La vuelta del calcetín
18 de Octubre , 2017
Venía fuera de vía
El tiempo siempre juega a favor de la ley cuando lo que tiene en frente basa su argumentación en la mentira. Ocurre todo lo contrario cuando la ley es la que se asienta sobre falsedades. Pero en el caso catalán _ en este proceso específico del siglo XX / XXI _, nadie, salvo los masoquistas, debería tener la más mínima duda sobre el lado en el que recae la fuerza de la razón, es decir, el lado al que siempre le va a favorecer el paso del tiempo.
Durante muchos meses y prácticamente hasta el 1-O, daba la impresión de que la única iniciativa correspondía siempre al movimiento sedicioso y era verdad. El Estado se limitaba a perseguir delitos, como por ejemplo, la multa a Mas por el 9-N. Pero la movilización, la propaganda, las manifestaciones y la ideología eran mayoritariamente de un solo signo, entre otras razones porque si todo estaba enfocado hacia un referéndum ilegal, era absurdo que los defensores de la legalidad hiciesen propaganda a favor de un acto en el que ni iban a participar, ni podían darle credibilidad.
El panorama cambió de repente cuando el proceso, a trancas y barrancas, sumando ilegalidades a mentiras, se miró en el espejo de su propio ridículo, votando a manos llenas como símbolo culminante de la democracia orgásmica, el derrame fuera de urna, el coitus interruptus, el DUI como DIU, la república retractil y la marcha atrás. Todo para alumbrar un esperpento de medio segundo.
Había descarrilado la máquina impidiendo el choque de trenes y la calle se llenó de banderas legales.
Fue entonces cuando las mentiras no pudieron contener la realidad: las empresas escapan del paraíso a razón de 150 firmas por día. De la peste se huyó más despacio.
Y ahora el protagonismo se traduce en cárcel. ¡Ah! ¿No lo sabían? ¿Qué tipo de república querían fundar? ¿La de Monipodio?











