El barrendero de Lugo (II)

3 de Abril , 2017

Domingo Malmierca y Concepción, ese día

Dos bodas reúnen en la Casa de Juan a 200 invitados. Es agosto de 1923. Unos tomarán tortilla de escabeche, especialidad de la casa, pollo asado, langosta, ternera con ensalada, helado, queso, flan y fruta. Los otros introducen la paella a cambio del pollo.

Todo transcurre como los contrayentes, las familias Malmierca y Veres, habían soñado, pero a partir de las cinco y media se desencadena el horror. Un grupo de invitados presenta síntomas alarmantes. Dolores, mareos, náuseas, vómitos… El número de afectados aumenta con el paso de los minutos.

Pronto llegan a la conclusión que algo de la comida no se encuentra en buenas condiciones y que todos acabarán como los que ahora ven retorcerse, desvanecerse, llorar…

Antonio Fernández Niño es un barrendero nacido en Lugo que asiste al banquete de los Malmierca. Está mal del estómago y apenas ha comido, por lo que se siente aliviado. Tan solo toma dos raciones de helado, por ser lo que le parece más ligero.

Todos se preguntan qué han comido. Hay afectados de los dos enlaces, por lo tanto las sospechas se centran en la tortilla de escabeche, común en ambos menús, pero minutos después la suposición cae por su propio peso. Pero el lucense Fernández Niño no prueba la tortilla y comienza a sentir los mismos síntomas. Ya no hay duda, ha sido el helado.

El desconcierto es total. No hay coches para tanto transporte y se echa mano del camión de detenidos de Orden Público. Son setenta, cien… hasta doscientos dirá la prensa al día siguiente. No, la cuenta se para al llegar a los 133.

El propietario, César Jurado, y el cocinero González Guitián son detenidos. El primero aboga por su inocencia diciendo que miembros de su familia están hospitalizados como los demás. Ya, pero la justicia no confunde falta de voluntariedad con falta de responsabilidad.

La Casa de Juan (I)

2 de Abril , 2017

Bebedores de sidra en Casa de Juan

En las primeras décadas del XX trabajan a destajo en Madrid unos establecimientos conocidos como dancings o te-dansant, en los que se combinan los conceptos de terraza, jardín, sidra, restaurante, atracciones, cafetería, espectáculo, baile, bodas, banquetes, homenajes…

Una buena parte de ellos están concentrados en el parque de la Bombilla, la Bombi, así llamado porque en su momento fue el punto final de los tranvías y para que diesen la vuelta, se habían trazado unas vías en redondo con forma de bombilla.

Allí se concentran la Casa de Juan, el Niza, La Huerta, Dancing Bombilla, Campo de Recreo, Los Cipreses, o El Parral. Reminiscencia de todo aquello es la famosa Casa Mingo, con sus pollos y su sidra en el Paseo de la Florida, que ya existía en esos tiempos de los dancings en la Bombilla.

De entre todos, la Casa de Juan goza de un aprecio especial para celebrar bodas y homenajes, pues sus estupendos menús oscilan entre las cinco pesetas iniciales y las 10,50. Allí acude Galdós para rendir homenaje al fundador de El País, Antonio Catena; allí debuta Pepe Marchena, allí cantan las Gemelitas y allí es frecuente ver cómo se contonean las estrellas de la incipiente industria del cine.

Tal como escribe Álvaro Retana, presentar Casa de Juan a los madrileños es como presentarles el Manzanares. El propietario de tan magnífico negocio es César Jurado y entre sus reputados cocineros se encuentran José Caparrós y José María González Guitián.

Pero todo va a cambiar el jueves 2 de agosto de 1923. Para el mediodía de esa fecha se ha contratado la Casa de Juan con el fin de celebrar los banquetes de dos bodas. En una de ellas se espera la presencia de 140 invitados y en la otra serán menos de la mitad, 60.

