El mitin de Melchor
8 de Enero , 2019
Los caramelos y eso, bien
Lejos quedan aquellos años en los que Melchor, desde el balcón del Ayuntamiento, relata a los niños de Lugo las penurias pasadas por su caravana para llegar hasta la ciudad. Hubo eneros en los que incluso alguno de sus camellos se lesiona una pata al tropezar en uno de los innumerables baches que salpican la N-VI.
Vive Franco y la alusión a las fochancas se toma como el no va más de la crítica política, porque realmente Melchor se juega las barbas si la autoridad gubernativa considera que eso de aprovechar la tribuna regia para meterse con Obras Públicas es pasarse de frenada.
Los Reyes de este año demostraron que cualquier atisbo de crítica ya han sido domesticada y que el poder no deja pasar una ocasión tan concurrida para difundir un mensaje propagandístico a todo tren, especialmente si estamos en año electoral.
A quién se le ocurre permitir que Melchor lance un espiche en contra de las deficientes infraestructuras municipales, como con Franco. Sería de tontos. Así le va. Que ya casi lo tenemos acorralado en el Valle de los Caídos y de un momento a otro le damos la gran lanzada a moro muerto.
Pobres niños. Van con toda su ilusión a la Praza Maior para escuchar a Sus Majestades diciendo que traen los zurrones cargados de vídeo-juegos y se encuentran a un mitinero más soso que una suela de peregrino, con un acento parecido al del vecino del segundo y hablando de lo bueno que es el gobierno. Vamos, como en la Sexta.
Entre el Melchor de Lugo y el Baltasar de Andoain, ése que dijo que los reyes eran los padres, están matando a la afición. Colau y Carmena, tan obsesionadas ellas en sembrar laicismo, no lo harían mejor. Dos Navidades más y el gordo cabrón vestido de rojo playboy se hace con el mercado de la ilusión.
Los próximos Reyes deberían organizarlos gente que sepa. Doña Sofía, por ejemplo.











