La última bala
27 de Abril , 2020
Rajoy, equivocándose como Sánchez
Juan Echanove acaba de destrozar la democracia con un razonamiento que por otra parte no es nada original, sino que está apuntalado en el cerebro de un buen porcentaje de españoles.
En una serie sobre gastronomía que hizo con Imanol Arias a raíz del éxito de Cuéntame, Echanove utiliza un latiguillo cada vez que le preguntan si está bueno el plato que está probando. Él se limita a susurrar: “Ummm”, y ya. Que es como si llevas a un filósofo a un simposio sobre la duda cartesiana y suelta: “Quizás”.
Bueno, pues la tesis echanovesca de ahora se formula así: “Los errores del Gobierno los habría cometido también la derecha”. No me digan que no lo han oído porque se repite como el ajo.
Seguramente quienes así hablan niegan la inversa y jamás se les ocurrió pensar que los errores de Rajoy, el sacrificio del perro, los hilillos del Prestige o el bicho de Sancho Rof que se cae de la mesa y se mata, también pueden ser multiplicados por nueve en el turno de la izquierda, como a la vista está.
No, eso solo aflora para justificar a un gobernante que dice de izquierdas, porque es lo que mola.
Bueno, ya se sabe que los militantes de un partido lo defienden hasta las puertas del absurdo, y más allá si hace falta. Los del PP suelen razonar así: “¡Si llega a ser Rajoy el de los 23.000 muertos…!”
Volvamos a la frase. Si las meteduras de pata van a ser iguales esté quien esté al mando, ¿cuál es la ventaja de tener a un Sánchez o a un Casado?
Reconocerá Echanove que solo le queda una respuesta en la recámara para decir que esa ventaja es que los enchufados son los de tu partido, o sea, los de la ceja.
Disculpar los errores de gestión con ese argumento es un torpedo a la línea de flotación de la democracia, un arma suicida y desesperada que solo se utiliza cuando en las propias anida un colapso.











