Cora descubre Tutankamón en Lugo

9 de Septiembre , 2019

El primer Pelúdez se publica el 9 de septiembre de 1908 en El Progreso

PELUDEZ CUMPLE MAÑAÑA 111 años, que si se añaden a los que trae puestos de casa nos permite suponer que el hombre roza el siglo y medio de existencia, un detalle que él trata de ocultar bailando ante cada escenario que se levanta en San Froilán. O incluso subido a ellos.

El personaje es una creación de Calvino, seudónimo bajo el que se esconde el periodista y abogado Antonio de Cora Sabater (Lugo, 1889), protagonista a su vez de la vida social lucense durante las tres primeras décadas del siglo XX en múltiples facetas.

Tras acabar el bachillerato en el instituto lucense, estudia Derecho en Madrid y Santiago, para convalidar mucho después su carnet de periodista en el primer curso de la recién creada Escuela Oficial de Periodismo de 1941.

Antonio de Cora, Calvino o D´orca, son firmas habituales en El Progreso de esos años, periódico que va a dirigir de forma efectiva entre 1914 y 1927, y codirigir, algunos años más. Política, pintura, música, arte o turismo, son sus temas más recurrentes, sin olvidarnos de Pelúdez y de sus crónicas intrascendentes sobre todos los rincones provinciales.

Su segundo campo de actuación es la sede judicial, donde consigue notables y aplaudidos éxitos como abogado criminalista en una época donde no falta trabajo ni competencia. También es designado magistrado suplente de la Audiencia de Lugo.

Al margen de esas dos principales facetas profesionales, realiza una colección de tarjetas postales con paisajes y monumentos de Lugo a través de la Librería Religiosa, de la calle San Pedro, cuya actividad continúa bajo su mando. También dedica buena parte de su trabajo al teatro y a la música.

Además de actor amateur, escribe piezas humorísticas llamadas A propósitos que son representadas con gran aceptación en el Círculo das Artes, y preside el Orfeón Gallego, al frente del cual trae a Lugo importantes galardones.

Famosa y comentada fue su conferencia en el Círculo sobre el hallazgo de la tumba de Tutankamón, que ilustra con imágenes proporcionadas directamente por Howard Carter, su descubridor.

De esa sociedad es presidente y del ayuntamiento, primer teniente de alcalde y presidente de la Comisión de Música, desde donde favorece y consolida la Banda Municipal.

Otro momento destacado de su biografía fue su designación en 1918 como delegado regio en el acto de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, cuando contaba 29 años.

En 1927 traslada su residencia a Madrid para ejercer la abogacía hasta su fallecimiento, aunque sin dejar sus casi diarias colaboraciones para El Progreso fundado por su padre, y para otras muchas cabeceras que se las solicitan siempre que de Lugo quieren tratar.

Él es quien acuña la expresión “homiños de Lugo” para referirse a aquellos pesimistas e inactivos que nada de provecho emprenden, pero que siempre están dispuestos a disparar contra lo que en la ciudad se realiza.

En Madrid preside un tiempo la Casa de Galicia y cuando llega la guerra es detenido y encarcelado en la siniestra checa de Porlier, dentro de una saca de varias personas que acaban siendo fusiladas por el desgobierno rojo.

Si salva la vida, según escribirá después, fue por estar casado con una súbdita uruguaya, Enriqueta Díaz Requeijo y Ventre, pues se habían dictado estrictas consignas de no llevar a cabo ninguna actuación que pudiese molestar a un gobierno extranjero.

Poco después de acabada la guerra, el 6 de junio de 1943, muere en Madrid.

Canoura, el misterioso donante del reloj

9 de Septiembre , 2019

El 8 de septiembre Ferreira do Valadouro celebra sus fiestas mayores

RAMÓN FERNÁNDEZ MATO, que había nacido en Boiro, pero que ejercía de hijo de Ferreira do Valadouro, vía matrimonial, por su mujer Josefa López, estaba tan atento a las novedades del valle como un nativo más.

Un acontecimiento señalado en aquellas tierras, incluso para muchos de la cáscara amarga, fue la finalización de las obras de la nueva iglesia de Santa María de Ferreira, que hoy, 8 de septiembre, vive su día grande con fiestas a su alrededor.

Fernández Mato da buena cuenta del hecho en un artículo que publica en Vida Gallega el 20 de octubre de 1931, donde refleja la paradoja de que habiendo llegado la república, la iglesia sea una realidad.

Así fue, en efecto, pero no precisamente porque la república hubiese favorecido de forma especial la obra, sino porque por ella venían laborando desde años atrás muchos vecinos y simpatizantes, eso sí, con gran lentitud y modestia. Téngase en cuenta que en el año anterior, el 1930, la recaudación para las obras del templo, alcanzaba tan solo las 18.600 pesetas y semanas antes de la inauguración rozaba las 25.000.

