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Ángel se hace pasar por el asesino de la plaza del Matute

Miércoles, 13 de Noviembre, 2019

El crimen tiene lugar el 12 de noviembre de 1902 y el lucense inventa su historia en 1906

DURANTE UNAS SEMANAS de 1906, el maestro lucense Ángel González Fernández (Lugo, 1885), es un personaje popular en toda España. En él se hace realidad el dicho: Pasar más hambre que un maestro de escuela.

Al conocer la historia de Ángel, los lectores se agrupan en tres bandos. Hay quienes lo consideran un genio; otros, un tonto; y unos terceros, un caradura. Ésta es su historia.

Ángel, como decimos, es maestro de escuela y vive en Lugo, donde ha nacido en el seno de una familia de posibles, pues su padre es contratista de obra pública. Sin embargo, la relación con su progenitor es mala tirando a pésima. En el pecho del joven anidan ansias de aventuras y uniendo lo uno con lo otro, tras una discusión se larga a vivirlas con el dinero que logra reunir, 15 duros.

En su primer destino, que es Bilbao, se queda sin blanca, y eso que no permanece allí más de dos días. Con la calderilla se muda a San Sebastián, donde su situación se agrava hasta conocer las puñaladas del hambre. Abandona Donostia hacia el este. Piensa en Francia, piensa en estofados.

Cuando cruza Rentería, un cabo municipal le reclama la documentación y Ángel ve en aquel hombre la salvación para su vacío estomacal. “Soy el autor del crimen de la plaza del Matute”, le confiesa a las primeras de cambio. El guardia abre los ojos más allá del horizonte y lo detiene. El crimen citado se comete en Madrid el 12 de noviembre de 1902 y está pendiente de resolver. Ángel ha leído lo suficiente como para calcetar detalles que lo conviertan en sospechoso.

El fin es manifiesto: comer. Las primeras informaciones sobre la detención dicen que el cabo de miqueletes de Rentería detiene a un sospechoso que hace tiempo trabajaba en una fábrica de aquella localidad, pero que determinadas confidencias lo hacen autor de un crimen importante. Ángel dice llamarse Enrique Pérez y Pérez y declara que pensaba presentarse al saber que por su culpa pena un inocente. Lo pensaba, pero si estamos en 1906 y el crimen sucede en 1902, las cuentas dicen que lleva cuatro años pensándoselo.

_ ¿Se ratifica usted en que es el asesino del cochero de la plaza del Matute?

_ Sí señor, ya lo he dicho… Ahora háganme el favor de traerme la cena.

Ángel, alias Enrique, es trasladado en julio a Madrid. El director de la cárcel y padre del fundador de la Legión, José Millán Astray, duda que se trate de ningún criminal y al verlo lo califica de “infeliz rapaciño”. El ojo clínico de Millán Astray se confirma en el Gabinete Antropométrico de la cárcel, donde el detenido inicia su rectificación:

_ Me llamo Ángel González, y ya explicaré al juez los motivos que me han obligado a dar otro nombre.

Beneyto, el juez de instrucción, procede a ampliar la indagatoria.

_ ¿Conque usted es…?

_ ¡Yo qué he de ser!

_ Pero, hombre, ¿por qué ha hecho usted esa barbaridad?

_ Por un miserable plato de garbanzos, un panecillo duro y un poco de tocino. ¡No daban más, señor juez!

Beneyto lo pone en libertad y Ángel protesta. No hay derecho. Ahora que comía caliente.

Nada más se sabe de la vida de este hombre. Si alguien es capaz de añadir información, será muy bien recibida.

En 1906, Ángel es protagonista de artículos, chistes y chascarrillos. En éste, titulado La odisea de un hambriento, se cuenta con gracia su peripecia:

“El viaje lo realizó a semejanza del que efectuara otro paisano suyo, que cuando llegó a Madrid le preguntaban:

_ ¡Pobrecillo! ¿Habrá usted venido pidiendo?

Y dicen que contesta:

_ ¡No! ¡Que iba a venir dando!”

Un siglo del primer Himno de Galicia en disco

Martes, 12 de Noviembre, 2019

Su director, Jesús Rodríguez, fallece hace 76 años, el 10 de noviembre de 1933

JESÚS RODRÍGUEZ GONZÁLEZ Fernández (Lugo, 1872?), fallece hace 76 años, el 10 de noviembre de 1933. Fue violinista, primer director y uno de los fundadores de Cántigas e Aturuxos, así como director del Orfeón Antoniano y de los Coros Gallegos de Lugo. Era hermano del redactor de El Progreso, Manuel Rodríguez y de otro músico que fue cellista.

