Archivo de Noviembre, 2024

El lamento del patriota

Domingo, 10 de Noviembre, 2024

Nos estaban alertando contra los peligros y la expansión del lamento crónico cuando, de repente, descargan las nubes y todo el país se convierte en un puro llorar. ¿No quieren lamentos? ¡Toma motivos!

Naturalmente, el lamento crónico no incluye las devastaciones y los cataclismos, propios o colectivos. Hay centenares de catástrofes diarias de las que apenas nos enteramos y, cuando lo hacemos, más que compadecernos de quienes las sufren, disfrutamos al pensar que nosotros no estamos implicados. Si la desgracia no nos salpica, ejerce sobre nosotros un efecto benéfico, como el terror de ficción, que por muy mal que consigan hacércetelo pasar, experimentas una agradable sensación de alivio cuando termina, porque, en efecto, todo era falso.

El lamento crónico al que se refieren los sociólogos es la protesta continuada y la disculpa para no asumir ninguna responsabilidad, remitiéndola siempre a un ajeno, tenga o no tenga competencias sobre la materia.

Quizá sea un contagio de la permanente actitud política de echar balones fuera. El rival es causa de todos los males, esté en el poder o en la oposición. O viceversa, son los políticos los que imitan a los niños que intentan librarse de la regañina con la misma letanía: “Yo no fui. Fue Luisito”.

Ningún filósofo alaba las lamentaciones salvo cuando son el propio acicate para corregir las propias conductas. Las demás entran en el saco de lo perfectamente inútil. Tácito llega a decir que quienes más se lamentan son los que menos motivos tienen para ello.

Es muy difícil abordar este tema en tiempos de postdana, pero no tanto como para reconocer que si al lamento no le acompaña la acción, se perpetúa la inutilidad.

Por eso hay miles de patriotas achicando agua y barro.

Nos estaban alertando contra los peligros y la expansión del lamento crónico cuando, de repente, descargan las nubes y todo el país se convierte en un puro llorar. ¿No quieren lamentos? ¡Toma motivos!

Naturalmente, el lamento crónico no incluye las devastaciones y los cataclismos, propios o colectivos. Hay centenares de catástrofes diarias de las que apenas nos enteramos y, cuando lo hacemos, más que compadecernos de quienes las sufren, disfrutamos al pensar que nosotros no estamos implicados. Si la desgracia no nos salpica, ejerce sobre nosotros un efecto benéfico, como el terror de ficción, que por muy mal que consigan hacércetelo pasar, experimentas una agradable sensación de alivio cuando termina, porque, en efecto, todo era falso.

El lamento crónico al que se refieren los sociólogos es la protesta continuada y la disculpa para no asumir ninguna responsabilidad, remitiéndola siempre a un ajeno, tenga o no tenga competencias sobre la materia.

Quizá sea un contagio de la permanente actitud política de echar balones fuera. El rival es causa de todos los males, esté en el poder o en la oposición. O viceversa, son los políticos los que imitan a los niños que intentan librarse de la regañina con la misma letanía: “Yo no fui. Fue Luisito”.

Ningún filósofo alaba las lamentaciones salvo cuando son el propio acicate para corregir las propias conductas. Las demás entran en el saco de lo perfectamente inútil. Tácito llega a decir que quienes más se lamentan son los que menos motivos tienen para ello.

Es muy difícil abordar este tema en tiempos de postdana, pero no tanto como para reconocer que si al lamento no le acompaña la acción, se perpetúa la inutilidad.

Por eso hay miles de patriotas achicando agua y barro.

El hombre del tiempo

Sábado, 9 de Noviembre, 2024

No me tengo por negacionista, porque para serlo en cualquier campo hay que estudiar mucho, y yo prefiero fiarme de lo que han investigado los demás.

Ahora bien, cada vez que oigo cambio climático es como si oyera pensamiento filosófico. El pensamiento conlleva la filosofía y la filosofía exige el pensamiento. Una redundancia.

Cambio climático es la constatación de la historia de la Tierra. El Mediterráneo seco, el Sáhara un vergel, la glaciación en Torremolinos y el mar que llegaba a O Incio.

