Dos premios y dos castigos

13 de Julio , 2020

El ganador

La cosa está clara. El ganador es Feijóo y el perdedor es el Gobierno de Madrid. Nada nuevo bajo el sol, que ayer lució en toda Galicia para la gente que no había votado por correo, se acercase con orden, tranquilidad y relativa abundancia a las urnas.

El BNG se dispara y recoge el voto de la protesta _ o la indignación _, en los municipios que sufren las negras perspectivas industriales y sus áreas de influencia, para dejar en ridículo al vicepresidente Iglesias y seriamente tocado al presidente Sánchez.

Sería muy difícil precisar qué porcentaje de responsabilidad tiene en el aniquilamiento lo que mangonea Iglesias en Madrid, o lo que cosecharon las mareas, Galicia en común, Podemos o como quieran ustedes llamarlo, a pie de obra. Si se me permite arriesgar, mi apuesta es que ha sido mucho mayor la nefasta influencia madrileña, que la nefasta presencia en el terruño.

Caballero salva los muebles porque se queda como estaba, virgencita, y cómo estaba. Los salva, pero huele a fracaso de aquí a Ferraz, donde lamen sus heridas con el bipartito del País Vasco asegurado, pero con la cuña de un escaño de Vox, que manda truco en La Habana, y que irrita a todos los elegidos, desde Bildu al PP, y de Podemos al PSE, pasando por el PNV.

Por mucho que se empeñaron en evitarlo, al final el agua fluye por donde encuentra cauce.

Si el último escrutinio no se lo quita, Feijóo gana un escaño, que es como si los ganasen todos, porque le sobran cuatro, lo cual demuestra que los gallegos premian su gestión por encima de cualquier otra consideración porque en este caso el sorpasso del BNG, el estancamiento de los socialistas y la evaporación de Podemos son votos que se mueven de sitio entre ellos mismos casi por completo.

Con todo y eso, los 21 de Bildu es el dato más aterrador de la jornada. Un dato para dejarnos helados hasta en julio.

Vicente Eyré, el retratista más caro del mundo

13 de Julio , 2020

El pintor nace en Ponte Caldelas, pero se considera un monfortino más, de donde es su padre, el magistrado Eyré Varela

EN EFECTO, EL pintor Vicente Eyré Fernández (Ponte Caldelas, 1918), nace en ese municipio pontevedrés, pero él se siente un monfortino más. O al menos eso dice cuando lo entrevisto hace ahora medio siglo.

La razón es que su padre, Francisco Eyré Varela, hijo de Vicente Eyré, se había establecido como abogado en Monforte en 1909. En 1913 gana las oposiciones como juez de primera instancia y así, mientras su hermano Antonio lo es de Ponteareas, él permanece bastantes años en ese puesto de Ponte Calderas.

Luego será presidente de la sala segunda de lo Civil de la Audiencia de Barcelona, juez especial contra el pistolerismo y magistrado del Tribunal Supremo.

Su hijo se hace pintor tras abandonar los estudios de ingeniería y arquitectura y presume de ser “el retratista más caro del mundo”, que siempre es un buen titular para cualquier entrevista, para añadir a continuación “pero esto no quiere decir que haga un retrato a quien quiera”.

“Mi especialidad es la más difícil” Y explica: “Cuando un profano en pintura intenta hacer un retrato, pinta chinos. Para nosotros los de raza amarilla nos parecen todos iguales y basta con pintarle una coleta y unos ojos estirados para definirlo. En cambio si pintamos una persona conocida muy rara vez consigue uno simples rasgos del modelo”.

Y cuando indagamos sobre lo más difícil dentro del retrato, Vicente no tiene dudas:

_ Los ojos. Cuando reímos, lloramos o nos humillamos, donde lo expresamos es en los ojos y muchos retratistas han fallado toda su obra por culpa de no captar bien los ojos.

Lo cierto es que la fama de Vicente como retratista es internacional y pasa gran parte de su vida cumpliendo peticiones de las más destacadas personalidades.

Antes de aquella conversación en Monforte viene de trabajar durante seis meses en retratos solicitados en Roma, París y Milán.

Se dedica al retrato porque le interesa conocer al personaje desde un punto de vista filosófico y puede entrar en él gracias a los pinceles.

En aquel momento soy yo el que pretende hacerle un retrato con la palabra:

“Vicente Eyré tiene los rasgos muy marcados, sus ojos parecen traspasar la simple careta de carne de la persona para verle eso que a los demás nos es a veces imperceptible”.