En enero de 1931, Canoura viaja a Madrid para recabar fondos de mayor sustancia y rematar así las obras. A su paso por Lugo ofrece una exclusiva a El Progreso: Existe un importante donativo con el que se costeará la adquisición del reloj que ha de lucir en la torre de la nueva iglesia.

Bien sabe Ramón Canoura que el misterioso donante del dinero para el reloj era él mismo, aunque no le parecía procedente decirlo en ese momento, especialmente porque tendrán que pasar todavía más de quince años desde de la inauguración para que la iglesia disponga de reloj, lo que ocurre cuando el párroco de Ferreira ya es Eulogio Fernández Murias, que va a estar en el cargo la friolera de 56 años.

También corre a cuenta de Canoura la construcción de la rectoral y otras inversiones menores.

Mato recuerda en esa colaboración que el director de Vida Gallega, Jaime Solá, había realizado un reportaje fotográfico quince años antes _ alrededor de 1915 _, con imágenes de las obras y del “ruinoso cobertizo que hacía las veces de templo parroquial”, a las que puso como pie: “La iglesia que no acaba de caerse y la iglesia que no acaba de levantarse.” El fin de aquella situación era lo que ahora le comunicaba él en su artículo.

El hombre en el que Mato simboliza los esfuerzos de Ferreira por dotarse con un templo digno de la categoría del valle era su actual alcalde, Ramón Canoura Fernández (O Valadoro, 1899), ya regresado de Cuba y afanado en la prosperidad de su municipio.

Pero no quiere, ni puede, dejarle todo el honor para Canoura, ya que otros muchos, como José Ramón Alonso, o Ángel Mandiá, se han distinguido en esa recuperación.

Canoura tenía 32 años, pero ya había ido a Cuba y ya había vuelto en olor de multitudes, con un homenaje de despedida celebrado el 28 de agosto de 1927 por el Centro Gallego de La Habana, como demostración que a su paso por la isla deja muchos admiradores y un buen número de amigos.

Uno de los fundadores del Centro había sido su padre, Ramón Canoura Palmeiro, propietario en La Habana de la zapatería La Moda y exalcalde de Ferreira durante la segunda década del siglo.

Ramón Canoura Fernández era presidente de España Integral y como tal había realizado varios saltos del Atlántico para gestionar ayudas al colectivo español en la isla que resultaron positivos, motivo por el cual el homenaje de despedida fue multitudinario.

Un lucense en las cortes de Inglaterra, Italia y Rusia

6 de Septiembre , 2019

Dositeo Neira Gayoso muere el 5 de septiembre de 1932, hace hoy 87 años

TRES AÑOS ANTES de finalizar el siglo XIX, J. de la Esquipa escribe que Lugo es una de las provincias más liberales de España en el sentido textual de la palabra, es decir, donde más y mejores miembros del Partido Liberal existen. Para apuntalar su impresión, De la Esquipa _ un probable seudónimo santiagués _, cita a sus más destacados baluartes, Darriba Dorrego, Bengoechea, Soto y Dositeo Neira Gayoso (Lugo, 1841).

En efecto, Neira fue líder y jefe provincial de los liberales durante muchos años, tanto bajo la férula de Becerra o Montero Ríos, como bajo la de su yerno, Manuel García Prieto, duque de Alhucemas.

Lo fue desde los años de éxito, llenos de esplendor político, con ministros y presidentes del Gobierno liberales sin solución de continuidad, hasta los posteriores del fracaso, cuando los liberales lucenses se disgregaron y se reduce el número de militantes de tal forma que Dositeo Neira opta por dejar la política, a la que había dedicado buena parte de sus 91 años de vida, finalizados tal día como hoy de hace 87 años, el 5 de septiembre de 1932.

Las serias divergencias entre monteristas de Neira, partidarios de Montero Ríos, y moretistas de Quiroga Ballesteros, seguidores de Segismundo Moret, motiva la suspensión de un viaje que Montero tenía previsto hacer a Lugo. Lo sustituye por un mensaje de unidad y entonces la prensa comenta que Montero no quiere ni monteristas, ni moretistas, sino sagastinos a secas.

En cierta ocasión, antes de finalizar el XIX, la prensa destapa la existencia de un lance pendiente en Lugo entre un diputado conservador y un exsenador liberal. Se trata de Nicolás Vázquez de Parga, hijo del conde de Pallares, y Neira. El lance, que no llegó a serlo ni mucho menos, tuvo su origen en unos artículos publicados en un periódico lucense por don Dositeo, donde Vázquez de Parga quiere ver frases injuriosas para su persona, y por las que exige a su autor la debida satisfacción en el campo del honor.

