Archivo de ‘General’ Category

Os amigos de Landín

Sábado, 18 de Enero, 2020

Prudencio Landín Tobío

A súa dobre condición de avogado e xornalista fai de Prudencio Landín Tobío unha fonte de historias que teñen a vantaxe de que el mesmo foi o encargado de conservalas.

Unha das más coñecidas, por aparecer en varios medios, refírese a unha cea que Landín, director do Diario de Pontevedra, comparte con Ángel Varela Gómez, director de El Independiente, de Vigo, que non era avogado, senón médico militar.

Os dous falan no Hotel Europa vigués cando Landín bota en falta a carteira e pensa que a perdera na sesión do Cine Pinacho dos Barbagelata, dúas horas antes.

Nestas andan cando un camareiro avisa ao xornalista de que un home pregunta por el. Sae ao vestíbulo e alí atopa a un rapaz ben traxeado que nun primeiro momento non recoñece:

_ Son o home que vostede defendeu o verán pasado polo robo de Guillarei.

_ Si, xa me lembro. Ti dirás.

_ Resulta que hoxe estabamos taballando en Vigo catro compañeiros _ di o carteirista _, e cando chegamos á pousada para repartirnos o botín de cada un, vexo que nunha das carteiras collidas hai varias tarxetas de visita súas e dixen: “Esta hai que devolvela. É do avogado que me librou do cárcere. Entereime por onde andaba e aquí a ten. Pode mirala, que non lle falta nada”.

E nada faltaba.

-0-

Amais de dramaturgo, José de Echegaray foi un gran científico e matemático, o máis importante do século, dixeron del.

Nunha visita a Ourense, onde unha muller chamada Flora fai entón as mellores empanadas de Galicia, é recibido polos concelleiros que atenden todos os desexos do Nobel. Pregúntalles pola fauna de Ourense e fálanlle dela con gran detalle.

Logo interroga:

_ E que me poden dicir da flora?

Un deles, un tanto distraído, salta entón:

_ A Flora? Pois como sempre, don José; facendo empanadas!

Ricardo Freire encuentra los Doce cascabeles en la calle Fuencarral

Viernes, 17 de Enero, 2020

Nace un 17 de enero en Brasil, a donde emigran sus padres desde Lugo

EL 6 DE junio de 1964 actúa en el Gran Teatro de Lugo quien sigue siendo una de las voces más populares de España, Antonio Molina. Al frente de la orquesta Castilla figura Ricardo Freire González (Santos-São Paulo (Brasil), 1928), pero pocos de los que acuden a la función saben dos datos de su biografía. Uno, que es el autor del famoso pasodoble Doce cascabeles, y otro, que es hijo de lucenses.

Uno de los que están al loro de la relación de Freire con Lugo es Celestino Fernández de la Vega, que lo suelta en su tertulia para pasmo y admiración de los asistentes. ¿El autor de Doce cascabeles es de Lugo? Bueno, para ser exactos, de Lugo son sus padres. A él lo tienen en Brasil, pero regresan a Vigo cuando cumple los cinco años, poco antes de la guerra. Y de la actual Ciudad-Bombilla, pasan a Madrid una vez finalizada ésta.

Celestino añade otro dato, éste totalmente cierto: No sólo es de Lugo sino que también es pariente de otro músico, Gustavo Freire Penelas. De raza le viene al galgo, dice alguien. Pues sí que sacó salero, don Ricardo, añade otro.

Ricardo Freire nace el 17 de enero del año citado y muere en Alicante, 73 años después. Además del pasodoble más versionado de la historia, su firma aparece en otras muchas canciones que sonarán en el oído de los lectores más talluditos, como son Caballito Bandolero, El campanero jerezano, Pájaro Pinto o Estudiantina de Madrid.

Escribe villancicos, revistas _ como Mujeres de Adán, Tecnicolor y Flor de cancionera _, y ballets como Sueños Flamencos, para Cristina Hoyos, y Suite Flamenca, para Antonio Gades.