_ ¿Cómo lo consigue? ¿Es un proceso lento?

_ No. Encuentro rápidamente el pensamiento del personaje, para ello le hago hablar, sonreír, en una palabra, hacer que se olvide de que posa; pues posar es estar atento a que lo están retratando y el personaje pone unas caras que no son la suya.

Durante la entrevista está presente el poeta, comentarista musical y farmacéutico monfortino, amigo y coetáneo de Vicente, Roberto Martínez de Andrade, que acaba de ser retratado por él. Roberto nos descubre un pequeño secreto: “Eyré cuando pinta, silba. Y por cierto lo hace fatal. A veces temí por mis tímpanos”.

Le pedimos la lista de sus modelos y con los seis primeros nos llega para adivinar el resto: Soraya, Juan Carlos de Borbón, El Cordobés, Juan XXIII, Perón y el Che Guevara. “¡Ah! Y Roberto Martínez de Andrade, que ha sido el último”.

Casado con Pilar Estrada Borrajo de Orozco, son padres de Olga, Georgina y la periodista Pilar Eyré.

Nos arriesgamos a hacerle una pregunta incómoda como es pedirle los pintores gallegos más admirados, pero él lo solventa con determinación: Un hombre, Sotomayor; una mujer, la Minguillón. “Y como dibujante, Castelao. Es extraordinario”.

Diego Pazos, historiador de los registros y de Sarria

12 de Julio , 2020

Hoy se cumple el centenario de la muerte de este registrador de la Propiedad, primer autor de una historia de Sarria

SE CUMPLE HOY el primer centenario de la muerte de Diego Pazos y García (Sarria, 1857), el tercer presidente de los registradores españoles de la Propiedad y el primer historiador moderno de Sarria, que nace y fallece en ella con un intervalo de 63 años.

Hijo de Juan Pazos y Dolores García, estudia Derecho en la Universidad compostelana y se doctora por la Universidad Central, para ingresar por oposición en el cuerpo de Registradores de la Propiedad, del que llega a ser su tercer presidente.

Sus primeros destinos como registrador de la Propiedad son en Villamartín de Valdeorras (Ourense), Guernica y Luno (Vizcaya), Daroca (Zaragoza) y Logroño; para ejercer luego en las cercanías de Madrid, a excepción de Palma: Navalcarnero, Chinchón y Arévalo (Ávila), de donde lo es cuando fallece.

En 1889, siendo registrador en Guernica y Luno, publica Ensayo sobre la Estadística de los Registros de la Propiedad en España y en el extranjero, con una parte histórica sobre la contabilidad de las propiedades, las personas y los fenómenos en España, que fue auténticamente inédita en su momento y que le vale el reconocimiento de la reina regente.

Su profesión le absorbe de tal manera que no se casa. Desde la llegada de siglo XX tampoco abandona su residencia madrileña por sus obligaciones tanto en la organización colegial como en Hacienda, ministerio del que era comisionado, lo que hoy llamaríamos un asesor.

En 1893 merece el premio de la Academia de Ciencias Morales y Políticas por su libro sobre La división de las fincas rústicas en España, que más tarde publica en edición de autor y que tiene continuación en 1908 con la edición de La cuestión agraria de Irlanda y referencias a la de España.

En 1900 vuelve a ganar otro premio de la Academia, en concreto el dedicado al conde de Toreno, con una dotación de cuatro mil pesetas y la cuarta parte de los libros que se impriman. Trata también sobre las fincas rústicas.

La formación de los presupuestos del Estado, la redención de foros, o la política social agraria son otros de temas tratados en sus libros.

Además de esas obras de su especialidad, Diego Pazos se interesa por el pasado de su tierra natal, por lo que hoy se le considera el primer historiador de Sarria a través de sus Apuntes acerca de la historia de la villa y comarca de Sarria, que en 1916 da al Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés Martín, que se encontraba en la madrileña Costanilla de San Pedro y de los que se hace una tirada muy escasa. Allí, en Jaime Ratés ya había editado algunas de sus obras.

Mucho más tarde, en 1980, la editorial Alvarellos los publica en Lugo con carácter facsimilar bajo el nuevo título de Historia de la villa y comarca de Sarria, que va a tener mayor divulgación que los primeros.

En 1917 recibe en Sarria un banquete-homenaje que se celebra en el Hotel Roma y al año siguiente es nombrado registrador de Palma y seguidamente, de Arévalo, poco meses antes de que se sienta enfermo de larigintis y decida recluirse en Sarria para morir en 1920.

