¡Qué difícil es el inglés!
18 de Enero , 2019
El speaker de la Cámara de los Comunes _ o sea, el presidente _, se cambió ¡de corbata! durante la sesión. ¿La tendría sudada?
Me encantaría entender el inglés con soltura; pero tanto o más, entender a los ingleses. Ya con el referéndum del brexit comencé a pensar que no era fácil penetrar en el entramado, por lo menos para transmitirles una impresión particular sobre el asunto.
De hecho en esta sección se ha escrito la palabra brexit tres veces, y dos fueron para hablar de otro asunto.
Me llevé una gran alegría cuando en aquellas fechas una encuesta a pie de calle _ creo que en Londres _, presentaba a un corrillo de señores, con pinta de ser ingleses desde los dolores, que decían a cámara y sin ningún rubor que ellos tampoco lo entendían.
¡Hombre! Menos mal. No soy el único gilipollas de la parroquia. Estos señores viven allí y también están a dos velas.
Después vinieron estos años de negociación entre May y la Unión Europea en los que sí, más o menos, comprendías lo que iba pasando y los intereses de cada parte, aunque desconocieses en realidad de qué barros venían esos lodos.
Finalmente hemos vivido estas dos jornadas parlamentarias y ha vuelto el desconcierto. Digo “hemos vivido”, porque con mi mal inglés a cuestas y todo eso, me armé de paciencia para seguir en directo los gritos del speaker y ese curioso ritual que tienen en Westminster y que he de reconocer que me gusta más que el nuestro, porque son todos muy respetuosos y aunque monten broncas, siempre parecen broncas ilustradas. Nada zafias ni rufianescas como las propias.
Bueno, el caso es que a May le dan un tantarantán mariamanuela que le tiran los dos años de negociación por la borda, con todo el dinero, sudor y lágrimas que costó.
Bueno, me digo, pues ya está. Se la han cargado. ¡Pero no! ¡Al día siguiente la apoyan como si valiese! Y entonces me acuerdo de aquellos hombres de la encuesta. Estarán como yo. Sin coscarse de nada.











