No es boicot, es obediencia
7 de Diciembre , 2017
No se trata de escudriñar las etiquetas, es una actitud vital
Entro en la cocina y reviso los alimentos envasados. Hago lo mismo en el cuarto de baño, en las estanterías de los libros y en el rincón de los productos de limpieza. Pasan del sesenta por ciento los que tienen un origen catalán.
No sé si los empresarios que los fabrican lo son, si tienen ideas independentistas o si les cautiva Arrimadas. Ignoro si cotizan en el Ibex, si son multinacionales o si emplean en su elaboración un corcho que solo se da en Monforte y del cual viven cincuenta familias de mi entorno.
Jamás les había mirado el carné de identidad y jamás lo haré precisamente por eso, porque podría estar dañando a unos contribuyentes demócratas y solidarios, a sus empleados, que procederán de toda España, como es fácil suponer, y a sus suministradores, que también.
Desde hace unos años trabajo con una editorial catalana que me publica las novelas estupendamente y que son muy simpáticos. Tengo familia muy directa que vive en Barcelona porque les da la gana y porque se sienten muy a gusto en la ciudad.
Todo eso ha sido así antes y después de que esos chalados delincuentes, fanáticos y soberbios hayan prostituido los sentimientos y hayan querido robarnos por amor a su patria.
Ahora bien, una vez constatado fehacientemente que uno de ellos ha colaborado en el intento de expolio, que ha subvencionado medios desde los que se fomenta el odio, desde los que se insulta a aquellos compatriotas que no piensan a su gusto, o que ellos mismos hacen pública ostentación de ser sectarios, supremacistas o directamente, racistas, sepan con absoluta seguridad que sus productos no entrarán en mi cesta de la compra, aunque cambien de imagen publicitaria y pongan al frente a una presentadora de Elche, por la sencilla razón de que son ellos mismos quienes lo piden a gritos. ¡Anda que no hay competencia!