Presiden el duelo Arístides González, Justo López y Juan M. Somoza, así como sus compañeros de profesión, Jesús Rodríguez Guerra y Ricardo Valdés, el párroco de Santa Marina, Manuel Saco, Víctor Castro, Ramón Martínez, delegado de Hacienda de Lugo, y Manuel Batanero.

El ayuntamiento le agradece sus trabajos con una lápida en su casa natal y dando su nombre a la calle que hoy es también la carretera LU 633.

Suárez Couto, en la proa de la pintura gallega

12 de Julio , 2020

El ribadense es alumno de la mujer de Julián Besteiro y se casa con la sobrina de León Felipe

DESDE LA DÉCADA de los 20, Amando Suárez Couto (Ribadeo, 1894), ya aparece entre los mejores pintores gallegos del momento. Su paisano Clemente López Pasarón lo sitúa entonces con Bonome y Castelao al frente de la plástica de Galicia. Artista racial le llama Correa Calderón. O pintor da raza, traducen al gallego.

Sus primeros estudios los realiza en el colegio de los Santos Reyes, de Madrid, a donde se ha trasladado la familia. Una de sus profesoras es Dolores Cebrián, esposa de Julián Besteiro. Después estudia en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid para escapar de la enseñanza oficial de San Fernando. Se depura en el estudio de Marcelino Santamaría y en el Museo del Prado, antes de viajar por Europa.

Cuando lo conocemos, en 1971, recuerda así esos años: “El aprendizaje de mi pintura se realizó en mi primer viaje a París, para estudiar a los impresionistas”. Un viaje cuya primera parte, hasta Biarritz, la cubre en barco con un armador de Ribadeo.

Galicia es entonces su tema central: “Mi primera época la ocupa totalmente, ya que por este tiempo había mucho más sabor en romerías, fiestas”.

En 1923 ocurren dos acontecimientos importantes en la vida de Suárez Couto. Uno más importante que otro. Realiza su primera exposición individual en el Ateneo de Madrid y sufre un aparatoso accidente de tráfico.

De la Exposición Fernando Bertrán destaca su parecido a Goya _ su autor favorito _ y entre sus cuadro cita El cura, Recogiendo algas, El marinero de Rinlo, Tarde de domingo, Miquelete, El cestero y La colegiala. Por el contrario, el crítico rechaza sus dibujos por estar “completamente pasados de moda”. Eran influencia de Penagos y Bujados.

En cuanto al accidente, viaja a Coruña en el ómnibus que conduce Antonio Nistal y a cinco km de Vilalba el autobús se estrella contra un árbol ocasionándole varias heridas. En 1915 ya había tenido otro accidente en Saavedra su hermano Enrique.

En 1919 participa en la muestra de arte gallego de Buenos Aires; en el 24, la revista Ronsel lo presenta en Lugo y en el 29, acude a la galería Bernheim-Jeune, de París.

Cuando expone en 1928 incluye una escena de boxeo, que González Catoyra interpreta como toda una lección de buena educación.

Se casa con Margarita Camino Andrés, sobrina del poeta León Felipe e hija del célebre psiquiatra Julio Camino Galicia, pionero del hipnotismo. En esa época explota una granja de pollos en Vicálvaro, que durante la guerra suministrará carne a Madrid gracias a un acuerdo con el PCE que le ocasionará represalias.

Luego vendrá su actividad como publicitario de la Metro Goldwyn Mayer, hasta que en 1951 regresa a Ribadeo. Allí desarrolla una variopinta actividad cultural con sus hermanos, además de su trabajo de pintor. Es cofundador del CD Ribadeo de la Biblioteca Popular Circulante. Colabora en revistas e ilustra libros, como Ribadeo antiguo, de Francisco Lanza.

Pinta las gaiteiras, o meniñas, del grupo Saudade que él mismo crea con muchachas de Ribadeo y que va a servir para levantar el monumento al gaiteiro en el alto de Santa Cruz. Hoy se encuentra en el Museo Provincial de Lugo.

La temática le agrada. Preguntado en aquella ocasión por su cuadro favorito, responde: “Uno que pinté a los dieciocho años, era la polka punteada de la romería de Santa Cruz, me gustaba mucho ese cuadro y me sigue gustando”.

Otra de sus obras más conocidas son el retrato del Viejo Pancho a caballo, los ancianos del Asilo y la Tarde apacible que ilustra el cromo.

