Luces y sombras
30 de Octubre , 2015
En sede municipal
Alborea noviembre este fin de semana y desde él, como manda el calendario, se divisan las dos conmemoraciones más importantes de la historia del hombre occidental, la de las sombras y la muerte, y la de la luz y la vida.
Esto ha sido así desde que se nos pierde la mirada hacia atrás, por razones de pura astronomía. Las costumbres y las religiones se han amoldado a una fuerza superior que arranca de las primeras interpretaciones del cosmos, sencillas en sus planteamientos, pero fundamentadas en sus motivos. No ha lugar aquí para ir más lejos, entre otras razones, porque hay fuentes de fácil acceso donde todo ello se analiza con detalle.
Tanto una celebración como la otra tienen raíces paganas, religiosas, científicas y supersticiosas. Lo cierto es que están ahí y sin ellas no se explica nada de lo que ha hecho el hombre desde el año 0 hasta aquí; y cuando decimos nada, no es una exageración.
El ayuntamiento de Madrid, en su infinita ignorancia antropológica trufada de rivalidades ideológico-políticas, ha plagado la celebración de noviembre, la de las sombras y los muertos, de docenas de actos aquí y acullá.
Como en vez de llamarse Día de Difuntos, se llama esa horterada de Halloween, les parece que es algo laico y muy sano, como el brécol. En cambio, la de la luz y la vida de diciembre no les hace pizca de gracia y ya se atisban medidas disuasorias, no vaya a ser que a los madrileños les dé por celebrarla demasiado.
Como primera medida, Carmena va a desterrar el belén del concejo hasta Colón, y así no tendrá que verlo ella cuando entre por las mañanas. Dice que no representa a todos los vecinos. En cambio, Halloween los representa pistonudamente. Muertos vivientes que se mueven en las sombras de la ignorancia.
Y todo a los pies de Cibeles, que es diosa vengativa do las haya.










