Fuera de Puigdemont no hay salvación
17 de Diciembre , 2017
Nada, que no lo entienden
Del cura catalán Manel Pousa dicen que nace accidentalmente en Granada, porque sus padres eran barceloneses. Aunque lo que se adivina es que sus padres nacieron accidentalmente en Barcelona porque sus abuelos eran gallegos.
Bueno, da igual. El caso es que Pousa practica desde hace muchos años el activismo social a su leal entender. Fue compinche nocturno de Pepe Rubianes, enemigo de la curia, estuvo cercano a la excomunión y permanece alejado de la ortodoxia, aunque a estas alturas de la película vaya usted a saber dónde queda lo ortodoxo.
A eso hay que añadir su decidida apuesta política por Convergencia primero, por Junts pel Sí, después; y ahora directamente, por Puigdemont, de cuya lista forma parte en el muy solidario puesto 74.
El padre Pousa pide a Dios que gane el de Bruselas, de lo cual deducimos que lo tiene en baja estima. A Dios, claro. Si no vota ni el Rey, imagínense Dios. Pero en fin, perdonémosle también ese pequeño desliz humano que la pasión por don Carles le lleva a cometer.
Imaginamos que Pousa será uno de esos párrocos, que aprovechan las misas para poner lacitos amarillos a los santos, cantar Els Segadors en el Ofertorio y glosar las ventajas del independentismo a la hora del Evangelio. Asquerosas misas para adeptos con carné en las que corres el peligro de sentarte al lado del Pujol y la Ferrusola, con el susto que debe dar eso.
Pero perdonémosle también a Pousa su apostolado militante. Lo que no le vamos a perdonar así como así, es eso que ha dicho estos días con cara de perdonavidas del Raval, sobre que los españoles no podemos entender lo de la independencia. Que eso es como la Santísima Trinidad. Lo entiende él, Mas y la Ferrusola, las mentes más preclaras del universo mundo. Vuelva otro día a por la absolución, padre.











