Trabas al alpinismo
21 de Noviembre , 2013
Edificio emblemático escalado
De entre todas las prohibiciones que se contemplan en el adelanto de la ley orgánica de Seguridad Ciudadana, hay una que no me inquieta en absoluto, ante el inexistente peligro de que en el futuro la desobedezca, cual es la que afecta a escalar edificios emblemáticos.
Mucho tienen que cambiar las circunstancias, o de lo contrario, juro o prometo ante los textos sagrados que jamás haré alpinismo en la Subdelegación del Gobierno, ni clavaré el piolet en el Edificio Multiusos de la Xunta. No me encaramaré al Pazo Episcopal, ni a la Delegación de Hacienda. Qué más quisiera.
La verdad es que no me alteran en absoluto ninguno de los vetos ni de la multas previstas, porque la mitad de ellas se refieren a delitos ya definidos, y la otra mitad, a conductas propias de bandidaje político prebélico, y una vez en esa tesitura, ancha es Castilla. El que quiera cargarse las instituciones debe saber que las instituciones están obligadas a no dejarse.
Alguien dijo estos días _ y lamento no acordarme _, que la independencia de los territorios solo se logra mediante las guerras, como si recomendase a quienes por ahí respiran que fuesen acumulando arsenal. No es exactamente así. Ya conocemos independencias logradas en despachos. Cierto es también que quien desea armarla gorda lo suele hacer por encima de la cuantía de la multa, o del largo de la bayoneta que tiene delante.
Lo curioso de la parte avanzada sobre la citada ley es que tenga que recoger ciertas advertencias del Catón de convivencia democrática, y más curioso aún, que se proteste al pensar que pone en peligro la democracia, con lo cual llegamos a la conclusión de que ni sabemos lo que es, ni la echamos en falta, siguiendo el camino que marca el preclaro Verstrynge, el ratón que vivía dentro del queso.