La prensa de Madrid se pone las botas ante la posibilidad de un enfrentamiento más allá de las galeradas entre un liberal y un conservador, y naturalmente, cada tendencia sueña con que las narices rotas sean las del oponente.

Neira era licenciado en Derecho y en su juventud había sido agregado diplomático en las embajadas españolas de Londres, Florencia y Moscú.

De esa época dedicado a la diplomacia obtiene el título de caballero de la Corona de Italia, de S. S. Maurizio e Lázaro de Italia, de San Juan de Jerusalén, y el gran cordón de la orden tunecina de Nichan Iftikhar, su máximo grado, entre otras. También era caballero Gran Cuz de Isabel la Católica.

A su regreso a Lugo es diputado provincial y vicepresidente de la Diputación, concejal, senador por Ourense y luego senador vitalicio. Preside varias asociaciones benéficas, sociales y culturales.

Tras un recorrido por Galicia, el célebre periodista Fernando Soldevilla, el mismo que firma Fernán Sol, cita la suya como una de las casas donde mejor pote gallego ha comido, aunque siendo en Lugo el condumio, puede referirse a un cocido o a un caldo con abundante compango.

El caso es que su casa goza fama del buen comer, pues Fernán Sol ha de reprimirse en su apetito, sabiendo que el estómago es la oficina donde se administra la salud.

Además de sus muchas tierras, Dositeo Neira era propietario del balneario lucense, o como entonces se dice, la casa de baños del Miño, heredado por sus hijos Blanca y Ramón, y su hijo político, José María Montenegro y Soto.

Un desatascador como sordina

5 de Septiembre , 2019

Justino Prieto sale de Xermade para actuar en las mejores orquestas de Galicia

DOS FECHAS CONCITAN buena parte de las fiestas locales. Este 15 de agosto de la Asunción, y el 8 de septiembre de la Virgen en sus diversas advocaciones. Y claro, fiestas es sinónimo de orquestas. ¿Qué orquesta traemos este año? Ésa es la pregunta de todos los ramistas.

Justino Prieto Rodríguez (Xermade, 1935) sabe mucho de fiestas y de salas de baile porque fue trompeta de las más famosas formaciones gallegas antes de que las orquestas se transformasen en escenarios móviles.

En realidad Justino ha hecho de todo con la trompeta, pues a ello le obliga su paso por la Banda Municipal de A Coruña, o las clases que imparte a quienes se inician en el instrumento.

Sin embargo sus primeros pasos están más cerca de la percusión. Le tira la música, pero la del bombo y el tambor. Hasta que la orquesta de Xermade, la Burgás, se queda sin trompeta y Justino se dice, ésta es la mía, para hacerse con un puesto en ella.

El instrumento no es fácil, de modo que debemos imaginar sus esfuerzos en dominarlo. Antonio Souto, el director de la Burgás, lo ve con aptitudes y como Justino tiene una vocación musical muy trompetera, acaba siendo un maestro.

De Xermade da el salto hacia otras orquestas de A Coruña, como la Bahía y la Oriente. En esa ciudad llegan también los primeros estudios en serio de la mano de Ramiro Vázquez, y más tarde, su fichaje por la Orquesta Veracruz, de Vigo, dirigida por el maestro Tuto.

Arrancan los sesenta y Xavier Cugat triunfa en Hollywood. Las orquestas lo imitan y surgen nombres como Veracruz, que evocan lo latino y lo exótico, esa melodía que se rompe con un solo de trompeta para convertirse entonces en el instrumento rey de todos los conjuntos. Por eso él se decanta por la música tropical y el jazz, aunque la segunda apenas aparece en el repertorio de sus distintas formaciones.

El nombre de Justino va a estar ligado también a Los Españoles, a Los Satélites y a la muy renombrada Orquesta Mallo, donde aterriza años después de su fundación. Ahora es él el profesor de las nuevas generaciones que quieren adentrarse en los secretos del viento.

También triunfa en esas fechas el norteamericano Harry James y su orquesta, a quien Woody Allen rinde homenaje póstumo en la banda sonora de Hannah y sus hermanas. Justino lo admira como conjunto, pero puestos a quedarse con un solista, su favorito es el inglés Eddie Calvert.

El secreto mejor guardado del músico de Xermade está en sus sordinas. Utiliza cuatro según sea la pieza. “Son indispensables para interpretar el San Luis Blue”, explica. Pero él tiene una cuarta muy especial, ya que se trata de un auténtico desatascador de tuberías, de ésos que hay en todas las casas para cuando se forman tapones en los fregaderos. Justino pinta su goma negra de otro color más acorde con el mundo del espectáculo y lo utiliza como sordina, lo que le permite conseguir unos sonidos distintos al resto. Unos sonidos únicos, nos atrevemos a decir una vez conocido el truco.