Sus estudios musicales en el Conservatorio madrileño los compagina siendo botones del restaurante Riesgo _ el antiguo Fornos retomado por Honorio Riesgo _, donde acuden las primeras figuras de la farándula en aquellos momentos.

En la calle Aduana abre un estudio con los poetas Basilio García Cabello y Juan Solano García y en 1948 estrena la revista Laureles de España en el Teatro de la Comedia. Es el prólogo a Flor de cancionera, basada en una obra de los Quintero, donde se incluye Doce cascabeles.

Se cuenta que el pasodoble nace de la misma forma que Garota de Ipanema. Si en ésta, Vinicius de Moraes está sentado en una terraza frente a la playa carioca; en Doce cascabeles, Freire lo hace en la terraza de una cafetería de la calle Fuencarral. Al fin y al cabo, ambos son brasileños.

Ricardo golpea una taza de café con la cucharilla y surge el estribillo. Lo apunta en una servilleta de papel y en el estudio de la calle del Conde de Romanones le da forma. Su primer intérprete será Tomás de Antequera.

Decíamos que es el pasodoble más versionado, y aunque siempre puede haber errores en las cuentas, alguien que la hace, llega a sumar dos mil. Si el lector las busca por medio de You Tube, le saldrán en primer lugar las de Joselito, Manolo Escobar, Luis Mariano, Richie Ray & Bobby Cruz, Emilio el Moro, Carmen Sevilla, Tomás de Antequera…

Además de acompañar a Farina o Antonio Molina en sus giras, Freire es director de la orquesta del Teatro Circo Price, en Madrid, por donde pasan sucesivamente Pepe Marchena, Pepe Mairena, o Marisol.

Freire trabaja 26 años en la SGAE, de 1971 a 1997, en pro de los derechos de los artistas españoles, y en 1998 sus colegas le ofrecen un homenaje con participación, entre otros, de Juanito Valderrama, José Menese, María Vargas, Vicente Soto Sordera, Pepe Habichuela y Sara Baras. Es cuando recibe la medalla al mérito artístico de Madrid.

Calviño en tren

Viernes, 17 de Enero, 2020

José Calviño Domínguez viaxa en tren hai un século desde Monforte de Lemos á Coruña. O personaxe vai ser o pai de José María Calviño, director xeral de Rtve, e avó da actual vicepresidenta económica de Pedro Sánchez, Nadia Calviño. No eido político será gobernador civil de Lugo e Pontevedra en breves mandatos de 1931, a cada cal máis curto.

Como é costume, os viaxeiros reciben unha publicación de tipo publicitario chamada “Coruña. Boletín de Información y Turismo, para ferrocarriles españoles”, sen outra pretensión por parte da empresa editora, Mendoza, de Vitoria, que sacar unhas perras das casas comerciais.

Calviño, que é de Meaño, pero coruñesista militante, comeza a lectura da folliña e o seu anoxo medra de parágrafo en parágrafo, ata o punto de que escribirá un artigo pedindo pouco menos que o cárcere para Mendoza.

Indígnao en primeiro lugar que lle chamen Coruña, e non co seu nome completo “La Coruña”. Cando non é por arre é por so.

Outro motivo de cabreo é que lle adxudica unha poboación de 50.000 habitantes e iso a Calviño parécelle un aldraxe, pois ha de andar polos 80.000. Nada diso, o último censo oficial fala de 49.000 persoas _ a publicación redondea a cantidade con mil máis _, e cando saia o correspondente a 1920, contemplará 63.000 habitantes. Calviño énchese de razón cun argumento demoledor: Os censos sempre se quedan curtos.

O futuro gobernador considera que Mendoza é unha “industria extractora de anuncios” e non lle perdoa que non cite entre os fillos ilustres a Eduardo Dato, que fale dunha rúa co nome de Marco Polo (¿?), que diga que Coruña dispón de xiro postal, que figure como a súa festa maior o 2 de xullo e que destaque a súa produción de gando “de cerda”.