Dalmiro de la Válgoma, el historiador que volvió a empezar

9 de Julio , 2020

El erudito de Monforte de Lemos pierde en la guerra todos sus papeles y debe iniciar de nuevo su obra

SE CUMPLEN LOS treinta años de la muerte del historiador y genealogista Dalmiro de la Válgoma y Díaz-Varela (Monforte de Lemos, 1904) y el personaje sigue siendo víctima de la política cainita que en Galicia se aplica con frialdad siberiana a quienes no superan la prueba del algodón terruñesco, sean cuales sean las siglas que luzcan bordadas las puñetas de los jueces.

Los Válgoma son originarios de la pedanía del mismo nombre, en el berciano municipio de Camponaraya, y propietarios de una casa blasonada en la no menos timbrada Calle del Agua de Villafranca del Bierzo; mientras entre los monfortinos Díaz Varela abundan los militares.

Dalmiro, que será cronista oficial de Villafranca, estudia Derecho y encamina sus pasos hacia la carrera diplomática, con disgusto para su madre que prefiere verlo entre legajos, bien porque cree que es su verdadera vocación, bien porque le parece que la diplomacia es territorio comanche de codazos, intrigas e inciertos destinos.

Gana la investigación histórica, ayudada por la llegada de la República y su desagradable sonsonete político. Estando en la Biblioteca Nacional, ya metidos en harina bélica, es detenido por unos milicianos por sospechar que allí se alberga un foco de quintacolumnistas. Pasa meses en una cheka y en un campo de concentración francés, es liberado y le da tiempo a estar como voluntario en el frente los nueve últimos meses de guerra.

En el revoltijo de esos años pierde los papeles de todas sus investigaciones, que reinicia casi desde cero.

En la posguerra ejerce la abogacía dentro del Cuerpo Jurídico militar para defender a aquéllos perseguidos por sus ideas políticas, consiguiendo la absolución de muchos de ellos, que se lo agradecen mediante cartas remitidas hasta sus últimos años de su vida.

El rigor de Dalmiro en las investigaciones le lleva a rebuscar por doquier pruebas o testigos que puedan favorecer a sus clientes. De esos años recuerda la prohibición que pesa sobre los abogados de no poder atribuir a sus clientes “ideas políticas”. Solo son traidores.

La primera obra que recupera es Los guardiamarinas leoneses, publicada ya en los 40. Es el primer libro a base de los fondos del Archivo de Marina Álvaro de Bazán.

Después vendrán numerosos trabajos sobre el Marqués de la Ensenada, la nobleza de León, Hernán Cortés, y una de sus obras más queridas, La Condesa de Pardo Bazán y sus linajes, con un prólogo de quien se convierte en su mujer el año 1950, la novelista santanderina de sangre gallega, Elena Quiroga y de Abarca, hija del conde de San Martín de Quiroga, con quien se une en la capilla del Palacio Arzobispal de Santiago.

Entre los testigos, firman el barón de Finestrat, en representación de Fernando de Baviera; el marqués de Figueroa, José Álvarez de Toledo y Antonio Rumeu de Armas.

Hombre madrugador, prefiere la pintura a la música, aunque para detenerse en la frontera del abstracto, incompatible con su sensibilidad.

No tienen hijos, pero crían desde los dos años al único varón de su hermano.

Entre otros cargos, fue secretario del Instituto Histórico de la Marina adscrito al C.S.I.C, vocal del Museo Naval, de la Junta de Iconografía Naval, de la Real Academia Gallega y del Patronato Condesa Pardo Bazán, así como académico de número, bibliotecario y secretario de la Real Academia de la Historia.

Está enterrado en Villafranca y de él se puede leer una extensa biografía de Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón, marqués de Castrillón.

Xesús Mato, un home contra os agoreiros

8 de Julio , 2020

O crego de Paradela funda Fuxan os Ventos, crea Auxilia e asiste ao nacemento de Radio Popular en Lalín e Lugo

Á XENTE COMO o cura Xesús Mato Mato (Paradela, 1932), que ten todo un libro de homenaxe no que cen-amigos-cen falan del, resulta imposible sacarlles unha anécdota orixinal. O del chámase Mato sono io…, e foi coordinado por Xulio Xiz. Tiramos a anécdota do seu título.

Conta Mero nel que estando en Roma, o crego se retrasa uns minutos, polo que algún do grupo comeza a preguntar onde está Mato. Como matto en italiano é tolo, os romanos pensan que falta un viaxeiro que está mal da cabeza, ata que aparece e di: Mato sono io…

O seu berce é Cabo de Vila, na parroquia de San Martiño de Castro. Fillo de labregos e neto dun mestre de ferrado que cobra en gran os coñecementos que imparte.

