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Pardo Gómez, hacerse médico al lado de Marañón

Lunes, 16 de Mayo, 2022

Será concejal, diputado provincial y senador, a lo largo de una existencia que a punto está de llegar al siglo

DIEZ AÑOS ANTES de morir le hice una cumplida entrevista. Parte se publica en prensa, parte se emite en tv y la mayor permanece inédita. Fernando Pardo Gómez (Madrid, 1922) hablaba mucho y tenía buena memoria. Lástima que algunas de sus declaraciones no son reproducibles, de momento, pues debo respetar el off the record prometido.

Con ese bagaje no hay cromo que lo albergue. Veamos. Nace en Madrid, pero llega a San Ciprián a los dos años. Se había muerto el abuelo de su madre y sus dos hermanas no se ven con fuerzas para mantener los cinco barcos que poseen. De modo que convencen al matrimonio y se vienen con el pequeño.

De su primera enseñanza se encarga la recordada Sagrario Martínez, que lo mantiene con ella entre sus alumnas, mientras los niños son cosa de Emilio Ceide. Hasta hay por ello una denuncia, machista o feminista, según se vea. Lo examina de ingreso Rodríguez Labajo y cuando el catedrático veranea en ese puerto, le dice que podría haber hecho ingreso y 1º de tacada. Doña Sagrario desempeña bien su oficio.

Pasa luego a manos de Francisco Rivera con quien está tres años, pero el maestro no se compromete con el Latín de 4º, y Fernando debe ir a Santiago con los jesuitas. Los planes se complican porque la República los ha expulsado a Portugal y el niño se niega a marcharse fuera de España.

A estas alturas ya tiene en el cuerpo el gusanillo de la Medicina desde que el médico del pueblo, Antonio Soto, sobrino del párroco de Albeiros Luis Soto Camino, lo lleva en coche a ver enfermos. Y no porque a él le gusten los enfermos, sino los coches. “Es muy bonito atender a la gente. Después te vas a casa muy contento”, le dice Soto.

Con la República la familia se deshace de los barcos. Culpan a los sindicatos de actuar sin sentido contra los armadores. El último de ellos lo vende el propio Fernando, aunque el negocio le sale rana. “Nunca fui buen negociante”, reconoce.

Estudia Medicina en Santiago y finaliza la carrera después de la guerra. Su padre conoce al diputado por Viveiro José Soto Reguera y media por él para que trabaje en un hospital. Soto le dice que él es asesor jurídico de la casa Ibis y que los doctores Marañón y Hernando son los asesores médicos de Ibis.

La recomendación surte efecto y el resultado es un bombazo para cualquier médico recién licenciado, pues le dicen:

_ Mañana por la mañana vete al hospital y pregunta por don Gregorio Marañón.

Trabajará más de un lustro como médico asistente en el Instituto de Patología Médica dirigido por Marañón. El año 1951 se traslada a Lugo y aquí abre una consulta del aparato digestivo y endocrinología, que permanece activa en la actual Rúa do Teatro hasta sus últimos años.

Será concejal de la ciudad y diputado provincial. En 1982 forma parte de la candidatura de AP al Senado con Cacharro y Julio Ulloa. Es académico de la Real de Medicina de Galicia y preside el Colegio de Médicos de Lugo dieciséis años (1966-1982). También preside el C.D. Lugo y reconoce que en ese momento fuma algún habano por influencia de Eduardo García, “porque él sin puros no era nadie”.

Es autor de un libro de memorias y de otros tres, La navegación a vela en la Mariña lucense, Historia de la Medicina de Lugo y su provincia e Historia de San Ciprián.

Pardo Gómez se había casado con María Sánchez Pazos y juntos tuvieron siete hijos, Fernanda, Fernando, Felipe, Chus, María del Mar, Pilar y Margarita. Fallece en Lugo, el 13 de febrero de 2019, a los 96 años, una edad que le permite conocer a sus bisnietos.

López Peláez, historiador de Lugo y arzobispo de Tarragona

Jueves, 12 de Mayo, 2022

Emilia Pardo Bazán lo consideraba un sabio y él se tenía por lucense, pues aquí nace al conocimiento

EN OCASIONES LO tratan como lucense, sin duda porque a la vista de su obra publicada no se puede pensar otra cuna para el arzobispo de Tarragona, Antolín López Peláez (Manzanal del Puerto / León, 1866).