En una entrevista que concede a Belarmo, el periodista vigués Belarmino Calvo que llegará a ser redactor jefe de Marca, Justino razona así: “Me agradan las músicas lentas, lo más difícil, aunque siempre existe el temor al gallo. Parte del público no da mucho aprecio a las orquestas de aquí. Después resulta que se van al extranjero _ como Los Españoles o Los Támara _, y se achinan de fama y dinero. Esto, chico, es como el fútbol. Para ser un buen músico tienes que llamarte algo raro y venir de muy lejos”. Él solo venía de Xermade.

López Varela, látigo musical de Galicia

4 de Septiembre , 2019

El 3 de septiembre de 1950 muere en Madrid el director de su Banda municipal, lucense de nacimiento

DIRECTOR, COMPOSITOR Y transcriptor musical, Manuel López Varela (Lugo, 1895), fallece en Madrid tal día como hoy, el 3 de septiembre de 1950, después de una intensa labor en esos tres campos.

Su educación musical está a cargo del maestro de capilla de la catedral lucense, Octavio Torres; del director de la Banda municipal de Lugo, Antonio Martí, del maestro madrileño Gregorio Baudot _ que le enseña Armonía, Contrapunto y Fuga, Instrumentación y formas musicales _, y del maestro Vega, ya fuera de Galicia.

La primera muestra de su talento musical la ofrece el año 1916, cuando él cuenta 21, con el estreno de la Marcha solemne para la procesión del Corpus, que llama la atención por su exquisito clasicismo y adecuación al acto.

En esa época es flautista de la orquesta del Teatro Martín, donde permanece poco tiempo, porque tan solo un año más tarde es nombrado director de la Banda municipal de Albacete, y aunque a sus 23 años intenta hacerse con la de Bilbao, queda en segundo lugar.

Excepto un intervalo en la Banda de Carcaixent, se afinca en la ciudad manchega hasta 1944, cuando dé el salto definitivo para dirigir la Banda municipal de Madrid.

Con la formación de Albacete, o con otras que simultanea durante su estancia allí, va a participar en numerosos certámenes y ganar muchos galardones. Una obra suya será la elegida en 1926 como himno provincial de Albacete, con letra de Eduardo Quijada Alcázar.

En esa labor de composición encontramos títulos diversos como Balada romántica, Alborada en el priorato, Amanecer gallego, Noche de aquelarre, Danza de las brujas, para orquesta y piezas para diversos instrumentos, así como A Choqueirada, para coro, que fue estrenada en Galica por el Orfeón Gallego en el Círculo das Artes, el 6 de septiembre de 1927.

Entre los premios obtenidos destaca el del concurso de Zarzuelas españolas de la Sociedad de Autores, convocado el año 1922, que él se lleva con la obra La Suerte, un libreto de los hermanos Álvarez Quintero.

Decíamos que López Varela había ejercido también la labor de transcriptor y en efecto, en sus últimos años va a dedicarse a este paciente oficio, cual es llevar las partituras de las obras sinfónicas a otras que se adapten para ser interpretadas por las bandas, con sustitución de instrumentos y otras exigencias, sin que merme la calidad de la composición.

Su trabajo está destinado a la Banda Republicana y Municipal de Madrid, y entre otras, supone la trascripción de Pinos de Roma, de Ottorino Respighi; El Pájaro de fuego, de Strawinsky; La tumba de Couperin, de Ravel; Vals triste, de Sibelius; Septimino, de Beethoven; Alborada del gracioso, de Ravel; Romeo y Julieta, de Tchaikovski y la Tocata y Fuga en re menor, de Bach.

En febrero de 1932, la Orquesta Sinfónica de Madrid, estrena su Interpretación orquestal de la Tocata y Fuga en re menor de Bach, que merece los elogios de la crítica madrileña en este delicado cometido.

Poco después de ser nombrado director de la banda madrileña concede una polémica entrevista a la publicación Finisterre que va a levantar ampollas. Viene a decir que Galicia es un páramo musical _ un asco, según traduce la prensa _, un lugar que solo hay coros, rondallas y bandas muy deficientes.

Como es fácil suponer, en 1946 se habló mucho del director en las cuatro provincias, donde se le trata de indocumentado y a sus informaciones, de improcedentes.

En un artículo de prensa Mantecón bromea sobre su oficio y dice que López Varela “ha perdido el compás”.