Tras la comida habrá baile y diversión garantizada porque están en el local indicado para ello, pero…

Víctima de los leones (y II)

1 de Abril , 2017

La noticia

No sabemos cuándo sale de Lugo Nicanor García, pero háganse a la idea. El 21 de enero de 1921 tiene 16 años y lleva dos meses trabajando a las órdenes del domador de leones belga Arthur Delhayer, también escrito Delhayenn. Atiende las jaulas, da de comer a las fieras y ayuda a transportar todos los utensilios necesarios en pista para el espectáculo.

Cuando el periodista Diego San José publica en Madrid un recuerdo de la fuga de los leones de Malleu en la Feria de Navidad de Valencia el 12 de enero de 1900, Nicanor sale de limpiar una jaula instalada en la Feria de Navidad de Valencia de 1921 y la deja mal cerrada.

En ella están los cinco leones de Delhayer. El muchacho vuelve atrás para enmendar su error, pero ya es demasiado tarde. Uno de los felinos, el llamado Verdura, se ha dado cuenta del despiste y aprovecha la rendija para escapar.

Ahora el obstáculo en su fuga es Nicanor, que acaba de dar los gritos de alerta. El animal descarga un zarpazo contra el joven y le arranca el cuero cabelludo. Delhayer ya está frente a la jaula cuando otros dos se ceban en Nicanor.

El belga se hace con una barra de hierro y gracias a su autoridad frente a ellos y a su valentía, logra reconducir a los cinco sin que alcancen los espacios públicos como habían hecho los dos de Malleu veintiún años antes.

Arthur y Nicanor son trasladados al hospital valenciano y mientras el primero es dado de alta el mismo día, su joven ayudante permanece ingresado en estado gravísimo hasta que fallece tres días después.

La ciudad vive una psicosis de fugas y carnicerías. La noticia el 29 de enero es que se han escapado cuatro leones que deambulan por Valencia.

Al día siguiente, el periódico debe rectificar. No eran leones, sino mulos. Pobre Nicanor. Qué vida tan corta.

Nicanor y el circo (I)

31 de Marzo , 2017

Cartel de Félix Malleu

La historia del lucense Nicanor García es breve, como veremos estos días. Sin embargo, en torno a él se pueden contar acontecimientos que enlazan varias décadas.

Hubo un tiempo, entre el XIX y el XX, en el que el domador de leones Félix Malleu se gana la vida, no solo con su espectáculo de fieras, sino durmiendo con ellas en el Circo Colón de la plaza de Santa Bárbara. Seguro que Ramón Pernas sabe algo de eso. La gente podía verlo roncar a cualquier hora dentro de la jaula y a cambio le deja unas monedas.

La vida de Malleu forma unos constantes dientes de sierra que van de la fama al olvido, de la gloria a la miseria, de los leones a los muñecos. Su vida de domador inspira una obra de Pilar Millán Astray, y como marionetista suscita el interés de Buñuel y Lorca.

En enero de 1921, cuando ya ha abandonado las fieras y se dedica a los títeres, un periodista madrileño, Diego San José, publica toda su trayectoria en un artículo nostálgico y de homenaje, pues él lo recuerda siendo el primer domador que mete la cabeza en las fauces de un león, durmiendo con ellos, o luchando a brazo partido contra dos ejemplares que se le escapan de la pista cuando participa con ellos en la Feria de Navidad de Valencia, que casualmente se está celebrando en esos mismo días.

La fuga de Malleu _ la de sus leones _, sucede el 12 de enero de 1900, veintiún años antes. Se incendia el circo Feijóo y los dos machos del domandor, Fortuny y Conde, campan por las calles valencianas como el toro que mata Fortuna, por las de Madrid.

Hieren a tres peatones, pero gracias a la habilidad de Malleu y a la valentía de su ayudante, José Sánchez Agudo, consigue devolverlos a la jaula sin mayores desgracias.

Pero, ¿y nuestro Nicanor García? ¿Qué pinta el lucense en todo esto?

