Seguidor de El Cordobés, donde nace el paracaidismo

8 de Julio , 2019

Se cumplen hoy los 77 años del nacimiento en Lugo de Luis Ríos, El Pinturero

ES UN ADJETIVO torero por los cuatro costados. Basta un espada de andar garboso para que los cronistas le digan pinturero. Mayoral escribe un schotis _ ¡Pa pinturero, yo! _, que suena bastante y Arniches firma el sainete Serafin el Pinturero. Cada dos por tres se mata en las plazas un toro con ese nombre y poco antes de que Luis Ríos Losada (Lugo, 1942), se estrene en los ruedos, a su amigo Celita II también le corresponde un Pinturero de segundo. El chaval, que iba para tremendista, se lo queda para sí.

Y aunque a principios de siglo el apodo lo ha llevado un hábil carterista llamado Antonio García Cuadrado, lo cierto es que el apodo le va pintiparado, porque Luis es muy pinturero y el nombre, muy pegadizo.

A lo mejor se lo consulta a Luis López – Díaz Pallín, que en sus arranques siempre está ahí para echarle una mano por aquello de que aviadores y paracaidistas, primos hermanos.

Ése es el nacimiento del nombre torero. El de la persona sucede hace hoy 77 años, el 7 de julio del año indicado. En el edificio que sustituye a la casa familiar de la Ronda, cerca de la Porta Miñá, ha puesto el Concello una placa de homenaje por la que porfía su hermana. Bien hecho.

A todas estas, Luis se bautiza como Río, porque ése es el apellido de su padre, Jesús. El plural es cosa de las amistades, tan empeñadas en ello que la familia acaba cediendo y adopta Ríos como suyo. Un bonito ejemplo para contar cuando salga a colación cómo se forman los apellidos.

A nadie oculta que el espejo en el que se mira se llama Manuel Benítez y se apoda El Cordobés. De tremendista, a tremendista y medio, porque el lucense aporta un adorno difícil de superar. Ni el teléfono, ni el salto de la rana podrían comparase a un salto en paracaídas con traje de luces antes de iniciar la faena. Y tanto.

El 25 de 1966, Día de Galicia, se celebra en Monforte de Lemos una corrida única en la historia. La llaman “novillada enxebre” y su particularidad consiste en que reúne a cuatro espadas nacidos en la provincia. Celita II, de Láncara; Jesús Rivelo, El Galleguito, de Vilaesteba, en Oural, y los lucenses Luis Ríos y Jesús Núñez.

Las críticas son buenas y salvo el revolcón en el que Jesús pierde por minutos el conocimiento, todo sale a gusto de la plaza, que está repleta, incluida la colaboración de un taxista de Sarria, que a falta de mulillas, arrastra los novillos tras la suerte de matar.

El Pinturero corta dos orejas, y Celita II, más veterano, también el rabo. El único novillero que no es de Lugo, Salvador Muñoz, también se hace con los máximos trofeos y sale de la plaza a hombros. Se festeja a Galicia y se nota cierta generosidad en el presidente.

Luis está listo para presentarse como el único torero-paracaidista de la historia, con ganas para comerse el mundo y hacer de su invento _ el capote y el velamen _, un espectáculo fantástico. No en vano es en Córdoba donde se realiza el primero salto de la historia. Sí, yo también puse esa cara de asombro cuando lo supe. Fue Abbás Ibn Firnás en el año 852. Pues eso, siendo Luis admirador de El Cordobés y siendo Córdoba cuna del paracaidismo mundial, lo suyo está predestinado.

Se lanza sobre Getafe y apenas hay tiempo para más. Lo contratan en Colombia para saltar y torear en la plaza de la Serrezuela, en Cartagena de Indias. El viento lo lleva hacia el mar y la tragedia que suele acompañar a los toreros en los alberos, sucede en aguas del Caribe. El pintor local Enrique Grau Araújo lo plasma en un óleo que nos sirve de cromo.

Donar en tiempos de filantropía

7 de Julio , 2019

El ayuntamiento de O Porriño o la plaza de abastos de Ribadeo, algunas de las donaciones de Ramón González Fernández

ERAN TIEMPOS EN los que la filantropía no causaba sarpullidos a los parásitos sociales que pretenden hacerse con el Estado para ruina del individuo y beneficio propio. Muy al contrario, quienes la ejercen son elogiados y admirados. ¡Sorprendente! Se trata de personas que han triunfado en sus negocios, o que sin haberse empoleirado entre los más ricos del pueblo, sienten la ineludible necesidad de ayudarlo en la medida de sus fuerzas. En la zona de Ribadeo, Pedro Murias, Clemente Martínez Pasarón y Ramón González Fernández (Ribadeo, 1856), se distinguen en ese altruismo; como Claudio López, Ángel Fernández Gómez y Domingo García Moldes lo hacen en iniciativas de la capital provincial.

