Una cuestión de género
23 de Marzo , 2024Aitor Albizua, el presentador de Cifras y Letras, tiene bien aprendida la lección de lo políticamente correcto y lo gramaticalmente incorrecto. Siempre abre su programa deseando las buenas noches a todos y todas, que es una sencilla, pero diáfana manera de decir que se pasa la RAE por el arco de triunfo para obedecer las órdenes de quien ni pincha ni corta en asuntos de lenguaje, como es el Gobierno.
Se entiende que este comunicador y otros muchos se plieguen al deseo de quienes los contratan porque hay mucho paro y fuera hace un frío que pela. Los redactores de Efe anteriores a 1975 también sabíamos que nuestras noticias no podían encabezarse diciendo: “En la mañana de hoy, el dictador Francisco Franco…”, sino: “Su Excelencia el jefe del Estado…”
Pero al menos en nuestro caso la obediencia política no exigía burlarse de la norma académica que respalda al masculino genérico en pos de la limpieza, belleza y economía del lenguaje.
Esta locura por crear gramática tiene las patas muy cortas porque no habrá ningún escritor que la lleve a su literatura, salvo que se autodestruya en fárragos repetitivos y falsos como euros de madera.
Por el contrario, se le abren las puertas allí donde los políticos hacen masa, verbigracia, el Congreso, que ya no será de los Diputados, sino el Congreso a secas. Aleluya, por una vez el lenguaje inclusivo aporta una dosis de economía y nos ahorra tres palabras.
Para compensar tamaña muestra de sensatez, nos encontramos con una de las intenciones más disparatadas de los últimos tiempos. Como la palabra portavoz no cambia en femenino, han decidido que a partir de ahora sea sustituida por “persona portavoz”. Cualquiera que lo hubiese defendido en nuestro bachillerato todavía estaría hoy con orejas de burro.











