Los estertores
3 de Mayo , 2017
No era éste, pero es igual
Maduro busca la cuadratura del círculo, el anhelo secreto de todos los dictadores, el nudo gordiano de la gobernación, el aleph, el número pi, la carabina de Ambrosio…
Maduro busca cómo deshacerse de la oposición sin que le digan a la cara que en su corpachón cabe menos democracia que oro en bisutería. Y claro, eso es imposible.
Su problema no es la oposición, sino él mismo y el régimen que representa, su inutilidad para procurar el bien de sus administrados y el mantenimiento de la fantasía revolucionaria, no solo en sus límites fronterizos, sino mediante la exportación fuera de ellos, verbigracia, a España.
Ha perdido el Parlamento y al pueblo no le llegan los suministros. La protesta está en la calle y él acumula muertos. La solución, piensa entre delirios, radica en deshacerse de la oposición redactando otra constitución para ser anticonstitucional. Un genio de las verduras.
O mucho nos equivocamos, o Venezuela ya no está para tragar viejos trucos de escamoteo realizados por un mal mago al que se le ve el pajarito desde las primeras de cambio.
Ya no valen peregrinaciones a la tumba de Chávez, ni bravuconadas ante la ONU, desplantes a la OEA y cuchufletas a la UE. Ahora recurre a las palabras más altisonantes y su discurso suena a hueco, como si lo pronunciase una de esas voces metálicas de los robots parlanchines: “Convoco el poder constituyente originario para lograr la paz que necesita la República, para derrotar al golpe fascista y para que sea el pueblo, con su soberanía, quien imponga la paz, la armonía y el diálogo nacional verdadero”.
¿Qué dice este hombre? ¿A quién habla? Ni los cuarenta de Ayete habrían tragado semejante embuste, a no ser que la falta de alimentos produzca ya serias alucinaciones.











