithecantropus erectus que, por cierto, también cambió bastante desde que pisaba la Tierra.

El caso es que Pedro Sánchez —ya tardaba en salir— no estará presente en la primera sesión de control al Gobierno después de la DANA porque se las pira a Bakú, hermosa capital de Azerbaiyán, para tomar parte en la cumbre del Clima, donde explicará a los bakuenses y a los allí reunidos que la DANA padecida por Valencia es una consecuencia del cambio climático, y listo.

Es una lástima que no aproveche su turno de palabra en Bakú para explicarles a los congresistas desplazados desde tan lejos que el Diluvio Universal también sucede como consecuencia del cambio climático. Así lograría que todos se acostasen aquella noche sabiendo una cosa más y dormirían con la conciencia tranquila.

La impostora

8 de Noviembre , 2024

La riada orilló la política, pero ahí está Yolanda para reactivarla. Ha decidido perseguir a las empresas valencianas, precisamente cuando están desapareciendo de cien en fondo. ¡Bravo por la vice! ¡Gran lanzada a moro muerto!

Cierto es que a los damnificados y a nosotros mismos en nada nos conmociona saber que Yolanda Díaz está más acabada para la política que Cantinflas para el cine; que a Begoña se le acumulan los delitos como a Pogaçar los títulos; o que el fiscal general recibe registros de la Guardia Civil todas las tardes de 5 a 7.

La tragedia vivida en primera persona y el propio espectáculo de la catástrofe, con imágenes a cada cual más conmovedoras, convierten la incineración de Yolanda en un argumento de opereta vienesa propio de Franz Lehár, aunque ella insista en machacar al empresario en medio del pasmo de la mismísima Inspección de Trabajo.

Por fortuna, sí, por fortuna, el cielo tiende a escampar y poco a poco regresan las preocupaciones vulgares, los magreos de Errejón, los acosos de Yolanda, las cesiones de Sánchez y los navajazos en cualquier partido en el que se huela sangre.

Yolanda, que es a lo que íbamos, siempre me pareció un personaje shakesperiano, es decir, arquetípico; en su caso, de la impostura. Sus biografías resaltan la traición como su nota más característica desde que se inicia en la cosa pública, pero para ocupar esa casilla hay gran competencia. Pensemos en Judas, en el conde don Julián o en Antonio Pérez, y lo de la vicepresidenta se queda en agua de borrajas.

Sin embargo, para impostora da el tipo. Aún están por descubrir sus méritos, y véanla, aupada al lado mismo del presidente del Gobierno, que no es precisamente un Pericles, pero hoy es el que manda.

Siempre ha dado el salto en el último minuto. ¿Le quedará liana en la selva a la que agarrarse?

Made in USA

7 de Noviembre , 2024

Las ciudades norteamericanas, sus fiestas o sus comidas comparten el mismo sello que sus convenciones políticas, sus puestas en escena o sus intereses. Quienes no somos Made in USA las distinguimos muy bien gracias al cine, y de esa forma siempre sabremos cuál es la canadiense en un paquete de doce películas.

Trump ha rizado el rizo de lo norteamericano para ganar unas elecciones de forma clara y contundente, como ningún estudio demoscópico supo adivinar, como tantas veces nos ocurre por estos pagos.

El ingrediente secreto de Trump —ese toque de mamá que distingue su tarta de manzana, su mantequilla de cacahuete, o su pavo de Acción de Gracias— se llama MAGA (Make America Great Again), o sea, “Haz que Estados Unidos vuelva a ser grande”.

No es la primera vez que lo utiliza un candidato a la presidencia, y él mismo se acoge bajo el eslogan para ganar la primera vez, pero quizás en esta ocasión es cuando mejor se adaptan las circunstancias históricas a lo que expresa MAGA y a lo que representa Trump, un hombre sin demasiados escrúpulos para lograrlo por encima de los propios condicionantes del Partido Republicano.

Por eso Trump ha repetido más veces la palabra movimiento que partido. Es su movimiento y a él quiere deberle la victoria, una palabra que a los españoles les recuerda aquel otro que se mantuvo en pie durante cuatro décadas del siglo pasado.

