Los dos Lynch
25 de Marzo , 2013
Los linchamientos ofrecen las imágenes más pesimistas sobre el género humano
Ya es puntería que sean dos personas apellidadas Lynch las que se disputen la etimología del término linchar. Las dos, en períodos históricos muy distintos, compartieron el dudoso honor de linchar a un congénere que les molestaba, sin pasar por el preceptivo proceso judicial, siempre tan engorroso y siempre propenso a que acabe con una sentencia que no favorece nuestros intereses.
Comparado con la justicia, el linchamiento es la mar de cómodo, dónde va a parar. Como somos civilizados, para un linchamiento moderno que se precie, hemos de escribir antes un método donde se recojan las líneas generales del modus operandi, algo usual en cualquier organización clandestina con dos dedos de frente: dónde esconder los panfletos, dónde arrojarlos y qué decir si somos pillados.
Después se señala la víctima como hacía ETA en sus buenos tiempos, cuando siempre tenía en cartera una docena de posibles objetivos a los que linchar con garantías.
Dicen que quien señala ahora es Ada Colau y su organización de justicieros a tiempo parcial. No lo creo. Los responsables no suelen ser tan fáciles de identificar. Esos trabajos se los dejan a peones de segunda fila para que se crean importantes. A los que de verdad mandan no les pasa nada si cae la organización y les truncan los linchamientos.
Aquí el gran peligro es que la economía española se recupere y el PP renueve su mayoría absoluta, lo cual puede ocurrir si en el tiempo apropiado para ello entra con claridad la luz del túnel.
Aunque la cosa sigue muy mal, comienzan a escucharse frases optimistas y eso ha alertado los acosos sin proceso judicial. Hay que poner palos y piedras en el engranaje de la maquinaria. Hay que hacer escrache. Cualquier acción parece estar justificada por las quitas, pero eso sí, que la víctima sea del PP. Ése es el nivel en el que nos movemos.










