Morir en San Clodio

3 de Enero , 2016

Ricardo Bellod Keller

Los aviadores españoles en la guerra de África forman el grupo Rolls, así conocidos por la marca de sus motores, adquiridos después del desastre de Annual.

Uno de ellos es el teniente Ricardo Bellod Keller, que participa en 144 vuelos sobre las líneas enemigas. Dicen que cada aparato español está marcado al menos con ocho impactos de bala y que lo extraordinario es regresar sin ninguno.

Bellod Keller se distingue en la acción de Ras-Tikermin de 1921, cuando vuela como observador con el piloto Hidalgo de Quintana, que es herido y él debe hacerse con el mando del avión. Recibe la Medalla Militar y en 1926 alcanza el empleo de comandante.

Cuatro años más tarde se casa en Madrid con María Victoria Batanero Maseda, hija del millonario lucense Manuel Batanero y Flórez, a pocos meses de fallecer en el nombrado Pazo Batanero de San Clodio, en Ribas de Sil. En la ceremonia firman como testigos el general Sanjurjo y los pilotos Gallarza y Ansaldo, entre otros.

El 18 de octubre de 1932, cuando Bellod está destinado en León, realiza un vuelo a San Clodio, para aterrizar en el Prado da Abadía, como había hecho otras veces. Allí le espera María Victoria con el primer hijo de la pareja en brazos. Pero algo falla. La rueda delantera del aparato se incrusta en tierra, pierde el control del avión y no puede detenerlo hasta que choca con el cierre de la finca, lo que ocasiona su incendio inmediato.

La vecina Aurita Arias se lanza en auxilio de Bellod y de su copiloto, el capitán Pardo. Corta los cinturones que los mantienen atados a la carlinga y los saca, pero las quemaduras sufridas determinan su suerte y el comandante Bellod morirá en el Pazo Batanero de San Clodio dos días después. Él, que había desafiado cientos de balas enemigas.

Sabina de Chantada

2 de Enero , 2016

Dama de la Caridad atendiendo un enfermo y San Vicente de Paúl

Sabina está cargada de años y pobreza. Tanta que es una de las personas atendidas en Chantada por las Damas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Vive encamada en el barrio de Lama das Quendas, cerca de la salida hacia Centulle, y allí la visitan y socorren las damas paulinas.

Estamos en 1920, los necesitados abundan y el dinero escasea. El caso de Sabina es extremo, y las damas exponen al párroco que reúne todas las condiciones para ser ingresada en un centro benéfico. Sin estar pendientes de Sabina, ellas podrían atender a tres o cuatro personas más.

Lo consiguen y la mujer deja Lama das Quendas para ocupar cama pública. Allí recibe algunas visitas ante las que gusta mostrarse con un collarón de perlas que en el decir de las gentes vale una fortuna. Un día le llega una carta en la que se le comunica que ha muerto una persona que la reconoce en su testamento como su única familiar y Sabina se acuerda de ella. “¡Ah! Sí, el hoy Canónigo. Ahora solo quedo yo”.

Los comentarios sobre el collar y sobre la muerte del eclesiástico llegan a oídos de un caballero que huele la existencia de un capital, más grande que pequeño, entre la joya y la herencia del canónigo.

Con esos pensamientos visita a Sabina en su lecho y le propone irse a vivir con ellos, donde estará mejor cuidada en un ambiente familiar. A Sabina le parece de perlas, haciendo juego con el collar, y allá que se va. Durante años es atendida con mimo por el espontáneo benefactor, hasta que una tarde el hombre se sincera: “Ya que usted no tiene familiares y dados los cuidados que le dispensamos, ¿no sería justo que me nombrase heredero?” A Sabina le parece correcto y así lo hacen.

Gran decepción se llevará el filántropo a la muerte de la mujer, pues el collar era una baratija y el pariente, ni fue eclesiástico, ni un duro tenía. Simplemente, se llamaba Eloy Canónigo.

