El ómnibus perdido

26 de Enero , 2025

Sánchez es ese cliente de farmacia que, cuando llega delante del boticario, comienza a pedirle un analgésico, una crema para las manos, un colirio, unas tiritas, caramelos para la tos… ¡Ah! Y una caja de preservativos.

En realidad sólo quería esto último, pero le parece más decoroso camuflarlos dentro de una compra diversa y dispersa.

Ése es el decreto ómnibus que el Gobierno no ha logrado aprobar porque en el paquete, al lado de las subidas de las pensiones, las rebajas en los transportes, las ayudas por la dana, el ingreso mínimo vital y otros asuntos ya pactados de urgencia social, iban los preservativos, o sea, el pisito de París.

Vamos, que nos lo quería meter per loca maritima.

La diferencia está en que el cliente realiza un pedido ómnibus por timidez y vergüenza, mientras que el decreto de Sánchez se debe al engaño y a la pillería.

¿Cómo no se van a aprobar decretos de tanta incidencia para media población española? Y además, ¿cómo se va a arriesgar la oposición a que todo el mundo les eche en cara su falta de solidaridad?

Pues ya está liada.

Además del método del cliente de farmacia, existe otro muy parecido, que es el del mago. ¿Cómo es posible meter en la Alameda un elefante sin que nadie sea capaz de detectarlo?

Muy sencillo. Primero se desembarca en la plaza un centenar de paquidermos y luego, uno más no lo aprecia nadie.

Eso puede servir para otras ocasiones, como cesar a cinco, aunque sólo quieres cargarte a uno sin que se note, o al contrario, conceder cinco medallas, aunque sólo deseas condecorar a uno.

Son los truquis de quienes se tienen por profesionales de la política, pero esa lección no toca hoy. Hoy estamos con el decreto ómnibus y los peligros de que te pillen.

Esto no es una cita

25 de Enero , 2025

Todos los interrogatorios de los jueces son intimidatorios. Quien haya pasado por la experiencia, siendo testigo o acusado, denunciante o denunciado, inocente o culpable, sabe que deponer en un juicio es cualquier cosa menos agradable.

No entiendo que para Elisa Mouliaá tenga que ser al revés, algo plácido y relajado, como una charleta de amigas en torno a un té con tortitas.

El caso es morboso, especialmente centrado en detalles íntimos que le confieren una gravedad u otra, detalles que deben aflorar para que el juez tenga una clara percepción de lo ocurrido y no queden lagunas a su imaginación.

En ese sentido, estamos de acuerdo en que a nadie nos gusta que invadan nuestra intimidad, aunque sea para demostrar nuestra inocencia. Porque, insistimos, la figura del juez, la sala, el tribunal, los banquillos, los formalismos, todo está previsto para que intimide a quienes tengan que deponer en ese ambiente y cueste mucho más trabajo colar los embustes.

Si se desease la amabilidad con Mouliaá, habrían quedado en el hall del Palace sin fiscales ni abogados, con una infusión calentita entre ellos. Primero hablarían de los niños respectivos para romper el hielo; también del tiempo que hace en Madrid y del último estreno que vieron cada uno de ellos.

Luego de unos minutos de charla, el juez diría: “Bueno, Elisa, ¿qué le parece si comentamos un poquito lo que le pasó con Errejón?”

Y entonces sí, paso a paso, con muchísima suavidad irían penetrando en la descripción de los hechos, que es lo que parecen desear quienes critican la supuesta brusquedad de su señoría.

A todos nos parece estupendo que el juez nos cite al amor de un chocolatito, ni muy tarde ni muy temprano, sin gente apuntándolo todo y una cámara que lo graba, pero esto no es una cita.

La gran familia española

24 de Enero , 2025

Después de las últimas derrotas parlamentarias, dicen que hasta Tezanos da por finiquitada la legislatura, que es la mayor hipérbole que se puede concebir en la España de Sánchez: No sale favorecido ni en las encuestas del CIS.

Conviene no fiarse de tanta contundencia, sobre todo porque los socios del aludido son capaces de maldecirlo y votar a su lado al mismo tiempo y sin el mayor reparo, siempre que en la pirueta se lleven tajada.

Además, la España actual se compone de una gran familia cuyo comportamiento e influencia son difíciles de sopesar, por su extraña naturaleza política.

Hablamos del novio de Ayuso, que es algo así como el general bonito de Isabel II, es decir Francisco Serrano, el de la calle. Tenemos también a la mujer de Sánchez, que últimamente ha cobrado fuerza como personaje y ya somos capaces de distinguirla sólo por su nombre, Begoña.