Peña e Ibáñez, como una pieza salida de Sargadelos

3 de Septiembre , 2019

Nace en septiembre de 1840 en la propia fábrica y clama contra el Gobierno por el olvido en que la tiene

POCOS COMO ÉL pueden presumir de haber nacido en la fábrica de cerámica, antaño fundición, de Santiago de Sargadelos, pero lo cierto es que Federico de la Peña e Ibáñez (Cervo, 1840) viene al mundo con la vista puesta en el Paseo dos Namorados, siendo biznieto de Ibáñez, el marqués que industrializa aquella parroquia.

Quizá los ecos de los ejércitos napoleónicos a su paso por el norte de la provincia le lleven a conseguir la cátedra de Francés en el instituto de Lugo; o quizá solo haya sido la sonoridad de la lengua de los galos lo que le atrae, siendo él como era, un poeta de versos musicales, marciales y patrióticos que aspiran a una España sin manchas y con honra.

Tradicionalista de convicciones, pertenece a la Junta provincial carlista de Lugo, de la que es vicesecretario para hacer piña Peña con el conde de Campomanes, que la preside; con el marqués viudo de Villaverde y con los más destacados carlistas lucenses de finales del XIX, o sea Ramón María Alvarado, Ramón Losada Montero, Antonio Pedrosa, Siro Montenegro, Ramón Veiga Valcárcel, Antonio Rodríguez Franco, Froilán Gayoso y el propio Manuel Soto Freire.

Su biografía se escribe por completo en Lugo, salvo la bucólica infancia de Sargadelos, donde nace el 13 de septiembre. De la fábrica que fue su cuna escribe de la Peña que es como “el inválido a quien su patria, cuando ya inútil, relega al olvido y tiene que perecer de miseria en el rincón de una choza”. No debe preocuparse tanto el catedrático, pues larga vida tiene por delante la obra de su bisabuelo desde que él redacta tan pesimistas líneas.

Aunque su actividad periodística y literaria se expresa fundamentalmente en castellano, Armando Requeixo ha localizado un poema suyo en gallego, “Fuxide d’eles” publicado en La Unión Gallega, el 27 de mayo de 1883. También encontramos un curioso artículo suyo sobre los beneficios del estiercol de cuadra en las patatas. En 1870 es corresponsal en Lugo de La Concordia, de Vigo, y colaborador de El Lucense durante años.

En ese aspecto, alcanza fama de escribir rápido y de improvisar con gran facilidad.

Se cuenta que un día se compromete para recitar en una velada poética y como quiera que la hora se echa encima sin noticias del vate, uno de los organizadores va a buscarlo a su casa, donde no se encuentra. Desesperado, se da de bruces con él en el Círculo das Artes cuando charla tan campante.

_ ¡Que se acerca la hora de la función, don Federico! _ le dice este hombre.

_ ¡Es verdad! _ le responde el interpelado _ Ya me olvidaba del compromiso contraído; perdóneme. Pero no se apure. Aún no me toca a mí actuar. Y ¿qué voy a hacer? ¡Bah! Cualquiera cosilla. Espere un poco…

Y tras pedir recado de escribir, compone los versos que minutos más tarde lanza ante el auditorio con voz tronante, como si fuesen estrofas muy meditadas y trabajosamente podadas.

Ahora bien, no nos engañemos; como dice Manuel Castro Lopez, Peña era un poeta local, localísimo, un poeta “cuyo nombre traspasaba únicamente poco más allá del viejo e histórico cinturón de piedra que ciñe a la antigua Lucus Augusti”, quizás porque lo ampuloso de su poesía escondía una modestia conformista con las dimensiones ciudadanas.

Su petición fue que “si llego a morir, que dulcemente / cantéis sobre mi urna funeraria”.

Y eso hacemos, como cuando medio Lugo se reúne en la Plaza de la Constitución para escuchar sus loas al doctor Castro, o su encendida protesta de 1885 contra Alemania en el contencioso sobre las islas Carolinas.

Antonia Cabana, una mujer de tres siglos

2 de Septiembre , 2019

En septiembre de 1903 muere una vecina de Gontán (Abadín), de 105 años de edad

EN SEPTIEMBRE de 1903 fallece en Gontán Antonia Cabana Bouza (Abadín, 1797), una mujer de condición sumamente humilde.

Si se fijan en los dos años citados, el primero pertenece al siglo XVIII y el segundo, al XX, es decir, en el medio de ambos falta por completo el siglo XIX. O lo que es lo mismo, con sus 105 años vividos, Antonia ha pisado en la tierra tres siglos diferentes, y lo ha hecho con unos medios de subsistencia absolutamente precarios, alimentación escasa, higiene relativa y expuesta al frío, la humedad o el calor en peores circunstancia de la mayoría de sus coetáneos.

Todo ello puede ser fruto de la casualidad o de una fortaleza especial de la mujer, pero en cualquier caso no deja de constituir la contradicción de todo lo que normalmente se predica como lógico, pues vivir entre algodones no proporciona la longevidad de una humilde choza.

