La jauría humana
11 de Junio , 2016
Creíamos estar tan lejos
Del 78 en adelante creíamos, imbéciles de nosotros, que a partir de ese momento España estaba blindada contra experimentos totalitarios, dictaduras y bobadas.
Nos habíamos dado una generosa capa de protección contra las radiaciones peligrosas que deterioran la democracia y corroen la convivencia, como pueden ser los militares levantiscos, muy presentes entonces por la experiencia inmediata, los independentistas trasnochados, o los terrorismos de varia especie que se empeñaban en imitar a los maquis irredentos, aunque ya no había un dictador que derribar, sino un pueblo dispuesto a vivir en mirífica armonía.
Bueno, vale, no importa. A los terrorismos los combatimos con la fuerza de la ley y con la unión de los demócratas. Los dictadores no tienen por dónde colarse y a los independentistas les damos unas cuantas raciones de nacionalismo para que se entretengan, y en cuanto tengan un gobierno propio, se les pasa.
Sin saber cómo ni por qué, a aquel plan idílico dibujado para navegar a través del tiempo le han surgido nuevos enemigos que brotan como hongos por su propio impulso, o con notables ayudas de quintacolumnistas desde el interior que colaboran con denuedo a que el proyecto descarrile.
De esa forma conocimos el notable esfuerzo realizado para partirnos en dos que llevaron a cabo los islamistas nostálgicos de su califato, y a partir de ahí fue como el banderín de enganche para que el panorama se inundase de ocurrentes infantiloides, populismos engañabobos, antisistemas devastadores, bolcheviques incompatibles, salvapatrias asilvestrados, corruptos insaciables, tonton macoutes de puño largo, independentistas mesiánicos, monjas de la cáscara amarga, primos, sobrinos y demás familia, que vaya usted a saber cómo lo dejan todo.











