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Elena Míguez, la primera miss de Lugo con Franco

Viernes, 18 de Octubre, 2019

La monfortina representa a la provincia en un homenaje al Ejército el año 1937

LA ASOCIACIÓN DE la Prensa de Zaragoza organiza en octubre de 1937 un homenaje “a nuestro glorioso Ejército y a la España de Franco”, que ha de servir no solo a los fines que se citan, sino también como reconocimiento de las muchas provincias que ya forman parte del bando nacional, frente a las escasas, por importantes, que no están representadas, las catalanas, Madrid y Valencia.

El evento se materializa en cinco objetivos principales: la misa oficiada por el cardenal Gomá, una velada literaria a cargo de José María Pemán y la actriz Carmen Díaz en el teatro Parisiana, un desfile de carrozas engalanadas en las que viajan las representantes de la belleza femenina de cada provincia en traje regional y de dos en dos, una corrida de toros con Marcial Lalanda, Domingo Ortega y Jaime Noaín, y la edición de un lujoso álbum con cordones dorados donde se recogen los cromos de todas las señoritas participantes comentadas por el orador de mayor fama, Federico García Sanchiz, así como fotografías de los actos celebrados.

En esencia, esa reunión del 14 y 15 de octubre de 1937, fue la primera elección de misses provinciales en la España de Franco, aunque la justicia sobre el fallo era lo de menos, porque en Zaragoza se estaba dirimiendo otra batalla, pacífica en este caso, pero directamente dirigida contra el estilo “tan poco español” que tiene la República de organizar fiestas.

La representante de Lugo en los fastos de Zaragoza fue la monfortina Elena Míguez Arias (Monforte, 1913), hija del farmacéutico José Míguez Millán y emparentada con los Corvillón Míguez, familia en la que había varios militares.

Afiliada a Falange, Elena será jefe local de la Sección Femenina de Monforte de Lemos nada más acabada la guerra. En ejercicio de ese cargo, recibe a Franco en el límite de la frontera municipal con el resto de autoridades el 19 de julio de 1943.

En fechas anteriores había sido una de las más activas organizadoras de la verbena a favor de las Cantinas escolares, en compañía de Matilde Taboada, Aurita Martínez y Paquita Marín, entre otras muchas jóvenes de Monforte.

Ella fue elegida para ir a Zaragoza, entre otras razones, por su cercanía a Falange, cuyos mandos son los encargados de nombrar a cada representante provincial. Realiza el viaje hasta la capital maña en compañía del presidente de la Comisión gestora provincial de Lugo, José Pardo y Pardo Montenegro.

El texto que le dedica Federico García Sanchiz dice así:

“Lugo, nos envía la más genuina representación de su raza y de su provincia. Prototipo de la mujer celta que se asoma al mar bravío de la costa norteña; largo y fino perfil, ojos grandes y negros de dulce mirada; cabello suave del mismo color, y tez sonrosada y blanca, como de no haber sufrido nunca los rigores del sol. En su expresión se refleja el alma misteriosa y sensible de aquella tierra con sus húmedas vegas, con su ambiente brumoso. Diríase una “muiñeira” o una alborada, personificada en un rostro femenino. Elena Míguez Arias: ensueño de tierras y mares lejanos, fiesta de romería con acordes de gaita y tamboril; praderas, ganados y pastores y nostalgia de un marino en alta mar. Saudades de lo que fue y de lo que ha de ser. Ternura y melancolía.”

Fácil es deducir que García Sanchiz conoce a Elena a través de la fotografía que se manda para el cromo y pare usted de contar.

El material gráfico para ilustrar esta biografía nos lo ha facilitado Manuel Pérez Buide, que guarda el álbum como oro en paño.

M. Manuela de Cora, en busca de la prehispanidad

Jueves, 17 de Octubre, 2019

Recuerdo de la escritora de Lugo en torno a la celebración del Día de las Tribus Indígenas

POCOS LIBROS SE habían escrito en 1957 sobre mitología precolombina de América hasta que María Manuela de Cora Reixa (Lugo, 1915) sorprende al panorama editorial con Kuai-Mare. Mitos aborígenes de Venezuela, aparecido en la editorial madrileña Oceánida y que tendrá una segunda edición al otro lado del Atlántico, en Monte Avila Editores de Caracas el año 1972.

La razón es fácil de comprender. La única forma de abordar ese trabajo es hablar directamente con los pueblos y tribus que mantienen comunidades en las selvas, rescatar relatos de los misioneros e interpretar los petroglifos, pues en muchos casos las tribus ya han sido absorbidas por los criollos, o no existe contacto con ellas, como es el caso de los motilones.

María Manuela de Cora une su nombre al de otros pioneros en ese trabajo, como Humboldt, Arístides Rojas o Koch-Grünberg, aunque el suyo es quizás el más asequible para un lector actual no especialista.

