Tabarra y Tabarnia
28 de Diciembre , 2017
Para que sientan el vértigo
De momento han conseguido que se hable de Tabarnia como una posibilidad tan real, tan utópica, o tan coñera, como la choriza república catalana. De hecho se presenta como la alternativa a conseguir si en algún momento vuelve a plantearse la revolución de los bastones, ésos que llevan en sus manos la manada de munícipes irredentos que ignoran gracias a qué leyes ellos son la autoridad fuera de sus particulares bidés.
Si ustedes siguen con la tabarra republicana _ les dicen sus ingeniosos promotores _, nosotros, con los mismos mimbres y razonamientos, ponemos en marcha la Tabarnia constitucionalista.
Aclaremos, para quien se acerque por vez primera al término, que han bautizado como Tabarnia a la loncha de territorio que va desde la Reus de Prim, hasta la Mataró de Néstor Luján, pasando por Tarragona, Barcelona y todo su cinturón, que hoy es más naranja que rojo. Seis millones de catalanes de mayoría constitucionalista que se oponen al millón y medio restante de mayoría independentista.
Puede ser un absurdo, pero solo si también lo es la pretensión de imponer a todos lo que piensa una minoría, abundante, pero minoría.
Tabarnia pone al secesionismo frente al espejo de su propio disparate y de la falacia con la que siempre se han considerado prepotentes gracias a una ley electoral que parece redactada precisamente para ejecutarse en este momento y en contra de los intereses generales.
Absurdo, ridículo o disparatado, lo cierto es que el vértigo de octubre deja tras su paso una Cataluña distinta y dispuesta a no hacer del silencio el cómplice ideal de quienes buscan la ruptura de la convivencia, donde el partido más votado no es nacionalista y donde se habla de un ente libre, gracioso, español y europeo al que llaman Tabarnia, por si acaso.











