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De cómo recibir un tesoro

Jueves, 23 de Marzo, 2017

Nada de alegrías

En la crónica de O Grove debe figurar el día 18 de marzo de 1914 como la fecha en que allí es descubierto un tesoro, pero también el momento en el que se imparte una lección básica relacionada con estos hallazgos.

Un joven criado manipula un barril en una vieja casa del barrio de Hospital, cuando las maderas carcomidas del cuchitril ceden a la presión, se pulverizan y tras ellas dejan ver una arpillera que esconde suficientes monedas de oro como para aviar a dos generaciones de haraganes.

Corre el chaval entusiasmado para dar noticia del bombazo a las dueñas de la casa, madre e hija, y cuando apenas termina su relato, la mayor de ellas _ madre por tanto en el conjunto _, le contesta sin inmutarse:

_Pois si que ten! Ben sabiamos nós onde tiñamos gardado o tesouro! Vaites, vaites.

Ésa es una eficaz manera de reaccionar en estos casos para no dar ni una propina a quien ha conseguido el Ábrete Sésamo.

Posiblemente la señora es discípula de aquella otra viuda de Fingoi, que el 5 de febrero de 1909 contrata a un obrero para realizar ciertos arreglos en su casa de ese barrio lucense tras pasar el luto de su difunto marido.

Cuando el operario realiza los primeros golpes para demoler un muro interior que es el objetivo de la señora, comienza a caer sobre él una lluvia de monedas áureas y el hombre cree estar, no en Fingoi, sino en los exactos aposentos del rey Midas.

Avisada la viuda, acude ésta al lugar con cara de indiferencia, no exenta de cierto disgusto, como diciendo, mire usted cómo me ha puesto todo esto perdido de oro. Y eso sí, le agradece al obrero su rasgo de honradez. No obstante, le dice al hombre, lo mejor es que se tome libre el resto de la jornada y así ella tendrá tiempo de recoger toda esta trangallada que nos ha caído del muro. Mañana será otro día para seguir obrando.

El oro de Carlos IV

Miércoles, 22 de Marzo, 2017

Banco de España

Las monedas de oro aparecidas en el futuro Banco de España arman mucho revuelo por todo Lugo y cada cual extrae sus conclusiones.

La más seria y fundamentada es la de colegir que ha llegado el momento de afrontar con brío la construcción del Museo de la Historia que albergue las muchas maravillas que atesora el subsuelo lucense… hasta que son descubiertas y se esfuman.

El Museo es una necesidad como el comer, máxime ahora que el padre Fita Colomé, el epigrafista de más renombre en España entera, ha solicitado a la ciudad el envío de una fotografía del acróstico de Odoario que existe en la catedral para compararlo con otro que está estudiando en Oviedo. ¿Es o no es nivel?

Nunca se concreta qué es lo que aparece en Castelar, o por decirlo en clave realista, qué es lo que desaparece. Para la historia queda que son cuatro monedas de oro, valoradas cada una en 200 pesetas, y un tarro de barro conteniendo un montón, que a ver cómo se valora eso.

Las vendidas, s.e.u.o., no se recuperan y el impacto se mitiga hasta que en junio del propio año de 1901 se reaviva la fiebre del oro cuando toda la ciudad comenta el hallazgo de botes metálicos llenos de monedas herrumbrosas que un hombre realiza en su finca y que ordena tirar por no darles ningún valor.

¡Pedazo de animal!¡Pudo tirar con ellos el futuro de sus hijos y el de la ciudad que le vio nacer! En otros lugares sí que saben apreciar los frutos numismáticos, como le pasa a Margarita, la criada del cura Alonso, párroco de San Miguel de Cabanas, en A Baña, y ciego de solemnidad. Ella y un muchacho de 14 que le ayuda encuentran debajo de una losa de la cuadra hasta diez botes de ésos, repletos de monedas de Carlos IV que se calcula valorados en más de 40.000 duros. Lástima que un vecino de Páramos les diga que son medallas de San Andrés y se quede con 26 de ellas por 18 reales.