María Manuela es hija de José de Cora y Lira y de Joaquina Reixa y Puig, fuertemente vinculados a Viveiro y sobrinos del general auditor de la Armada, Jesús de Cora y Lira.

Ella y su hermano Jesús se trasladan a Madrid debido al trabajo de su padre, oficial de Telégrafos. Por esa circunstancia pasará la guerra en la capital, cuando tiene entre 21 y 24 años.

Esa experiencia se transforma en el libro titulado Retaguardia enemiga (Madrid. Ed. Altalena, 1984), donde a través de su experiencia y de seis relatos de otros tantos protagonistas consigue un relato muy recomendable para quienes hablan de ese período con muletillas impuestas.

Mucho antes, en 1952, había marchado a Venezuela, tras su matrimonio con el funcionario de la ONU Rafael Rodríguez Delgado. Su vocación de escritora la lleva a

colaborar en El Universal, de Caracas; periódico del que será corresponsal en la India. También en Páginas, Diario de Occidente, de Maracaibo y El Mercurio, de Santiago de Chile.

En ese país ejerce como corresponsal de la revista Índice, de Madrid, donde colabora con asiduidad. Durante su estancia en Nueva York es profesora de español en la Spence School y en las Naciones Unidas. También mantiene una colaboración sobre temas hispanos en la emisora neoyorkina Riverside Radio.

María Manuela relata a Ángel de la Vega que el libro se le ocurre tras leer en una revista científica un mito de los indios maquiritare y se entusiasma con “una selva poblada de espíritus y de fantasmas, de tigres que hablan y de tapires y cóndores que se unen a los hombres en matrimonio”.

El periodista le pregunta cómo fue capaz de captar los misterios de la selva, y la escritora responde que cazó caimanes en las bocas del río Aroa, “porque para imaginarse mejor a los espíritus del bosque hay que haber sentido el misterio bajo aquellos enormes árboles que forman túneles sobre el río, y haber oído, en el silencio de la noche tropical, la respiración de los tigres acudiendo a beber al caño”.

En 1957 existen en Venezuela una treintena de tribus. Como los guaraunos, que creen en seres fabulosos que habitan el fondo de los ríos. Los kamarakotos, arekunas y taurepanes, situados al pie del monte Roraima, piensan que allí se ocultan los malos espíritus; los yaruros se imaginan una tierra sagrada, más allá de su horizonte, a donde han de ir después de muertos y a la que nunca podrá llegar el hombre blanco.

Con los motilones sólo hay contacto mediante un avión que les arroja víveres y telas. ¿Qué dirán sus leyendas sobre el pájaro de hierro?

Cuando Trapero destroza a King Vidor

Jueves, 17 de Octubre, 2019

LA SEMANA PASADA SE CUMPLIERON los 24 años de la muerte del periodista de Castro de Rei, fallecido en plenas fiestas de San Froilán

EL PASADO DÍA 10 se cumplieron los 24 años de la muerte de Xosé Trapero Pardo (Castro de Rei, 1900), uno de los hombres que con mayor justicia puede decirse que fue testigo del siglo XX, pues lo vive y apura casi con exactitud matemática.

Contaba Cunqueiro que mediados los años cincuenta le había regalado a Trapero un libro profético escrito en francés y editado en Bombay a principios del siglo XIX. Viniendo de Cunqueiro, cabe la posibilidad de que se lo haya regalado o no, de que en Bombay se editen libros proféticos o no, y de que exista Bombay o no.

El título del volumen que sin duda debería conservar Trapero es “Los negros y de que son pocos los blancos”, así, con esa formulación tan poco rigurosa en gramática y en prosodia. En el mismo lenguaje políticamente incorrectísimo, el de Mondoñedo desvela destripando el libro, que “seríamos sumergidos por la negrada” en muy breve espacio de tiempo, que su autor sitúa exactamente en el año de nacimiento de Trapero, 1900; quizá por eso se lo regala.

“Los únicos que resistirían algo la mezcla, el batido de chocolate, serían los chinos”.

Trapero, que era episcopal y ecuménico, pues iba camino de misar cuando se le cruza el mundanal ruido, sabía que su amigo no le hablaba de Bombay a título de inventario, sino que sería un asunto muy serio a tratar con o Macizo y con o Pallarego, aunque él ya se había venido a Lugo para escribir o Pelúdez, estudiar los monumentos y hacer crítica de cine.

De cine y de lo que hiciese falta en cada momento, que para algo en El Progreso eran cinco redactores, gripes incluidas.

En 1960 se estrena en Lugo la película de King Vidor “Salomón y la reina de Saba”, recordada siempre porque se rueda en España y porque durante el rodaje muere su productor y protagonista Tyrone Power.