Este año se cumple un siglo de la salida a venta de la primera grabación del Himno de Galicia _ a Galicia, se llamaba entonces _, que Jesús realiza el año anterior al frente de Cántigas e Aturuxos. Son 7 discos Gramófono de dos caras que cuestan ocho pesetas y que en Lugo se venden en el Gran Bazar de Rogelio Nomdedeu (Santo Domingo, 4).

La cara B del Himno es Cuadrilla segadora. Los 14 temas son reeditados hace un año en Repertorio Lucense 1918.

El 13 de agosto de 1923, el coro ofrece un concierto de gala en el Teatro Pereda de Santander con asistencia de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En uno de los entreactos los monarcas conversan con Jesús y lo felicitan. También asiste a esa gala Jacinto Benavente.

Durante años es el concertista del Café Moderno, de Manuel Vila, donde las tardes-noches ejecuta piezas para violín, como después lo hará en el Círculo.

Participa en varios estrenos, principalmente en Vigo, y en las fiestas del Corpus de Ourense. Cinco años antes de morir recibe un homenaje, que convoca El Progreso mediante un artículo donde se entrevén sus dificultades económicas.

Todos lo entienden. El violinista vive en precario. Y eso que la directiva del Círculo que preside José Bolaño acaba de contratarlo para los jueves y los domingos

En su repertorio destacan El Niño Judío, de Pablo Luna, que incluye la popular canción De España vengo; El Asombro de Damasco, del mismo autor, Luccía, Cavalleria Rusticana…

El Teatro-Circo se ofrece para celebrar una función extraordinaria a fin de adquirir un nuevo violín que se regale al artista.

Y se sugiere que la Diputación le ceda uno de su magnífico fondo de instrumentos. Se refieren a los violines donados por Julio Alonso Sánchez, que efectivamente se custodian allí.

El domingo 30 de enero de 1928 tienen lugar los actos programados. Pocos días antes ya se le ha hecho entrega del violín, que finalmente se compra por suscripción entre sus amigos para que ese día lo tenga a punto.

El ágape se celebra en el Restaurant Alicia y entre los presentes están los empresarios del Teatro Principal, señores Pedrosa, Mota y Gago; los directivos del Lugo Sporting Club, señores Cea y Gómez Giménez; el tenor y el sochantre de la Catedral, señores Mayandia y Abian; los señores Vergne y Manuel Fernández Reija; la directiva de Cantigas e Aturuxos, la Prensa y los organizadores.

Antes de finalizar, entra en el comedor el catedrático de Literatura, Ángel Revilla, para leer las adhesiones, como la del arcipreste Abellás Vázquez, el maestro de capilla de la Metropolitana de Tarragona, Tapies; el cajero de la sucursal del Banco de España, Menéndez Carretero y otras.

Seguidamente se trasladan a un abarrotado Bar Nemesio y Jesús Rodríguez hace sonar por primera vez en público su nuevo violín. Para el estreno elige la Alborada del señor Joaquín, de Caballero, que le vale los aplausos más cerrados de su carrera.

Luego lo transforma casi en un violoncello para ejecutar el Aria de la suite en re, de Bach. Y sigue con el Andante cantabile, La verbena de la Paloma y la jota de la Bruja, acompañado por el maestro Sariñena y su hermano, el violoncellista Rodríguez.

Bolaño Pérez, un republicano consecuente

Lunes, 11 de Noviembre, 2019

Fallece el 9 de noviembre de 1931, meses después de haber sido elegido concejal

JOSÉ BOLAÑO PÉREZ (Lugo, 1861), fallece a las diez horas del 9 de noviembre de 1931, a los 71 años de edad. Es el mismo año en que preside la gestora municipal posterior a la llegada de la II República. Días atrás José Bolaño había sufrido una delicada operación quirúrgica en el sanatorio del Dr. Vega. Después de esta intervención experimenta una gran mejoría, pero por poco tiempo.

José Bolaño Pérez es una persona muy conocida en Becerreá y en Lugo, donde sus vecinos lo consideran un caballero sin tacha y un hombre de consenso para cualquier iniciativa ciudadana. Por ejemplo, en 1912 es elegido entre los adjuntos del Juzgado municipal de este año.

Durante la Gran Guerra del 14 ejerce de aliadófilo, al lado de personas tan conocidas como Vega Barrera, Amor Meilán, Nicolás Soler, Fernández Mato, Demetrio Álvarez, Marcial Neira, Fernández Vivero, etc.

En su vida política figura siempre en las filas del republicanismo, siendo distinguido y apreciado por sus correligionarios y por los monárquicos. Ya decimos que había presidido la Comisión gestora municipal de Lugo cuando el advenimiento de la República y cuando muere forma parte del Ayuntamiento como concejal del Partido Radical, dentro de la Alianza Republicana.

Con él forman parte de la candidatura Victorino Castro Bes, Carlos Vázquez Pimentel, Joaquín Fugarolas Marbán y José Cobreros de la Barrera, que será nombrado alcalde y que pocos meses después se ve en la obligación de pronunciar el panerígico de despedida al “consecuente republicano”, que tantos servicios prestó a la Corporación lucense.