A este de Trump lo han votado mayoritariamente en un país formado por inmigrantes más o menos lejanos, pero que a nadie debe sorprender el sentido de su voto, porque Trump les promete el certificado de que han llegado a esa tierra de promisión. Sin embargo, a quien lo intente sin papeles a partir de ahora, no le va a ir tan bien.

Eso, entre otras menudencias.

Porque lo digo yo

6 de Noviembre , 2024

En esta semana de horrores encadenados se han escuchado frases que merecen el pase a la historia, para bien o para mal, de sus autores. Tres de ellas me han impactado severamente y deseo participárselas por si coinciden o disienten.

La primera que me atrapó y de la que no creo librarme jamás, vino de los dulces labios de la portavoz, representante o bocachanclas de Sumar, Aina Vidal, que se reveló el día de la torrentera como una experta en parlamentarismo al justificar la famosa votación de los consejeros de RtvE diciendo que “los diputados no estamos para ir a Valencia a achicar agua”, síntesis de la esencia política, interpretada por quien ni ha dado ni está dispuesta a dar un palo al agua, aunque en este caso hablamos de recoger el agua con pala.

Es lógico que doña Aina se quede en Madrid, pues perteneciendo a la formación a la que pertenece, bastantes goteras tienen que achicar dentro como para ocuparse de Valencia. Solidarios que son.

La segunda frase nos la ofrece Pedro Sánchez y, siendo desafortunada, la han convertido en grandiosa los medios que se lanzaron a propalar que no la pronunció. Es cierto, el presidente dijo exactamente: “si necesitan más recursos, que los pidan”, y ahí están los vídeos que lo atestiguan. No hace falta hacerse sangre para negarlo.

Quiero creer que sólo es desafortunada y que en estos momento él mismo la retiraría si pudiese. Por eso la pléyade de corifeos se ha encabritado para negarla, porque es nefasta a oídos de cualquier español y porque permite lanzarse a la yugular de su autor.

La tercera pertenece a la doctrina de Perogrullo y se debe a la Reina Leticia, que la ha hecho la frase más sensata de la semana:

—“¡Pero cómo no van a estar cabreados!”

Diga que sí, majestad. Hay cosas que son de cajón.

La fuga del rojo

5 de Noviembre , 2024

Cuando debo referirme en público al partidismo y la manipulación de los medios siempre recurro a un caso de Lugo, que de citarlo tantas veces, he olvidado la identidad del protagonista y de los periódicos implicados.

Lo repito porque es un chiste, y los auditorios siempre agradecen los chascarrillos para poder contarlos a la salida. Se trata de un concejal de principios del siglo XX, aficionado al morapio, que regresa a su casa avanzada la noche con un tablón encima de curvas y trompicones.

Llegado a los jardines del Cantón, se alivia la vejiga en el parterre de las rosas, tal como lo recoge a los dos días el periódico de la cuerda contraria a su grupo, con pedos y señales. Leída la crónica, el diario afín desmiente la información diciendo que el concejal, inspirado por su amor a la ciudad, se limitó a regar las plantas.

TvE acaba de hacer una crónica de lo ocurrido en Paiporta de idéntico rigor periodístico al utilizado por el periódico partidario del concejal beodo. Su intención fue igualar en el punto de ira de los cabreados al Rey, a Sánchez y a Mazón. Igualados en la protesta, en las responsabilidades y en el comportamiento con el que responden. Para esto sirve aprobar la incorporación de consejeros afines de prisa y corriendo.

No ha sido el único medio en intentarlo. La diferencia entre el Rey y el presidente ha sido tan notoria, tan lesiva para la figura del segundo, que la máquina del fango oficial no podía quedarse quieta, y se pasaron toda la tarde del domingo eligiendo las fotografías o las secuencias que pudiesen apoyar su tesis.

Lástima de trabajo, porque a esas horas, salvo los ciegos por propia voluntad, toda España sabía lo ocurrido, que por otra parte es lo único que encaja con la altura de los personajes.

Las rosas, bien, gracias.