Trapero la pone a caer de un burro y echa pestes contra la ambientación, sus decorados y la falta de rigor histórico en su guión. Para materializarlo en algo chistoso, dice que en el banquete de la reina se ve encima de la mesa un salchichón anacrónico que parece recién salido de Abella. Otros periódicos reproducen esa observación y el embutido de Abella ganó más fama que la película.

El padre de Trapero era oriundo de Aguilafuente (Segovia) y él se tenía por judío, no de fe, que para eso hay que tener la menorah en el comedor y él siempre fue más de Última Cena, pero sí de sangre. Decía, y con razón, que llamándose Trapero y siendo éste nombre de un oficio, sus antepasados tenían que haber sido judíos a la fuerza.

Ahora bien, para escribir Pelúdez, Trapero se quita la kipá y se calza el chapeo de dos aguas. Una de sus fuentes de inspiración para dar vida a Filomena es su hermana Inés, que vive en Castro y que habla un gallego delicioso, repleto de neologismos y apariencias, de modo que ese lenguaje peludeciano de Trapero es mitad mindoniense, mitad chairego.

Trapero padecía un particular horror vacui que seguramente le contagia la austeridad de los tiempos y los libros iluminados de la tradición europea. En él se manifiesta en la necesidad de rellenar cualquier espacio en blanco de los periódicos o las revistas a mano con monigotes, espirales o dibujos varios para así dar utilidad y sentido a ese espacio desocupado. Que sepamos, no llega a hacerlo en libros y eso los salva.

En la radio, desde el “Dios dea boa tarde a todos” hasta el “Bo proveito, amiguiños”, consigue meter toda una enciclopedia del habla y el pensamiento popular que está pidiendo ser editada en uno o más volúmenes. Ahí lo dejo.

Delia Garcés, sangre lucense para el cine argentino

Jueves, 17 de Octubre, 2019

Nace en Buenos Aires hace hoy cien años, después de que sus padres hubiesen dejado Cervantes

HOY SE CUMPLE el centenario del nacimiento de la actriz Delia Garcés (Buenos Aires, 13 oct.-1919). Sus padres, Gabriel García y Amadora Gerbolés, salen de San Tomé de Cancelada, en el ayuntamiento de Cervantes, para hacer por la vida en Argentina. Allí tienen a sus tres hijas, Elda, Amadora y Delia, y allí muere Gabriel a los pocos años de llegar.

El reto debe mantenerse aunque ahora sean cuatro mujeres quienes luchen por la subsistencia. Amadora no es de las que se amilanan. La conocemos gracias al retrato que publica Arturo Cuadrado para ilustrar una entrevista con la actriz en el número 3 de Galicia Emigrante (agosto de 1954). Es una mujer guapa, posiblemente ya viuda por la negrura de su velo y con la mirada fija al frente, como augurio del futuro que le aguarda.

Cuando en ese año Delia ya es una figura de la escena argentina pese a sus problemas con el peronismo, le cuenta a Cuadrado el viaje que ella y su madre realizan a España, probablemente entre 1950 y 1954: “Levei persoalmente a miña nai a Galicia. Acompañeina a San Tomé, en Lugo. Non é fácil contar o que é aquilo. Pareceume estar ante un espectáculo bíblico, sinxelo e grandioso. As casas da aldea, os seus homes e mulleres, ata os animais, adquiren unha singular forza pura, primitiva. A miña nai e a min recibironnos con mostras de afecto inenarrables. Era como unha homenaxe aos que voltan coa lealdade dos permanentes sentimentos de amor e agradecemento ao lugar de orixe. Non debían saber, seguramente, que eu era actriz. Eu era naquel intre a filla de Gabriel e Amadora, e iso era motivo de festa en toda a aldea. Todos nos fixeron agasallos. Agasallábannos, cantábannos. E ata unha cabra soa nun penedo, semellaba feliz…”

En realidad Delia habla en castellano para la entrevista, aunque se adivina que con Amadora es frecuente el uso del gallego en sus conversaciones de casa.

Sobre Galicia añade “Dos veces estuve allí. Vigo, La Coruña. Pontevedra, las rías. El paisaje, todo lo tengo presente… pero Santiago de Compostela es la culminación de todos mis entusiasmos. No sé qué más decir. Hay que estar allí.”

Delia Amadora García Gerbolés de Zavalía se reconvierte para el cine en Delia Garcés. Su belleza y sus dotes para la comedia la conducen al primer plano de la interpretación en Argentina y gracias a las dificultades que el peronismo intenta ponerle a su carrera, va a participar en una de la películas más emblemáticas de Luis Buñuel, donde el aragonés lleva a los máximos extremos su etapa de surrealismo mexicano, Él.