Un coscorrón histórico

31 de Diciembre , 2015

El Lerroux más cercano a su época de Lugo

El 23 de septiembre de 1932 llega a Lugo Alejandro Lerroux. En aquel momento solo es diputado y presidente del Partido Radical, pero ya fue ministro de Estado y un año más tarde presidirá por primera vez el Consejo de Ministros.

Viene de tomar las aguas en Mondariz y se hospeda en el Méndez Núñez. Ha hecho ese desvío en su tránsito hacia Madrid para reunirse con los seguidores lucenses, entre ellos, Rafael de Vega Barrera, diputado por su partido, y continuar luego hacia Santander.

Concede una entrevista y cuando los periodistas le preguntan si ya conocía Lugo, se llevan una gran sorpresa, pues el político les dice: “Lo conocí antes de que ustedes nacieran”. Ya hemos contado alguna vez las circunstancias en que se produce esa anterior presencia de Lerroux en la ciudad y volveremos sobre ella en próximas entregas, pero ahora nos interesa fijarnos en el párrafo con el que finaliza su respuesta, cuando dice: “En esta ciudad tuve yo en aquellos tiempos una novia muy guapa por cierto, y que aún vive hoy”.

¿Quién era esa lucense que podría haber cambiado los destinos de este peculiar personaje, y con él, los de España?

Los periodistas que le entrevistan no lo saben, pero hoy está desvelado el misterio, aunque él mismo la oculta en sus memorias. Se llama Juanita Currás y es estanquera en el centro de Lugo, además de maestra. Lerroux se abastece de cigarros en su tabaquería y como buen picaflor que es, pretende que los fumen juntos, recostados en una chaise-longue, como Sarita Montiel.

La gente los tiene por novios, pero ella establece unas líneas rojas infranqueables. Una tarde Juanita se sube a una escalera para organizar las cajas de habanos o peninsulares y Alejandro ve la ocasión para echarle mano a las pantorrillas, recibiendo como respuesta un coscorrón admonitorio. Quién sabe si de no habérselo dado, el hombre echa raíces en Lugo.

La Venus de Carballeda (y II)

30 de Diciembre , 2015

El Pazo de Orbán e Sangro, la casa familiar en Lugo

Como es de Artillería, el coronel Castro y Figueroa se pone a tiro y Ramona le hace la envolvente. Vamos, que se lían, y donde había amo y criada, hay ahora amor y sexo. O por lo menos, lo último.

Consolidada la nueva situación, la mujer simula una enfermedad que la pone al borde de la muerte. Con ello quiere conseguir que se unan en matrimonio y que el militar prohije a la niña de la Inclusa, sacándola de allí.

Todo lo consigue la hermosa estratega, pero quien muere al poco tiempo es don Celestino, dejándola con bienes más que suficientes para que se pavonee ante la sociedad coruñesa como rica y apetitosa heredera.

Tanta exhibición solo puede traer como resultado el anuncio de una próxima boda, la tercera en la cuenta de Ramona, esta vez con un joven de su agrado. El compromiso dispara las alarmas en las familias Castro Figueroa y Sangro, que ven volar una parte magra de su patrimonio.

Averiguan que Ramona sigue casada con el guardia civil Mato, por mucho que permanezca en Cuba, y pleitean por delito de bigamia que anule el matrimonio con don Celestino por falsedad documental.

El escándalo es inevitable y quienes no estaban enterados del bochinche, ya lo están. La prensa gallega pronto encuentra apodo para Ramona, bautizada como la Venus de Carballeda. Todas las cabeceras divulgan sus artimañas amorosas.

Al frente de la rebelión familiar está Víctor López Riobóo, sobrino del biólogo Seoane y marido de la hija de Celestino, María de Castro-Figueroa Sangro. Pero agotadas las vías judiciales, Ramona sale triunfante y se entroniza como viuda de pleno derecho, al considerar los tribunales que la familia no quería castigar sus triquiñuelas, sino arrebatarle la herencia. La Venus de Carballeda vence en el foro, ella que nunca ha sido muy de leyes.