Ni paro, ni jubilación (y II)

30 de Marzo , 2017

Una de las obras de Avelino Rodríguez Elías

El trotamundos de Viveiro, Francisco Saturnino Martínez, salva con salud e ingenio su encuentro con los aimaras, de mal nombre collas, hasta el punto de que Evo Morales, perteneciente a ese pueblo, crea la Coca Colla, pero prohíbe utilizar ese nombre como despectivo. Algo así como si Núñez Feijóo prohibiese hacer chistes de gallegos.

Estamos mucho antes y Francisco, satisfecho por el número de kilómetros recorridos, se asienta en Paraguay, donde trabaja la tierra hasta que la Sociedad Española de Socorros Mutuos, que tanto ha hecho por la emigración, lo acoge en su Hogar Español de Asunción, donde cumple, como mínimo, los 101 años de edad.

Cuando el periodista luso-gallego Avelino Rodríguez Elías lo encuentra a esa edad en Asunción (1948), Francisco es el más activo de los allí acogidos. Ha solicitado una azada para cavar la huerta a diario y ayudar así al sostenimiento del Hogar, que vive de las aportaciones de los españoles residentes en la capital paraguaya y de la propia sociedad fundadora.

La entrada al edificio se inicia con dos escalones más altos de la cuenta que muchos de los ancianos residentes no pueden salvar sin ayuda, por lo que la institución ha solicitado voluntarios para que estén siempre al quite y echen una mano a los que menos fuerzas conservan en las piernas.

Por supuesto, a sus 101 años, uno de los permanentes samaritanos es Francisco, que siempre aparca por unos momentos la azada y se apresta a servir de ascensor a quienes ya no pueden subir sin ayuda.

Si a esto añadimos que el único objeto de su propiedad que guarda con cariño es un despertador que lo saca puntualmente de cama para iniciar su tarea, comprenderemos por qué Francisco ha llegado a cumplir tantos años y por qué entonces nadie habla de generaciones perdidas.

El médico de Evo (I)

29 de Marzo , 2017


Francisco Saturnino, fotografiado por Avelino Rodríguez en su habitación del Hogar Español de Asunción (1948)

De nuestro personaje de hoy nos da noticia el periodista Avelino Rodríguez Elías, que lo localiza en el Hogar Español de Asunción (Paraguay), el 19 de marzo de 1947, cuando se dispone a celebrar sus primeros cien años de vida.

Se llama Francisco Saturnino Martínez, sin segundo, como entonces se dice. De su centenario se deduce por tanto que nace el 19-III-1847, y sin embargo no le ponen José.

Lo hace en Viveiro y ya en edad moza se convierte en trotamundos, aunque de cortas etapas, pues se traslada de la ciudad del Landro a la del Masma, Mondoñedo, y de allí, a la del Xuvia, Ferrol, donde se beneficia de las ayudas de la Fundación del marqués de Amboage, que mediante pago libra a los jóvenes del distrito de las obligaciones militares.

Joven y sin cargas, nuestro célebre se traslada a Lisboa, donde trabaja y se lo pasa muy bien, según su propio testimonio; pero al cabo de unos años la capital portuguesa se le queda pequeña y decide dar el salto al Brasil, y de ahí, a Bolivia, siempre en aras de vivir lo más feliz y despreocupado posible.

Se gana lo poco que necesita con una máquina fotográfica que le permite revelar al minuto y vender ese instante a novios, pandillas y militares. El minutero recorre Bolivia cuando tropieza con indígenas aimaras, de mal nombre collas, predecesores de Evo Morales.

Por razones que solo se intuyen, los aimaras dan en pensar que Francisco Saturnino es un curandero _ quizá por la cámara instantánea _, y le piden que cure a los enfermos de su grupo.

Pasado el tiempo, el de Viveiro explica que no cree oportuno contradecirlos y se mantiene en su papel de falso menciñeiro.

Con agua azucarada y cocimientos de hierbas sale del apuro sin curar demasiado, pero también sin matar a nadie. Al menos hasta que desaparece como puede.