De los citados, quizás sea Ramón González quien la haya practicado con mayor asiduidad, sin que ello signifique ni mayor ni menor mérito que el resto, aunque sí, mayor insistencia.

La fortuna de Ramón González se forja en Rosario (Argentina), donde llega a ser consejero delegado del Banco del Río de la Plata. Con 43 años regresa a Galicia, acaudalado y soltero. Con dinero permanecerá toda la vida gracias a una sabia administración que incluye una generosidad a prueba de pedigüeños. La soltería la perderá al año siguiente de llegar a manos de la vecina de O Porriño Corona González Santos, culpable de que su mecenazgo se reparta desde entonces entre O Porriño y Ribadeo.

Precisamente una de las obras por las que es más recordado en su tierra de Porcillán, la Plaza de Abastos que hoy luce su nombre en gran alarde tipográfico, como diríamos en términos de imprenta, no llega a verla terminada y es Corona, su viuda, quien realiza la donación oficial. La prensa destaca en ese momento que “para la entrega y recepción del edificio _ presupuestado inicialmente en 150.000 pesetas _, se han dado las mayores facilidades por el ministro de Hacienda”, convencido de los beneficios que redundarán en los ribadenses.

De repetirse hoy, Amancio Ortega no las tendría todas consigo para lograr las mismas facilidades. También en ese momento, doña Corona firma la escritura de compra de los terrenos donde habrá de construirse la nueva capilla de la Venerable Orden Tercera, que databa de 1679 y que hoy permanece entre las calles Dr Moreda y Reinante, inmediata a la misma plaza.

Seguramente muchos vecinos no han entrado nunca en la capilla, pero si lo hacen podrán contemplar el mausoleo que doña Corona manda construir para acoger los restos de su esposo. Oirán decir que es ampuloso, pero por el mismo motivo, es original y curioso.

Don Ramón muere en O Porriño, donde residía sin olvidar anuales visitas en Ribadeo a su hermana, doña Dominica, también caritativa dama, acompañado de su mujer y de su sobrina Micaela Fernández. De ambos municipios es hijo predilecto y si en el de nacimiento sufraga comidas anuales a los internos del Hospital de San Sebastián y San Lázaro, o construye la plaza de abastos; en el de adopción promueve el famoso edificio del ayuntamiento que diseña Antonio Palacios y que hoy sigue siendo el lugar más visitado de la capital del granito.

Prueba de que su labor filatrópica alcanza a otros lugares de Galicia es el autoclave y la caja de esterilización donados al hospital de Viveiro y la generosa ayuda donada a una familia coruñesa tras la muerte del marinero en un naufragio. Bibliotecas, colegios o escuelas de docenas de rincones le deben todo o algo de su existencia a don Ramón, cuyas espaldas aguantan las críticas que tengan a bien hacérsele.

La carretera al balneario de O Incio, antes que Detroit

7 de Julio , 2019

La historia del alquitranado pasa por la provincia de Lugo gracias a Pelegrí i Fusellas

SE ATRIBUYE AL carácter visionario de Henry Ford y su equipo la primera utilización del alquitrán o chapapote como firme para las carreteras ante la llegada masiva de automóviles. Fue una experiencia que se lleva a cabo en un circuito de Detroit el año 1909. Bueno, pues están equivocadas.

Tal honor no corresponde a Detroit, sino a Lugo. Y no fue Henry Ford el pionero, sino el ingeniero de Obras Públicas de Lugo, Eusebio Pelegrí i Fusellas (Barcelona, 1868?), que realiza tales experimentos cinco años antes, en 1904. Tampoco se hace sobre un circuito cerrado y ex profeso para la prueba, sino sobre un camino ya utilizado para el tránsito de vehículos, concretamente un tramo de 600 metros del ramal de carretera de tercer orden que une Ferrería de O Incio con el manantial de aguas minerales.

El ingeniero catalán Eusebio Pelegrí es destinado a Obras Públicas de Lugo, donde comparte su trabajo con Manuel Lois y Julio Murúa. Durante su etapa lucense es probable que haya sido agüista en O Incio y allí escucha las lamentaciones de quienes también acuden a procurarse salud, por la tortura pulmonar que sufren yendo y viniendo al manantial debido al polvo que se levanta en el camino con las ruedas de los vehículos.

En ese mismo momento se ha creado en París una asociación contra el polvo, prueba de los encajes que es necesario realizar para paliar las incómodas consecuencias de la llegada del automóvil.