Las opiniones contrarias tienen el mismo valor que la del vecino al que le preguntaron los palenteólogos si en aquella zona se conocían huellas de dinosaurios y contestó: “No, señor; desde que yo vivo aquí, y ya son años, nunca en mi vida me crucé con un dinosaurio”.

Los ribereños del Mediterráneo también pueden asegurar que jamás en su vida lo han visto seco, y eso que se que conocen cinco o seis momentos históricos en los que estuvo seco como la mojama. Eso sí, ninguno de nosotros estaba allí para verlo, ni el Pithecantropus erectus que, por cierto, también cambió bastante desde que pisaba la Tierra.

El caso es que Pedro Sánchez —ya tardaba en salir— no estará presente en la primera sesión de control al Gobierno después de la DANA porque se las pira a Bakú, hermosa capital de Azerbaiyán, para tomar parte en la cumbre del Clima, donde explicará a los bakuenses y a los allí reunidos que la DANA padecida por Valencia es una consecuencia del cambio climático, y listo.

Es una lástima que no aproveche su turno de palabra en Bakú para explicarles a los congresistas desplazados desde tan lejos que el Diluvio Universal también sucede como consecuencia del cambio climático. Así lograría que todos se acostasen aquella noche sabiendo una cosa más y dormirían con la conciencia tranquila.

La impostora

Viernes, 8 de Noviembre, 2024

La riada orilló la política, pero ahí está Yolanda para reactivarla. Ha decidido perseguir a las empresas valencianas, precisamente cuando están desapareciendo de cien en fondo. ¡Bravo por la vice! ¡Gran lanzada a moro muerto!

Cierto es que a los damnificados y a nosotros mismos en nada nos conmociona saber que Yolanda Díaz está más acabada para la política que Cantinflas para el cine; que a Begoña se le acumulan los delitos como a Pogaçar los títulos; o que el fiscal general recibe registros de la Guardia Civil todas las tardes de 5 a 7.

La tragedia vivida en primera persona y el propio espectáculo de la catástrofe, con imágenes a cada cual más conmovedoras, convierten la incineración de Yolanda en un argumento de opereta vienesa propio de Franz Lehár, aunque ella insista en machacar al empresario en medio del pasmo de la mismísima Inspección de Trabajo.

Por fortuna, sí, por fortuna, el cielo tiende a escampar y poco a poco regresan las preocupaciones vulgares, los magreos de Errejón, los acosos de Yolanda, las cesiones de Sánchez y los navajazos en cualquier partido en el que se huela sangre.

Yolanda, que es a lo que íbamos, siempre me pareció un personaje shakesperiano, es decir, arquetípico; en su caso, de la impostura. Sus biografías resaltan la traición como su nota más característica desde que se inicia en la cosa pública, pero para ocupar esa casilla hay gran competencia. Pensemos en Judas, en el conde don Julián o en Antonio Pérez, y lo de la vicepresidenta se queda en agua de borrajas.

Sin embargo, para impostora da el tipo. Aún están por descubrir sus méritos, y véanla, aupada al lado mismo del presidente del Gobierno, que no es precisamente un Pericles, pero hoy es el que manda.

Siempre ha dado el salto en el último minuto. ¿Le quedará liana en la selva a la que agarrarse?

Made in USA

Jueves, 7 de Noviembre, 2024

Las ciudades norteamericanas, sus fiestas o sus comidas comparten el mismo sello que sus convenciones políticas, sus puestas en escena o sus intereses. Quienes no somos Made in USA las distinguimos muy bien gracias al cine, y de esa forma siempre sabremos cuál es la canadiense en un paquete de doce películas.

Trump ha rizado el rizo de lo norteamericano para ganar unas elecciones de forma clara y contundente, como ningún estudio demoscópico supo adivinar, como tantas veces nos ocurre por estos pagos.

El ingrediente secreto de Trump —ese toque de mamá que distingue su tarta de manzana, su mantequilla de cacahuete, o su pavo de Acción de Gracias— se llama MAGA (Make America Great Again), o sea, “Haz que Estados Unidos vuelva a ser grande”.