Años antes, cuando en 1925 se constituye la empresa La Transportadora del Tronceda para suministrar electricidad a varios puntos de la provincia, como Lugo, Cospeito, Rábade, Outeiro de Rei, Ramil y otros, se nombra a José Bolaño presidente del consejo provisional.

Entre Vilalba y Lugo se tiende una red que transporta el fluido desde la poderosa fábrica del Tronceda (Mondoñedo), cuyo salto de agua es considerado el segundo de España. A fin de proceder a los trabajos preliminares tanto de carácter técnico como económico y legal, se forma dicho consejo que redacta los estatutos y los somete a la aprobación de los accionistas.

Está formado por Bolaño Pérez, industrial de Lugo, como presidente; vicepresidente José Cendán Castro, del comercio de A Coruña; secretario, Antonio de Cora Sabater, abogado y periodista; vocales: José R. Quindós, propietario; Nicanor de Castro González, del comercio de Rábade, José Pardo y Pardo-Montenegro, teniente coronel de infantería, y Pedro Basanta del Río, ingeniero de Montes.

Durante algunos años, desde 1927, desempeña la presidencia del Círculo de las Artes, haciendo una afortunada gestión en una directiva improvisada por dimisión de la anterior, y de la que también forman parte Antonio Miño Seoane, Luis Pimentel, Manuel Meilán, Jesús Iglesias Bolaño, Ángel González y José Fernández y Fernández. Entre otras iniciativas, se renovó por completo el tejado del edificio.

Una curiosidad. Esa completa renovación de la cubierta del Círculo tuvo un presupuesto de 8.709 pesetas con 60 céntimos.

En el momento de su fallecimiento era presidente de la Sociedad de Propietarios de la provincia de Lugo, organismo creado poco antes, y forma parte del Patronato Local de Formación Profesional.

El funeral se celebra en la parroquia de Santiago A Nova y la conducción del cadáver, desde su domicilio en San Roque 4, al cementerio general.

Triacastela, cuna de los Cela, los del Nobel

Lunes, 11 de Noviembre, 2019

El 8 de noviembre de 1794 nace en Meizarán el bisabuelo paterno del escritor

ANTONIO RAMÓN CELA Pombo (Triacastela, 1794) jamás supo que un descendiente suyo ganaría el Nobel de Literatura, ni que entroncaría con una familia inglesa, ni que su apellido iba a encabezar el segundo libro en español más traducido en el mundo, La familia de Pascual Duarte. Jamás lo supo, pero así fue gracias a su bisnieto Camilo José Cela.

Antonio María Ramón nace 225 años atrás, el 8 de noviembre de 1794 en Meizarán, un lugar de la parroquia de Santo Isidro de Lamas de Bidueiro, donde los Cela tienen de antiguo casa familiar, construida en 1550 y convertida en nueva el año de 1852. En diciembre de 2018 la visitaron su hijo, Camilo José Cela Conde y su hermano, Jorge Cela Trulock,.

Antes, en compañía de la alcaldesa, Olga Iglesias Fontal, y del historiador Luis López Pombo, inauguran una biblioteca dedicada a su padre y hermano en la planta baja del consistorio. Se almacenan allí más de 200 obras de Cela y otros libros sobre él. Pronto se suman nuevos libros, como los donados por Evaristo Lemos, un coleccionista de la obra celiana, y los 220 del propio López Pombo.

Según la información de Lucía Porto, presente durante la visita, también se encuentra en la biblioteca el libro favorito de Camilo Cela Conde, que es Vocación de repartidor, uno de los cuentos infantiles de su padre. Es posible que en esas preferencias haya pesado tanto el cariño como la literatura.

La relación del escritor con Triacastela, la descubre Cela en noviembre de 1959, cuando sale a la venta La Rosa, Tranco primero de las memorias La Cucaña. Allí dice que “Mi bisabuelo _ el cuñado del beato _ había nacido en Lugo en el camino del Cebrero a Triacastela, una de las partes más puras de Galicia”. Pero nada más. No lo identifica.

Todavía no existe en la capital del municipio un homenaje toponímico al escritor con categoría de avenida, que hoy es asiento de mesones y albergues peregrinatorios.

Quien lo identifica, bastantes años después, es Luis López Pombo, que comparte apellido con el bisabuelo. Prevenido por el último morador de la casa, Santiago Fontal Souto, sobre la posibilidad de que sea el domicilio del antepasado del Nobel, el abuelo o el bisabuelo. Luis se pone manos a la obra y no le es difícil, no ya identificar al personaje, sino a toda la línea anterior y siguiente de los Cela de Triacastela. También es él quien desde dos años antes organiza la visita de los Cela a sus orígenes.