El hermano de Sánchez es un BRICS, una economía emergente, cuyos límites nadie conoce; lo mismo puede estar trece años trabajando en un lugar que ni siquiera él sabe qué es, o dar clases en un aula vacía.

El fiscal general, Koldo, Aldama, Claudio Rivas, son primos segundos del entramado familiar cuyo guión final está por escribir. De repente, también aparecen tres marroquíes corriendo con el ordenador de la abogada del novio de Ayuso en las manos, al tiempo que todo el mundo comienza a hablar de Rosauro Varo, el de PepePhone, que insiste en su trayectoria de pegar pelotazos.

Como comprenderán, en un salón donde se reúnen todos estos personajes y otros muchos más del mismo pelaje, resulta muy complicado hacer predicciones, dar por muerto al toro, o cantar las cuarenta.

No así en Estados Unidos, donde llega un tío, se sienta un ratito en un sillón y en media hora firma más decretos que Hammurabi en su Código.

Pisito de solteras

23 de Enero , 2025

De todos los pagos realizados por Pedro Sánchez a sus apoyos para mantenerse en la Moncloa, el del palacete parisino al PNV es uno de los más canallescos, pese a que su montante, quince millones de euros, no parece de la misma importancia que otras cesiones que dejan en ridículo esa cantidad.

Lo más sorprendente del número 11 de la Avenue Marceau es que nunca fue del PNV y que el propio partido se había posicionado en contra de su devolución al Gobierno vasco allá por los años de Aznar, cuando se abordó la devolución de los bienes a las comunidades autónomas.

Tarde, pero ahora comprendemos el significado de aquel extraño posicionamiento. El PNV no quería el pisito de Avenue Marceau para los vascos, sino para él en exclusiva. Algo así como si transfieren Renfe a Galicia y se la queda el PP de Feijóo, valga el disparate en afán por la claridad.

A lo dicho, hay que añadir la postura reiteradamente contraria del Supremo a reconocer derechos de propiedad sobre el inmueble ajenos al Estado.

Por si no había quedado suficientemente claro que el mandato de Sánchez nos está costando parte de la hijuela al conjunto de los españoles, este regalo caprichoso e indebido que nos sangrará además con un millón de euros al año para mantener el alquiler a favor del Instituto Cervantes, convierte a Sánchez en el príncipe del expolio, autor de supuestos delitos inéditos en la jurisprudencia española, que agota nuestra capacidad de asombro y que desespera ante la impotencia para ponerle coto.

Cuando hagan turismo por París y pasen por delante del 11 de la Avenue Marceau, podrán comentar a sus acompañantes que se trata de un pisito que Sánchez le ha puesto a su amor del PNV, porque de lo contrario no se acostaba con ellos.

Por un puñado de dólares

22 de Enero , 2025

De repente amanecimos siendo uno de los países BRICS, mereciendo por ello unos aranceles que nos va a crujir la cuenta de resultados.

Los BRICS son desde hace años el grupo de naciones con economías emergentes — Brasil, Rusia, India, China y Sudáfica, que prestan sus iniciales para el título—, con bajo gasto en defensa y convertidos en competidores de los Estados Unidos, esencialmente.

Esa es la teoría, porque en la práctica, para ser BRICS basta un solo requisito: que Trump así lo decida. Y como ahora tiene la sartén por el mango, cada mañana se puede despertar con un nuevo listado de países a los que meter en cintura.

Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán y… ¡España!

Eso de que nos tenga por economía emergente suena muy bien, aunque nuestra amenaza a EE.UU. sea a base de jamón y de codillo de cerdo.

Después están esos otros detallitos que a Trump le preocupan más, como es invertir en defensa menos que Luxemburgo — porcentualmente. claro—, cuestionar a Israel en su lucha contra Hamás, bailarle el agua a Maduro, o racanear ayudas a Ucrania en la guerra contra Rusia.

Trump utiliza el mecanismo del botijo para relacionarse con los BRICS. Ustedes pueden hacer lo que les dé la real gana, pero yo también, así que les voy a poner unos aranceles a sus productos que los van a tener que vender a precio de caviar iraní, el beluga para ser exactos.

Esto ya se sabía desde antes de las elecciones y pocos presidentes habrán tomado posesión de su cargo con un plan tan diáfano e implantado desde las primeras horas de su mandato.

Algunos de nuestros grandes políticos ya han adoptado medidas. Yolanda Díaz, por ejemplo, se ha dado de baja de X. ¡Jo, qué tía!

La parada de los monstruos

21 de Enero , 2025

Resulta difícil quedarse con uno. Menos mal que nadie nos lo exige.