Dada la rareza del caso que protagoniza Antonia, es el propio párroco de San Pedro de Goás, y anejo de Santa María de Abadín, José María Rey Reigosa, quien se encarga de localizar su partida bautismal para atestiguar que sí, que a la mujer le faltan dos meses para cumplir los 106 años de edad.

Quien más llora la muerte de Antonia es Pepiño de Gontán, un vecino que cuenta 95 años de vida en ese año de 1903 y que la recuerda hecha ya una moza, siendo él un niño que todavía no gasta pantalones.

La causa de la muerte de la mujer fue una bronconeumonía fibrinosa que se la lleva en muy poco espacio de tiempo. Prueba de ello es que sus vecinos la recuerdan con 105 años de edad en trabajos de agilidad y fuerza que no son propios de esa edad, aunque lo realmente impropio es que nadie en los contornos alcance esa edad, excepto Pepiño, que es el vicedecano de los longevos.

Si el cuerpo de Antonia se mantiene ágil y fuerte, no le va atrás su cabeza, que conserva, ya centenaria, el pleno uso de todos sus sentidos sin merma de ninguna clase.

En Lugo todavía no se ha fundado El Progreso y es primero El Regional, y luego El Eco de Galicia, quienes dan noticia del fallecimiento, que será rebotada por otras cabeceras españolas, aunque llamándola Antonia García Cabana.

El Correo Gallego, que se hace eco del caso en su número del 3 de octubre de 1903, echa cuentas de lo vivido por Antonia y concluye que el balance de su experiencia política supone haber conocido en España dos formas de gobierno, dos dinastías, seis reyes, dos regencias, dos gobiernos provisionales, una república y nada menos que veintiseis guerras, entre ellas, la del Rosellón, las anglo-españolas, la de las Naranjas, las napoleónicas, las de independencia americana, las carlistas, la de África, la Chiquita, la de Cuba y la de las Filipinas, por no ser más explícitos.

El cronista titula su información “Una mujer del siglo XVIII” y expresa su conclusión final respecto a la mujer: “Nunca mejor que en esta ocasión puede decirse ´vivir para ver´”.

Los dos españoles que aventajan a Antonia en el récord de longevidad desde que hay registros también son mujeres. Encabeza la tabla Ana María Vela Rubio, nacida el 29 de octubre de 1901, y fallecida el 15 de diciembre de 2017, es decir, con una existencia total de 116 años y 47 días.

La segunda es una tocaya, María Antonia Castro, nacida el 10 de junio de 1881 y fallecida el 16 de enero de 1996, una vida de 114 años y 220 días. Ambas eran andaluzas.

La primera gallega en el ránking controlado es María del Carmen Figueiró Freiría, de Nigrán (Pontevedra) fallecida a los 113 años y 209 días.

Bernardino, último de Filipinas y de Guitiriz

2 de Septiembre , 2019

Ciento veinte años antes llegaban a Barcelona los supervivientes del sitio de Baler

HACE HOY 120 años llega a Barcelona el vapor Alicante. A bordo viajan los 30 soldados que pasarán a la historia con el apelativo común de “los últimos de Filipinas”, por haber mantenido el sitio de Baler durante 337 días, seis meses más allá de la firma del tratado de paz de París, entre España y los Estados Unidos que pone fin a la contienda.

El grupo se amplía a 55, e incluso a 80 de acuerdo con la fecha de su regreso a España que se tome en consideración.

Pero hablando en propiedad, uno de aquellos últimos soldados es el sanitario Bernardino Sánchez Caínzos (Guitiriz, 1875), que morirá en ese ayuntamiento el año 1926.

Otro lucense superviviente de aquella guerra, donde está hasta los últimos días, es José Blanco Jorge (Taboada, 1874), que no llega a centenario a falta de unos meses, cuando muere en su parroquia de San Martiño de Mato.

Bernardino Sánchez, labrador y tabernero en su vida civil, tuvo siete hijos, de los que en 2005 vive uno, y 13 nietos. La periodista de El Progreso, María Roca entrevista entonces al mayor de ellos, Antonio Fonte Sánchez, vecino de A Coruña, pero con frecuentes estancias en Guitiriz y que fallecerá en 2016.

La relación del ayuntamiento de Guitiriz con su héroe de Filipinas durante estos últimos años es contradictoria y esquizofrénica. Por un lado, en mayo de 1999, cuando se cumple el centenario de su llegada a España, se celebra allí un homenaje a Bernardino Sánchez consistente en dedicarle una calle y un monolito que recuerda su hazaña.

