Díaz Sanjurjo
10 de Enero , 2015
El obispo, entre los mártires de Vietnam
Por razones de particular beneficio, o por otras de más oscuro entendimiento, el atentado de París pone de manifiesto una vez más las asombrosas diferencias entre los análisis que los políticos españoles, o aspirantes a serlo, pueden llegar a hacer sobre el hecho terrorista.
La primera y fundamental comienza por la propia definición de los acontecimientos, pues no todos están dispuestos a reconocer de buena gana que los hermanos Kouachi no hayan actuado en libre y legítimo ejercicio de sus atribuciones ciudadanas, pretextando para ello que Godofredo de Bouillon mató a muchos turcos selyúcidas durante la I Cruzada, que Estados Unidos invadió Irak y que Don Rodrigo en el Guadalete también se llevó por delante a cuantos bereberes pudo, antes de entrar en la leyenda, en la historia, y posiblemente, en el ataúd desconocido.
Con semejante planteamiento, lo raro es que solo contemos las guerras mundiales por dos, ya que todos, no sólo los árabes, tendríamos supuestos antecedentes históricos para romperle la crisma a quien nos diese la gana. Un ejemplo, nuestro paisano de Suegos (Pol), san José María Díaz Sanjurjo, sufrió martirio, a todas luces injusto, por orden del emperador vietnamita Tu Duc en su persecución contra los cristianos.
De acuerdo con el brillante razonamiento de los Toledos, Bildus, Trujillos y demás familia ecuánime, los lucenses, los cristianos y sobre todo, los que se apelliden Díaz o vivan en Pol, estarían perfectamente legitimados para ir a Vietnam y cargarse media redacción del Hanoi News. Siempre aparecería algún vietnamita justiciero para recordar los malos modos de Tu Duc y exculpar al comando lucense de toda responsabilidad.
Tiempo habrá de seguir con las diferencias.