Indudablemente, Pelegrí está al tanto de las soluciones que se proponen para sustituir el polvoriento macadán que desde 1823 impuso en todo el mundo Jhon McAdam, y dado su puesto en la administración y su vinculación con O Incio, emprende la faena de un experimento revolucionario, aunque hasta ahora haya sido olvidado.

En efecto, Pelegrí viene destinado a Obras Públicas de Lugo desde Barcelona. Luego pertenece al Servicio Central Hidráulico, en Madrid, y finalmente, siendo ya supernumerario, ocupa la dirección de la Compañía de los Ferrocarriles del Sur, con sede en Málaga, donde fallece en 1919. Su hermano José fue el autor del primer mapa del Pirineo catalán.

Su familia conmemora cada aniversario de su muerte ofreciendo una comida a 40 pobres que se sirve el mismo día del funeral.

De él sabemos también su predisposición para estar al tanto de la vanguardia técnica, lo que le lleva a vivir su aventura con el alquitrán. El polvo es el enemigo número uno que obstaculiza el avance del automóvil y el éxito del balneario lucense. Es propiedad de la familia Gasset Dorado y Aguilar, que ha contratado un peón a tiempo completo para mitigar la polvareda, sin lograr resultados satisfactorios.

En 1907 se publica el informe del ingeniero sobre la obra realizada en los tres veranos anteriores y en él podemos conocer que Pelegrí está al tanto de los mínimos detalles, como por ejemplo, la recomendación de utilizar una escoba de paja de arroz para el barrido previo, por ser ésta la más elástica.

La forma de aplicar el chapapote está descrita con minuciosidad, así como las ventajas e inconvenientes que observa, tras el paso de 800 peatones y 200 vehículos diarios.

Pelegrí utiliza alquitrán suministrado por la fábrica de gas de A Coruña, a 110 pesetas la tonelada. En los 3.000 m2 se utilizaron cinco (550 ptas.), 10 para el combustible, 44 para la caldera, 112 en jornales y 12 en escobas. Total, 728 pesetas. Sus cálculos fueron por tanto, que el m2 salía a 0,22 pesetas. Una auténtica ganga.

Veinticuatro horas en la vida de un alcalde

5 de Julio , 2019

Mañana hace un siglo de que Ángel López Pérez retira su dimisión, aclamado por los lucenses

SUMADO EL TIEMPO de sus cuatro mandatos no da más allá de diecisiete años, aunque en la memoria de los lucenses, Ángel López Pérez (Lugo, 1873) figura como alcalde único de la primera mitad del siglo XX. Quizá por eso se le nombra mandatario a perpetuidad, pues de ese modo nadie se equivoca diciendo que en tal o cual fecha él era alcalde o dejaba de serlo.

Narciso Correal le llama taumaturgo “de un pueblo antiguo precintado por murallas” al que convierte en “una ciudad histórica que mira de frente al porvenir”. No está mal traído.

En 1920, Antonio de Cora se pasa 12 horas a su lado para contar a los lectores de El Progreso qué hace su querido alcalde. Las otras doce horas lo deja tranquilo para que se meta en la cama sin el agobio de tener un periodista mirándole como un búho. En realidad fueron muchas más horas, porque uno y otro compartieron trabajos, no solo desde sus distintos cometidos, sino dentro del mismo equipo de gobierno municipal.

Don Ángel comienza la jornada reuniéndose con los vocales de la Junta municipal de asociados. Finalizado este primer encontronazo con la realidad ciudadana, el hombre se traslada a su despacho e inicia otra ronda de problemas que le exponen de uno en uno el contador de fondos, el oficial mayor, el arquitecto, el jefe de la guardia y algunos de los concejales; ni todos, ni siempre los mismos.

Una tercera fase mañanera es el turno para vecinos, amigos, enemigos, contratistas de servicios municipales, un vendedor de la plaza de abastos, el que venga… Suenan timbres desde el hospital, desde la casa de Beneficencia, desde donde sea. El alcalde los atiende a todos, sin que por ello desista de empujarlos suavemente hacia la salida para ir librándose de su presencia. Eso sí, tras asegurarse que se van sin rechistar porque están satisfechos de haber sido atendidos. O quizá no, pero con la cortesía por delante.

A las dos se acaba la larga mañana y a las tres ya está don Ángel entre el corrillo de amigos en su tertulia del Círculo. Es el momento en el que enciende un habano delante del café. “Entonces habla de todo, mientras procura conservar la ceniza del puro todo el tiempo posible… Cuando ya la inestabilidad de la ceniza se hace inevitable, deposita D. Ángel cuidadosamente aquel rollito gris sobre el velador, entre las tazas, y juega con él y con la lumbre del cigarro que va camino de consumirse”.

