Alcántara thriller
22 de Mayo , 2016
Tal como somos
Ayer a las tantas, dándole a la tecla en busca de uno de esos crímenes absurdos con los que llenan las series norteamericanas y que a mí me reconfortan el sueño desde que frecuento asesinos a diario, tropiezo con una escena de Cuéntame y me quedo un rato.
Al principio pensé que se trataba de un programa de actualidad en el que abordaban la situación por la que atraviesan los protagonistas de la serie, porque en la pantalla aparecían Antonio y Merche discutiendo sobre si merecía la pena o no corromperse por dinero. Merche defendía la honradez de sus conductas y Antonio, todo lo contrario. El hombre, que ya había probado las mieles de los grandes fajos de don Pablo, se mira en el espejo de los demás _ debemos entender, de los corruptos _, y se pregunta, si ellos pueden, ¿por qué yo no?
El corte está traído al pelo y de ahí mis dudas iniciales. Pero no es un informativo, la acción avanza sin que la interrumpa ningún presentador para hacernos ver los caminos paralelos de la ficción y la realidad, dicho todo ello en el indeseable supuesto de que Antonio y Merche hayan cometido algún tipo de delito con sus dineros panameños, que en Cuéntame son el alter ego de los fajos de don Pablo.
Es decir, la emisión de ese capítulo era totalmente casual. Estaba programado así por la cadena que la repite, lo cual demuestra cuán atinados están los guionistas que tratan de reflejar en los Alcántara las familias españolas de los últimos decenios.
Aquel visionado alteró mi modorra, avivó mi espíritu y zarandeó el entendimiento, por lo que tuve que saltar inmediatamente a la de los crímenes americanos para que se apaciguase todo y así, en la tranquilidad de la ficción que proporcionan los asesinos nauseabundos, dejarme arrullar por Morfeo. El realismo de las películas españolas, igual que el sueño de la razón, produce monstruos y pesadillas.