La Venus de Carballeda (I)

29 de Diciembre , 2015

Pedro Sangro y Ros de Olano

La tradición de las inocentadas está en franco retroceso y si ayer la recuperamos para contar la historia de Gene Loop, prometemos compensar la broma con otras biografías que tengan todos los marchamos de veracidad para agrandar esta cuerda de célebres.

Y para pagarla bucearemos en la de Ramona Peña Núñez, nacida en el último cuarto del XIX en Carballeda de Trasparga, según unos, o en las inmediaciones de Melide, según otros.

De ella sabemos que es atractiva, que sirve en casas de Santiago y que le va la vida alegre, pese a lo cual contrae matrimonio con el guardia civil Ramón Matos, al que no le endulza la existencia, porque abunda en juergas y jaranas.

Tienen una niña, pero la descendencia no es suficiente amarre para que Ramón prolongue por más tiempo las broncas con Ramona, de modo que el del tricornio pone tierra de por medio y se larga a Cuba, convencido de que los mambises no podrían darle tantos disgustos como su santa esposa.

Sin el guardia a su lado, Ramona se busca la vida con decisiones expeditivas, como es abandonar a su hija en la Inclusa de Ferrol y procurarse una casa de postín donde le paguen bien su valía.

No se sabe si fruto de sus investigaciones, o de la casualidad, pero el feliz resultado de su demanda de empleo se concreta en A Coruña, entrando al servicio del coronel de Artillería Celestino de Castro y Figueroa, viudo, rico de familia y rico de parte de su difunta esposa, una Sangro, hermana de Melchor Sangro y Rueda, casado con María Victoria Ros de Olano y Quintana, padres del más famoso marqués de Guad-el-Jelú, el economista y ministro Pedro Sangro y Ros de Olano. Ahí es nada.

Don Celestino, antes de pasar a la reserva, mandó en Monforte y Lugo sendos batallones y se hizo merecedor de las más altas cruces.

La écuyere de las montañas

28 de Diciembre , 2015

Supuesto dibujo de Gene Loop

Generosa López Sanfiz es un nombre difícil de rastrear y sin embargo la mujer alcanzó fama mundial. Trataremos de explicarlo.

Generosa nace a mediados del XIX en un punto indeterminado de As Nogais, aunque también pudo ser en las actuales tierras de Pedrafita o Triacastela. Su familia tiene caballos en aquellos montes y comercia con ellos en las ferias de mayor renombre ganadero, de modo que el contacto de la niña con los animales se produce de forma natural y desde sus balbuceos.

A los doce años es una consumada amazona que deja en ridículo a los mozos que tratan de imitarla, tanto es así que el empresario circense Sedlmayer, de gira por Galicia, quiere conocerla e impresionado por sus habilidades, le ofrece unirse a su troupe y recibir un cursillo de écuyere de manos de Miss Horse, su estrella a lomos de los nobles brutos.

La niña acepta, a condición de que también sea contratado su caballo, hasta ese momento sin nombre. A Sedlmayer le parece bien y en ese mismo instante, según dice la leyenda, bautiza a Generosa como Gene Loop, y al caballo como Lugo.

Tras un largo invierno de preparación en las cercanías de Lipsia (Sajonia), donde Sedlmayer tenía su base, Gene Loop y Lugo se presentan en la gira de primavera que el circo realiza por Austria y Grecia. El éxito es absoluto. Su número “Diávolo o los facinerosos de la Calabria” es tan sorprendente que antes de llegar el espectáculo a Viena se agotan las entradas y cuando faltan pocas horas para el estreno se producen disturbios de gente que no se conforma con quedarse sin admirar a Gene Loop. Ni a ella, ni a su caballo se les ha vuelto a ver. Dicen que aquella misma noche es raptada por un admirador, un conde ruso con el que vive desde entonces hasta su muerte, rodeada de caballos en sus inmensas posesiones. Y Lugo también.