El solar de la familia en Triacastela va a tener continuación luego en Piñor de Cea, Tui e Iria Flavia, es decir, un punto de residencia por cada una de las cuatro provincias gallegas para certificar la presencia de Galicia en una poderosísima obra literaria.

Hoy la casa, que no está habitada, pertenece a los herederos de Fontal Souto y Luis ha publicado el resultado de sus pesquisas en Lucenses de cuna o vínculo: biografías o genealogías.

Lo más sustancial que se sabe de los pasos por esta vida de Antonio Ramón es que en 1832 celebra su boda con la rica heredera Rosa Fernández, gracias a los oficios casamenteros de su tío político, el abad de Santa María da Carballeira en Ourense, Juan Jacobo Fernández, el beato antes citado.

Cela, el escritor, publica una foto del retrato de Juan Jacobo en la primera edición de La Rosa. Morirá mártir en Damasco a manos de drusos musulmanes.

Los Cela Fernández se trasladan a Piñor de Cea (Ourense), donde en 1843 nace el primer Camilo, abuelo del escritor, Camilo Cela Fernández. Luego Tui y en 1881 llega Camilo Crisanto Cela, su padre.

La biografía fantástica de Pallares Gayoso

Viernes, 8 de Noviembre, 2019

El 7 de noviembre de 1668 fallece en Lugo el autor de Argos Divina rodeado de misterio

YA SOLO POR el hallazgo literario que supone el título de Argos Divina, referido a Nosa Señora dos Ollos Grandes, merecería Juan Pallares Gayoso (Lugo, 1614) que le recordásemos como destacadísimo lucense, de quien tal día como hoy se cumplió el año pasado el 350 aniversario de su muerte, siendo ahora por tanto, el 351.

Pero hay más. Del libro Argos Divina nos hemos cansado de decir cuán grandes son sus errores, cuán fantásticas son algunas de sus teorías y cuán enorme es su credulidad ante lo recogido por los antiguos cronicones.

Desde Antonio García Conde a Amador López Valcárcel, y desde Inocencio Portabales a Amor Meilán, el Argos Divina de Pallares ha tenido que soportar una caterva de críticas contra sus elementos fantasiosos. Bueno ¿Y qué? ¿Qué dirían de la Biblia estos señores si se basasen en los mismos criterios historiográficos? Seguramente acabarían admitiendo que en la Biblia hay demasiada fe en los cronicones.

Y es que el libro de Pallares es fantástico en su fondo y en su forma; es una canción arrebatada y un panerígico genial, como diciendo, y ahora que vengan otros y arreen.

En sí mismo, Pallares Gayoso es fabuloso y como tal deberíamos considerarlo para valorar sus aciertos y pasar por alto los errores, que son más exageraciones que otra cosa.

Sus treinta años exactos como magistral de Lectura, o lectoral, de la catedral lucense le dan oportunidad de legar una obra que, limpia del polvo del tiempo, debería ser obligatoria en todas las escuelas cercanas, o como se llamen ahora esos sitios.

Con un poco de azúcar, los niños lo iban a pasar muy bien y a aprender mucho.

La fantasía persigue a Pallares como al personaje de un relato mitológico. Tras un sonoro pleito entre el provisor de la Iglesia y los jueces del Cabildo _ uno de los cuales es él _, sufre su personal purga a través de un año de cárcel, cual conde de Montecristo en su ergástula lucense.

Un año de cárcel da para mucho y no es de extrañar que emerja de ella con el cálamo presto para dar vida a sus mejores obras.

Mágico es el hallazgo de su Memorial sobre el culto eucarístico de Lugo, ya que Xosé Fernando Filgueira Valverde, alias el Sabueso, lo encuentra en un arcón perdido de una vieja casa de Pontevedra en mayo de 1962; así, como si tal cosa, y donde otros verían polvo y cronicones, él ve una joya auténtica.

Dejémonos llevar por la fantasía. ¿Cómo se llamaba mayo antes de que lo secularizasen? El mes de María; o sea, Argos Divina. Filgueira lo encuentra ese mes, de la misma forma que el 5 de mayo de 1667, el obispo de Lugo, fray Miguel de Fuentes y Altozano, llamado también Álvarez, autoriza la edición de Argos Divina, firmado por el lectoral Pallares.

Pero hete aquí que Fuentes y Altozano va a morirse el 5 de mayo de 1699, dos años exactos después de la autorización. En medio, en 1668 quien fallece es el propio Pallares, dos antes antes de que el libro vea definitivamente la luz (1700).

Ahora bien, la gran fantasía de Argos Divina, la que hace de Pallares autor divino, es aquélla que narra cómo estando él en pleno proceso creativo, se ve aquejado de un mal que lo postra, le impide la escritura y parece conducirlo a la tumba. No puede ser. Debe acabarlo y así se lo pide a la Argos Divina. Dame tiempo y salud para la tarea.

