Avicidio
23 de Enero , 2013
Gallina, paradigma del cobarde, y no es de extrañar
Parece una historia menor, una travesura, una trastada. Para gordo, lo de Bárcenas, la historia de Alí Babárcenas y los cuarenta de Ayete. Pero leída con atención, no es tan insignificante. Ni tampoco anecdótica, sino sintomática y preocupante.
Resulta que unos mozalbetes la lían parda y matan a trompazos una gallina. Bueno, pensarán unos cuantos; después de todo, muchos adultos pillan una cabra, la suben a un campanario y la arrojan espadaña abajo con muy probable resultado de muerte. Y es cierto, de la misma categoría criminal que la pobre cabra hay mil ejemplos más y otros mil de rango superior, no solo contra animales, sino contra personas, ideas y monumentos.
Pero quizás la comparación no sea la mejor vía para analizar ni este caso, ni ningún otro, porque con ese método, una vez puestos sobre la mesa varios genocidios, todas las demás brutalidades humanas van a parecer insignificantes chiquilladas.
Ocurre que se nos engola la voz de orgullo hablando de una tasa de escolarización del 100% entre los 4 y los 15 años, y sin embargo es una cifra que cojea por varias patas. La primera, porque como puede comprobar cualquier vecino, la ciudad es cruzada por adultos en compañía de niños sanos comprendidos en esas edades y en horario escolar, es decir, sin ningún síntoma de que se dirijan al facultativo.
Y en segundo lugar, porque basta poner la oreja a lo largo de la calle para percibir, día sí y noche también, un considerable porcentaje de tarugos con patas que se suponen bien escolarizados, pero que por su lenguaje y actitud cívica podrían pertenecen a los remeros de galeras del Queen Anne’s Revenge que capitaneó Barbanegra, sin desmerecer un ápice en la escala corsaria.
A la gallina y a sus deudos, nuestro recuerdo.