El oro del Banco de España

Martes, 21 de Marzo, 2017

Una de las monedas tenía el rostro de Nerón

El papel de los merovingios en Rennes lo cumplen en Carballedo los castreños; la dinastía es la del rey Don García, y el poder temporal lo representa la Casa de Lemos y los virreyes de Nápoles. Añádase la leyenda negra de la casa; dos veces destruida y bajo la maldición de haber sido escenario de otros dos suicidios. Con menos harina se cocinó El Dorado.

Galicia es pródiga en hallazgos de tesoros, prueba de que se escondieron. Vamos a repasar otros.

Por ejemplo, en enero de 1891 fallece en Vigo Josefa Varela Uzal, viuda de Castrelo, es decir, el nombre del lugar de Carballedo. Bien, pues detrás de una tabla utilizada como colgador aparecen 268.000 reales en onzas de oro, cosidas con trozos de lona en grupos de cinco piezas cada uno.

Algo se sospecha sobre doña Josefa, pues su casa es registrada minuciosamente y en ella también encuentran más de cien duros dentro de una cómoda.

En febrero de 1901, el Juzgado de Lugo se ve en la obligación de incoar una causa por el hallazgo de unas monedas de oro ¡en el solar destinado a ser el nuevo Banco de España! Tras derribar el caserón existente en la calle Emilio Castelar, o de la Estación, propiedad de Juan Soler y Mata, arrecian las críticas por el lodo que se produce en la vía pública, imposible de transitar con zapatos elegantes.

Todo cambia cuando se dice que sus obreros se llevan en los bolsillos monedas de oro de Nerón, Trajano o de Constantino, como ya había sucedido cuando Soler levanta su edificio sobre las ruinas de un templo romano. El Juzgado persigue un delito de estafa contra un desconocido que compra al obrero Francisco Fontal García cuatro de dichas monedas en el camino de la Estación.

Si hay materia criminal en el asunto, comenta la prensa, bien podrá decirse que no es oro todo lo que reluce.

El oro de la abuela

Lunes, 20 de Marzo, 2017

Moneda de la época de la abuela de Carlos V, María de Valois

Se procede a mover unas piedras en la capilla de la Casa Grande de Castrelo, en Castro de Carballedo, cuando de repente aparece un tesorillo de monedas de oro de la época de Carlos V, y un poco después, treinta y tres kilos de oro en lingotes, cantidad suficiente para superar el millón de euros al actual precio de la onza y sin contar el valor de las monedas.

Este descubrimiento se produce en 1960, aunque no trasciende nada de él hasta 1962 y con cuatro datos apenas hilvanados.

Quien más lo airea, por su vinculación con la Casa Grande, es José Vázquez González, corresponsal en Chantada de El Pueblo Gallego, que hace mención del tesoro a lo largo de tres días de los meses de mayo y junio de aquel año.

Lo más interesante de la información que ofrece José es la mención a su abuela, Asunción García de Castro, testigo de las últimas épocas de esplendor de la casa. Esta buena señora les repetía a sus nietos como si se tratase de un juego: “A ver si lográis el hallazgo de los tesoros escondidos en Castrelo”. Frase que en los niños suena a chochez de señora mayor, o a propuesta absurda para desparramarlos toda la tarde en juegos infantiles.

Hay que imaginar la cara de pasmo que se le queda a José Vázquez cuando se entera de que efectivamente, su abuela no hablaba de quimeras imposibles, sino de un tesoro contante y sonante, que con toda probabilidad ella misma no habría visto en su vida, salvo a través de ese eco lejano de un rumor transmitido en sordina de generación en generación, pues de lo contrario la mujer sabría dónde estaba escondido.

En una narración legendaria del hallazgo se habla de mendigos y excrementos de burro convertidos en oro. Tan oscuro como su pasado va a ser su futuro, ya que del oro nunca más se supo. Queremos decir, para ser contado.

