Presuntos implicados
7 de Febrero , 2018
Pues sí que empezamos bien
Ramón y Cajal ya no podría sostener hoy que en España jamás delinquen la casaca ministerial, la toga ni el blasón, pero nadie discute que la protección de las tres circunstancias no es desdeñable para sortear encontronazos con la justicia.
Ya entonces, cuando el premio Nobel español pronuncia esa frase, a los políticos se les mira con recelo, no tanto por su afán de llevarse el erario _ que mucho no había _, sino por favorecer a conocidos y amistades con las muchas o pocas prebendas a su alcance.
Quienes hoy aspiren al ejercicio del noble arte de la política, han de tener en cuenta que la propia profesión y la sociedad entera los considera presuntos delincuentes sin ningún tipo de reparo.
Ya es sospechoso que a los ministros los pongan el primer día delante de la Biblia valenciana de 1791 que fue propiedad de Carlos IV, de un facsímil de la Constitución y de un crucifijo. Se nota que no se fían del personal.
¿Y a qué viene si no ese afán por limitarles los mandatos, como para sugerir que después de tanta jura o tanta promesa hay que quitárselos de encima cuanto antes? Pobrecillos. Se lo haces a cualquier otro colectivo y la comunidad internacional te monta un buen cirio.
Imagínense que en el plazo de ocho años a un excelente arquitecto se le impide ejercer su profesión por llevar demasiado tiempo levantando edificios. ¡Pero si es un fenómeno! Nada, nada; a casita que allí no delinque.
Después está el tema de la transparencia de sus cuentas, la declaración de sus bienes, la de Hacienda y todo eso. No me dirán que no parece el tratamiento propio de una relación con hampones. Usted venía con tres manzanas en el bolsillo. No me salga después que si cuatro, que si cinco.
Por todo ello hoy alzamos nuestra voz a favor de los políticos, que también son criaturas de Dios.