Alí vai a escola desde os 5 anos cos seus seis irmáns e dalí marcha para seguir estudos no Seminario de Lugo, do ano 1946 ao 1958. Conta que rompe a ler na etiqueta dunha botella de viño reconstituínte Sansón. Se cadra o primeiro que Mato le nesta vida foi: “Sansón es una bebida singular, suave, dulce, aromática y muy versátil”.

Logo, ata 1967, é coadxutor en Lalín, cando se fai técnico de radiodifusión y redactor en Madrid. Créase a COPE e él será o encargado de facer a emisora de Lalín por encargo do bispo Ona de Echave.

Como Mato é como é, en Lalín crea tamén unha polifónica e un grupo de teatro. Logo volve a Lugo para ser o home da igrexa en Radio Popular. Ofrécenlle a dirección, pero prefire manterse á marxe desa responsabilidade.

En 1983, chega o seu nomeamento para varias parroquias do Cebreiro e O Courel _ Liñares, Hospital da Condesa, Padornela, Fonfría e Teixeira _, e unha morea de actividades, algunhas xa iniciadas, no ensino, na música, no estudo, no galego, na acción pastoral e no xornalismo, entre elas, unha prolongada colaboración nas páxinas dominicais de El Progreso.

Vive en primeira persoa a chegada do galego á liturxia e no ano 1968 dá os primeiros pasos do que será a súa obra máis coñecida, a fundación do grupo Fuxan os Ventos, co gallo dos concursos de panxoliñas da Sección Femenina, a través do colexios Santísimo Sacramento, feminino, e Eijo Garay masculino. “Un Nadal _ conta no seu día a Sabela Corbelle _, convidei aos rapaces que viñesen cantar coas pequenas. Cantáronse panxoliñas en galego e tamén en castelán e de aí saíu Fuxan e tamén o espectáculo Galicia canta ao neno, en 1972”.

Dúas cancións do grupo _ Fuxan os Ventos e Mencer _, son obra do fundador. A mili de Mini e Mero interrompe a actividade musical, pero logo virán O tequeletequele, Galicia canta ao neno, Sementeira e Quen a soubera cantar, Saraibas…

En paralelo hai outro Mato dedicado ao apostolado e á creación de Auxilia no ano 1970, a favor dos discapacitados físicos que tivo unha gran trascendencia e da que será o seu primeiro coordinador. “Cambioulle a vida a moita xente que, ata daquela, vivía condenada a quedar nas casas”.

Así mesmo é coautor dos libros Galicia canta ó Neno e Por un Lugo sen barreiras. Entre outros, recibe os premios e distincións de Lucense do ano (1991), V Premio Moncho Valcarce (1998), de Cultura Tradicional de María Castaña y de xornalismo no Nadal de Begonte (2009).

Na última etapa, Mato coida de dúas irmáns maiores que viven en Portomarín, onde comezara a súa preparación para o Seminario. O concello de Paradela noméao Fillo Predilecto en 2005 e o de Portomarín prepara unha distinción similar.

No ano 2018 chega a concesión da Medalla Castelao, que recoñece todo o labor desenvolvido.

Chao Espina, la curiosidad por todo

7 de Julio , 2020

El cronista oficial de Viveiro no solo documenta la historia de la ciudad, sino también docenas de temas que le atraen

LA CURIOSIDAD INTELECTUAL de Enrique Chao Espina (Viveiro, 1908) limita al norte con Viveiro, y al sur, con todo lo demás. Sus trabajos periodísticos, publicados fundamentalmente en El Progreso, El Correo Gallego y La Noche, abarcan la ciudad de Viveiro y sus hijos ilustres, pero también temas de muy variada índole, como los estudios sobre la Sábana Santa, la gente que usa barba, los epitafios o las últimas palabras de distintos personajes. Hoy se cumplen los 112 años de su nacimiento.

Muchos de esos temas son tratados con gran sentido del humor, que era una de sus características personales, como su espíritu deportivo en las filas de una club de fútbol local, o nadador en la ría del Landro.

Alumno del cronista oficial de Viveiro, Jesús Noya, será elegido para desempeñar ese mismo cometido después de Juan Donapetry.

Se hace sacerdote en Mondoñedo, donde coincide con Trapero, mayor que él, y con Cunqueiro, menor, entre toda aquella maravillosa promoción mindoniense. Allí coaborará en la revista Vallibria. Él y Fernández del Riego serán los únicos académicos lucenses que reciban a Álvaro cuando ingrese.