Lo concluye, se autoriza y muere. No lo ve publicado, pero eso se compensa con otra maravilla. Los acontecimientos entre la muerte de Pallares y su publicación ¡figuran en el libro!

Mercedes Mariño, actriz de Ibáñez Menta

Jueves, 7 de Noviembre, 2019

El 6 de noviembre de 1931 estrena en Madrid, A.M.G.D., el más polémico estreno de la historia del teatro español

LA VIDA LA recibe con una tragedia. Salvador, su padre, es asesinado en la parroquia de Moreda por un joven que le adeuda 30.000 pesetas cuando Mercedes Mariño (Monforte de Lemos, 1909) tiene cuatro años.

La familia se marcha a Cuba y Mercedes, que es guapa y desinhibida, comienza a subirse al escenario del colegio de las Ursulinas, pero debutará en Nueva York, con la versión que Gregorio Martínez Sierra _ o su mujer, María Lejárraga _ hace de La dama de las camelias, de Dumas.

Dicen que el público no quería abandonar la sala, el Apollo Theatre, y tuvo que intervenir la policía. No será primera vez. El éxito trae secuela, pues quieren ficharla para integrar las Ziegfeld Follies, el grupo de bailarinas, “donde sólo entran las mujeres perfectas”, en palabras de la monfortina.

Pero había que salir casi desnuda, en bataclán _ bañador escotado _, y a la madre de la muchacha no le hizo ni pizca de gracia. Cantaría La Violetera y se llevaría 750$ a la semana. No fue posible.

De ahí salta como primera actriz a la compañía de Narciso Ibáñez Menta, que estaba casado con Laura Hidalgo, su segunda mujer, y ya era padre de Chicho Ibáñez Serrador.

Con Ibáñez Menta y su repertorio de obras españolas recorre América hasta que decide dar el salto a Madrid.

Nada más llegar a España le espera un ruidoso acontecimiento, pues se prepara una obra que amenaza tormenta. El 6 de noviembre de 1931 se estrena la adaptación de la célebre novela de Pérez de Ayala, A.M.D.G. (Ad maiorem dei gloriam. La vida en un colegio de jesuitas).

El carácter anticlerical de la obra, conocido desde que se publica la novela 21 años antes, reverdece en las tertulias y genera una auténtica expectación, como si de una pieza nueva se tratase. Las localidades numeradas se venden en taquilla con bastante antelación. Las de palco, que no lo son, también se despachan muy bien antes de la fecha, lo cual no es habitual en absoluto.

La tarde del estreno Rivas Cherif decide solicitar protección policial contra posibles alteraciones del orden. A las once menos cuarto se ha llenado y sus luces se apagan para dar inicio a la obra.

El cronista afirma que antes de levantarse el telón, el público de las últimas filas de butacas y de los palcos expresan a gritos su protesta y a su vez provocan la de otros espectadores contra ellos. El actor encargado del prólogo es interrumpido y vuelven a encenderse las luces. El público, de pie, intercambia insultos y protestas. Hay bofetadas y bastonazos. El cronista ve a dos caballeros de la quinta fila que se zumban a gusto. Vivas a la República y a la Libertad se cruzan con vivas a los jesuitas y a la Religión.

Si alguno de los alborotadores es reducido por las fuerzas del orden, otros se encargan de rescatarlo. El público se comporta “a grito limpio y a puñetazo sucio”, cuentan los reporteros, críticos de teatro reciclados a la fuerza en cronistas de sucesos.

Hay butacas que pierden su forma y pasan a la categoría de astillas. Hay 70 detenidos y uno porta llave inglesa.

Cuando se restablece la calma pueden escucharse los tres últimos cuadros, que son recibidos con grandes aplausos.

Mercedes sale bien parada. Dice la prensa que los combatientes “depusieron su afán de ejercitar el músculo y prestaron atención a la escena en la que interviene”.

Después de una vida de triunfos, a Mercedes Mariño la echan del Café Gijón, porque allí no puede entrar con su perrita Mila, de la que ella no se separa.

El libro póstumo de Fausto Galdo

Miércoles, 6 de Noviembre, 2019

Hoy se cumplen siete años de la muerte del médico, historiador y gastrónomo de Viveiro

HOY SE CUMPLEN los siete años de la muerte de Fausto Galdo Fernández (Viveiro, 1944), médico reumatólogo, gastrónomo y bon vivant, según su autoretrato literario, aunque por encima de todo ello, Fausto fue una excelente persona, de ésas con las que las horas pasan a la velocidad de las nubes, sin sentirse.

Como buen intelectual galleguista y tertuliófilo, Fausto disponía de su propia cova céltica en un punto equidistante de las playas de A Caosa, Cubelas y A Concha, mal llamada de O Torno, por ser ése sólo su extremo occidental. Allí oficiaba los veranos, rodeado del senado de O Porto de Arriba, do Lugar y de Lieiro.