No es la primera vez que lo utiliza un candidato a la presidencia, y él mismo se acoge bajo el eslogan para ganar la primera vez, pero quizás en esta ocasión es cuando mejor se adaptan las circunstancias históricas a lo que expresa MAGA y a lo que representa Trump, un hombre sin demasiados escrúpulos para lograrlo por encima de los propios condicionantes del Partido Republicano.

Por eso Trump ha repetido más veces la palabra movimiento que partido. Es su movimiento y a él quiere deberle la victoria, una palabra que a los españoles les recuerda aquel otro que se mantuvo en pie durante cuatro décadas del siglo pasado.

A este de Trump lo han votado mayoritariamente en un país formado por inmigrantes más o menos lejanos, pero que a nadie debe sorprender el sentido de su voto, porque Trump les promete el certificado de que han llegado a esa tierra de promisión. Sin embargo, a quien lo intente sin papeles a partir de ahora, no le va a ir tan bien.

Eso, entre otras menudencias.

Porque lo digo yo

Miércoles, 6 de Noviembre, 2024

En esta semana de horrores encadenados se han escuchado frases que merecen el pase a la historia, para bien o para mal, de sus autores. Tres de ellas me han impactado severamente y deseo participárselas por si coinciden o disienten.

La primera que me atrapó y de la que no creo librarme jamás, vino de los dulces labios de la portavoz, representante o bocachanclas de Sumar, Aina Vidal, que se reveló el día de la torrentera como una experta en parlamentarismo al justificar la famosa votación de los consejeros de RtvE diciendo que “los diputados no estamos para ir a Valencia a achicar agua”, síntesis de la esencia política, interpretada por quien ni ha dado ni está dispuesta a dar un palo al agua, aunque en este caso hablamos de recoger el agua con pala.

Es lógico que doña Aina se quede en Madrid, pues perteneciendo a la formación a la que pertenece, bastantes goteras tienen que achicar dentro como para ocuparse de Valencia. Solidarios que son.

La segunda frase nos la ofrece Pedro Sánchez y, siendo desafortunada, la han convertido en grandiosa los medios que se lanzaron a propalar que no la pronunció. Es cierto, el presidente dijo exactamente: “si necesitan más recursos, que los pidan”, y ahí están los vídeos que lo atestiguan. No hace falta hacerse sangre para negarlo.

Quiero creer que sólo es desafortunada y que en estos momento él mismo la retiraría si pudiese. Por eso la pléyade de corifeos se ha encabritado para negarla, porque es nefasta a oídos de cualquier español y porque permite lanzarse a la yugular de su autor.

La tercera pertenece a la doctrina de Perogrullo y se debe a la Reina Leticia, que la ha hecho la frase más sensata de la semana:

—“¡Pero cómo no van a estar cabreados!”

Diga que sí, majestad. Hay cosas que son de cajón.

La fuga del rojo

Martes, 5 de Noviembre, 2024

Cuando debo referirme en público al partidismo y la manipulación de los medios siempre recurro a un caso de Lugo, que de citarlo tantas veces, he olvidado la identidad del protagonista y de los periódicos implicados.

Lo repito porque es un chiste, y los auditorios siempre agradecen los chascarrillos para poder contarlos a la salida. Se trata de un concejal de principios del siglo XX, aficionado al morapio, que regresa a su casa avanzada la noche con un tablón encima de curvas y trompicones.

Llegado a los jardines del Cantón, se alivia la vejiga en el parterre de las rosas, tal como lo recoge a los dos días el periódico de la cuerda contraria a su grupo, con pedos y señales. Leída la crónica, el diario afín desmiente la información diciendo que el concejal, inspirado por su amor a la ciudad, se limitó a regar las plantas.

TvE acaba de hacer una crónica de lo ocurrido en Paiporta de idéntico rigor periodístico al utilizado por el periódico partidario del concejal beodo. Su intención fue igualar en el punto de ira de los cabreados al Rey, a Sánchez y a Mazón. Igualados en la protesta, en las responsabilidades y en el comportamiento con el que responden. Para esto sirve aprobar la incorporación de consejeros afines de prisa y corriendo.