Se daquela chega a ser gobernador civil, Calviño ordena a detención inmediata de Mendoza.

Río Barja, biógrafo del río Miño

Jueves, 16 de Enero, 2020

El geógrafo señala que el nacimiento del Miño se produce en el Pedregal de Irimia, y no en Fonmiñá

EL FUNERAL DE Eladia Pedrayo Ansoar, madre de Otero Pedrayo, tiene lugar en Ourense el 5 de febrero de 1957 y es un cónclave de alumnos y amigos del patriarca de Trasalba.

Borobó, Franco Grande, Méndez Ferrín, Fernández Albor, Moralejo, García Sabell, Beiras padre, Risco, Baltar, Gómez Ulla, Del Riego y Paz Andrade, entre otros muchos, acompañan a don Ramón en la despedida.

También se encuentra uno de sus alumnos más destacados, el geógrafo Francisco Xavier Río Barja (Lugo, 1919), que morirá en Canarias tras cumplir 91 años y que será enterrado en el Pedregal de Irimia, tal como era su deseo.

La muerte del destacado intelectual gallego, uno de los fundadores del Consello da Cultura Galega, sucede de forma totalmente imprevista, pues incluso se había bañado en aguas del Atlántico horas antes de producirse.

A Río Barja se le debe precisar el nacimiento del Miño allí donde él desea permanecer para siempre, el Pedregal de Irimia, y no en Fonmiñá, como se venía considerando hasta entonces. Su vinculación a aquel entorno ya estaba garantizada, pues el área recreativa lleva su nombre.

El profesor Río Barja lo expone en un trabajo titulado Biografía del Miño, cuando es director del Instituto Padre Sarmiento de Estudios Galegos dentro del libro “Conferencias sobre el río Miño”, que publica Caixa Ourense el año 1989.

Su padre fue el capitán de Infantería, Francisco Río Salazar, que en ese momento está destinado en el Regimiento Zamora con base en la ciudad, donde también ejerce como depositario del Orfeón Gallego que preside Antonio de Cora.

Otro de sus hijos, Ángel, también sigue la carrera militar en Toledo y siendo teniente del ejército de Franco, muere en Asturias en septiembre de 1936, un mes antes de que lo haga el teniente coronel Teijeiro.

En esas fechas el padre de ambos, y de otros seis hermanos, ya está retirado tras recibir en 1929 la placa de San Hermenegildo. Luego va a ser delegado en Lugo de la mutua Los Previsores del Porvenir, hasta su muerte en 1958. En cuanto a su madre, Consuelo Barja Pillado, le sobrevive tres años, cuando su hijo Francisco ya es catedrático. Estaba emparentada con la familia Bouzas Sal.

Río Barja se casa con Angelita Corbacho Romero, Lita, en la iglesia santiaguesa de Santa Susana. La novia es hija de Benito Corbacho Núñez, exjuez municipal y de primera instancia en Compostela y profesor de la Universidad, originario de Cotobade (Pontevedra).

Entre los testigos se vuelve a producir una concentración de alto voltaje intelectual. La novia convoca al amigo de su padre, Domingo García Sabell, y Río Baja acude para la ocasión a su maestro, Ramón Otero Pedrayo. Para que no se pierda el tono, el banquete _ más bien piscolabis _, se celebra en la propia Facultad de Filosofía y Letras.

Una de las primeras distinciones que recibe Río Barja, alumno marista y del Instituto, es el primer premio del concurso sobre temas políticos organizado por el Departamento Provincial de Seminarios del Movimiento en Lugo, que lo publica. Se titula “Lugo y la Revolución Gallega

de 1846”, un trabajo que no suele aparecer entre la obra de su autor, que evidentemente es más valorada cuando aborda temas geográficos, su especialidad.