El modelo Trump, ya entronizado, es una variedad para los muy cafeteros, sin medias tintas ni cortados. O te enamoras de él, o no lo tragas, y por lo que se ve, hoy tiene a más de medio país entusiasmado.

No olvidemos que trabaja para millonarios y Estados Unidos es el país de las oportunidades. Después no valen disculpas.

Putin está en el otro extremo y por eso se tocan. Cuando se descubra su verdadera biografía, muchos se preguntarán lo mismo que los alemanes con Hitler, ¿pero es que nadie sabía nada?

Maduro es la antítesis de su apellido, un niño grandote sin evolucionar, pero más peligroso que el protagonista de ‘La Profecía’, apto sólo para estómagos muy fuertes.

Netanyahu es el jefe de una bandada de halcones rodeada de otras rapaces con las que jamás —nunca mejor dicho— se va a entender.

Milei y Meloni están compartiendo espacio, cuando nadie daba un duro por ellos, y como les salgan bien las cosas, van a tener que reescribirse varios libros.

Justin Trudeau ya hemos visto que era mercancía defectuosa y la mexicana Claudia Sheinbaum cojea de los mismos pies que su antecesor, lo que le impedirá convertirse en referente de nada.

Después queda Sánchez, la sombra que camina; el hombre que más tiempo tarda en cruzar una calle porque se para delante de cada escaparate para ver su reflejo; el campeón del triple salto porque es capaz de alzarse sobre las leyes de tres en tres, el hombre de las mil caras, cada una con su correspondiente lengua para pronunciar siempre lo que más le favorezca para permanecer donde está; el hombre que de ser rey, le gustaría ser también la princesa de Asturias en el Elcano y la reina Leticia en las portadas.

La hora de los valientes

20 de Enero , 2025

El alcalde de Almaraz, socialista por más señas, se ha dirigido al Gobierno para decirle que no debe cerrar la central nuclear que se encuentra en su municipio desde 1981.

Juan Antonio Díaz Agraz cobra 31.954,79 euros anuales, que no es ni poco ni mucho, pero que en gran medida se justifican por la existencia de la central, como la de cualquier otro sueldo público y la mayoría de los privados, o al revés.

Su petición la ha reforzado con un pensamiento común, aunque ligeramente modificado.

Díaz Agraz enumera las desventajas que todos auguran para Almaraz, Extremadura y España si se cierra la central, y añade la coletilla: Rectificar los errores es de valientes.

Aunque hay muchas variantes de la frase, la más extendida y utilizada defiende que rectificar es de sabios, pero sin duda, a Juan Antonio Díaz, socialista él, le parece una exageración juguetear con la existencia de sabiduría en un Gobierno que actúa en todos los casos por ideología, partidismo o mantenimiento del poder, nunca porque sea o no lo más conveniente.

Es más, muchas de las decisiones que se adoptan —ésta, entre ellas— parecen dictadas por un afán de empobrecer los recursos y acrecentar la dependencia del Estado.

Su correligionario alcalde les dice ahora que una rectificación a tiempo es de valientes, pensando acaso que el gabinete atesora más valentía que sabiduría, aunque caben pocas posibilidades de que, ni por hache ni por be, se den por aludidos, y eso que Sánchez es un maestro a la hora de cambiar de pensamiento y de poner tanto empeño en apoyar una idea como su contraria.

Después vendrán las grandes manifestaciones plañideras protestando por la falta de energía, de puestos de trabajo y de plazas escolares. Y las encabezarán los mismos, como siempre pasa.

El hermanito

19 de Enero , 2025

En El álbum de los lucenses incluyo la biografía del compositor José Ruiz de Azagra, que viene al mundo en Lugo al mismo tiempo que el siglo XX. Azagra escribe la música de 52 películas, pero su composición más popular es La chica del 17: “…de dónde saca, pá tanto como destaca”.

Al saber que el hermano de Sánchez se hacía llamar David Azagra, pensé que podría tratarse de un homenaje al lucense, aunque la música de éste, cuyo mayor éxito pasó por las gargantas de Mercedes Serós, Olga Ramos, Lilian de Celis y Lina Morgan, no era de un estilo cercano a las óperas modernas de aquél.

Aún hoy desconozco el porqué del seudónimo, cuyo origen es un municipio navarro donde preparan los caracoles a la marrana y se cultivan los famosos cogollos de Tudela.

Ahora sabemos que un exfuncionario del palacio de la Moncloa se dirige en un correo a él llamándole “querido hermanito”, con una familiaridad que descompone.