Que si San Ciprián o San Cibrao es uno de los debates en el que los panelistas gastan más saliva, y cómo sería de infructuosa la perorata que al año siguiente se renueva con la misma intensidad.

Y no era la cova el único conventrículo abierto en verano o en invierno, como bien podrían atestiguar Xosé Ramón Barreiro Fernández, Juan Ramón Díaz y el que suscribe, miembros de la logia de los oportos.

De todo ello, de tertulias, de saberes y de gastronomía, Fausto deja un libro póstumo que se lee con el mismo agrado que los platos allí contenidos. Su Abecedario das Mantenzas ve la luz semanas después del fallecimiento de su autor, cuya biografía de la solapa todavía no lo recoge, aunque en la foto que la acompaña se intuye el deterioro de un hombre joven y creativo.

El Abecedario es al tiempo enciclopedia, anecdotario y recetario. No diremos que está contenido el conocimiento de Fausto sobre la materia porque sería un falso reduccionismo, pero sí que en cada una de sus entradas hay una o varias perlas de las muchas que Fausto cultivó sobre los elementos esenciales de la cocina gallega y de su mundo paralelo, que como en los casos de Cunqueiro, Castroviejo, Sueiro, Caius Apicius y de todos los sabios entre fogones, es la parte más sustanciosa del plato.

Es anecdotario porque Fausto lo adereza de sus propias vivencias y de sus experiencias culinarias al lado de Lina Varela Lorenzo, su madre política, y de Fernanda Rolón, su esposa.

El libro, que se abre con un bodegón de Faxildo Galdo, su hijo, es también recetario, con la particularidad de que cada plato va dedicado a uno de sus amigos, como regalo tangible de una relación con él, que cuando sale publicado ya sólo puede ser espiritual.

El prestigio de Fausto Galdo como reumatólogo lo lleva a las aulas, a presidir la Sociedad Gallega de Reumatología y a vicepresidir la Española. Dirige una decena de tesis de doctorado y a su lado se forman al menos una veintena de especialistas, todo ello desde su jefatura de la especialidad en el hospital coruñés o CHUAC, por cuyas siglas no daba un paso precisamente.

El Fausto académico cumple también las formas en sus tres vertientes como miembro de la de Medicina y Cirugía, correspondiente de la Galega y secretario y fundador de la Gastronómica Gallega.

Otro ámbito de actuación, por así decirlo, era Viveiro y todo lo que a la ciudad atañe, desde su historia y sus artistas, como cronista oficial que fue de la misma, hasta las sociedades de estudios que en torno a ella se formaron en su época y su papel en su creación, como son los casos de Terra de Viveiro y Estabañón.

A todo lo dicho debemos añadir otro de los cargos ocupados por él en vida, cual fue el de embajador médico de los habitantes de Viveiro y mariñanos en general delante de la corte coruñesa.

Por esas razones, en estos siete años nadie se ha olvidado de Fausto.

El fondo Menacho,veinte años de espera

Martes, 5 de Noviembre, 2019

Se cumplen los 32 años de la inauguración de la nueva Biblioteca Pública de Lugo

HACE 32 AÑOS se inaugura el nuevo edificio de la Biblioteca Pública de Lugo, que alberga el fondo Menacho. Que Lugo está en deuda con Benito Menacho Ulibarri (Lugo, 1865) no es un asunto opinable, sino contable. Por una parte, la biblioteca de 6.365 volúmenes repleta de incunables y ediciones difíciles de localizar que él dona a la ciudad tiene hoy un valor material incalculable. Por otra, los sacrificios por los que pasa Menacho para conseguirla le añaden un valor que trasciende lo material.

Su padre, nombrado gobernador militar de Lugo, se casa en dos ocasiones, primero con Antonia Acebedo y Vivero, y luego, en 1859, con Petronila Ulibarri y Blanco, madre del personaje que se va sentir profundamente lucense, aunque tras la adolescencia, su vida discurra alejada de la ciudad. Menacho Calogero fallece en Lugo el 10 de junio de 1877.

En América, antes de finalizar el XIX, inicia su gran obra, la biblioteca, que crecerá a costa de muchas renuncias y sacrificios.

Cuando se anuncia su intención de donar sus libros a la Diputación Provincial de Lugo, un amigo coruñés cuenta en abril de 1950 que la biblioteca es “grande, no sólo por el número de volúmenes de que se compone _ seis mil _, sino por la calidad de los libros. Desde el Semanario erudito de Valladares, pasando por la colección completa de la Gaceta de Holanda _ que no logró adquirir Cánovas del Castillo, uno de nuestros mejores bibliófilos _, hasta los libros más raros de Filosofía e Historia, entre ellos todo lo relacionado con los Austrias y Borbones, nuestro ilustre paisano, reunió, y encuadernó primorosamente esa rara colección que yace en los almacenes de la Aduana de La Coruña desde hace cerca de un año”.

