El faisán trufado
22 de Octubre , 2013
El hombre que vino a matar
No deja de ser una paradoja que la doctrina Parot lleve ese nombre en recuerdo del terrorista más sanguinario de ETA, un título que se gana a pulso después de ser responsabilizado de 82 asesinatos.
Podría pensarse _ y de hecho alguien se habrá equivocado _, que el epónimo homenajea al jurista que la inventa, de la misma forma que leyes físicas recuerdan a sus descubridores y las enfermedades a quien las define, pero en este caso, Parot no es sinónimo de justicia, sino de muerte.
No obstante, el hombre ha hecho méritos para recibir semejante honor, porque en realidad la doctrina aborda un problema de cantidades y ahí sí que Henri Parot sabe de lo que se habla.
Al desaparecer los criterios que la inspiraban, es decir, la aplicación de las rebajas carcelarias al tiempo total de la condena y no al tiempo máximo de privación de libertad, los delitos se equipan a las pensiones del Estado; con perdón por el símil, pero es así.
Da lo mismo los motivos que usted acumule para recibir una pensión si supera los topes máximos, porque nunca cobrará más allá de esos máximos. Sin la doctrina Parot, da lo mismo los años a los que haya sido condenado, o los delitos que haya cometido, si supera el máximo de 30, porque rebajará sobre ellos. Al menos eso es lo que se deduce a bote pronto.
Dicen nuestros tribunales que se revisará caso por caso, pero la puntualización suena a consuelo de las víctimas, que ya lo fueron en el momento en el que los Parot de turno mataron a sus familiares, en los años posteriores y en los años que vienen mucho más, porque 82 asesinatos van a salir baratísimos, casi como uno o dos.
Y todo sin el más mínimo gesto de arrepentimiento. El faisán trufado.