A las cuatro brinca del sillón y comienza un recorrido por las obras en marcha. El periodista cita la plaza de Santa María, el arco de Castelar, los Jardines de San Fernando, la instalación de nuevas lámparas eléctricas, el proyecto del hospital de Santa María y la calle de la Alameda. Va de una a otra y en todas se comporta de la misma forma, interesándose por su avance y por los problemas, grandes o pequeños, que les afecten.

Dice el reportero: “Goza mirándolo todo”. Pero por si al lector pudiese parecerle liviana la carga del munícipe, añade que en cada traslado de un punto a otro, don Ángel aprovecha para comprobar si el guardia se encuentra en el lugar asignado, si el barrendero pasó la escoba demasiado deprisa por una acera, si la alcantarilla está tupida, o si de un rosal falta una flor, y de ahí surge la leyenda de que el alcalde tiene en su cabeza el número exacto de rosas que hay en su ciudad, que ha de ser un dato tan hagiográfico como lo del mirlo blanco, pero bien le llega a este señor al que los lucenses piden por aclamación que retire su dimisión como alcalde, hace mañana un siglo exacto de ello.

Melchor creyó en Iván y la ciudad cambió

4 de Julio , 2019

Arranca el Resu, un festival de verano con nombre de noviembre

ÉL SOLO QUERÍA escuchar en su ciudad a su grupo favorito y todo lo demás vino por añadidura. Iván Méndez (Viveiro, 1988) lo recuerda así, con la sencillez de quien asegura que la fe mueve montañas. No obstante, basta haber asomado a la vida medio cuerpo para saber que una realidad conocida hoy como el Resurrection Fest, necesita un Iván y muchas personas más que trabajen muy duro en ello. Y aunque ya dispongan de otros medios, lo sigan haciendo año tras año.

En un principio había dos chicos aficionados a la música hardcore, Iván Méndez e Iván Pérez. Tenían alrededor de 18 años, un grupo de música y una ilusión, cual era ver y escuchar en Viveiro a alguno de sus grupos favoritos. Saben que es un sueño porque ese tipo de música no es precisamente la que más entusiasma a la mayoría de los vecinos y no hace falta explicar que si recurren a las ayudas oficiales, los políticos se fijarán en esa sintonía como condición sine qua non para seguir hablando de subvenciones. El voto es el voto.

Estamos en 2006 y quien ocupa la alcaldía de Viveiro desde hace tres años no es ningún advenedizo a ese tipo de música. Se llama Melchor Roel Rivas, fue expulsado de Uruguay por su militancia comunista y se ha hecho con la alcaldía de Viveiro como independiente en las filas del PSOE gracias a un pacto con el BNG. El primer alcalde de izquierdas desde el 36. A lo mejor suena la flauta por casualidad, porque como dice la sabiduría popular, el no ya lo tienen.

Y sonó. El galegüachu Melchor escucha muy atento a los dos ivanes y decide de inmediato darles la oportunidad de seguir adelante. Iván Méndez evoca aquella circunstancia en un texto escrito a la muerte del alcalde:

“Recuerdo perfectamente el día en el que mi compañero y yo acudimos a hablar con Melchor, fue algo que no se me olvidará. Éramos dos chavales de apenas 18 años sin experiencia en la industria musical y con una idea loca que tenía todas las pintas de no llegar a ningún puerto: queríamos realizar un festival de la música con la que crecimos, que era completamente minoritaria, en nuestro pueblo, en Viveiro (…) Puedo decir que la historia de Melchor está ligada a la nuestra porque directamente sin su papel no habría sido posible empezar un festival como el Resurrection Fest en una localidad como Viveiro. Así de fácil”.

El planteamiento es conseguir al grupo neoyorkino Sick of it all (Harto de todo), aderezarlo con cuatro grupos españoles y llamar a todo ello el Viveiro Summer Fest. Iría colocado detrás del programa de las fiestas patronales como un apéndice festivo, pero independiente a ellas, que se pretende celebrar en los alrededores de Covas.

Sick of it all se comprometen con Iván, pero dos días antes de la actuación, una llamada telefónica tira por tierra todas las ilusiones de los singulares promotores. Uno de sus componentes está enfermo y es imposible celebrar nada.

Sin embargo poco después se abre una puerta a la esperanza. La enfermedad del músico no es ninguna disculpa para no acercarse a Viveiro y le ofrecen otras fechas para actuar, en el mes de noviembre de ese mismo año.

El Viveiro Summer Fest había bajado a la tumba sin estrenarse y además no tiene sentido que en noviembre se convoque nada con una denominación veraniega. De modo que entre la muerte del festival, su reaparición y el mes de Difuntos, el nuevo nombre está cantado. Será el Resurrection Fest y así sigue llamándose aunque ahora la convocatoria sea en verano.