Rennes de Castrelo

Domingo, 19 de Marzo, 2017

Sauniére, a punto del hallazgo

La pequeña feligresía francesa de Rennes-le-Château esconde las claves en que se basan las especulaciones sobre la descendencia de Cristo, los merovingios y los tesoros que encuentra en su iglesia el sacerdote Bérenguer Saunière, popularizados a mayor gloria de los best-seller por Dan Brown en El código Da Vinci.

Bien, pues en la provincia de Lugo podemos encontrar muchos de los elementos que mediante una argamasa consistente darían resultados similares, e incluso más sorprendentes, que los de Rennes-le-Château. No hacerlo es una inconsciente forma de tirar el dinero de un turismo constante, máxime en una época de precariedad.

Crismones, griales, lignum crucis de probada autenticidad, cuadros pintados al revés, fuentes mágicas, pasadizos, herejías y máximos honores religiosos son solo algunos de los mimbres con los que trenzar aquí dos o tres Rennes-le-Château, uno detrás de otro.

Dirá el conocedor del enclave francés que en Lugo falta la pieza hipnótica e irresistible del hallazgo de un tesoro, de un cura envuelto en pesquisas non sanctas y de una dinastía, que merovingia o no, dé realce a la historia con poderes temporales y oropeles tangibles.

Bueno, pues hasta en eso está equivocado el listillo, porque la historia nos ofrece la posibilidad de conectar todos esos elementos sin necesidad de desplazarnos al Languedoc galo.

Basta movernos hasta la Casa Grande de Castrelo, en Castro de Carballedo. Un edificio hoy ruinoso, aunque habitado, al menos hasta hace unos años. Se levanta a orillas del río Fondós y de su grandeza pasada habla su vinculación al rey Don García, aunque la construcción en si es del XVIII.

Corre el año de 1960 y se realizan obras de reparación en la capilla, tal como Saunière dice que lleva a cabo en la iglesia de María Magdalena en Rennes. Se procede a mover unas piedras cuando de repente…

Valentín, el preso de la lima

Sábado, 18 de Marzo, 2017

Valentín ocupó la celda 11

Es un clásico de los chistes gráficos. El preso que recibe una enorme lima camuflada en una barra de pan, en la tarta, en un libro…

¿Pero existe realmente algún preso que base su fuga en las propiedades de una lima? Al menos en Lugo hubo uno. Se llamó Valentín Rodríguez Álvarez, aunque a veces decía ser Lázaro Álvarez y haber nacido en Bilbao.

Es un especialista en robos y timos. Por haber entrado en la casa del industrial Rosendo Barrio, vecino de la calle de San Marcos, es condenado a seis años. Valentín teme que lo destinen a Burgos para cumplir allí, porque en la Prisión Central burgalesa las ha hecho de todos los colores y los funcionarios se la tienen jurada.

De modo que planea escaparse antes de la de Lugo. Los días previos al 1 de diciembre de 1916 los vigilantes observan que Valentín les sonríe, obedece y respeta como nunca ha hecho hasta ahora. Eso es sospechoso.

José Láncara y Faustino Vilaró entran de forma inesperada en su celda, la número 11 de la primera cárcel celular lucense, y lo ven dormido. Le hacen levantarse y comprueban que está vestido hasta con calcetines para salir pitando. Examinan los barrotes de la ventana y certifican que están a punto de ser arrancados con leve esfuerzo. Tres limas aparecen en el cacheo que realizan a Valentín.

Es la prueba. La lima existe como instrumento para la fuga, pero ¿quién y cómo se las entrega? Valentín cuenta una estrafalaria historia, según la cual alguien escala hasta su ventana y se las da en mano. Es imposible. Entonces recuerdan que una mujer vino días atrás con una colchoneta de regalo para él. No se la dan, pero Valentín pide por favor que al menos le dejen usar la almohada. Y así sucede. Las limas viajan ahí, albergadas en la zona central de la lana.

¿Quién es tan inútil como para no detectar tres gordas limas en una esponjosa y blanda almohada?