Ahora que se acaba de entregar en Lugo el premio Otero Pedrayo a Paco Martín y a Ramón Villares, es oportuno recordar que Río Barja fue otro de los lucenses que lo merecieron, galardonado a su vez con multitud de distinciones.

Letra impresa

Jueves, 16 de Enero, 2020

Sánchez Guerra

O comandante dun departamento marítimo ordena telegrafar ao ministro do ramo:

_Hoxe fíxose ao mar o canoneiro Pilar.

O telegrafista, quixo convertelo en broma e engade debaixo da mesma cinta:

_ E saíu para Lugo a familia do verdugo.

A cinta chega enteira ao Ministerio e o telegrafista poeta perde o seu posto de traballo.

-0-

O comentario en Madrid daqueles días de agosto de 1922 era que José Sánchez Guerra, presidente do Consello de Ministros durante nove meses deste ano, recibira de Lugo unha carta cunha esquela da súa defunción.

Se fose verdade, algúns dos que podían facela moi doadamente eran os traballadores de talleres de El Progreso, ou de calquera outra imprenta da cidade polo que en Lugo había expectación.

Os inimigos de Sánchez Guerra, que sempre foron numerosos, sacáronlle o tema a través dun xornalista que participaba nos seus encontros coa prensa. O presidente do Consello negou que o rumor fose certo, se cadra para que o autor da esquela non saíse coa súa.

Todo o contrario, Sánchez Guerra lembrou que coñecía una tumba de por estas terras, onde se mandara escribir o nombre do falecido seguido de “…morto en contra da súa vontade”.

_ No caso da esquela, se existise, eu tamén estaría en contra.

E os xornalistas bótanse a rir.

-0-

Cóntase de varias maneiras, pero todas veñen dicir que ao filólogo e medivalista coruñés Ramón Ménendez Pidal non lle gusta que o interrompan mentres traballa, mesmo para dicirlle o 14 de abril de 1931 que vén de proclamarse a II República, ao que el replica:

_ Paréceme moi ben, pero qué terá iso que ver con que eu non remate a clasificación de 327 verbos irregulares?

Nunca houbo repecto pola letra impresa.

Lence-Santar, el cruzado del honor mindoniense

Miércoles, 15 de Enero, 2020

Hace hoy 60 años de su muerte, cuando Álvaro Cunqueiro le dedica una bella necrología que lo retrata

SE CUMPLEN HOY los 60 años de la muerte de Eduardo Lence-Santar y Guitián (Mondoñedo, 1876), cronista de su ciudad, hombre de luengas barbas valleinclanescas, de las que Honor Tracy, en su libro Silk Hats and no Breakfast, escribe que “eran el orgullo de la región”, y a quien Cunqueiro dedica en La Noche una bella, bellísima necrología, nacida de la amistad y el reconocimiento.

Por fuerza y gusto hemos de seguirla, aunque los datos los complete su otro biógrafo oficial, Enrique Cal Pardo, a quien, en caso de vivir, le pediríamos permiso para abandonarnos en la prosa de don Álvaro, ya que la suya es de fácil acceso.

“Una revista gallega de la Argentina dijo una vez que D. Eduardo de Lence-Santar y Guitián había nacido en Sarria, lo que motivó que el cronista de Mondoñedo montase en cólera. Se salvaron los de Buenos Aires porque había mar por el medio”.

“Tenía por su Mondoñedo un amor turbulento y celoso, _ como acaso lo sean todos los amores sin medida. Sólo él podía tocar el secreto de la ciudad y conservar la memoria de su vida pasada. Más de una vez puso al final de un artículo algo como esto: “Todos los datos que figuran en este trabajo son propiedad del autor, excepto uno, que es del P. Flórez”.

