Ilegal e indigno
29 de Septiembre , 2014
Cataluña, récord de SI y récord de NO
Al proyecto de Mas no solo le falta legitimidad, un requisito fácil de conseguir con unos retoques en el articulado, si nos volvemos locos de repente. Le falta dignidad, y para que la tenga sería necesario que sus planes fuesen tan fantásticos como los cuatro corazones de Jardiel Poncela, es decir, con freno y marcha atrás.
Durante el tiempo que dura la matraca, Mas se ha visto favorecido porque el ámbito de la discusión se centró de forma prioritaria en los aspectos legales de la consulta, donde no existen categorías morales, ni sombras, ni grises. O es legal con todos los pronunciamientos, o no lo es; pues nada existe que sea un poquito conforme a ley y otro poquito, no.
Desde el principio no hubo duda. No encaja en la Constitución española, como no encaja en la de ningún estado formado por partes soberanas de todo el territorio que permita su autodisolución por voluntad de unos cuantos.
No es el desarrollo de una norma, sino un desafío, un reto, un enfrentamiento, un pulso, una rebelión o una asonada. La etiqueta está todavía por establecer, de acuerdo a cómo venga el futuro, aunque ayer Mas ya ha apostado por la bullanga de las calles y la algarada gozosa.
Si nos asomamos a 1978 y recordamos que Cataluña fue donde se registró el voto más constitucional de toda España, con porcentajes superiores a la media _ quizá porque también allí era donde más se valoraba conseguir un consenso político entre todos_, obtendremos una base sólida para afirmar que los esfuerzos de sus políticos desde entonces han ido encaminados a luchar contra esos resultados, destinando el dinero común a inocular odios y diferencias sin ahorro de insultos hacia el resto. Un comportamiento, cuando menos, indigno, para el que no hace falta insistir en ejemplos.
Si añadimos el caso Pujol, la indignidad tiende al delito.