Aréjula, el misterioso ufólogo de Viveiro

3 de Julio , 2019

Su obra desconcierta a los investigadores y los divide en dos bandos, los admiradores y los detractores

EL APELLIDO ARÉJULA llega al norte de Galicia a través de varios marinos, pero el nacimiento de Francisco Aréjula López (Viveiro, 1903) tiene otra explicación, puesto que ese año es nombrado administrador de la Aduana de aquel puerto quien venía siendo el oficial vista de la de Tui, Bibiano Aréjula Martín, su padre.

Francisco Aréjula se convertirá en un auténtico personaje dentro del mundo de la ufología española, tanto por lo que hizo, como por lo que de él se dijo, sin que lo hiciese.

Su abuelo, Bibiano Aréjula y Pelegero, es un teniente de Infantería, con galones ganados en África. Hijo de éste es Aréjula Martín, que entra en el Cuerpo pericial de Aduanas el año 1892. Tras los destinos de Tui y Viveiro, en 1909 es nombrado oficial vista de la Aduana de Oviedo, donde coincide con el cofundador de la Revista de Occidente, Fernando Vela, aduanero también. De ahí pasa a ser interventor de Aduanas de Tetuán, donde se instala toda la familia hasta que en la década de los veinte, Francisco va a Barcelona para estudiar Física, aunque en realidad se hace policía autonómico de la Cataluña republicana y desde esa posición privilegiada vive todos los acontecimientos del Estat Catalá, del anarquismo y de aquella convulsa ciudad que desemboca en el cataclismo de la guerra.

Antes, en agosto de 1930, tiene que volver a Tetuán porque Bibiano, su padre, ha caído gravemente enfermo. Como no se recupera, la familia abandona África para venir a la península y morir en ella.

Como policía, Francisco se ve obligado a declarar en el caso de los famosos hermanos Badía, tan queridos hoy por el presidente Torra, pero su paso por el cuerpo va a ser recordado porque al de Lugo le gusta conferenciar y lo hace repetidas veces.

A excepción de unos artículos publicados en Argentina el año 1955, del policía vivariense Francisco Aréjula no volvemos a tener noticias hasta que en 1969 autoedita “Fundamentos de la mecánica cuántica”.

Lo hace gracias a la herencia de una tía suya, que también le va a servir para dar a la imprenta su segundo libro, “Hacia una física de los ovnis”, que llama mucho la atención.

Instalado ya en Son Rapinya, a las afueras de Palma de Mallorca, el científico autodidacta es un solitario vecino de la isla, preocupado en dar explicación científica al vuelo de los platillos volantes. El propulsionismo es un campo del que poco o nada se ha investigado hasta ese momento, teniendo en cuenta que hablamos de especulaciones. Este segundo libro es un compendio de fórmulas al que solo unos auténticos especialistas podrían calificar o no de fraude. El propio Aréjula lo advierte en su portada, pero quizás por eso y porque las formulaciones son enrevesadas, el libro cobra fama de excepcional, sin méritos científicos para ello, aunque con todo el misticismo que cada cual quiera atribuirle

Entre los escasos contactos que Aréjula mantiene con otros ufólogos figura uno, epistolar, con el mítico Antonio Ribera, que trata de conocerlo, pues le intriga la obra del hijo del aduanero de Viveiro.

Cuando lo intenta, Aréjula ya ha muerto el 14 de abril de 1978 de un enfisema pulmonar sin siquiera poder apagar la luz de su habitación, donde permanece cadáver unos días. Luego la leyenda se cierne sobre él haciéndolo víctima de manipulaciones alienígenas; pues se llega a decir que está exangüe y con algunas vísceras arrancadas, como si fuese ritualizado por extraterrestres preocupados por sus libros, que habrían sido censurados en la Tierra.

De la Vega, a golpe de hacha y motosierra

2 de Julio , 2019

Hace un año termina su escultura de Ringo Star, que el Beatle conoce en A Coruña

HACE EXACTAMENTE UN año, en Galicia estuvo a punto de producirse, como diría Leire Pajín, una conjunción planetaria de Beatles en carne y hueso y Beatles en tres dimensiones.

Uno de los factores desencadenantes de tamaña coincidencia fue el médico coruñés Chema Ríos, que amén de forofo del inmortal cuarteto de Liverpool, goza de un consolidado espíritu emprendedor.

Dicho a grandes rasgos, ocurre que Ríos había promovido una estatua de Lennon para ser instalada en A Coruña, a donde en 2018 acude su mediohermana, Julia Baird. Y aprovechando que Ringo va a actuar en la ciudad, Chema habla con su amigo, el escultor Álvaro de la Vega (Paradela, 1954), para que acometa una escultura del batería en madera de castaño, de más de 120 kilos de peso.