“A Lence tocaba decidir, y sin apelación, lo que era memorable o no, lo que pasaba a los anales mindonienses o se dejaba al vendaval. Le preguntaba a José María de la Fuente: “¿E meterei a Alvarito Cunqueiro entre os fillos ilustres de Mondoñedo?” Esto lo trajo preocupado algún tiempo, pero yo ya estaba en su “Guía de la Muy Noble, Leal y Fiel Ciudad de Mondoñedo”, porque con un hermano de José María, Edmundo de la Fuente, le había ayudado una noche a medir el perímetro de la urbe, siguiendo las rondas y por donde iría la cerca que mandó construir D. Martín el Calígrafo. Al día siguiente me gritaba Lence desde la ventana de su casa: “_ ¡Xa escribín o capítulo da “Guía” coas medidas! ¡Xa pasaches á Historia!”

“Tenía un sentido heroico de la lealtad mindoniense. Tengo para mí que cuando suponía que alguien no dedicaba a Mondoñedo los vítores que él consideraba el mínimo cortés, acariciaba en su armario aquellos sables que tenía de guerrilleros de la Independencia o del Rey legítimo, que terminaron sus días siendo canónigos y racioneros en nuestra Catedral, y pasaban por su corazón ventoleras de pasos honrosos de la antañona y estrepitosa caballería. Salía de sus casillas áspero y ciego, y no se paraba en barras”.

“Porque Murguía dijo no sé qué de la Alborada de Veiga, _ nunca llegué a enterarme bien _, Lence enarbolaba un artículo que iba a mandar a El Progreso de Lugo y lo titulaba: “La calumnia de Murguía”. Tenía, como el Dante, partido el censo galaico en Infierno, Purgatorio y Paraíso”.

“Tenía una prosa característica, llena de admiraciones e interrogaciones, y usaba una graciosa reduplicación del adjetivo: “rica, riquísima”, o “hermosa, hermosísima”; ésta última era su famosa mantelería de Vilaboa, “damascada, parece de seda”. Se refería a ella tres o cuatro veces al año en sus artículos, advirtiendo que no la vendía ni por catorce mil pesetas”.

“Solamente dos veces habían salido bien fotografiadas sus barbas: una en Santiago de Compostela por un tal Almeida, que creo tenía su salón en Bautizados, y otra en Ribadeo”.

“Mandaba a El Progreso de Lugo noticias urgentes que decían: “Ha llegado prematuramente la primavera. En la plaza ya se vendieron los primeros guisantes, y en el huerto de quien esto escribe han florecido unas hermosas clavelinas”…

Xornalismo amarelo

Miércoles, 15 de Enero, 2020

José Folla Yordi

Manecho foi un delincuente que as fixo de todas as cores ata que acabou a súa carreira cun asasinato nos primeiros anos do século XX, polo que merece a pena de morte no xulgado de Santiago.

O caso é que botando contas, as autoridades da cidade descobren que a data que lles sae para apiolar ao Manecho coincide coas festas da Ascensión, tan maiores ou máis que as do Apóstolo.

E todos coinciden tamén en dicir que iso non pode ser, que o Manecho non pode morrer cando todos están de troula, de tal xeito que os do Concello e outros representantes da sociedade compostelá póñense mans á obra para modificar os prazos da xustiza.

Pasan os días e cando xa se botan enriba as festas, dille un ramista a un cego que acostuma a estar nelas:

_ Xa sabes que non matan ao Manecho.

_ Non pode ser! _ protesta o cego _ Teñen que matalo como sexa, ten que morrer aínda que sexan festas.

_ Non sabía eu que lle tiñas tanta xenreira ao Manecho.

_ Non lle teño ningunha, pero se non morre el, morro eu.

_ Non o entendo.

_ Pois é ben doado! Se non o matan, perdo a tirada que fixen coa historia e morte do criminal Manecho, que penso vender a moreas nos días de festa!

-0-

Ten poucas posibilidades de ser verdade esta historia que contan do alcalde coruñés José Folla Yordi, pero aínda así segue a ser unha das estrelas no firmamento das anécdotas galegas.

Din que nunha das visitas de Alfonso XIII á cidade de A Coruña, o ministro de xornada preséntao ao rei coa fórmula acostumada:

_ Aquí o alcalde Folla.

