Evo desatado
8 de Julio , 2014
Evo Morales imparte cátedra en la Facultad de Periodismo. ¿Sabrá que el birrete es italiano?
A Evo Morales hay que reconocerle una osadía a prueba de bomba con la que suple barnices universitarios. Él es indígena y de ahí no lo muevan. El indigenismo, tomado como él hace, in totum, es una panacea que proporciona respuestas ante cualquier situación de índole política e intelectual, pues los aspectos buenos y malos solo se diferencian en que sean o no indígenas.
Beber la propia orina como remedio para la tos es bueno, no porque la tos desaparezca, sino porque es indígena. Colón es malo, no porque haya sido un desalmado, sino porque no es indígena.
Mas y Urkullu, por ejemplo, son otros dos pedazos de indigenistas que arrastran multitudes con esa fórmula tan maniquea como falaz, pues si todos la aplicásemos en nuestros comportamientos seguiríamos viviendo en las cuevas de Lascaux y Altamira, como mucho.
Ahora le ha dado por suprimir el nombre de Cristóbal Colón de la toponimia boliviana en lo que suponemos el primer paso de una operación de mayor calado, puesto que ni La Paz, ni Betanzos, ni San Carlos, ni cien mil poblaciones, calles y plazas de su amado país tienen nombres indígenas. Ni Evo, ni Morales lo son. Uno de sus ministros se llama Zamora y la titular de Justicia responde al bonito nombre de Elizabeth Sandra Gutiérrez Salazar, cuyos orígenes habrá que buscarlos entre Cáceres y Badajoz.
Su indignación llegó al paroxismo patológico al visitar esta semana una comunidad llamada Argentina. Le explicaron que se debía a un argentino que había residido por aquellos pagos y para remediarlo prometió trasladar su vivienda allí, para que después la rebautizasen como Orinoca, que es donde él nació.
Vamos, que solo le sirve su propio indigenismo.