El último milagro (y II)

27 de Diciembre , 2015

La patrona de Lugo

La evolución de los enfermos se mantiene dentro de la gravedad diagnosticada. Ramona sufre un ataque tan fuerte que se la da por muerta, pues ha tenido un paro cardíaco durante segundos del que se recupera gracias a unos masajes.

José nota cierta sensibilidad en las piernas, pero apenas puede dar dos pasos y guarda cama sin mejor perspectiva.

Ramona, que nunca fue de muchos rezos, recurre a las más altas instancias en busca de ayuda. Le pide a la virgen dos Ollos Grandes que le permita vivir a su marido, aunque sea paralítico y se ofrece para ir de rodillas desde el Campo da Horca hasta su capilla en la catedral donde depositar una vela tan alta como el enfermo.

El ofrecimiento se realiza un miércoles y el jueves, antes de iniciar el recorrido, se produce el milagro. De su casa en Campo da Horca los vecinos ven salir a Ramona, de rodillas, y a su marido al lado, andando sin muletas ni bastón. Muchos los acompañan llenos de asombro.

El cronista de El Progreso visita al matrimonio en compañía del doctor Latas Folgueira. Reciben a multitud de personas con la sonrisa en los labios. Se deshacen en agradecimientos a Dios, a la patrona de Lugo, a todos los lucenses, al médico y a la familia Saavedra, todos los que colaboraron en lo que para ellos es el último milagro de la Virgen.

Jesús Latas dice a todos desde su conocimiento que la curación por yoduro y mercurio no es ninguna novedad, pues está demostrada su eficacia cuando se aplican a tiempo, aunque en su caso es sorprendente por el carácter radical y por lo arraigada que estaba la sífilis. La ciencia puede explicar lo que ha sucedido, pero, como ocurre en todos los órdenes de la vida, sin el auxilio de Dios no se conseguiría nada. Y ése es su humilde criterio.

El último milagro (I)

26 de Diciembre , 2015

Jesús Latas Folgueira

Los milagros son como las meigas. “Non existen, pero habelos hainos”.

Estamos en mayo de 1918. José Venancio Rey, coruñés de 29 años, y su mujer, Ramona Vázquez, de 32 y natural de Sobrado dos Monxes, son vecinos de Lugo y padres de seis hijos, dos de los cuales viven con ellos.

José se ha quedado sin trabajo en la brigada municipal de A Coruña, y se traslada a Lugo para buscarlo, pero aquí sufre una parálisis que le deja inútil de ambas piernas. Ramona también padece ataques cerebrales. Sin medios de ganarse el pan, recurren a la caridad vecinal. Una familia los acoge en Miraz, los socios del Casino hacen una colecta, el ayuntamiento les ofrece productos del decomiso y Ramón Saavedra Salgado les gestiona un crédito para que puedan abrir una taberna en el Campo da Horca, dentro de la llamada Ronda de A Coruña.

Los domingos organizan bailes al aire libre y comienzan a llegar ingresos, aunque esto no signifique mejorar de sus dolencias. Pero el domingo anterior a la Ascensión, los guardias de Seguridad interrumpen el baile y les chafan el negocio por asuntos de papeleo burocrático.

El disgusto es tal que ambos se agravan de sus males. José solo puede llegar al cuartelillo apoyado en sendas muletas, aunque allí se comprueba que sí tenían los permisos correspondientes.

Entonces la familia Saavedra Salgado pone el caso en manos de su amigo, el médico Jesús Latas Folgueira, que los examina y emite su dictamen. Ambos sufren manifestaciones de origen sifilítico de tercer grado. Lo de José Venancio es una militis y en Ramona se presenta con fenómenos cerebrales, pero ambos son de idéntica causa, la sífilis. Los trata con yoduro y mercurio sin que en los primeros momentos se obtenga mejoría. En su opinión, las manifestaciones están ya muy arraigadas.