Él mismo se encarga de explicarlo en el Centro Gallego de Madrid poco antes de morir: “Yo nací en la diócesis de Astorga, pero soy más gallego que vosotros mismos; porque vosotros lo sois por nacimiento y yo por mis obras. Yo nací en Lugo a la vida intelectual”. Su familia es de Noceda del Bierzo, pero el padre, guardia civil, está destinado en aquel enclave de paso obligado para los lucenses hacia la meseta, pero al que nada más le vincula, especialmente porque estudia en Noceda y se gana una beca para cursar en el seminario de Astorga.

Después de dos destinos en Mombuey (Zamora) y en el propio seminario, el Cabildo y el obispo de Lugo José Lamadrid lo eligen en 1880 canónigo magistral entre otros once opositores a los que aventaja en erudición a sus 23 años. Con su primera silla de coro inicia también su inmersión en todos los libros que tiene cerca, en la catedral y fuera de ella. También da clases y es una firma habitual en la prensa católica.

Así va a ser su vida los próximos seis años y de esta época obtiene los datos que le sirven para escribir su obra lucense. Por ejemplo: La exposición continua del Santísimo en la S.I.C. de Lugo (1892), El monasterio de Samos (1894), Las aras de la catedral de Lugo, Historia de la enseñanza en Lugo, Los benedictinos de Monforte (1895), El “argos divina” o Historia de Lugo del dr. Pallares”, El señorío temporal de los obispos de Lugo, y otros sobre Sarmiento, Feijoo, San Capitón y San Froilán.

Abandona la ciudad para ser doctor de la Metropolitana de Burgos cuando tiene 29 años, y “desde entonces estoy recordando, añorando la tierra de Galicia”, dice en aquella conferencia para recibir los mayores aplausos de la noche al lado de doña Emilia Pardo Bazán, gran admiradora suya, a quien considera un sabio y un literato muy distinguido.

Su profundo conocimiento de la documentación catedralicia le permite afirmar que “Lugo tiene contraída una deuda de gratitud con su primer historiador, tan grande por su alta y noble inteligencia, como por sus grandes virtudes y su vida ejemplar”.

Se refiere a Pallares Gayoso, para quien solicita que se levante un monumento en la ciudad, al que promete prestar su apoyo. En el momento de pronunciar este compromiso López Peláez ya es arzobispo de Tarragona, lo cual nos permite sospechar que no sería pequeño. Pero a Pallares no se le levanta monumento, ni grande ni pequeño. Muy al contrario, se denosta su canto a la Virgen lucense de Argos divina, achacándole credulidad por fiarse de los cronicones, como si fuese el único que lo hace. “Se le podrá acusar de crédulo, pero nunca de falsario”.

Para él, Pallares es “un insigne historiador, descendiente de una de las más alcurniadas familias gallegas, que une a la aristocracia de su mente peregrina, la de su cuna. Y lo dice alguien como yo, descendiente de las clases más humildes de la sociedad”.

En 1905 es obispo de Jaca y senador, cargos que mantiene hasta 1913, cuando es nombrado arzobispo de Tarragona. Otros títulos suyos son La lucha contra la usura y El darwinismo y la ciencia. En Albares de la Ribera erige Villa Antolín, donde guarda su biblioteca de 6.000 ejemplares y se vincula a la creación de la primera bodega moderna del Bierzo.

Académico de la Lengua, de la Historia y de las Bellas Artes, y miembro de sociedades de arqueología, fallece en Madrid el año 1918.

Pérez Guerra en Burela, el primer plan de Ordenación Urbana de Lugo

Miércoles, 11 de Mayo, 2022

El arquitecto de Chantada proyecta el nuevo templo parroquial de Celeiro

EL PADRE DE los cinco hermanos era de Loureiro, en la vertiente pontevedresa del Monte Faro, municipio de Rodeiro, pero la casa familiar está en Santiago de Requeixo, la del trovador Xoán de Requeixo, donde nacen Manuel, Emilio, Ánxeles, Daniel y Alfonso Pérez Guerra (Chantada, 1934). Los hijos que tiene con Purificación Guerra, después de haber sido guardia de asalto en Tui, Vigo, Madrid, Murcia y Barcelona, donde reside desde 1956 hasta 1971, cuando fallece.

Todos estudian en los Padres de la Sagrada Familia y todos hacen carreras superiores. Juntos llevan a cabo el estudio Seguridad en el Trabajo de Construcción de Edificios, que obtiene la primera mención mundial en el Congreso Internacional de la O.I.T. /Ginebra, 1969).