La apoteosis final debería ser un encuentro en los jardines de Méndez Núñez entre Julia y Ringo ante las escultura de John realizada por José Luis Ribas, y la de Ringo, realizada por Álvaro, pero el plan queda mermado, porque resulta que la hermana de Lennon y Ringo… como que no.

De todo ese bochinche quedan al menos dos piezas tangibles, como son las obras de Ribas y de Álvaro.

El de Paradela trabaja a machete y motosierra, instrumentos broncos con los que desbasta la madera que luego perfila en sus detalles con las gubias. De todas formas, su técnica es ruda y diríase que de ella no puede salir nunca una cara parecida a la de Ringo.

Algo así debió pensar el músico cuando Chema Ríos le remite unas fotografías en las que se ve a De la Vega, hacha en mano, atacando el tronco que deberá convertirse en su cabeza. O armado de motosierra para cortarle las hechuras de la americana.

Tendría que haber escuchado uno los principios en los que fundamenta su arte el de Paradela: “Se un artista non é individualista, non é verdadeiro” y entonces comprendería que tanto en su faceta de escultor, como en la de pintor, Álvaro de la Vega es como sus obras, una pieza única que se construye a machetazos y produce esos brazos alargados que parecen dispuestos a clamar eternamente, esas manos de trabajador, ásperas y auténticas, esos cuerpos destinados a estar de cualquier manera, patas arriba, arrimados, de pie… como a cada cual le corresponde en la vida.

El artista se considera tocado por la revelación de Van Gogh, pues aunque lo suelen adscribir al impresionismo, Van Gogh es lo suficientemente original para salirse del ismo y encajar con sus exigencias de autenticidad, originalidad e individualismo.

El descubrimiento del pintor ocurre en Luarca, en la etapa que vive allí con su hermana estudiando el bachillerato. “A Picasso, a Tapies, a Saura non os entendía. A arte abstracta tampouco”, confiesa con total sinceridad a su paisano Manuel Rodríguez López cuando lo entrevista para este periódico en 1981.

Después de Luarca, Álvaro de la Vega termina el bachillerto en Lugo. Le tienta hacer la carrera de Bellas Artes, como mandan sus inclinaciones vocacionales, pero desiste “porque o que fan na facultade é interpretar a arte a partir do Renacemento e, teóricamente, saes da Universidade como ensinador de artistas. Eu non quixen refrenar os propios impulsos e preferín aprender cos meus fallos, procurando satisfaccións persoais, sen canles academicistas “.

El también es beatlemaníaco desde la adolescencia e incluso se siente músico frustrado. Por eso el encargo de Ringo le sirve para unir dos de sus pasiones.

Todo Lugo en cuatro rayas

1 de Julio , 2019

Pepe Mouriz se siente ligado al Círculo das Artes desde su adolescencia y sin interrupción

A PEPE MOURIZ (Lugo, 1915) le toca escuela en Sanlúcar de Barrameda, pero fuese por lo lejos que le cae el colegio, mirado el mapa desde Lugo, o por otras razones que desconocemos, renuncia a ella.

Pudo haber alegado que es un población muy rara, pues aunque es de Cádiz, en su papeleta pone que está en Cáceres, sin duda por culpa de algún dato traspapelado.

Antes ya había ido a Barreiros, que es destino mucho más aceptable, sin mosquitos, ni esa sofoquina que quita el sentío.

La renuncia ocurre en 1942, dentro de la tanda para poblaciones mayores de 10.000 habitantes, la misma por la que Narciso Peinado debería haberse ido a Orihuela y a la que también da un portazo. ¡Con lo bien que se está en Lugo!

Uno y otro van a empaparse de lucensismo. Narciso, en el Lugo antiguo, el de las piedras y los romanos. Pepe, en el coetáneo, en sus paisanos, en la gente con la que charla en el Círculo, o con la que se cruza en la calle.

José Mouriz Rodríguez pertenece a varias directivas de la sociedad. La primera, de vicesecretario, con Puro de Cora Sabater en la presidencia, y luego en las de Ramón Varela como secretario. Suyas son las competencias más festivas, con especial dedicación al Carnaval y a sus cuchipandas a base de marisco de cortello, la muy enxebre manera de hablar del cerdo sin nombrarlo que utiliza Mouriz, hombre, por otra parte, exquisito en las formas y en el fondo.

Con especial cariño se encarga del programa, dada su condición de dibujante y caricaturista; y del baile de colores, por haber colaborado en él desde que se celebra por primera vez en 1932. Todavía tiene 16 años, pero ya es uno de los responsables de decorar el Salón Regio.

Mouriz tenía en la cabeza todas las combinaciones de los colores utilizados, quizás para no repetirlas en los siguientes, y hacía ostentación de su memoria: “En el 1932 comenzamos con blanco y rojo; en el 1933, blanco y negro; en el 34, blanco y azul; en el 35, azul y rosa…” Si aciertan a poner azul y rojo, habría quedado muy premonitorio.