Julia y los tiburones

Viernes, 17 de Marzo, 2017

Julia y Petra, en la prensa

La prensa recoge espantosas descripciones de lo que viven los viajeros y la tripulación del Principessa Mafalda antes de que el barco se hunda. Histerismo en unos, miedo en otros, valor y heroísmo en la mayoría, pasajeros incluidos. Los detalles son de fácil localización y existen libros y novelas que los desmenuzan.

La diferencia más notable en ese sentido con el Titanic es que aquí llegan mucho antes varios barcos salvadores y que en estas aguas no hay icebergs, sino tiburones. Muchos pasajeros se resisten a lanzarse hacia las lanchas por miedo a ellos. Vaya paradoja, porque de esa forma se condenan sin remedio.

Las cifras de muertos también son menores y contradicen el mito clasista de la víctimas. De 1ª y 2ª mueren el 45 por ciento de ellos. De 3ª, el 24 por ciento. En total hay 869 supervivientes recogidos de sus botes por siete u ocho embarcaciones. Las víctimas son 386 personas de las 1.255 que van a bordo (968 pasajeros y 287 tripulantes), aunque todavía hoy existen distintos recuentos, algunos con notables diferencias.

¿Y Julia la quiroguesa? ¿Qué fue de ella y de Petra en este pandemónium de gritos y muerte? Ambas sobreviven. Ellas son dos de los 634 pasajeros de 3ª que se salvan de morir ahogados o entre las fauces de los escualos.

De hecho, Julia es la primera persona rescatada de la que se tiene noticia en España, ya que en una información de alcance, el periodista de la agencia internacional resume los españoles que sobreviven diciendo que todos son originarios de provincias levantinas, excepto una gallega, Julia López López, de Lugo.

En efecto, no es habitual que los gallegos utilicen esta compañía para viajar a América, sino las inglesas que tocan los puertos de Vigo y A Coruña.

Nos gustaría saber que Julia y Petra han sido felices en Buenos Aires.

Mafalda: El fin anunciado

Jueves, 16 de Marzo, 2017

La comparación con el Titanic es inevitable

Además de Julia, la modista de Quiroga a la que seguimos los pasos, en el Mafalda viajan el doctor Luis Bulgarini y su hermana Elsa, pasajeros de otro barco, el Matrero, que los deja náufragos y a la deriva durante seis días. El Mafalda los recoge en la caboverdiana isla de San Vicente y ahora siguen rumbo a Buenos Aires confiados en el trasatlántico de nombre principesco, aunque se haya acercado a Cabo Verde para reparar sus averías.

Reanudada la derrota, el triquitraque no mejora y el tembleque se mantiene como molesto compañero. Se recogen firmas con el fin de obligar al capitán a que atraque en el puerto más cercano. Es el motín del miedo. Julia y Petra están aterrorizadas. Ni en sus peores sueños podían imaginar una travesía tan accidentada.

El motín se desarticula, pero lo peor está por llegar. Con marcha reducida que conlleva dos días de retraso, el Principessa Mafalda navega el 25 de octubre a 8 millas de la costa de Abrolhos. Hacia las siete de la tarde, poco antes del primer turno de cena, un ruido sacude la embarcación y ésta se detiene. También la orquesta y la actividad del momento. ¿Qué ha pasado?

Al cabo de unos minutos, un oficial intenta devolver la tranquilidad al pasaje. Se trata de una nueva avería, pero nada grave. Pararán lo mínimo necesario, de modo que la cena y el baile deben continuar según lo previsto, como así se hace.

Sin embargo, la situación es infinitamente más inquietante. El árbol de la hélice se parte cuando gira a 92 revoluciones por minuto. Las palas siguen dando vueltas por la inercia y una de ellas choca con el casco para abrirle una brecha en una de sus planchas. Miles de litros de agua están entrando sin oposición por ese agujero.

El Mafalda está condenado a hundirse y nada hay en manos de la tripulación que pueda evitarlo. Es cuestión de minutos.