Sin embargo, en 2016, cuando muere su nieto, el mismo organismo decide retirársela, a él y a otros militares, por franquista, pese a que desde Baler al franquismo han de pasar al menos 37 años, incluyendo dos reyes y una república. No fue el único sitio de España donde los últimos de Filipinas se vieron degradados a ser los últimos de la cola, por culpa de la ignorancia y la flojera que anima los tiempos actuales, como si todos estuviesen en competición por conseguir la mayor de las tonterías.

Como la metedura de pata no se subsana ni por quienes la cometen, ni por quienes han de estar vigilantes en la oposición, hemos de pensar que en la patria chica del sanitario Sánchez Caínzos se considera que el franquismo se inicia en paralelo a la generación del 98 y se prolonga a lo largo de 77 interminables años, o más allá, seguramente hasta que las piedras del Valle de los Caídos asciendan a la categoría de guijarros.

Parecidos argumentos sobrevuelan el resultado cinematográfico de la segunda versión sobre este episodio militar que en manos de cualquier productora no española habría alcanzado tintes de heroísmo al estilo de El Álamo o por ahí, pero que en los tiempos actuales solo se ruedan para denigrar, con razón o sin ella, lo realizado por España en América, Filipinas o sin salir de casa. Enhorabuena.

Según el número 36 de la revista España Militar (1931), la relación nominal de sitiados en la iglesia de Baler detalla que Sánchez Caínzos es el único sanitario que sobrevive junto al médico del destacamento, Rogelio Vigil de Quiñones, pues los otros dos soldados adscritos a este grupo de asistencia, Alfonso Sus Fojas y Tomás Paladio Paredes, han desertado previamente el 27 de junio de 1898.

Hasta el 12 de octubre de 1908, los soldados de Baler deben esperar un gesto de justicia por parte del Gobierno española. En esa fecha se le comunica a Bernardino que comenzará a cobrar una pensión anual de 720 pesetas, que bien administradas casi dan para gastar dos pesetas diarias.

¿Quién les mandó ir? El franquismo, suponemos.

Benxamín Casal, intelectual para todo

30 de Agosto , 2019

Mañá cúmprese o sexto cabodano da súa morte

MAÑÁ HAI SEIS anos da morte de Benxamín Casal Vila (Lugo, 1935), un home querido por todos, no só nas relacións persoais, senón tamén para ocupar postos de responsabilidade en institucións públicas e privadas, como se demostra cunha rápida ollada ao seu currículo.

No eido profesional como enxeñeiro agrónomo, profesor nas escolas de Peritos e Agrónomos, director provincial do Ministerio de Agricultura e xerente territorial do Catastro.

No político, conselleiro de Enerxía, Industria e Comercio e deputado do Parlamento na primeira lexislatura autonómica, como independente galeguista dentro das listas do PsdeGPSOE.

No social, como presidente do Círculo das Artes (1979/1988).

No económico, como conselleiro de Caixa Galicia.

No cultural, como presidente da editorial Galaxia e Grial, así como nas fundacións Otero Pedrayo, Isla Couto e Penzol; director da Gran Enciclopedia Galega Silverio Cañada, editada polo grupo El Progreso, presidente do Cine Clube Valle Inclán e ducias de proxectos que quixeron contar coa súa importante colaboración, así como outras iniciativas persoais que deixarían curto este espazo.

Con todo e iso, Benxamín tiña outros plans para a súa vida, como nos confesou poucos meses antes de morrer:

“Eu era un dos habituais que escoitaba a Banda. Meu pai era moi afeccionado e levábame a escoitar a Banda de Música todos os domingos. Despois oía moita música na radio. A clásica era moi difícil de escoitar. Cando chego a Madrid fun un asiduo dos concertos do Monumental, coa Orquestra Nacional. Comecei a escoitar cousas que nunca escoitara, por exemplo as sinfonías de Beethoven. Eu estaba principiando os estudos de enxeñeiro e na cabeza voábame a idea de ser director de orquestra”.

En realidade, Benxamín Casal, como outros da súa xeneración, son personaxes multidisciplinares, tan capaces de ocupar un posto técnico, como de presidir unha editorial ou dirixir unha orquestra, porque reciben unha educación que será envexa das anteriores e das seguintes, en mans dun feixe de profesores dos que deixan pegada.

Benxamín falounos tamén deses anos:

“Fun ao instituto na rúa San Marcos, no edificio da Deputación. No andar baixo estaba o instituto e no último, Maxisterio e a Biblioteca. Lembro con moito cariño os grandes profesores que tiñamos, desde Alfredo Rodríguez Labajo a Froilán López, Francisco Bernis, Antonio Fraguas, Delio Mendaña e Lázaro Montero. Xente dunha categoría moi superior da que podía ter Lugo, pero debido á situación política algúns profesores represaliados viñan castigados. Tiñamos esa sorte. Curiosamente, logo na Escola de Enxeñeiros Agrónomos de Madrid chegou un novo profesor que era Bernis. De seguido comuniqueille a todos a sorte que tiñamos por telo como mestre”.