Si al personaje le añadimos el extraño interrogatorio que rinde, donde no es capaz de explicar en qué consiste ni dónde radica la oficina por él dirigida, nos encontramos con un perfil que traspasa los parámetros clásicos del nepotismo para rozar la genialidad.

Su propia vida serviría de argumento para una ópera desgarradora. Vean: Mientras navega por internet para encontrar un puesto donde ganarse los garbanzos como compositor de óperas, Azagra conoce un chollo oficial, cercano a la frontera portuguesa, lo que le permite un vida doblemente relajada.

De repente, él y su cuñada Begoña comienzan a verse envueltos en casos de favoritismo por parte de su hermano y esposo respectivamente, mientras el fiscal general entona la famosa aria “La dona y el móvil” con la que termina el primer acto.

El segundo arranca con el conocido cuplé “De dónde saca…” y en ésas estamos.

El hábito no hace al monje

18 de Enero , 2025

Yo quiero ser alcaldesa de Zamarramala y pasearme con el traje de avisar por delante del Alcázar de Segovia el próximo 5 de febrero, festividad de santa Águeda; bailar delante de los moros que montan guardia en la fortaleza, engatusarlos y gritar a los mozos para que la invadan, que a la morería ya la tengo rendida con mi belleza y todo va a ser coser y cantar.

Yo quiero ser alcaldesa de Zamarramala, pero no me dejan. Aducen que soy hombre y que no doy para el papel. Menuda discriminación feminista más injusta, ahora que me había hecho con la mantilla blanca de encaje, la montera mitrada segoviana, el pompón de lana y el jubón negro de terciopelo, que exige el traje de avisar.

Mis enaguas almidonadas y la camisa de corchados quedarán colgadas en el armario hasta que cambien los tiempos y la sociedad se abra a que los hombres podamos ser alcaldesas zamarriegas, majas de Lardero, falleras mayores de Valencia, señoritas Myrurgia, miss Europa, reinas de los Juegos Florales de Querétaro y Maruxainas.

En Cuenca las mujeres quieren ser moros y cristianos, lo cual me parece de perlas. Que nada se interponga en nuestros sueños y deseos por difíciles que parezcan. Mamá, quiero ser artista. Por la mañana anhelo ser Brad Pitt y por la noche, Sissi.

Bastantes barreras infranqueables hay ya en el mundo para que añadamos nuevas que son perfectamente sorteables.

Por ejemplo, a la vista del escaso rigor que se exige para el puesto, todos deberíamos ser un día al año fiscales generales del Estado, como alcaldesas de Zamarramala.

Nos pondrían la toga y el Gran Collar de la Justicia, las puñetas y los entorchados o medallones correspondientes que son, como en todos los casos, los hábitos que hacen al monje.

La extraña pareja

17 de Enero , 2025

De vez en cuando, a Puigdemont le gusta recordar quién manda aquí y, para ello, transforma su residencia de Waterloo en una especie de Gobierno en el exilio.

El de los republicanos españoles nunca sirvió para nada, aparte de poner muy nervioso a Franco, porque también tenía ministros y porque a Gordon Ordax, su segundo presidente, le gustaba asustarlo diciendo que se financiaría con el oro de Moscú, aunque él sería el último en pedírselo a Stalin.

A diferencia de esos españoles en el exilio, los de Waterloo mandan mucho, o por lo menos, son de una utilidad bárbara, porque tienen las cifras que le sirven a Sánchez para hacer sus cuentas.

Desde su retiro napoleónico, Puigdemont está siempre presente en la política española, aunque para ello necesite vivir constantemente entre el mundo de lo asequible y el de lo imposible, de forma que no se le acabe la cuerda de la que tirar.

Él y Junqueras, reunidos esta mañana en Waterloo, seguramente hablaron de eso, de cómo seguir enfrentados entre ellos sin perjudicar a Cataluña, de cómo apoyar a Sánchez y dar la impresión de que no lo hacen, de cómo jugar a tirarse la olla de barro sin que se les rompa y de si finalmente alguna vez van a apartar las manos para que se haga añicos, como les ocurría a los mozos gallegos llegadas estas fechas.

El órdago de la cuestión de confianza no parece que se haya lanzado con cartas que lo respalden, y Sánchez ya ha dicho que no lo ve, que la partida sigue, o sea, que pasapalabra.

En esta extraña pareja no todo funciona como en las demás, porque si ayer el PSOE aplazó la decisión sobre la moción de confianza, como ya había hecho en diciembre, no fue como un acto de fortaleza frente a Junts, sino todo lo contrario, por miedo a su reacción si votaba en contra.

Las suyas dejan como normales las relaciónes entre Jack Lemmon y Walter Matthau.