Ao que o monarca contesta, en castelán, claro:

_Eu tamén.

Nos anos en que Folla foi alcalde, Alfonso XIII non pisa A Coruña, pero os que contan o chiste, calan este dato e listo.

Un home de Monterroso

Martes, 14 de Enero, 2020

É certo que os contos teñen vida propia e que co paso do tempo, cada un dos seus narradores vai engandindo novos contidos, de xeito que acaban sendo distintos á súa orixe.

Este comeza sendo unha pequena colaboración que publica un tal NIPESA na revista humorística Gutiérrez o 1 de marzo de 1930. Nin en Gutiérrez, nin en ningunha cabeceira española atopamos outro artigo así asinado.

O que conta NIPESA é que nunha academia de enxeñeiros, supostamente de Madrid, estuda un alumno chamado José Fernández Cebada. Un dos profesores pasa lista todas as mañás citando a cada un deles polo nome e polo primeiro apelido, cousa que amola ao mencionado, polo que a súa invariable resposta é dicir:

_Servidor… e Cebada.

Logo de varios días, o mestre cánsase da puntualización do rapaz e dílle.

_ Vexo que lle gusta moito o seu apelido.

Ao que Fernández Cebada replica de contado:

_ Máis lle gusta a vostede, que o come todos os días.

Ben. Ata aí o chiste na súa estrutura inicial. Pero pasan os anos e a historia vai collendo novos elementos que non existían no número de Gutiérrez de 1930.

Por exemplo, a academia onde ten lugar xa non é tal, senón a Escola de Enxeñeiros de Camiños de Madrid; Fernández Cebada xa ten patria, pois é nado en Monterroso (Lugo), e tampocou é un máis da clase, senón que chega a ser director dese mesmo centro.

Outras modificacións que sofre o conto andando o tempo son que o profesor nomea a todos os presentes polos dous apelidos, agás a José, e que os seus compañeiros pertencen a familias de moita sona, como os Espinosa de los Monteros, Ximénez de Sandoval e outras de campaíñas.

Existiu algunha vez José Fernández Cebada? Se cadra en Monterroso saben algo do conto.

A herdanza por poderes

Lunes, 13 de Enero, 2020

Falando con Enrique Sampil do que pasou ou deixou de pasar durante esta última visita a Escairón, refrescoume un sucedido do seu paisano, o notario Luis Moure Mariño, o home que máis tempo me tivo na miña vida co teléfono na orella, porque cando chamaba non era para falar, senón para botar unha monografía.

Recolle Moure Mariño algunha das súas experiencias como notario de aldea na bisbarra e esta que sae o outro día na mesa de Torre Vilariño, en Fión, merece figurar na antoloxía mundial de curiosidades que se faga.

Fora chamado Moure a escoitar as últimas vontades testamentarias dun home que estaba a piques de morrer nunha casa de por alí.

O home estaba deitado, aínda que non tiña tan mal aspecto como para baixar á terra de contado. Non obstante, como para testar non se precisa estar nas derradeiras, o notario séntase a carón do leito e comeza a tomar nota de canto sae pola boca do suposto expirante.

_ A casa, que sexa para o Xan; os leiros pequenos para Luisa; o Chan da Mazá, para Pedro…

E así fai relación de todas as súas pertenzas, unha por unha, e o nome dos seus parentes que deben recibilas e que por certo, contornan ao petrucio e ao notario nese cuarto que fai de alcoba.

De súpeto, Moure muda de postura, estende as pernas ou móvese dalgún xeito que topa os pés cun vulto agochado debaixo da cama.

Bota un ollo por ver se é algo de romper e descobre que se trata do corpo dun home, supostamente morto.

En efecto, era o pai, que viña de morrer sen deixar amañado o testamento, ou ben, ditado cunhas disposicións que non agradaban aos fillos de casa.