Juana, subalterna a su pesar

28 de Marzo , 2017

Fortuna (x), tras rematar la faena

En el apartado de célebres por un día ocupa un sitial destacado la lucense Juana López y López, de idénticos apellidos que Julia, aquella mujer que sobrevive al hundimiento del Princepessa Mafalda.

Juana de 66 años, también vive en Madrid el 24 de enero de 1928. Ese día, Nicolás Fernández amanece en Carabanchel Bajo enfrascado en las labores de conducir tres astados al matadero, dos toros y una vaca. Algo hace mal porque uno de los astifinos se tira a la calle y en veloz carrera se dirige al Puente de Toledo, que es el camino más corto para llegar al centro de la ciudad.

El bicho reparte sustos mientras es seguido por un muchacho que toma a la vaca de una cuerda a manera de cabestro, confiado en poder reducir a aquella fiera desatada.

De Toledo, que es puente, a Segovia, que es puerta, y allí el toro se encuentra frente a frente con Juana, que siendo de Lugo, se asusta lo justo a la vista del morlaco y trata de protegerse detrás de un árbol.

Sin embargo, algo ve en ella el animal, que decide hacerla su primera víctima. La coge, la empitona, la zarandea y Juana vuela por los aires en imposibles volteretas. Pero no se ceba en ella y el toro enfila ahora el Paseo de la Virgen del Puerto.

Recogen a Juana y la conducen a la Casa de Socorro del distrito de Palacio, donde le aprecian conmoción visceral y contusiones en la cabeza y el tórax, de pronóstico reservado, aunque la policía la califica de grave. Vive en Pinos Alta 7 (Tetuán de las Victorias), calle que hoy se mantiene.

El reguero de heridos, brincos y topetazos se prolonga por Ferraz, Plaza de España y Leganitos, hasta que en la Red de San Luis es estoqueado por Diego Mazquiarán, Fortuna, torero de profesión, entre los entusiastas aplausos del respetable, peatones y conductores que en aquel momento circulan por la Gran Vía.

Inventor romántico (y III)

27 de Marzo , 2017

El Flotante Pasarón concebido por Ubaldo

Una vez que Ubaldo hubo puesto negro sobre blanco los principios de la navegación aerostática y el correo flotante universal circunnavegador, solicita del Gobierno español el título de Descubridor de la navegación atmosférica _ admosférica se puso_, y la explotación durante diez años del susodicho correo flotante.

Todo ello estimado en la cifra de 20 millones de pesos, que era el rendimiento o el pago, por cuanto él cedía al Estado español su descubrimiento.

El ribadense Ubaldo Pasarón lo pone en manos de Isidro Wall y Alfonso de Sousa de Portugal, X marqués de Mejorada del Campo y IV conde de Armildez de Toledo, intendente de la isla de Cuba, donde se hallaba destinado el inventor.

La documentación pasa a las competencias del ministro de Hacienda, el cántabro Pedro Salaverría y Charitu, se concede una patente de cinco años y que si quieres arroz, Catalina.

La prensa de Cuba y España entera se divide en ubaldistas y anti-ubaldistas. Aquellos que se sienten compatriotas de un adelantado de las ciencias y los que ven a un nuevo loco que habla de volar, de correos y de globos en paparruchas.

Se ignora la seriedad con la que Salaverría examina el invento, pero a la luz de los conocimientos actuales cabe pensar que se le presta poca atención. En esa época Zeppelin también está en América, un poco más al norte, y toma apuntes para el dirigible que tiene en mente, pero faltan todavía cuarenta años para la comprobación empírica de sus teorías. ¿Se pudo haber adelantado España? Es posible, pero Ubaldo muere poco después.

Salvador Lorenzana lo considera una de las figuras señeras entre los románticos gallegos y Ubaldo lo fue en todos los sentidos, no solo por su obra literaria, sino también por la altura a la que aspira elevar sus sueños.