Pujol, siempre doble

24 de Diciembre , 2015

Araceli con su hija Mª Eugenia paseando con dos amigas por la Rúa Raíña

El ayuntamiento de Madrid dispone el cambio de nombre en las calles. Nadie duda que ha de ser urgente la medida, o que hay prisas por ponerse la medalla, porque a la hora de comunicar la lista de afectados, se confunden de personajes, o meten en el saco a gente que no les corresponde. Qué más da. Dios sabrá distinguirlos en el cielo.

Uno de los afectados es Juan Pujol Martínez, que fue anarquista, germanófilo y excelente cronista de guerra hasta que acaba como jefe de Prensa y Propaganda de Franco y ésa es su perdición callejera.

Bueno, pues los rompetechos del ayuntamiento lo han confundido con Juan Pujol García, Garbo, casado con la lucense Araceli González-Carballo González, protagonistas de una increíble historia de espionaje casero que facilita el desembarco de Normandía engañando a Hitler.

Como al redactor de la biografía no le suena que se le quite la calle a alguien así, pensó que haber recibido la Cruz de Hierro significaba también estar “bajo el mandato de la Alemania nazi”. Hace un pan con dos tortas, y vía.

Pujol el Bueno estuvo en Lugo al menos en dos ocasiones. En 1940 viene para conocer a la madre de Araceli, Margarita González Pérez. Su padre, Salvador González Carballo, se había muerto el 26 de noviembre de 1936. También conoce a sus hermanos, Blanca, Salvador y Ramón, alguno de los cuales tendrá un papel relevante en el tinglado que están a punto de organizar. Como Juan y Araceli se marchan a Lisboa haciendo creer a los alemanes que van a Londres, queda la duda por saber cuál de los destinos dicen a Margarita que tomarían, el peligroso Londres bombardeado a diario, o la plácida Lisboa. Si dicen esta ciudad, corren el peligro de que los alemanes interroguen a Margarita y los descubran.

Después volverá a Lugo en 1945, acabada la aventura, haciéndose pasar por un comerciante de éxito.

Peor que no ganar es perder

23 de Diciembre , 2015

El tercero, en Cospeito

Hoy es un día oportuno para recordar a Manuel Fernández Varela, no a quien Rossini dedica su Stabat Mater a cambio de bien comer, sino a otro que usó su mismo nombre y que allá por el fatídico 1936 es vecino de Santa María Madalena de Mougán, la parroquia del pimiento de Guntín.

Y es oportuno porque a muchos, la fecha de hoy pide encontrar consuelo y Manuel lo da.

Ocurre que el 12 de junio de aquel año, a un mes vista de las hostilidades, a Manuel se le muere el suegro y ha de acercarse a Lugo para comprar un féretro. Le dicen que en la calle Miño los venden a buen precio y allá se dirige, pero en la plaza de Aureliano J. Pereira lo aborda un señor de buen porte que se identifica como foráneo. Le pregunta si sabe dónde se cobran los billetes de Lotería premiados, porque tiene uno agraciado con el gordo, o eso le han dicho.

En ésas aparece un tercero que saluda al forastero con grandes abrazos. Son amigos de viejo. Acaban y también le cuenta la misma milonga, añadiendo que debe marchar esa tarde y que les recompensaría muy bien si le arreglan la papeleta lotera.

El tercero, como buen ciudadano que es, irá a buscar la lista oficial en casa de un conocido y comprobar si es verdad. Lo es. Le han correspondido 10.000 pesetas del ala, una millonada.

El amigo se ofrece ahora para cobrar el décimo y con el fin de que no desconfíe, le acompañará Manuel, dejándole ambos en prenda lo que lleven encima. Después ya les pagará con una propineja.

Marchan en efecto por la calle de la Cruz y a la altura de la farmacia, el tercero se detiene bruscamente: “¡Qué olvidadizo soy! ¡Tengo que devolver la lista! Quédate con el décimo, que ahora vuelvo”. No lo hizo, claro y Manuel, después de mucho esperar, se entera de que no está premiado. Lo peor fue volver a Mougán, sin féretro, ni dinero.