Sexo, pudor y lágrimas
20 de Julio , 2022
Ordinarios y extraordinarios
Siento el máximo respeto por la vida sexual de la peña, comparable al que exijo hacia mí. Pero ese sentimiento de aceptación, compresión y simpatía está limitado por dos fronteras que en algunos momentos vienen a ser la misma, la ley y el pudor.
El exhibicionismo es un delito _ supongo que lo seguirá siendo _, porque nadie, por muy liberales que seamos, tiene derecho a imponerte la contemplación de sus fantasías masturbatorias o narcisistas, y mucho menos si hay menores delante.
Después está el pudor, ese escudo particular ante la ofensa que algunos de la nueva escuela consideran una antigualla hasta que les hieren sus entretelas y entonces brincan y protestan porque hay mucha homofobia. Bueno, pues eso es el pudor.
Lo dicho no obsta para creer que estar todo el santo día con el sexo en la boca, con que si soy tal o soy cual, con que añado una nueva letra al colectivo por haber descubierto una filia inédita en el muestrario de complacencias, es una ordinariez propia de los niños que buscan puta en el diccionario y luego la repiten sin venir a cuento en la mesa, en el ascensor y en el kindergarten.
Y ahora es cuando ya me van a echar los perros sí o sí, porque he de decirles que la fiesta callejera del llamado Orgullo recién celebrada me parece un monumento levantado a la ordinariez, como también lo diría si un Orgullo heterosexual se pasease por las ciudades con manadas de hombres y mujeres dándose el lote convenientemente emparejados de dos en dos y con los sexos cruzados.
Y ya, por terminar de incendiarla, no sé a qué espera el colectivo para incorporar la H a su retahíla de siglas porque a los heteros nos gusta disfrutar como al que más y también nos gusta defender nuestros derechos cuando se ven pisoteados, ¿a qué viene el rechazo? ¿Discriminación?