Entre todos os legatarios argallan o xeito de solucionalo, que foi agochar o corpo do defunto alí mesmo, e chamar a un veciño para que se fixese pasar polo home, con estritas instrucións do que debía dicir ou deixar de dicir.

El cine de Garci y Mercero en su cabeza

Lunes, 13 de Enero, 2020

El guionista de Rábade escribe todos los guiones de estos dos directores después de triunfar en Cannes

PARA MUCHOS LUCENSES que lo conocen, es una auténtica sorpresa descubrir que detrás del nombre H. Valcárcel con el que se firma la película Miguelín, premiada en Cannes (1965), se esconde Horacio Valcárcel Villar (Rábade, 1932), exalumno de los Maristas y del Instituto Masculino, y compañero por tanto de la generación que entonces discurre entre los treinta y los cuarenta años.

Él, los hermanos Coira y Chema Prado, hacen que Rábade luzca el pomposo título de capital gallega del cine, como la cita siempre el escritor y cinéfilo Chema Paz Gago.

Fue el momento en el que todos ellos presumen de conocer a uno de los triunfadores de Cannes, el hijo de Sergio Valcárcel Rodríguez, capitán de Transmisiones de la Guardia Civil.

De Lugo marcha a Madrid para hacer Derecho, lo que compagina con un puesto en el Banco de España, hasta que lo deja todo, y cual crisálida larvaria, se matricula en la Escuela Oficial de Cinematografía para hacerse director.

En realidad, Lugo debería estar al tanto de la actividad de su paisano, pero nadie sospecha que es él cuando el 10 de abril de 1964 el Cinefórum Lugo organiza una proyección en el Cine España donde se incluyen varios cortos de los nuevos directores españoles, y uno de ellos, precisamente el titulado La cinta, lo firma un tal H. Valcárcel. Algunos de sus compañeros de sesión cineclubista son Mario Camus, con El borracho; Francisco Regueiro, con Sor Angelina y Despedida de soltero, de José Luis Viloria. Son las opera prima de cada uno de ellos.

Antes y después de Miguelín, Valcárcel va a rodar piezas para el No-Do y programas de televisión, como el reportaje sobre Ubrique, dentro de Pueblos que se valen por sí mismos, o la biografía de Concha Espina. Prepara El pájaro ciego, que se rodaría en Galicia sobre el Camino de Santiago, pero la coproducción hispano-italiana sufre retrasos que van a ser decisivos para que Horacio abandone la dirección y se decante por un trabajo más individual y menos dependiente de decisiones ajenas, como es la elaboración de guiones, donde realmente va a triunfar con las mejores series y películas de José Luis Garci y Antonio Mercero.

Toda la filmografía de estos dos directores parte de textos de Horacio Válcarcel y citar aquí los títulos es repetir la obra completa de cada uno de ellos.

En el medio queda casi como excepción ese Miguelín premiado en Cannes dentro del apartado de cine infantil y juvenil. Contaba Horacio que una tarde en Madrid se sube a un autobús y se sienta al lado de una señora con su nieta. La mujer tiene dificultades para leer el periódico y le pide al cineasta que le busque en la cartelera una película de niños para llevar a su nieta.

Sólo localiza una en todas las salas de Madrid y para eso, ya la ha visto la niña.

Este inocente encuentro lo lleva a concluir que apenas existe cine infantil. Y de ese resultado parte el rodaje de Miguelín, basado en un cuento de Aguirre Bellver, que también colabora con Horacio en el guión.

Lo protagoniza Luis María Hidalgo, un barquillero de 10 años seleccionado entre todos los que entonces existen en la capital. Horacio estaba entusiasmado con él: “Es el rey de los barquilleros. Donde él se pone a vender, los demás se marchan, pues no se atreven a competir”.

Por supuesto, Luis María no había hecho cine y como su director dice, “ni lo volverá a hacer”. Vende barquillos en Argüelles para ayudar a la subsistencia de sus padres y de sus doce hermanos. Me acuerdo de haberlo visto por Princesa adelante.