Una vez le preguntan si el Círculo temió algún incidente cuando se reanudaron los bailes de disfraces tras la guerra y el hombre, haciéndose eco del sentir de Ramón Varela y del resto de directivos, contesta que en absoluto, que la sociedad era espejo en el que se miran otras sociedades populares y democráticas. En aquellos años, la respuesta suena subversiva.

Además de él y Varela Méndez, en la directiva figuran los nombres de Constantino Díaz, Cruz Lamas, García Blanco y López Barcia, aunque son muchos más los que comparten responsabilidades con este hombre con el que es imposible llevarse mal, como recuerda el año pasado Julián Parga.

Una selección de sus caricaturas, casi todas publicadas en El Progreso, componen el libro Homes de Lugo, y otras treinta forman parte hoy de los fondos del Círculo, después de que Elena Abel, esposa del albacea de Mouriz, Andrés Guerra Pita, cumpliese la voluntad de su autor, que las quería ver depositadas en el Museo y/o en el Círculo.

Mouriz era un perfeccionista de líneas firmes y limpias que dan a sus caricaturas un aire inconfundible porque con un notable ahorro de trazos alcanza un parecido muy notable y esquemático.

Aunque de hablar quedo, era un gran amante de las tertulias, y acabada la vespertina da paso a la nocturna, donde se junta con Lino Armesto, Urbano Castell, Armando Rodríguez Castro, Luis Pérez Barja, Pepito Gayoso, Daniel Varela Piñeiro, Celso Buide, Mauro Varela Fernández y Sánchez Carro, entre otros.

Insua Santos, precursor del aire libre

1 de Julio , 2019

Mañana hace 85 años que en Barallobre se inaugura un monumento en su memoria y en la del Camiñante Descoñecido

EN VIDA DICEN de él que es el precursor del camping, sin que supiesen con exactitud a qué se refieren. Tras su muerte se repite que Manuel Insua Santos (Viveiro, 1850), fue un precursor del ecologismo. Y siempre aparece un conferenciante que lo cita como precursor del excursionismo, del trekking, del tren, del árbol, o de echarse al monte, sin escopeta, claro.

Puestas así las cosas, no nos equivocaremos al decir que Insua Santos es en esencia un precursor. ¿De qué? Probablemente de todo. Tras la guerra de Cuba y ya con grado de teniente coronel, se convierte en amante de la modernidad, del campo y de Galicia.

Recordemos cuanto antes que funda y preside una asociación llamada con toda llaneza Los Amigos del Campo. ¿Qué quiere decir? ¿Que les gusta la hierba? Pues mire usted, también eso. A los Amigos del Campo les gusta fundamentalmente salir de excursión, madrugar para subirse a trenes antipereza, darse buenas caminatas Galicia adelante, hacer hambre, visitar monumentos, estirar las piernas, saludar a los cronistas locales, luchar por el tren de vía estrecha entre Ferrol y Asturias; ver, conocer, visitar…

Se puede añadir lo que usted imagine, siempre y cuando sea necesario el contacto con el aire libre y la tierra bajo las suelas de los zapatos. Con él se habla también por primera vez de hacer turismo interior, que significa ser turista sin necesidad de ir muy lejos.

El invento de este excursionista que peina canas hay que datarlo en 1913 y conviene precisar que no tiene más estatutos que la salud, la fuerza y la amistad, con gotas de curiosidad por el conocimiento, buena educación y mejor humor. Quizá otras organizaciones se pierden para siempre por sus plúmbeos articulados que nadie está dispuesto a cumplir.

Insua es el precursor del Seminario de Estudos Galegos, especialmente mientras el Seminario crece a golpe de calcetín por parte de un grupo de entusiastas y nada más.

Su labor tuvo el más simpático premio en la construcción del monumento al Camiñante Descoñecido que se levanta en Santiago de Barallobre (Fene) y que se inaugura el 1 de julio de 1934, hará mañana 85 años. En su entorno se instalan tres bancos que reciben los nombres de Insua, Rof Codina y Ramón Otero Pedrayo. El discurso inaugural corresponde a este último y también parlotea su tocayo Ramón Villar Ponte.

Andando el tiempo se celebran fiestas y se presume de ser el único monumento del mundo al Camiñante Descoñecido, lo cual es mucho decir porque solo a lo largo del Camino de Santiago hay unos cuantos. Da igual. Lo que se pretende es resaltar la originalidad de Insua y de los bancos, cuyo número crece al dedicarles otros a Pondal, al psiquiatra de Barallobre Pablo Ares Feal, a Pérez Parallé, Rosalía, Bieito Cupeiro y Neira Vilas, mientras la mesa rinde recuerdo a Castelao y a Curros. A un lado hay una pequeña biblioteca llamada la del Viator Ignotus, cuya traducción sobra.