Termina la carrera en Lugo el año 1931. Luego se licencia en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza y cursa Magisterio en Santiago. Es doctor en Letras por la Universidad Central y diplomado en portugués por la Escuela Central de Idiomas.

Uno de sus primeros trabajos publicados será Felipe II y El Escorial, en Misión.

Recorre diversos destinos docentes en Puertollano (Ciudad Real), el Instituto de Ferrol, la Escuela de Comercio de A Coruña y otros, antes de ser académico de número de Real Academia Galega, y correspondiente de otras.

Por resumir citaremos aquellos personajes que merecen el estudio de Chao Espina. El primero, Pastor Díaz, a quien dedica su documentada tesis doctoral que se publica en 1972, pero también Luis Trelles, Vicente Cociña, Gonzalo Pérez das Mariñas, Nicolás Fernández- Victorio, Manuel Bujados y muchos más.

Igual de extensa es la lista de premios recibidos que encabeza el Pérez Lugín de 1945, dedicado entonces a Galicia a través de sus leyendas, y en el que Pedro de Llano, Bocelo, futuro director de El Progreso, recibe una mención de honor. En ese momento es profesor del Instituto ferrolano.

También gana el certamen literario celebrado en Lugo al año siguiente, así como los títulos de sus libros, entre los que figuran muchos sobre la historia de Viveiro, Ladrones, lobos, villas, tipos populares y otros temas, los dedicados a las leyendas de Galicia, y los de contenido biológico, Introducción al libro de los peces de Cornide, Tres monstruos de los mares gallegos y otros temas marineros, de 1975) y La zoología y los animales en la obra del padre Feijóo (1983), que publica por entregas en El Progreso, antes de verlo reunido por Ediciós do Castro.

En esa línea, los Juegos Florales de Foz le premian en 1966 un trabajo titulado Mitad pez y mitad sirena, en compañía de Manuel María y Alfonso Toimil. De sirenas también escribirá en Las Riberas del Eo.

Poesía, libros de enseñanza, traducciones, un curso sobre lengua portuguesa y la recolección de lo escrito sobre Barbas, barbudos y barbudas, que prologa Evaristo Correa Calderón, completan su obra a vuelo de pájaro. Por todas ellas fue llamado el Tubalcaín de las letras gallegas.

José Manuel Suárez Sandomingo ha escrito la más extensa y documentada biografía de Chao Espina, que fallece en A Coruña el 19 de enero de 1989.

Constantino Lourido, treinta panaderías en Buenos Aires

6 de Julio , 2020

El industrial de Riotorto también escribe el libro “A Galicia, tierra meiga”

CON 19 AÑOS, Constantino M. Lourido Cabanas (Riotorto, 1900) se lanza a la conquista de Argentina, llevando para ello su ilusión y su trabajo. Recuerda haber llegado a Buenos Aires el 11 de julio de 1919 y entrar como obrero en las panaderías de su primo José Loureiro Cabanas, con las prisas lógicas de quien quiere ver cuanto antes el resultado de su esfuerzo.

Tres años después, en 1922, encuentra la posibilidad de establecer un negocio por su cuenta, pero la suerte no estaba ahí y debe esperar hasta abrir un local en la calle José M. Moreno 334, llamado Confitería Sávona. Pronto lo convierte en un establecimiento de éxito, momento que aprovecha para venderlo y con las ganancias obtenidas, montar su red de panaderías.

Eso fue en 1927, cuando se instala en la calle Segurola 2381 del barrio de Villa Devoto, donde va a nacer el auténtico embrión de su posterior emporio comercial. Desde 1925 ya está casado con Querubina Llousas Lousas, natural de Sadrarín, lugar de San Xurxo de Piquín, en el ayuntamiento lucense de Ribeira de Piquín.

Antes de cumplir los diez años de estancia, la marca Lourido ya es sinónimo de éxito. El segundo establecimiento lo abre en Avenida Tres Cruces 4271; y así sucesivamente, Lope de Vega 1864, Bermúdez 2476; y el quinto en la calle Nueva York Nv 4977, hasta los treinta que reúne en su época.

Sus productos ganan el diploma y la medalla de oro en la Exposición de Florencia, y la mención honorífica en la Primera Exposición Argentina, como hitos significativos. También es el fundador y primer presidente de la sociedad Patrones Panaderos de Villa Devoto.

En 1933 cumple su segundo sueño, que es regresar a su parroquia natal de Santa María de Galegos (Riotorto), uno de cuyos lugares es precisamente el de Lourido. Su interés fue entonces agradecer a la patrona lo logrado en Argentina y realizar diversas donaciones benéficas.