Antes que Zeppelin (II)

26 de Marzo , 2017

El precursor

Antonio, Celso y Benito Pasarón y Lastra, los tres hermanos mayores de Ubaldo, lo preceden en vocación y empleo militar, pero ninguno desarrolla la originalidad del pequeño de la familia.

Siendo alumno de la Academia de Ingenieros Militares de Guadalajara con 19 años se inicia en poesía, teatro y periodismo, pero pronto se centra en ciencia militar y obras monumentales. Entre las primeras, Instrucción castramentaria para acampar la Infantería en yermos y despoblados.

Y de las segundas, algunos títulos que meten miedo por su ambición: Atlas crítico de la historia de España del Adelanto Humano desde la edad más remota hasta nuestros días, o el Mapa mundi comercial geoestratégico de la Tierra, cuyos meros enunciados provocan la aparición de almorranas al imaginar el tiempo de trabajo requerido para llevarlas a buen puerto.

Sin embargo por ninguna de ellas aparece Ubaldo en esta sección. Lo hace por el contenido del “Pilotage aeronáutico por Ubaldo Pasarón y Lastra, descubridor de la navegación admosférica”, faltas ortográficas incluidas.

Se trata del primer planteamiento sobre “navegación aerostática de fijo rumbo y velocidad arbitraria, hasta la del huracán”, tal como lo define el propio Ubaldo, que se erige como precursor de Zeppelin.

Aprovechamos las palabras de Antonio Pérez Martínez para explicar que se trata de un globo dirigible flotante formado por dos “secciones meridíánicas elipsoidales”, unidas por su concavidad a modo de ciruela claudia, con una eslora elipsoide y diámetro mayor horizontal equivalentes a los de una fragata, con resistencia para maquinaria, tripulación, pasajeros y carga, que podría circunnavegar la Tierra a una legua de altura en once días, dos horas, 52 minutos y 13 segundos.

Ubaldo Pasarón y Lastra (I)

25 de Marzo , 2017

El Moro Muza que habla de Ubaldo

Entra hoy en esta Cuerda de célebres con todos los honores inherentes al gremio don Ubaldo Pasarón y Lastra, militar, inventor y poeta en sus breves 37 años de existencia, cuyo Ribadeo natal lo recuerda hoy con una calle, aunque su celebridad sea semidesconocida allá donde se mire.

Tampoco es mal título ser hoy un célebre desconocido cuando hay tanto inepto popularísimo. Dejémoslo ahí como reflexión general para la sección.

Antes de avanzar conviene precisar la fecha de nacimiento de don Ubaldo, pues en sus biografías figura una que no lo es, y ya que son escasas, al menos que sean correctas. Se dice que nace el 16 de agosto de 1927, e incluso en algunas se localiza este hecho en Viveiro. Bueno, pues nos jugamos las patillas a que fue mes y medio antes, el 28 de julio del mismo año y en Ribadeo.

Ya decimos que Ubaldo no es precisamente un desconocido, pero sí mantenemos que es un desubicado. Quienes han tenido la oportunidad de acercarse a su obra lo han tratado de genio, o de loco, y ahí es donde se lía la madeja, porque Ubaldo no es ni una cosa, ni la otra, sino las dos al mismo tiempo.

A quienes antes llama la atención son periodistas o militares. El primero, Juan Martínez Villergas, alias El Moro Muza, avispado y de mente abierta como pocos, que ya se fija en la singularidad del ribadense el año 1862. El segundo, más influyente, el general José Almirante y Torroella, que lo que incluye en su Diccionario militar… de 1869.

Después, ya en desorden, Antonio Pérez Martínez, Salvador Lorenzana _ o sea, Fernández del Riego _, y Felipe Crespo de Lara, el tradicionalista de Goicoechea y feminista asilvestrado que lee la famosa conferencia “Si gobernasen las señoras, lo harían mejor que ellos”. Y más tarde, los coetáneos.