El dueño del rabo
18 de Junio , 2014
¿Quién será ese pesado que siempre tengo detrás?
Seguramente todos los lectores han tenido ocasión de observar alguna vez cómo ciertos animales actúan contra partes de sus cuerpos como si no les perteneciesen, como si la cola que con denuedo persiguen para morderla fuese la de un gato que corre exactamente a la misma velocidad que la suya y claro, así no hay manera.
En Helsinki han llegado a la conclusión de que en algunos casos puede deberse a un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), similar al que sufrimos los humanos, e incluso que esté relacionado con una alimentación inadecuada. ¡Qué felices son en Helsinki investigando los rabos que corren delante! Pero para que ningún propietario se alarme demasiado, los científicos dejan la puerta abierta a otras interpretaciones. Por ejemplo, que el animal solo esté jugando a un solitario.
El caso es que este fin de semana me crucé con uno de esos muerderrabos, y por aquello de que la cabeza no para, di en pensar sobre lo mucho que se parece esa actitud a la de muchos de nosotros, no por un TOC contra nuestro cuerpo, sino por los muchos esfuerzos que dedicamos a planificar el propio beneficio a través del mal del contrario, sin caer del guindo de que ese contrario al que ves tan ajeno y distinto eres tú mismo.
Se entiende que la solidaridad solo ha de ser hacia quienes padecen sus penas a miles de kilómetros, pero al vecino y paisano, que lo zurzan, porque además es un pesado y hace ruido por las noches.
Y si de política se trata, lo que se estila es meter barras de hierro en el engranaje, como si el engranaje fuese del partido que lo maneja en ese momento. Así pueden decir encantados de haberse conocido: «Gracias a nosotros, no ha funcionado nada».
Deberíamos volver a Palotes y que allí nos enseñen otra vez que el rabo es el nuestro.








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