Luego el matrimonio continúa viaje para conocer Francia, Alemania, Italia y Bélgica, donde se informa de los avances técnicos en su sector de panificación y los refleja en el órgano periodístico de sus colegas, La Intermediaria Panaderil.

Durante ese viaje se vincula al Consorcio de Panaderos de Madrid y de Francia, al Sindicato de Patrones Panaderos de París y a otras entidades. La célebre Casa Krupp lo invita a conocer sus fábricas.

En julio de 1937, Lourido presenta al ministro de Agricultura “la imposibilidad de obtener un producto de panificación de tipo similar al de los industriales que emplean el llamado “mejorador”, debido a las constantes variaciones de las harinas en su calidad”.

Finalmente consigue que el ministro Miguel Ángel Cárcano establezca desde el 30 de enero de 1939 la tipificación de harina y se eviten los llamados mejoradores.

También destaca en su labor humanitaria. Con motivo del terremoto de San Juan envía el primer cheque de socorro a los damnificados, e igualmente dona una sala de Maternidad para el Hospital de la localidad de Pilar.

En 1954, tras 35 años de residencia en Argentina, regresa a Galicia para permanecer varios meses con su mujer y sus dos hijas, María Amalia y Laura.

Entonces ya había publicado el libro “A Galicia, tierra meiga”, con versos dedicados a cada una de las provincias gallegas, y otros.

En ese momento anuncia que prepara sus “Memorias de un inmigrante”, en recuerdo de todos los que como él marcharon a América.

Constantino fallece en Buenos Aires el 22 de marzo de 1960.

Valle Armesto, el inventor de El Explorador Español

5 de Julio , 2020

El abrelatas del fonsagradino ha sido elegido como icono del diseño histórico de España

CUANDO EN 2010 se publica El diseño industrial en España, sus autores deciden que en la portada figure la imagen del abrelatas de El Explorador Español.

Este sencillo utensilio sale del caletre de José Valle Armesto (A Fonsagrada / Negueira de Muñiz, 1870), un hombre nacido en las tierras fonsagradinas o buronesas de Vilaseca, y que se instala en Gijón, después de servir al Rey, para emprender allí una original actividad industrial, que incluye la fabricación de este aparato que va a estar presente en la vida cotidiana de los españoles durante el siglo XX e incluso en la actualidad, pues sus ventajas superan a diseños posteriores.

El aparato está pensado para cuatro funciones principales. Abrir la lata mediante una cuchilla puntiaguda que avanza sobre las tapas a medida que se realice con ella fuerza arriba y abajo una vez anclada al envase, perforar ese mismo recipiente hermético para extraer su líquido, apretar o aflojar cabezas de tornillos de una ranura y destapar las chapas de corona de las botellas que utilizan este sistema para cerrarlas.

Todo se reduce a tres piezas metálicas hábilmente dispuestas para que tanto el explorador, como cualquier vecino en su casa, disponga de un instrumento sencillo, manejable, pequeño y transportable con el que enfrentarse a esos tres trabajos. En la parte más ancha se le añade la imagen de un excursionista —que en teoría, es el principal beneficiario del invento, y en la parte superior, incrustadas en una rueda de un engranaje mecánico, aparecen las tres iniciales del nombre de su creador, JVA.

Tuvo que ser emocionante para Valle Armesto comprobar durante los 54 años que sobrevive a su invento cómo es que no decaen las ventas de su diseño, que aunque en menor medida, sigue hoy vigente en hogares y negocios.

Después de cumplir sus compromisos militares con la patria, se dedica un tiempo a trabajar como viajante, pero probablemente ya con la idea del utensilio en la cabeza. En el año 1905, decide dejar los caminos de España y echar raíces. Gijón es un lugar adecuado para aventuras industriales, de modo que el invento será asturgalaico, por aquello de ser primoshermanos.

Valle Armesto cuenta con un socio capitalista llamado Gutiérrez que falleció a los pocos años de iniciar su actividad. La fábrica se instala en la zona de Los Campos, para trasladarse luego a la calle de Cifuentes, que será sucesivamente Calvo Sotelo, y en la actualidad, Manuel Llaneza.

Allí trabaja una plantilla mayoritariamente femenina, con abundancia de gentes llegadas de Negueira, Burón o A Fonsagrada, que esperan ser bien recibido en el negocio de su paisano. A Valle Armesto le gusta compartir con ellos la jornada, por encima de permanecer en las oficinas ocupado en asuntos burocráticos o comerciales.