En la llamada época del cine de oro argentino comparte éxitos con otra actriz, también de orígenes lucenses, como fue Zully Moreno, de madre mindoniense, y con Mirtha Legrand, Mecha Ortiz, Amelia Bence, Niní Marshall o María Duval.

Sus inicios se sitúan cuando tiene ocho años y es alumna del Teatro Infantil Labardén. Luego, pasa por el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico y debuta en el Teatro Nacional Cervantes… como el municipio de sus padres.

Se casa con el director Alberto de Zavalía, que la dirige en numerosas ocasiones y con el que organiza la gira por toda América cuando Perón se las pone crudas. Especialmente relevante para España es su participación en La dama duende, adaptada por Alberti y su mujer, María Teresa León.

La película tiene tal carga política en el núcleo de exiliados, que el Gobierno prohíbe su exhibición en España. De Alberti también rueda El gran amor de Bécquer (1946).

Chilares, 58 años de amor al río

Jueves, 17 de Octubre, 2019

La Gala del Deporte de El Progreso homenajeó el pasado viernes al piraguista lucense

LA GALA DEL Deporte de El Progreso del pasado viernes rindió homenaje al piragüista Ángel Villar Varela (Lugo, 1949), recién estrenada su séptima década.

Es tan amplio el palmarés deportivo de Chilares que debemos valernos de la síntesis y la simbología para que no se desborde a cada lado de estas columnas, y a tal fin utilizaremos el Descenso del Eume, una prueba nacida y crecida en brazos de Jacinto Regueira, ferrolano de nacimiento y lugués de corazón.

Pues bien, Chilares y Manuel Pérez ganan la primera edición del Descenso en 1967. En 1992 se celebran las Bodas de Plata de la competición y Chilares vuelve a ganarla veinticinco años después. Pero no contento con eso, cuando se cumplen las Bodas de Oro de aquella primera Baixada, Ángel y Tito Valledor participan en ella como veteranos. 50 años lo contemplan.

Pero no se crean que con eso abarcamos su período de actividad deportiva, porque se puede ampliar por arriba y por abajo, ya que este mismo año de 2019 ha sido campeón de España de veteranos en Sevilla. Y por abajo podemos remontarnos hasta el año 1961, cuando con 12 de edad, tiene en sus manos el primer trofeo conseguido. Una auténtica barbaridad de la física cuántica.

Cuando recuerda esos tiempos del cuplé, Ángel siempre tiene palabras de cariño para Serafín Caridad, que fue el responsable de su amor por las palas, los ríos y las maneras de descenderlos.

Esos primeros tiempos están jalonados de nombres que participan en la creación del deportista. Serafín, Jacinto y aquel carpintero de A Tinería, amigo de su abuelo, al que un buen día le da por construir una piragua de madera que Chilares, con apenas diez años, lleva al Miño con el resto de sus amigos. La botan y al instante comienza a descubrir otra forma de ver la vida, desde el medio del agua, que lo enganchará hasta el presente, y más allá, que para algo su hija Carmen ya se ha estrenado como ganadora del Eume y en los campeonatos de España.

Además del Miño y del Eume, otro de sus ríos emblemáticos es el Sella. En el 1969 queda tercero con Costa, por detrás de Chalucsky. Lo gana en el 1985 y al año siguiente, con Misioné, es segundo, también por detrás de los Chalucsky, pero en este caso ¡son los hijos del famoso palista alemán-sudafricano del 69!

Bueno, tampoco se crean que todo en Chilares es tan políticamente correcto. Ahí donde lo ven, a él se debe el primer atentado terrorista contra el Gobierno Civil de Lugo… o eso creen los guardias de la Policía Nacional que custodian el edificio de Armanyá cuando en los años sesenta oyen el estruendo de una explosión que proviene del interior del edificio.

Debido al trabajo de su padre allí vive Chilares y hasta su casa ha llevado una piedra de sodio, maravillado de la reacción tan violenta que produce en contacto con el agua. Hay una confusión con la dosis a emplear y la taza del inodoro de aquella estancia del Gobierno Civil salta por los aires hecha añicos. ¡Y eso que ya era un experto en asuntos de agua!

Chilares era su padre y Chilares fue Juan Abad Díaz, uno de los más grandes intérpretes del cante puro minero, junto con la Peñaranda y Enrique, el de los Vidales. Pero Ángel es más del son cubano, de Compay Segundo y de A Miña Borriquiña, de Lamas, que la borda mientras prepara una de sus afamadas tartas de chocolate, imprescindibles en cualquier reunión familiar.

Olímpico, profesor de electricidad, cocinero o carpintero, según la hora del día, Chilares ha levantado su casa con sus manos, y no es una metáfora.

