El vodevil
22 de Marzo , 2016
¿Qué hacía Begoña detrás de Íñigo?
A finales del último diciembre, cuando ya se intuía que la formación del nuevo gobierno iba para largo, se divulgó a manera de chismorreo capitalino, que en el pecho de doña Begoña Gómez Fernández, la señora esposa de don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, anidaban incluso más jefaturas que en el de su marido.
Ya saben la anécdota del republicano Cándido Carreiras cuando en Mondoñedo lo quieren hacer alcalde y él se asoma al balcón del ayuntamiento para rechazarlo diciendo: “En mi pecho no anidan jefaturas”. Bueno, pues al revés.
La especie, chisme o gallofa pasó sin más repercusiones. Era demasiada frivolidad como para darle crédito y alas tratando de justificar las ansias de presidencia por parte del candidato, con las de su mujer; vamos como si Carmen Polo le estuviese dando la matraca a su marido en el 36: “¡A ver ese Alzamiento, Paco; que es para hoy!”
El tiempo pasa y don Pedro no solo mantiene su porfía por tierra, mar y aire, como es su deber tras el compromiso adquirido, sino que también viaja a Grecia y Portugal, cual peticionario de voto para la canción española de Eurovisión. Se casa con Ciudadanos para divorciarse si el del beso del hemiciclo le guiña el ojo, y al único al que le da calabazas es al que le garantiza entrar en el gobierno, bien entendido que no de presidente. Este chico padece monclonucleosis.
Y en esas estamos cuando de repente Antonio Burgos dice que sí, que Begoña solo sueña con tener en su bolso la llave de la Moncloa y por eso es la que provoca la ridícula gira de su marido, Sea yo presidente, y ríase la gente.
Vaya. Entonces aquella especie de diciembre no venía tan desencaminada. Pues sí que estamos buenos. Cada día nos parecemos más a un vodevil clásico, algo así como un Aquí no hay quien pacte.











