La opción sencilla
14 de Septiembre , 2016
Borges calumniado
¿Cuántas veces exploraron un gobierno Sánchez e Iglesias? La respuesta se pierde en los anales del 2016. Fueron tantas como las ocasiones fallidas de Jorge Luis Borges para obtener el Premio Nobel sin llevárselo nunca.
Vuelve a estar en las quinielas, se decía para calmar las voces de sus admiradores, que veían cómo año tras año la academia da la espalda al argentino, mientras premia a autores menos meritados.
Unos dicen que fueron sus coqueteos con Pinochet los que le apartaron del premio. No lo creo. Otros opinan que tuvo más influencia la broma malvada que hizo sobre una poesía de Artur Lundkvist, el americanista de la academia sueca y a cuyas orejas llega la burla de Borges. Es más factible.
Nos empeñamos en buscar grandilocuencias para construir floridas explicaciones de lo que pasa, cuando en realidad casi siempre funciona lo que viene a llamarse principio de la parsimonia, o navaja de Ockham; es decir, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable.
¿Por qué se reúnen tantas veces Sánchez e Iglesias? Sencillo. Porque es imposible lo que pretenden, porque acabarían con cualquier principio democrático y porque si dejan de reunirse, pierden interés.
Ahora mismo son como esos actores jovencitos a los que sus representantes les obligan a ennoviarse una vez tras otra, porque de lo contrario no les hacen fotos en las revistas de colorines. Ellos tienen que salir juntos, porque por separado carecen de interés.
Pero ni con ésas. El único interés está en la otra pareja de la que Sánchez no quiere ni hablar y a la que le ha dado constantes calabazas sin darse cuenta de que es la que el guionista elige desde el principio.
Vamos, que tiene que haber boda.