No ha sido el único medio en intentarlo. La diferencia entre el Rey y el presidente ha sido tan notoria, tan lesiva para la figura del segundo, que la máquina del fango oficial no podía quedarse quieta, y se pasaron toda la tarde del domingo eligiendo las fotografías o las secuencias que pudiesen apoyar su tesis.

Lástima de trabajo, porque a esas horas, salvo los ciegos por propia voluntad, toda España sabía lo ocurrido, que por otra parte es lo único que encaja con la altura de los personajes.

Las rosas, bien, gracias.

Cañas y barro

Lunes, 4 de Noviembre, 2024

Era previsible. Nadie podía esperar que fueran recibidos con pétalos y guirnaldas, sino con cañas y barro.

Quizá si los Reyes llegasen solos, la indignación hubiese sido más contenida, pero la presencia de Pedro Sánchez prendió la mecha. Él se llevó una caña en la espalda y la Reina, el barro en la cara. A lo mejor no es justo, pero es justificable.

La reacción también era de prever. Sánchez huye de la ira y deja a su Rey ´in puris naturalibus´, y Felipe VI aguanta mecha en el convencimiento de que los indignados tenían motivos para estarlo.

La Reina lo verbaliza como si fuese una reportera en plena retransmisión de los hechos: “¡Pero cómo no van a estar cabreados!”

A la catástrofe, el Gobierno añade las horas siguientes una sensación de desconcierto, de duda, de amagar el envío de ayuda o de escatimarla. De rivalidad política porque Mazón es de otras siglas, de competencias entre la comunidad y el Gobierno, de líos inútiles con el JEMAD; de rectificación en la cifra de las ayudas. En fin, de comportamiento inadecuado cuando la sensibilidad está a flor de piel.

Y a ello se suman los retrasos en las catástrofes del volcán de La Palma, del terremoto de Lorca y otras ocasiones similares cuyo fantasma se les viene encima temiéndose lo peor.

Dice el protocolo institucional que los Reyes no podían negarse a ser acompañados por el presidente del Gobierno, pero ellos sabían que llevaban la peor comitiva. Sánchez iba con la mejor, aunque ni así fue suficiente para contener la ira.

El Rey se hizo grande entre los reproches y el presidente empequeñeció en el mismo escenario.

Cualquier lector de Blasco Ibáñez les habría advertido de que los esperaban cañas y barro.

Unidos

Domingo, 3 de Noviembre, 2024

Parece un buen chico que expone ideas sensatas cuando el clima le aprieta las clavijas; moderado, bien vestido, con un luto riguroso e impecable, como corresponde, y un rostro de dolor y compunción acorde a la tragedia que se vive.

Exquisito en el uso de los géneros, sólo se le escapó dos veces la ley de lo políticamente correcto; una, cuando anuncia las cien plazas de funcionarios —donde debería haber añadido “y funcionarias”— y cuando resalta la aportación de miles de voluntarios —donde debería haber añadido “y voluntarias”—. Por lo demás, tal como lo haría Harrison Ford cuando le dan papeles de presidente.

Generoso en el envío de ayuda humanitaria y justo en la declaración de zona gravemente afectada. Su comparecencia el Día de los Fieles Difuntos rayó la perfección si no fuera porque al final de sus palabras brotó la contradicción y atacó los principios fundamentales de su movimiento.

Lo hace cuando apela a la necesidad de la unión del pueblo para encarar el cataclismo del fango. Él, que ha venido haciendo gala de su querencia por el separatismo mientras el suelo está seco, se convierte de repente en un apóstol de la unidad española cuando éste se moja.

¿No sería tan necesaria en una ocasión como en la otra? Como si los desafíos de la vida no fuesen lo suficientemente complejos día a día, como si haber alcanzado la unidad antes que otros muchos países no fuese un logro sólo al alcance de los más privilegiados.