Sus familiares recuerdan que acude a diario a la factoría, a donde va andando hasta que las fuerzas le fallan y entonces se hace conducir por un taxista. Otro de los rasgos de su carácter es acercarse a todos aquellos que imagina hijos de Galicia, con el fin de echar unas parrafadas en gallego.

Durante años, las pasiones de José Valle son la caza y la pesca. Y quién sabe si ese afán por recorrer los montes y los ríos tras las piezas deseadas fue la chispa de la que surge el abrelatas. Evidentemente, el explorador español más común es el cazador o el pescador, y quien más puede beneficiarse del aparato es un hombre que pasa toda la jornada en el monte. También es socio del Real Club Astur de Regatas.

Luis Cebreiro, el marino mercante más galardonado

5 de Julio , 2020

Crea en Viveiro los Flechas Navales y a su trabajo se deben cientos de salvamentos marítimos

PARA LOS FLECHAS navales de Viveiro, para los marineros de ese puerto, para docenas de náufragos y para toda la ciudad, el nombre de Luis Cebreiro López de Ogallar (Ferrol, 1894) es evocación de gratitud y orgullo.

Vivariense de adopción y de vecindad, puesto que su cuna fue ferrolana, Cebreiro es protagonista de una singular biografía con rasgos de heroísmo a cada paso y con muchos episodios todavía por descubrir.

La historia comienza el 2 de enero de 1921, con su heroico comportamiento con motivo del naufragio del vapor Santa Isabel, donde se certifica el salvamento de más de 30 personas de morir ahogadas.

Cebreiro recibe la cruz de Beneficencia y la medalla más importante de Salvamento en España, que le entrega su propio padre y cuya recompensa económica dona. Será la primera de otro medio centenar de reconocimientos españoles, ingleses y alemanes que merece por operativos en los que participa y que lo convierten en el oficial de la Mercante más galardonado en el siglo XX.

Otros salvamentos suyos tienen por escenario la playa de Salinas y por supuesto, Viveiro.

Un año más tarde, noviembre de 1930, en la sede madrileña de la Academia de la Historia se celebra el cincuentenario de la fundación de la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos y entre los distinguidos figura naturalmente Luis, que se ha convertido ya en el prototipo del socorrista español.

Entre los años 1941 y 1969 Cebreiro es ayudante militar de Marina de Viveiro, donde al segundo año de llegar crea una sección de los Flechas Navales, que estuvo situada en los claustros del convento de San Francisco, luego en el Grupo Escolar Pastor Díaz, de Río dos Foles y finalmente, en la Escuela Nacional de Orientación Marítima de Pénjamo.

Allí se imparten clases de cultura general, de conocimientos náuticos y deportivos mediante dos bateles, una buceta, piraguas y un bote. Se forma una banda de trompetas, gaitas y tambores, que es la primera banda procesional de la Semana Santa de Viveiro.

Los flechas visten uniformes de la Marina de Guerra, confeccionados especialmente para ellos por intendencia naval y exactamente iguales a los de los marinos. Desfilan en San Sebastián, Santander, Luanco, Gijón, Madrid, Lugo, Cudillero, Vilalba, A Coruña y Ferrol, entre otros lugares, según recuerda Xosé Luis Moar Rivera, organizador de la exposición Lembrando a Luis Cebreiro.

Durante la segunda guerra mundial, rescata a los 46 tripulantes y oficiales de un submarino alemán atacado por los aviones aliados frente a la costa de Bares. Crea comedores y un ropero para niños y marineros, recupera objetos del Palomo y la Magdalena _ hundidos frente a Viveiro _, crea el Hogar del Jubilado, consigue la luz eléctrica para el puerto de Bares y contribuye a la construcción de viviendas para pescadores en Atalaia, Chao y Pénjamo.

Casi medio siglo después de su muerte en 1969, es objeto de un homenaje mediante un monolito en la calle de Covas que lleva su nombre. El propio Moar es el conductor del acto al que asisten su hija, María del Carmen Cebreiro, Antonio Nores, de la Liga Naval; José Novo, presidente del Puerto de Celeiro; Domingo Rey, patrón mayor de Celeiro; Máximo Díaz, como representante de los pescadores, José Manuel Balseiro, delegado provincial de la Xunta, y Jesús Fernández, concejal de Mar.

El grupo Sons de Celeiro estrena una habanera dedicada a él, con letra y música de su director, Daniel Caxete, que también ha sido uno de los flechas navales en su mocedad.