O certo é que el tamén viña ben inciado, porque o seu primeiro profesor “foi don Xesús Yáñez, pai do doutor Yáñez Rebolo, que tiña escola na rúa do Sol, hoxe San Froilán. Nas aulas de don Xesús os que sabiamos máis da táboa de multiplicar mesturábannos cos que non a sabían, para que fósemos nós mesmos os que llela aprenderamos. Eu aprendín a falar en público tendo sete ou oito anos grazas a este método”.

“Don Xesús Yáñez conseguiu darlles estudos a todos os seus fillos cun esforzo enorme. A medida que as súas clases tiñan máis éxito dedicaba máis cuartos da casa a aulas, mentres a familia amoreábase nos sobrantes. Don Xesús deume a min a base forte que me permitiu facer estudos superiores”.

Chocolates de Lugo premiados en medio mundo

29 de Agosto , 2019

Francisco Fernández González “y su hermano” estaban al frente de La Proveedora Universal

LOS CHOCOLATES DE La Proveedora Universal fueron los más populares en Galicia durante la segunda mitad del siglo XIX. Al frente de la fábrica estaban Francisco Fernández González (Lugo, 1855?), “y su hermano”, cuyo nombre siempre permaneció en la sombra.

Los elaboraban con canela y con vainilla, o sin añadidos, así como gran variedad de tés y cafés.

Otra de sus especialidades _ prácticamente un invento _, son las pastillas de viaje, “pastillas indispensables”, según la publicidad, hechas de un chocolate especial para ser comido en crudo, a razón de 80 pastillas por libra. Su función es reparar la flaqueza de estómago, y se explica:

“El agua que al que viaja tanto daño suele hacerle, por la variación propia de los puntos que recorre, tomando antes dos pastillas, puede estar seguro le sentará bien; ningún mal efecto puede temer de un vaso de agua”.

Maravíllense, ellas entonan la debilidad del estómago, “que por las horas intempestivas de las comidas suele afligir a la mayor parte de las personas, la tos, y aun calman los padecimientos de la laringe, y suavizan la garganta del polvo y miasma que se aspira en los viajes”. Un revolucionario adelanto.

Son chocolates obtenidos por máquinas movidas a vapor, frente a los más comunes, a brazo. Los de máquina dan mayor trazabilidad, los otros, mayor tradición.

Los Fernández los exhiben en Reina 8, con el marchamo inconfundible de haber recibido premios en todo el mundo, como en la Exposición de Lugo de 1867, la de Valladolid de l86l, la Universal de Viena de 1873, la Nacional de Madrid con medalla de mérito en 1873, la Regional de Santiago con medalla de plata en 1875, la Universal de Filadelfia en 1876, la de León en 1871, en Lugo nuevamente, con medalla de plata en 1877… Bruselas, Chicago…

La publicidad se hace eco de los éxitos y comunica que “habiendo sido premiados estos chocolates en todas las exposiciones donde se han presentado, ya que eran generalmente aceptados hasta el punto de no poder los fabricantes cumplimentar los numerosos pedidos que se les hacían, se han visto obligados a ensanchar en grande escala la fabricación de este artículo, que hoy puede considerarse como de primera necesidad, montando al efecto máquinas de vapor, según los últimos adelantos”.

Gracias a lo cual, “no solo han conseguido que su elaboración sea la más perfecta que hasta ahora se ha conocido”, sino elevar su fabricación y venta a más de mil libras por día. “Ésta es la prueba más evidente de que los chocolates de Francisco Fernández y hermano son inmejorables y que satisfacen por completo los deseos del consumidor”.

En mayo de 1913 celebra pública subasta de su casa número 8 de la calle de la Reina. Como curiosidad recordaremos que el tipo de subasta es de 83.000 pesetas y para tomar parte en ella hay que consignar previamente 4.000 pesetas.

Francisco fue el segundo presidente de la Cámara de Comercio de Lugo, al frente de la cual se encuentra cuando se celebra la Exposición Regional de 1896, en la que se vuelca, dada su gran experiencia en estos certámenes. Casado con Paulina Vivero Veiga, pierde a un hijo de 17 años en 1892, y otro de 41, en 1918. Aún así, cuando muere en 1920 le sobreviven su viuda y seis hijos más, Ascensión, Ildefonso, Trina, Luis, Emilio y Felipe.

Francisco era caballero de la Real y distinguida Orden de Isabel la Católica y había sido teniente de alcalde del Ayuntamiento lucense.