Sí, porque como suele ocurrir en estos casos, el camino entre la donación y su llegada a destino no fue todo lo raudo que cabría esperar. Y menos mal que finalmente se lograr cumplir la voluntad del donante”.

“El distinguido militar no tenía fortuna _añade el informante_. Todo su afán era reunir una gran biblioteca, lo cual logró a prueba de sacrificios y renuncias, y cuando lo realizó —huyendo de tentaciones difíciles _ porque se la querían comprar y a buen precio: vale unos 60.000 pesos mejicanos _, la envió a La Coruña, para entregarla a la Diputación de Lugo, de donde es natural. Con la biblioteca se fue toda su fortuna, absolutamente toda. Hoy es un anciano y le cuesta trabajo vivir”.

“A pesar del tiempo transcurrido, la Diputación de Lugo no se ha preocupado seriamente de esa biblioteca, ¿Tiene la culpa la Dirección general de Aduanas? ¿La tiene la Diputación de Lugo? Quizás podamos repetir que “entre todas la mataron y ella sola se murió”. Porque lo cierto es que esos volúmenes se hallan depositados en la Aduana, sin que los interesados se hayan hecho cargo de tan preciado regalo”.

Especula luego que con el importe de la biblioteca Menacho habría podido pasar sus últimos años con holgura y lujos, “pero todo le ha parecido poco para mandar a su ciudad natal, a la que le unen los lazos inextinguibles de un amor acendrado”.

“¿Cómo hemos correspondido a esta generosidad? _ se pregunta el comentarista _ ¡A la vista está! Nos consta el disgusto del donante”.

La donación se produce en 1933, la Diputación la agradece el mes de octubre de 1934, y en 1935, se da por enterada de la concesión de la franquicia a la importación de los libros. La entrada en la biblioteca del fondo Menacho es del año 1952. Es decir, casi veinte años de espera.

Ramón, el hábil relojero, abuelo de los Canouras

Lunes, 4 de Noviembre, 2019

Hoy se celebra el Día Internacional del Joyero y del Relojero, en homenaje a Cellini

EL 3 DE noviembre se celebra el Día Internacional del Joyero y del Relojero por ser esta fecha la del nacimiento del escultor y joyero italiano Benvenuto Cellini (1500/1571).

Ello nos da pie para recordar hoy la biografía del cura de Ladrido _ tu infra _, y la de otro profesional de la provincia, de nombre Ramón Canoura Álvarez (Vilanova de Lourenzá, 1825), que no se debe confundir con los dos personajes homónimos del vecino municipio de O Valadouro, padre e hijo, mucho más cercanos en el tiempo.

Este Canoura ingresa siendo adolescente en el Arsenal de Ferrol, donde sus habilidades para la mecánica le abren las puertas tras superar los ejercicios correspondientes y la presentación de varios trabajos de precisión.

En vida de Canoura se conservaba en el establecimiento departamental una plancha grabada por él como muestra de su buen hacer y por algún sitio andará hoy.

Esa predisposición natural hacia los trabajos mecánicos difíciles y minuciosos pronto lo elevan a la categoría de jefe de taller. Pero sea por la morriña o por el amor, Ramón vuelve a Mondoñedo todavía joven y allí se casa con María Díaz y Maseda. Cerca del Masma se establece como platero y en la ciudad deja abundantes muestras de su maestría.

Viendo que sus condiciones naturales se lo permiten, da el salto a la relojería y se traslada a Lugo, donde va a tener su domicilio en el número 5 de la plaza de Santo Domingo.

Dicen sus coetáneos que en relojería realiza obras “solo asequibles a los ingenios privilegiados como el suyo”. Se refieren, entre otras, a un cronómetro de bolsillo y a un espectacular reloj de sobremesa, de siete esferas, en cada una de las cuales se indica la hora que en ese momento del día se vive en otras tantas ciudades.

Las elegidas son Lugo, Madrid _ que habría de ser la misma _, Washington, Montevideo, París, Roma y Londres. Lo que hoy puede parecer un sencillo ingenio, llama mucho la atención en su momento.

Además de aparatos de reloj, construye un torno para fabricarlos de acuerdo con su experiencia y necesidades. Todo ello le permite ganar premios en varias exposiciones y ser felicitado por el director de una de las más destacadas fábricas de Inglaterra, por las mejoras realizadas a un cronómetro de su creación.

En marzo de 1882 es uno de los promotores de la Escuela elemental de Artes y Oficios de Lugo, junto con José M. Amigó, Nemesio Cobreros, Víctor Castro, Baltasar Celleruelo y Aureliano José Pereira de la Riva.