Ángel Carro, de Miñones al Miño

Jueves, 17 de Octubre, 2019

El Domingo das Mozas de 1945 se inaugura el campo de fútbol que él propicia para Lugo

EL SÉPTIMO HIJO de don Manuel Basilio Carro Crespo, de nombre Ángel (Lugo, 1894) y de iguales apellidos que su padre, por haberse casado éste con Josefa Crespo, lo fue todo en esta ciudad, menos alcalde, y eso por muy poco, pues hizo de primer teniente de alcalde con varios de ellos.

Preside el Círculo, la Gimnástica, la Cámara de Comercio y una sociedad que se llamó Estadio Lucense S.A., con los fines que se pueden ustedes imaginar. También vicepreside la Diputación y figura en otras iniciativas ciudadanas por el camino que su padre, acreditado comerciante, le había mostrado.

Su etapa al frente del Círculo durante la guerra se recuerda siempre por la función que la sociedad realiza como hospital de sangre.

Además de Lugo, su recuerdo se encuentra fuertemente guarecido en la historia de Avilés, donde desarrolla una gran labor humanitaria y deportiva, y en Baralla, cuando todavía era Neira de Jusá, o de Rey. Al municipio, a la Torre de Basille y a los Pardo de Vera se liga vía matrimonial a través de la familia Díaz Moreno.

No obstante, el principal bastión del personaje en cuanto a memoria se refiere, va unido al del estadio futbolístico de Lugo, cuyo nombre se parece mucho al suyo.

Repasando papelotes para escribir este cromo del álbum, tropiezo con una joya toponímica que existe hoy en la ciudad, de la cual no tenía ni idea, como creo que será así en el común de los lucenses que por allí no vivan. Se llama Carril dos Miñóns y arranca de la calle Reverendo Xosé Fernández, ya saben, el tío de Manuel María.

Esa denominación hace referencia al antiguo barrio de los Miñones, que por allí se extendía y que a su vez sirve para bautizar el primitivo campo de fútbol, construido gracias a las donaciones de don Ángel e inaugurado el 7 de octubre de 1945, Domingo das Mozas en el calendario froilano, con él en el palco y con un 5-0 en el marcador a favor de la Gimnástica y en contra del Galicia de Ferrol. Se habían disputado tres jornadas de la Tercera División y éstos son los dos primeros puntos de la Gimnástica.

El de Los Miñones no podía arrancar con mejor pie, aunque en ese preciso momento era más habitual referirse a él como Estadio Lucense, en conexión con la sociedad que lo crea, aunque la denominación suena ampulosa por los cuatro costados.

Precisamente Pelúdez está presente en el partido inaugural y él lo define como “un prado grande a medio facer”, que indudablemente es más impreciso, pero que se ajusta mejor a la realidad.

Finalizando los años cuarenta, Rivera Manso escribe en El Progreso para protestar contra los colegas de otros periódicos que hablan del estadio lucense _ volvemos a lo mismo _, llamándolo Campo de Fútbol de la Avenida de La Coruña, cuando lo suyo es citarlo simplemente como Campo de los Miñones y punto.

El caso es que la sociedad Estadio Lucense y Carro al frente del proyecto habían conseguido normalizar la actividad futbolística con un club que se crea como Deportivo Lugo y una directiva en la que curiosamente, no figura el señor Carro.

El campo de los Miñones da paso al de Carro Crespo, así llamado durante los últimos meses de vida del personaje, y posteriormente, al Ángel Carro, hoy Anxo Carro y a veces, Estadio do Miño. De Miñones al Miño.

Teniendo en cuenta que el verdadero nombre de Ghengis Kan era Temuyín; o que los hunos, el pueblo de Atila, eran en realidad los hiong-nu, ignoramos la auténtica trascendencia de estos juegos identitarios, su conveniencia o su prohibición.

Cuando Lerroux se llamaba García González

Lunes, 7 de Octubre, 2019

El político cordobés es consumero en un fielato de Lugo, pero aplica mal las tarifas

BAJO EL NOMBRE de Manuel García González pasa varios meses en Lugo quien años después será presidente del Consejo de Ministros durante la II República, el muy polémico y controvertido ciudadano, Alejandro Lerroux García (La Rambla / Córdoba, 1864).

La utilización de sus segundos apellidos se debe a su condición de desertor del Ejército, por lo que es perseguido por la justicia.

La amistad de su hermano con el ovetense Florentino Morán le proporciona la posibilidad de trabajar en el cobro del impuesto de consumos que tiene lugar en los fielatos de la muralla.

Las circunstancias que rodean su llegada a Lugo se narran en ‘Mis Memorias’, aparecidas tras la muerte de Lerroux. Pese a que el editor Afrodisio Aguado asegura publicarlas íntegras, de ellas se ha desgajado un capítulo titulado ‘Canto a Teresa’, donde el político da cuenta de sus amores, de sus galanteos triunfantes y de sus fracasos, con ciertos ribetes provocativos.

