Los igualitaristas
8 de Junio , 2014
Igualando, que es gerundia
Se entiende que si te ponen al frente de un organismo en cuyo enunciado exista la palabra Igualdad, al instante se produzca en tu organismo una especie de shock anafiláctico y comiences a pensar de forma compulsiva en todos aquellos aspectos de esta vida que podrían darle sentido a tu nombramiento, porque como no los encuentres, te cesan al día siguiente y te quedas sin chupete.
No pasa lo mismo si el organismo se llama de Carreteras, o de Vivienda, porque es difícil que desaparezcan de la noche a la mañana. A doña Elena Máñez la han puesto a la cabeza de un organismo de ésos, y dándole a la ídem por demostrar al mundo la relevancia de su misión igualadora en su paso por él, ha llegado a la conclusión de que los cuentos, desde Sherezade a Monterroso, están mal escritos, porque nunca hubo ninguno que recogiese el amor de dos princesas, o de dos príncipes. ¡Jopé! ¡Qué razón le asiste a la paisana! Ni un mal cuento de la Igualdad. Todos distintos. Siempre hombre y mujer. ¡Cuánto trabajo por delante le queda por hacer a mi departamento!
No sé qué espera doña Elena para encargar en Canarias, donde ejerce, una versión de la Biblia que arranque con los amores de Adán y Julián y donde a Sansón le corte el pelo Edelmiro. Sería un bombazo editorial y los niños podrían somatizar de inmediato la importancia de la Igualdad, así con mayúsculas, que es la que inspira a estos organismos nacidos para decirnos lo mal que se ha hecho todo hasta que llegaron ellos.
Hay que imaginarse a los responsables del concepto cuando llegan por la mañana al despacho: ‘A ver, ¿qué tenemos hoy para igualar?’ ‘¿Qué le parece Romeo y Julieta, que tanto mal expande?’
Aburren más que una maratón de osos perezosos. Si los pilla Platón una tarde con tiempo por delante, no queda ni uno.