Él, que está dispuesto a satisfacer los deseos de desigualdad perseguidos por los enemigos de esa amalgama, sale al atril de la Moncloa para solicitarnos unión ante la magnitud de una catástrofe que no le impidió ese mismo día entrar a saco en el Consejo de RtvE con los representantes del más furibundo odio a la unidad española.

Algo en que creer

Sábado, 2 de Noviembre, 2024

No creo que el Gobierno tenga competencias sobre las depresiones aisladas en niveles altos, vulgo danas, como para descargarlas sobre comunidades gobernadas por el PP. No creo que sus miembros la hayan provocado para tapar a Begoña, Errejón y Ábalos, porque su rastro no lo eliminan ni cinco gotas frías consecutivas.

No creo que las constantes alusiones al fango hayan convocado esos ríos espesos y achocolatados que repartieron muerte y ruina a manos llenas. No creo que la dirigente de Podemos valenciana que criticó la donación de cuatro millones de euros por parte de Amancio Ortega esté bien de la cabeza.

No creo que nadie sensato le conceda la más mínima importancia al decreto que firmó Ximo Puig sobre la Unidad Valenciana de Emergencias, porque ni los bomberos la querían, ni jamás pasó de ser papel mojado.

No creo que todos los saqueadores de comercios sean gentes desesperadas por falta de agua si salen de ellos llevando a cuestas un televisor.

No creo que 500 militares más para ayudar en los trabajos de rescate y normalización de la vida sea una cantidad relevante ante la magnitud de la tragedia.

Sí creo en los miles de personas que se han movilizado para ayudar a sus vecinos de la forma que sea, con sus manos, con sus donaciones, con sus palabras de aliento; porque esa actitud, y ninguna otra, es la que forma la argamasa de las naciones en los malos momentos y en los buenos.

Al conocer sus historias me vino a la mente la de Álvaro Iglesias Sánchez, un chico orensano de 20 años, amigo de la familia, que entró y salió por cuatro veces de una casa en llamas para rescatar a tres personas. La cuarta murió con él en el fuego de la calle Carranza. Así de simple.

Álvaro y los que son como él nos permiten pensar que siempre hay algo en lo que creer.

El año de las lluvias torrenciales

Viernes, 1 de Noviembre, 2024

Antes nos decían: en la mesa y en el juego se conoce al caballero. Ahora ya no, porque en medio de la tontería dominante piensan que es una frase machista que sólo tiene en cuenta al caballero y se olvida de la dama.

Muy al contrario, hoy el refrán es ampliable. También las catástrofes, como la que vivimos en España, sirven para apreciar la calidad moral de los individuos a una velocidad supersónica.

A Rufián, por ejemplo, le basta abrir la boca para dejar al descubierto el atroz egoísmo de siglas en el que vive inmerso. Menos mal que lo tenemos calado y la gente se lo toma a guasa desde que amenazó con marcharse de Madrid, como si eso le importarse al quinto pino del Paseo de Recoletos.

Rufián, al fin y al cabo, es la anécdota. Lo grave está en la institución donde trabaja. Allí, con muy buen acuerdo, decidieron aplazar los rifirrafes de los miércoles, llamados sesiones de control, para no dar vergüenza, pero no fueron capaces de hacer lo mismo con la renovación del Consejo de RtvE, y se votó.

¿Dependía de ello la calidad de los informativos, la extensión del servicio público, la compra de más documentales sobre la vida de las zarigüeyas para emitir por la 2 a la hora de la siesta?

No, ni mucho menos. De ello dependía seguir chupando del bote, con una televisión pública volcada en defensa del Gobierno y unos nuevos consejeros ansiosos de poltrona y de momio.

Para estos nuevos consejeros del PSOE, Sumar, Esquerra, Junts, PNV y Podemos, y para los diputados que participaron en la votación, quedará prendido por siempre en la solapa de sus chupas —qué gran nombre para ellos— que, mientras lo hacían, miles de sus compatriotas perdían a familiares, amigos, vecinos y haciendas, sin que nada desviase la atención de su vista sobre el bote que se aprestaban a succionar.