Por arrepentimiento de él ante su familia _ Teresa es su esposa _, o de sus descendientes, el capítulo queda en el olvido hasta que el historiador Carlos Seco Serrano lo desempolva recientemente en un Boletín de la Real Academia de la Historia.

Gracias a esta publicación sabemos ahora de la amistad, en palabras de Lerroux _ noviazgo al decir de los lucenses _, que el futuro político mantiene con una maestra sin escuela, hija de una estanquera del centro de la ciudad, a la que el protagonista de las memorias llama Juanita Currais. Esta colega de Francisca Vázquez Edreira y de Amparo Bellón Otero merecerá su propio cromo en el álbum.

El caso es que Lerroux, un chico espabilado como demostrará la historia, queda adscrito a uno de los fielatos como consumero, sin recibir para ello una instrucción demasiado exhaustiva. En aquel momento existen en Lugo los de las puertas de Santiago, San Pedro, San Fernando, el matadero y el Central, aunque hay otros puntos para el cobro de los arbitrios.

Para las horas muertas en el puesto, su compañero ha ideado la caza/pesca de los pollos y gallinas que picotean alrededor, consistente en disimular un anzuelo con sedal dentro de un grano de maíz. Si la gallina lo traga, el consumero tira del hilito, arrastra al animal, le tuerce el pescuezo y a casa con ella. Todo en cuestión de segundos y cuando el dueño de las gallinas no esté en las cercanías. Después, que busque.

Es de imaginar que Lerroux prueba alguna de esas gallinas, aunque sólo sea para pagar su silencio cómplice.

Cuando Lugo se dispone a celebrar los sanfroilanes de hace 135 años, a Manuel García González, o sea, a Lerroux, le toca estar solo una mañana en el fielato. Entonces se le acerca una montura cargada de pulpo hasta las trancas.

El hombre lo pesa, suma las cantidades, le aplica la tarifa al resultante y cobra.

Al cabo de una hora son cinco, seis… hasta diez los pollinos que hacen cola delante de Lerroux para ser cobrados. Algo inusual porque no es el fielato utilizado por los comerciantes del octópodo.

Por la noche, al rendir cuentas con Canoura, que es el jefe de fielatos, Lerroux entrega las cuatro perras de recaudación a cambio de varios centenares de kilos de pulpo introducidos en la ciudad.

“¡Le han timado, García!”, brama Canoura. Y no exactamente. Lerroux había aplicado una tarifa de 10 céntimos cuando lo estipulado son 10 pesetas, o algo similar.

Así no es extraño que todo el pulpo entre por allí después de que se corrió la voz. Pronto abandona Lugo el cordobés.

O mociño Manuel María e os seus primeiros libros

Lunes, 7 de Octubre, 2019

O poeta de Outeiro de Rei faría hoxe noventa anos e a súa obra, setenta

HOXE FARÍA O Manuel (Outeiro de Rei, 1929) noventa anos, xusto cando a súa obra cumpre setenta. O seu debut, agás versos soltos publicados en El Progreso y La Noche, foi cun libro en castelán _ máis ben un caderno _, do que se fala pouco por razóns idiomáticas e porque non é precisamente unha marabilla, pois hai que ter en conta que Manuel María ten entre 17 e 18 anos cando o escribe.

Chamouno “Marinero en la noche”, que é un título emparentado co do seu primeiro libro en galego, “Muiñeiro de brétemas”, aínda que un e outro non teñan nada que ver.

O primeiro en falar da obra de Manuel María, a.e.o.c., é JOTAGE, ou sexa Juan María Gallego Tato, que no 3 de xuño de 1949 recolle en El Progreso o nacemento de “Marinero en la noche” e fala da influenza de Alberti e de Lorca, aínda que o máis determinante no novo poeta é a paisaxe que viña de ollar co seu tío Xosé en Cespón (Boiro) durante a estancia estival á beira do mar.

Poucos máis falaron do libro ata Vidal Villaverde ou por aí. Polo que respecta á obra en galego, o primeiro comentarista con todo o merecemento é Francisco Fernández del Riego, Salvador Lorenzana, que vai seguir a obra de Manuel dende esa pegada inicial. Xusto é dicir que o poeta é o primeiro en falar na prensa galega do seu libro “Cos ollos do noso esprito”, publicado por Alborada en Bos Aires (1949).

E de quen máis fala na prensa Manuel María? Pois de Carballo Calero, que vén de publicar canda el na colección Benito Soto, de Pontevedra, de Álvaro Paradela, de quen se confesa lector diario, e de Luz Pozo, a través de Antonio Cillero.

