Ignacio, ferrolano
12 de Junio , 2017
Una foto imposible en Ferrol
Se han escrito tantas y tan hermosas reflexiones sobre el ejemplo de Ignacio Echeverría que no me consideraba capaz de competir ni en belleza, ni en originalidad con las alabanzas ya publicadas sobre el héroe del monopatín.
Aún así, cada día desde que se confirma su muerte y durante esos minutos en los que se decide el contenido de la columna siguiente, el nombre de Ignacio sobrevoló alrededor como la opción inexcusable del día, pero ¿qué decir de él que no estuviese ya negro sobre blanco?
Ayer fue su entierro en Las Rozas y al lado de los preparativos de los actos fúnebres, los lectores conocían la miserable reacción del alcalde de Ferrol, un tipo que dice llamarse Jorge Juan Suárez, que ha escatimado el reconocimiento de la ciudad a Ignacio, pese a haber nacido allí. En ese momento descubrí que faltaban, no una, sino miles de columnas por escribir sobre tan llorado muchacho.
Ignacio ha dado a Ferrol más lustre y prestigio internacional que el que Jorge Juan Suárez puede concebir en su corto y raquítico cerebro. Ignacio y él son dos polos opuestos que sirven para ilustrar la luz de la sabiduría y las penumbras más siniestras de la ignorancia humana.
Habla el alcalde de la poca vinculación que Ignacio ha podido tener en vida con Ferrol, y es en ese discurso mezquino, paleto e indigno, donde la autoridad municipal demuestra lo ancho que le queda el cargo que ocupa. Si hay muchos ferrolanos que piensan como él, aviados vamos para construir un futuro de paz y entendimiento.
¿Cuál es el mensaje oculto de este lamentable personaje? ¿Hay que aplaudir a los navajeros yihadistas? ¿Para ser ferrolano no basta con nacer allí? ¿Fuera de Podemos no hay salvación? ¿Nos fastidia el ejemplo individual frente a la masa aborregada? ¿Se puede llegar a una alcaldía siendo un auténtico desalmado? Quizá haya un poco de todo.











