Tiene días
3 de Enero , 2017
Hace casi cincuenta años el periodista gallego Emilio Lavandeira hizo una foto a un autobús madrileño echando una columna de humo negro que dio la vuelta al mundo. Entonces nadie dudó de que la ciudad estaba contaminada
Entre mejorar el aire de Madrid y empeorarlo el mismo día en que se aplican las restricciones de tráfico, cabe un mundo y una amplísima gama de matices.
No obstante, en si mismas son dos noticias concretas, opuestas y contradictorias. Una anula a la otra, y sin embargo las dos circulan con aparente desparpajo por doquier. Quizá sea una consecuencia indeseada de la libertad de expresión. Como cada cual puede opinar lo que le dé la gana, el ciudadano habla del aire de Madrid de acuerdo con el color del cristal de la ventana desde donde lo mide.
El lector desprevenido va a tropezarse indefectiblemente con cualquiera de ellas y en consecuencia pensará al instante que la alcaldesa madrileña, o es un águila luchando contra la polución de la atmósfera, o no tiene ni pajolera idea del asunto, así lea la primera noticia, o la segunda.
El problema surge cuando el mismo lector se encuentra con las dos, porque entonces se queda sin opinión. Si alguien le pregunta sobre el tema solo alcanzará a decir lo mismo que aquel propietario de un reloj de oro que no siempre lo es, sino que tiene días.
Bueno, pues la lucha de Carmena contra la suciedad de su aire también tiene días, lo cual no es ningún disparate, ya que la contaminación ciudadana está directamente relacionada con el día que haga.
Algo mágico hay en todo ello, porque si basta dejar un día a los pares en el garaje, bajar la velocidad y restringir el aparcamiento para obtener resultados sensibles, en cuanto se mediten algo más las medidas, Madrid pasará de estar amenazada por la boina vasca a estarlo tan solo por una kipá judía muy chiquitita.
Después se podrán suavizar las medidas y sólo prohibirán circular a las matrículas acabadas en 55, o a los coches amarillos, que son fáciles de ver desde lejos.











