Escuela para idiotas
6 de Enero , 2025Jon Juaristi, que dedica a Ramón Menéndez Pidal su último e ilustrativo libro, se ha atrevido a disparar contra uno de los mantras pijoprogres que se presenta como el pináculo de la cultura, pero que en el fondo representa su más peligrosa carcoma.
Critica Juaristi que hoy se dé por sentado que todo quisqui tiene el derecho a hacerse oír y a que su opinión sea tenida en cuenta, “por muy imbécil que sea”.
¡Anatema!, gritarán los que lo defienden, como si Juaristi y quienes con él coinciden estuviesen a favor de la censura, cuando en realidad se trata de todo lo contrario.
Si llevamos ese derecho a sus últimas consecuencias, nos encontraríamos con señores que no han leído a Menéndez Pidal ni por el forro y que podrían despotricar contra “ese autor de derechas” y ponerlo a caer de un burro porque han oído campanas, a saber cuándo, a saber dónde.
O dicho en términos de suprema actualidad, es como soltar a Lalachus ante una audiencia millonaria en un medio de titularidad pública para que diga la primera gilipollez que se le ocurra, so pretexto de que es humorista y desgrana una comicidad que te desternillas.
Y claro, abunda Juaristi, el resultado es una especie de caos, o sopa espesa, donde los desprevenidos chapotean indefensos sin distinguir al charlatán de la pradera de la eminencia de la Sorbona, porque lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta.
Una cosa es que todos tengamos la posibilidad de ser escuchados y otra muy distinta que, para ello, nos habiliten la cátedra de San Pedro, el momento de máxima audiencia del año y se manden a la hoguera a todos aquellos que discrepen de nuestra tontería, que es hacia donde cabalga la burricie.
Ya tardan los insultos que van a caer sobre Juaristi. Por lo menos, que sepa de alguien que lo comparte.