Ramón y María tienen dos hijos, Manuel y Vicente. El primero de ellos muere antes que su padre y el segundo será comisario regio de Fomento y hombre fuerte de Canalejas en la provincia de Lugo, además de subdirector provincial de la Unión y el Fénix, redactor de El Norte de Galicia y tío abuelo de Lorenzo García Diego, por ejemplo, así como colega de Lerroux durante su estancia en Lugo.

La muerte de su otro hijo sume a Canoura en una profunda depresión que lo aparta del trabajo durante sus últimos años de vida hasta que fallece el 25 de septiembre de 1893.

Entre los portadores de las cintas de su féretro encontramos algunos apellidos del comercio lucense finisecular como Tato, Martínez Carril, Fernández Carballo, Castro Víñas, Varela Toiriz, González, Palmeiro o Varela Hortas.

Los descendientes de Ramón y de su hijo Vicente serán conocidos en Lugo como los Canouras, aunque ya no les corresponda a ellos ese apellido.

El cura de Ladrido, genial relojero

Lunes, 4 de Noviembre, 2019

El de Castro de Rei es el constructor del reloj de Sobrado y de otras piezas muy apreciadas

EL CURA RELOJERO de Ladrido pasó muchos años casi desapercibido, como tantos grandes hombres de Galicia, por la desconfianza que se deriva del desconocimiento. ¿Y si no es tan importante como dicen?

Federico Maciñeira, propietario de al menos dos de sus relojes; Luis Montañés y más recientemente, Suárez Sandomingo, entre otros, se han encargado de divulgar la figura de Francisco Javier Cayetano Méndez y Neira de Saavedra (Castro de Rei, 1744), nacido en la parroquia de Santa Mariña de Ramil, siendo sus padres Juan Méndez Neira y Catalina (o/y Manuela) Díaz.

El muchacho se hace sacerdote en Mondoñedo y muy probablemente allí también se hace relojero al lado de alguno de los maestros del oficio que obran en su época. Maciñeira sugiere que también viaja a Londres para empaparse de los grandes constructores ingleses, a los que imita, y según este autor, supera. Nos referimos a J. Watts y John Faylor.

Pero sea o no como dice su primer biógrafo, el mérito de Méndez y Neira es extraordinario, pues tengamos en cuenta que cuando llega con su destino a la parroquia de Santa Eulalia de Ladrido, en Ortigueira, monta dos hornos de fundición en los que va a fabricar todas las piezas necesarias para la construcción de sus relojes durante los veinte años en los que se prolonga allí su actividad.

Cunqueiro también conoce al cura de Ladrido, pero lo cree de Ortigueira. Es igual. Lo importante es que él sabe perfectamente cuál es la importancia del artista, artesano, constructor o como se le quiera llamar. Para Cunqueiro es, ni más ni menos, “el más extraordinario relojero que vieron los tiempos. Sus relojes de todas clases competían con los famosos ingleses”.

“Eran auténticos prodigios _ añade el escritor al periodista Pedro Rodríguez _. Los había que calculaban hasta los eclipses de luna, siempre que no se parasen, claro. Si hoy viviese, te aseguro que el Sputnik estaría hecho, sin duda alguna, por el cura”.

Una de sus obras más destacadas, por el tamaño y por su destino, es el que le encargan para el monasterio de Sobrado dos Monxes, que se cita siempre al lado de otro que le regala al rey Carlos IV y que por lo visto se ha perdido.

El de Sobrado está dispuesto para señalar los días, meses y lunaciones, como decía Cunqueiro, si no se para. El tercer Méndez y Neira más nombrado es uno que figura en su testamento y al que valora en 6.000 reales de vellón.

Su principal modelo son los relojes de mueble del londinense John Faylor, con horario, repetición secundaria, despertador, calendario y un aparato para el toque de campana. Ahora bien, el cura de Ladrido incorpora en sus modelos una importante innovación, pues en los suyos la cuerda dura cuatro días más que en los de Londres, lo cual es toda una revolución.

Varias familias de Lugo cuentan en su patrimonio con un auténtico reloj del cura de Ladrido, por ejemplo, los Perejón, Saavedra, Ron, Santaló y Dositeo Álvarez. También en el Museo Provincial hay al menos uno de sus aparatos y en el del Reloj de A Coruña.

Hace 217 años, finales de octubre de 1802, nota que su mala salud le impide seguir trabajando. Pide licencia de cuatro meses para lograr restablecerse y hasta marzo de 1803 regenta la parroquia Pedro Losada Aguiar. Sin embargo ya en diciembre de ese año hace testamento a favor de su sobrino, Francisco Vélez, que será su continuador y muere el 3 de julio de 1803 de un ataque de apoplejía.

Está enterrado en la capilla mayor de la iglesia de Ladrido, por él reconstruida.