Na pescuda por localizar a primeira entrevista xornalística con Manuel María aparece unha que asina Antonio Domínguez de Olano en La Noche o 3 de febreiro de 1951, cando o entrevistado ten vinte e un anos, e o entrevistador, a incrible idade de 13.

Os dous mozos chairegos, pois iso son neses intres, falan do pasado, do presente e do futuro. Manuel afirma que escribe poesía desde os doce anos, primeiro en castelán e logo, en galego, e recoñece que o mellor da súa obra ata ese día é “Morrendo a cada intre”, unha autobiografía íntima.

Cando Olano lle pide que se defina, Manuel contesta que, como poeta, o que lle agradaría é ser un burgués, o cal non é incompatible coa Arte. Seguramente a máis dun vai alporizar esa resposta.

Á hora de salientar tres poetas galegos do momento, cita a Luis Pimentel, a Carballo Calero e a Cuña Novás.

Olano, o neno Olano remata a súa peza xornalística _ se cadra unha das súas primeiras entrevistas, porque outra non queda _, volvendo ao rego:

“En un café de líneas modernas, en donde tiene su tertulia, le dejamos. Ésta es la ratificación de lo que él había afirmado de sí mismo al definirse: Le gustaría ser un poeta burgués. Y ya ha conseguido serlo de café”.

Supoñemos que moito non lle gustou a entrevista ao Manuel.

Do poeta dise moitas veces que a xente repite os seus versos crendo que son cantigas populares, e non obra dun autor recente e coetáneo. É certo. Manuel María foi un cantor de todo o que lle rodeaba. Se alguén mira a Galicia e pensa en dez cousas das que ve, quedará abraiado ao comprobar que o chairego ten un poema escrito para cada unha delas; ou de nove, para non arriscar dabondo.

Por iso din tamén que non foi un poeta culto, ou que foi máis popular que culto. Son xeitos de falar, porque poucos autores houbo tan apegados ao home, e se iso non é cultura…

El último milagro de San Froilán en 1919

Viernes, 4 de Octubre, 2019

Hace un siglo las fiestas patronales de Lugo peligran por la guerra y la falta de una comisión organizadora

LAS FIESTAS PATRONALES de 1919 no pintan bien. Los paisanos de Madrid, agrupados en torno a Federico Culebras _ un señor que tiene por título y timbre de orgullo el de ser “entusiasta lucense” _, han decidido suspender el tradicional banquete del día del santo, por la cantidad de jóvenes de Lugo que en esos momentos luchan en los frentes africanos, y si se mira hacia el norte, aún parecen escucharse los cañonazos de la Gran Guerra.

El hecho de que el día 5 de octubre sea domingo plantea problemas añadidos. Los barberos acuerdan que el día no sea festivo en su calendario laboral para poder apurar barbas y bigotes, pero algunos dependientes de comercio se soliviantan por el hecho de trabajar en domingo, en festivo y en patronales. Tres en uno.

La protesta llega a los adoquines y dos de ellos impactan contra sendos comercios, lo que provoca una dura condena de la Cámara.

Con todo, lo más grave es que a mediados de septiembre San Froilán está sin Comisión de Fiestas, sin programa y sin nada, salvo lo que buenamente pueda ir organizando cada uno.

Antonio de Cora, en colaboración con Pelúdez, propone un programa que se podría llevar a cabo sin graves esfuerzos. Cantigas e Aturuxos se descuelga con la organización de una festa enxebre con cantos regionales “en los que tomarán parte distinguidas señoritas de esta ciudad” y promete incluir entre los números, el concertante del segundo acto de la ópera Maruxa. Después irán a Zaragoza para cantar en las fiestas del Pilar.

El presidente del Círculo, Pedro Menéndez y García del Busto, convoca en su sede a todas las sociedades para ver que se puede organizar a diez días vista para salvar el vacío y que la ciudad festeje a su patrón San Froilán (Lugo, 833) con algo más que una lluvia fina y menuda.

Todos, menos el Círculo Industrial, responden como un solo hombre y de repente se anuncian conciertos, torneos deportivos, bailes y desfiles como si estuviesen escondidos debajo de las piedras. Los más cercanos al obispo nacido en O Regueiro dos Hortos, ya hablan de un nuevo milagro del santo, que si fue capaz de domesticar lobos de carga, también se las vale para sacarse fiestas de debajo de la mitra.