En este punto acostumbran a descansar cuando la excursión atraviesa las tierras de Fene, aunque ahora lo han trasladado a la carretera de Mugardos. Por cierto, tiempo después se dan cuenta de que en realidad el monumento es un homenaje al emigrante, que es el gran andarín desconocido.

Otra de las intervenciones precursoras de Insua tiene que ver con el original Proyecto acerca de la navegación aérea (1920) de su amigo y paisano Tomás Mariño Pardo, que él rescata, publica, prologa, guarda y homenajea, maravillado de que un maestro de Xove discurra en paralelo con las potencias europeas en asuntos aeronáuticos.

Lega toda su fortuna al hospital de Santa María

1 de Julio , 2019

El 29 de junio de 1930 se inaugura el centro hospitalario con el que soñaba Ángel Fernández Gómez

UNA DE LAS fechas más anheladas por los lucenses fue la del 29 de junio de 1930, cuando se inaugura el Hospital de Santa María. Como dijo el alcalde López Pérez en su discurso, desde 1854 Lugo quería hospital, pero las gestiones se frustraban una tras otra.

Para culminar el proyecto Bellido, cuya primera piedra se coloca nueve años antes, hizo falta superar adversidades y polémicas como nunca antes se vivieron. Una de ellas, la más ruidosa, fue la voladura de un lienzo de la muralla. También fue imprescindible la colaboración de ciudadanos que “hicieron donativos de importancia”, dice el alcalde en su intervención.

López Pérez se refiere fundamentalmente a dos de ellos. A Domingo García Moldes y a Ángel Fernández Gómez (Lugo, 1839?). Con el nombre del primero se bautiza el pabellón de Cirugía, y con el del segundo, el pabellón de Niños.

Ángel es maestro y codirector con Ramón Alonso Sánchez del Colegio de Niños de la Plaza del Campo 11, y luego, en Obispo Izquierdo y en Clérigos, 1. Cuando en 1885 Ramón Lías Yepes funda la Escuela de Obreros, lo nombra director de estudios y miembro de la Directiva. Su presencia atrae a 174 obreros, una cifra con la que no contaba Lías.

Más adelante muda la enseñanza por la industria y preside La Venatoria. También es el vicepresidente de Pujol en la Cámara de Comercio, tesorero del Orfeón Gallego y vicesecretario del Círculo das Artes.

Cuando en 1930 se inaugura el hospital, el alcalde López Pérez es quien mejor lo conoce. No solo le ha dado clase en su infancia, sino que han coincidido en todos sus mandatos. Si en esos años se habla de un filántropo lucense, solo pueden ser dos personas. Claudio López, el de la rampa, o Fernández Gómez, el de la plaza. Por cierto, ambos se conocen y se aprecian, aunque también es posible que haya cierta rivalidad en sus gestos: Yo soy más filántropo que tú.

A la hora de recaudar fondos _ y en esa época las suscripciones están a la orden del día _, todos saben que se puede contar con don Ángel sin ambages. Cualquier iniciativa ciudadana la encabeza él: la tómbola de la Liga de Amigos, los juguetes a los niños, los pobres de la Juventud Antoniana, los festejos del Corpus y San Froilán, el Batallón Infantil, los homenajes a Claudio López, a Plácido Ángel Rey Lemos o a Purificación de Cora, la bandera de la Unión Lucense de La Habana, el ferrocarril de Lugo a Ribadeo, el Patronato Benéfico de Lugo… todo lo atiende.

Ahora bien, nada le agita más sus fibras solidarias que una cuestación a favor del hospital de Santa María. Si se trata de ese proyecto tan querido también por su tocayo y émulo, el alcalde López Pérez, todo le parece poco y no es necesario que le llamen a la puerta en busca de un óbolo, pues ya sabe él cómo, cuándo y con cuánto contribuir a la causa.

Pero la vida reserva guiños insospechados. Poco después del cese de sus actividades industriales, el 10 de abril de 1921 se inician las obras del hospital. Hay un banquete al que asiste don Ángel y a los pocos días la ciudad se despierta con la noticia de su fallecimiento.

Aunque él ya es un hombre de edad, se relaciona su óbito con los excesos del banquete. López Pérez informa a la Corporación sobre la muerte del profesor y anuncia que lega toda su fortuna _ una cantidad que se mantiene en secreto _, “a la magna obra del Hospital Municipal”.

Para responder a tamaña generosidad propone que se le dé su nombre a la plaza llamada de la Nova _ su domicilio lindante con su colegio _, y al pabellón infantil. Qué menos.