Más patria
16 de Mayo , 2013
A lo mejor ni siquiera esto es extranjero.
(Obsérvese el enorme parecido con el perfil costero español)
Ahora mismo el concepto extranjero es mudable, cambiante, equívoco, opinable; no como antes, que podía expresarse con contundencia al decirse que extranjero era todo lo que no era España.
Hoy puede haber extranjero dentro de la definición España, pero al mismo tiempo, no todo lo que hay fuera es extranjero. Dentro, pensemos en los barones del PP y su rebelión ante lo que consideran un trato de favor hacia el derroche catalán. Pensemos en las distintas educaciones que reciben los niños e incluso en los distintos idiomas en las que se les habla y veremos extranjero.
Por otra parte, si observamos las facilidades para trabajar en algunos de los países que antes formaban apelotonadamente el mundo de la extranjería, la ausencia de documentación especial para entrar en ellos, o cómo es que los futbolistas venidos de lejanas tierras reciben la misma consideración que un autóctono y viceversa, comprobaremos que ésas son características comunes a la patria, es decir, al no extranjero.
Quiere esto decir que conceptos como la emigración, la morriña, el adiós regatos pequenos, non sei cando che mandarei un wassap, han de ser revisados a la luz de las nuevas circunstancias que para bien, o para mal, son las que tocan, siempre y cuando no nos dé por hacer la británica euroescéptica y nos aberronchemos en la peseta, una opción que a buena parte de los economistas suele producir intensos sarpullidos. Claro que eso tampoco debe preocuparnos en demasía, dado el pesquis que los economistas han tenido a la hora de prever lo que se nos venía encima. Los economistas y los políticos.
El caso es que si las fábricas no contemplan su mercado en los ridículos límites autonómicos, ni en los estatales, el individuo tampoco debe hacerlo, y para decir con certeza que se va al extranjero, el destino ha de ser, por lo menos, el atolón de Bikini.