En un día se recaudan fondos. Los contribuyentes de la Praza Maior y aledaños son: La viuda de Tato, José Palacios, El Capricho, Iglesias y Compañía, Bernardo Madarro, Arturo Artalejo, Constantino González, Manuel Quiroga, Manuel Calvo, Manuel Fouce, Alfredo Casanova, Nemesio González, Tomás Carro, Eliseo Blanco, La Batalla, Evaristo Varela, Eduardo Ameijide, José M. Torviso, Jesús Franco Rivas, Julio Carro, Escolástica Lois, Hija de Plácido Ramos, Sombrerería Pimentel…

El 20 de septiembre, medio mes antes de la fiesta, llega el primer caldero de pulpo e instala su caseta en A Mosqueira. Los lucenses la van a ver como si se estuviesen inaugurando las murallas. Es el heraldo de las fiestas. Ya no hay duda. Si viene el caldero, vendrá el resto.

Uno de los que se instala con su barraca pulpista es dueño de un circo ecuestre e incluso tiene problemas de espacio para acomodarse debido a sus dimensiones. Un día antes peligra la fiesta y al siguiente no hay terreno para sentar sus reales. Milagro, y de los gordos.

Nadie puede quejarse, El 7 de noviembre la prensa informa que el día anterior se ha desmantelado a golpe de martillo la última barraca llegada para participar en las fiestas. Y se añade con cierto tono lastimero: “sólo quedan los puestos de pulpo”. Y eso que no iba a haber fiestas.

Baño triunfa en los negocios a poco de emigrar

Jueves, 3 de Octubre, 2019

El de Xove financia el homenaje del municipio a su pariente Tomás Mariño en septiembre de 1921

FRANCISCO BAÑO (XOVE, 1850?) es uno de los fundadores de la ciudad argentina de Necochea, convertida hoy en un enclave turístico que atrae a miles de veraneantes, con una población similar a la de Lugo.

Francisco y su hermano Maximino salen de Xove todavía adolescentes. Habían nacido en la misma casa donde lo hace otro ilustre hijo del municipio, su pariente Tomás Mariño Pardo.

En 1881, cuando se lleva a cabo la fundación de Necochea, Francisco ya es todo un personaje dentro de la pujante sociedad argentina. El nombre de la ciudad rinde homenaje al general Mariano de Necochea, colaborador de San Martín en las guerras de independencia.

Entonces Francisco ya ha ingresado en la masonería argentina dentro de la logia El Sol Argentino del Valle del Quequén.

Cuando los fundadores se enfrentan al diseño de la futura ciudad, se determina situar el centro administrativo y social a más de tres kilómetros del mar, una decisión adoptada por Baño, ya que se pretendía ubicarlo en la misma línea de costa, y el de Xove sugiere separarlo, “para evitar las molestias constantes que los médanos y el viento podían causar”, según relata en su libro “Horas perdidas” (Buernos Aires, 1920).

En reconocimiento, se le asigna a Baño el honor de plantar la primera bandera de la fundación, que deja un reguero de símbolos masónicos en la ciudad, perfectamente reconocibles hoy, pues masones eran casi todos los fundadores.

Baño será uno de los directores del Banco de España y América, y el primer presidente del Centro Hijos del partido de Vivero, en abril de 1909. Aproximadamente en esas fechas, su hermano Maximino es nombrado vocal de la Sociedad Argentina de Créditos, o Banco de Descuentos, fundado casi sólo con capital español. En 1908 decide denominarse Banco de Castilla y Río de la Plata.

Años después, Baño conoce los pioneros trabajos de su paisano y pariente Tomás Mariño en torno a la solución de los problemas de la navegación aérea, cuarenta años antes de las aportaciones de Zeppelin.

Baño vibra de entusiasmo y decide poner todo de su parte para que la gesta de Mariño no quede en el olvido. Habla con Manuel Insua Santos, el descubridor de los textos de Mariño, y juntos deciden publicar el trabajo en el Heraldo de Vivero, financiar una placa conmemorativa en la casa natal de Mariño y entregar ese manuscrito al Archivo Regional de Galicia.

Baño no solo lo financia, sino que se desplaza a Galicia para supervisar y participar en los homenajes, siempre en un discreto segundo plano.

Las palabras que pronuncia en Xove el día en que se inaugura la placa nos descubren a un Baño cautivado por el mundo del conocimiento, y como es habitual en esa época, espiritista y admirador de capacidades humanas todavía semiocultas, como la telepatía:

“Eso que los espiritistas llaman espíritus que vagan por los espacios, y que encarnándose en la materia inspiran al hombre y dirigen sus actos; como asimismo ese otro que algunos sabios denominan casos de telepatía, no son ni más ni menos, señores, que los pensamientos, que, sin el invento de Volta y Marconi, corren de un extremo a otro sin respetar distancias”.

Quizá los asistentes al acto no supieron analizar con exactitud qué les decía su paisano de Necochea, pero Baño hablaba en clave espiritista y masónica, incapaz de sustraerse de hacerlo aunque tuviese delante a todos los párrocos de los contornos, de Cervo a O Vicedo.