El barco de Marconi

Miércoles, 15 de Marzo, 2017

Diversos salones del Mafalda

El trasatlántico Principessa Mafalda, donde viajan a América Julia la quiroguesa y Petra la madrileña, tiene una dilatada historia, tanto que ésta va a ser su última singladura, antes de ser vendido a una compañía australiana para que solo haga recorridos costeros, sin alejarse mucho de tierra.

En su hoja de servicios figura haber sido el barco desde el que Marconi realiza los definitivos experimentos radiofónicos antes de recibir el Nobel, pero ahora hay dudas sobre si debe zarpar, cruzar el Atlántico 90 veces y retirarse, o retirarse en la 89 travesía. Finalmente se decide que el 11 de octubre de 1927 parta de Génova hacia Barcelona.

El Mafalda homenajea a la princesa homónima de Saboya, hoy de triste recuerdo, y entre sus timbres de gloria figura el de hacer la travesía más rápida entre los dos continentes, catorce días.

En Barcelona subirán emocionadas Julia y Petra, dos de sus 838 pasajeros de tercera clase, muchos de los cuales realizan la travesía como “golondrinas”, así llamados a los que acuden en época de recolección y vuelven con las ganancias. Recolectores temporeros como los que hoy toman parte en diferentes cosechas, pero en su caso, a gran distancia. Lo dicho, golondrinas.

Julia y Petra, no. Ellas quieren establecerse y regresar solo cuando puedan hacerlo como esos 62 pasajeros que ocupan los lujosos camarotes de primera clase, o por lo menos, en unos de segunda, donde ahora se han instalado con comodidad otros 83. Sumados todos ellos a los 288 tripulantes, el Mafalda transporta una pequeña ciudad de 1.271 habitantes.

La travesía se inicia con inquietantes señales. Una bomba falla antes de llegar a Barcelona y también lo hace el motor de babor antes de ver Gibraltar. Los pasajeros de popa viven en un constante temblor que les ocasiona mareos y cefaleas. Es el anuncio de la tragedia.

Julia, la quiroguesa

Martes, 14 de Marzo, 2017

Llegada del Princ. Mafalda a Barcelona

Julia López López nace el año 1891 en Vilar de Mondelo, uno de los dos lugares en los que se divide la parroquia de Santa María de Bendilló, en Quiroga, cuya más notable característica es la actividad en torno a su molino de aceite.

Hay que imaginar que Julia se instruye allí en letras y números, así como un completo aprendizaje de costura, que andando el tiempo le permitirá hacer por la vida en Madrid.

Vecina ya de Cibeles, Julia se integra en un taller de modistillas, tantas veces reflejados por la literatura costumbrista. En el taller hace muy buenas migas con una colega madrileña, Petra Burgos Garrido, siete años menor que ella. La madre de Petra, una señora que en 1927 cumple los 75 de edad, sigue siendo portera de la casa número 44 en la calle Jorge Juan, haciendo esquina con la de Núñez de Balboa, donde vive con otra hija, con Petra y en su día, con su primogénito.

Siendo un muchacho, ese primer Burgos emigra a Argentina, donde permanece 18 años. Luego vuelve a España de vacaciones, pero un barco alemán cañonea y hunde el trasatlántico que lo trae, muriendo en la acción.

Pese a ello, Julia y Petra, con 36 y 29 años de edad, deciden que también quieren vivir juntas la aventura americana. Buenos Aires es un buen destino para sacar mejor provecho a sus conocimientos como modistas.

El plan se substancia en 1927, cuando pretenden adquirir dos pasajes para el SS Giulio Cesare que atravesará el Atlántico en fechas que a ellas satisfacen. Pero puestas en contacto con la Navigazione Generale Italiana, les informan que el barco está completo. La alternativa más inmediata es hacer el salto a bordo del Principessa Mafalda, que recoge pasajeros en Barcelona. “Recordarán, señoritas, que el año pasado Carlos Gardel llega a España a bordo del Prin. Mafalda”. “Sí, pero nosotras vamos a ir en tercera”. (Continúa).