Manuel y Alfonso se encargaron de la parte correspondiente a la arquitectura; Emilio abordó lo relativo a la Medicina de Empresa, Ánxeles, los aspectos legales desde el Derecho Comparado y Daniel, la legislación española. No se puede encontrar mayor coordinación.

Alfonso acaba la carrera el año 1962 en la Universidad de Barcelona, y se doctora en 1966.

El año 1977 se diploma en gestión de empresa y tecnología por el Institute of Technology de Massachusetts y abre su estudio. También es catedrático en la Universidad Politécnica de Cataluña y en 1976 es nombrado presidente nacional de la Asociación Española de Prevención y Seguridad (AEPS), así como vicepresidente de la Federación internacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo.

En lo que a Lugo respecta, el trabajo de Pérez Guerra se ha desarrollado a través de Planur, una oficina técnica de planeamiento y urbanismo, para promover y realizar proyectos de urbanismo, tanto generales como parciales, en colaboración con el también arquitecto Manuel Cortón.

Es autor del Plan General de Ordenación Urbana de Burela, la primera localidad lucense que cuenta con uno, antes de constituirse como municipio y donde coincide con su alumno en Barcelona, el lucense Miguel Ángel Ceniceros López, establecido en aquella localidad.

También impulsa el estudio y redacción de un Plan de Ordenación urbanístico – económicosocial de la provincia de Lugo, en el ámbito del Centro Gallego y, a imitación de los planes de Barcelona y Segovia en los que ya había participado, trabaja.

Suyo es el proyecto para la nueva iglesia parroquial de Santiago de Celeiro, que se comienza a construir durante cuatro años, el año 1965. En ese tiempo se reúnen las aportaciones de vecinos para abordar el presupuesto que Pérez Guerra fija en 3.767.087,24 pesetas. Vicente Gradaílle Trobo, párroco de Celeiro en esos años, ha publicado la historia de esta construcción.

Otros proyectos suyos son la Clínica Teknon (1972), el Hotel Sant Jordi, de Calella, las oficinas de Central Roca Sanitarios y Seguros Santa Lucía.

También fue diputado en el Parlamento catalán (1980-84) por Centristes de Catalunya-UCD, y miembro de distintas comisiones. Pertenece a varias directivas del Centro Gallego de Barcelona con Manuel Casado Nieto como presidente y dirige el Seminario de Estudios técnicos Industriales.

Otros de sus libros son Aplicaciones constructivas (1966), El proceso de creación arquitectónica (1980), La esclavitud de los técnicos (1977) y otros sobre seguridad e higiene en en el trabajo.

Asimismo promueve la edición de la revista quincenal de arquitectura Nueva Planta.

López Orozco, dieciséis años de alcalde, con parón y puesta a punto

Martes, 10 de Mayo, 2022

El profesor y político tuvo la primera mayoría absoluta y fue el primer edil socialista en Lugo

CUENTA ENRIC JULIANA, el hombre de La Vanguardia en Madrid, que antes de ser presidente, José Luis Rodríguez Zapatero paseaba con su mujer por una playa alicantina, cuando un matrimonio interrumpe su marcha para decirle: “Somos de Lugo y estamos muy contentos con el alcalde socialista López Orozco. Parece que no haga nada, pero es encantador”. Ocurre como un arrebato. Tenían que hacérselo saber, fuese crítica o piropo.

José Clemente López Orozco (Foz. 1947), también nace cerca del mar, aunque solo permanece allí sus primeros meses de vida. Sus padres son Consuelo Orozco y José López, cabo primero de la Guardia Civil, comandante del puesto en esa localidad, una graduación que al niño le vale un primer apodo de Pepito Cabo que imaginamos de corta vigencia.

Los López Orozco pronto van a tener que continuar la crianza del niño tierra adentro, pues el padre es trasladado al cuartel de Triacastela, de modo que su auténtico contacto con el mar se demora hasta los diez años, cuando conoce A Mariña lucense en una excursión con su padre, prolongada los veranos siguientes con estancias en Fazouro y baños en Nois.

En Triacastela empieza la escuela a los cuatro años y como está algo lejos, lo va a buscar el propio maestro, don Luis, con quien luego recoge nueces en la vuelta a casa.

Por eso los recuerdos infantiles del futuro alcalde son los paisajes del camino francés a Compostela y las estancias del cuartel que era propiedad, no del Cuerpo, sino de Jesús Pardo Neira, el abuelo materno del periodista Anxo Lugilde, premio Puro Cora, entre otras glorias y amigo de Enric Juliana por vía vanguardista, así que todo se entrelaza.

Anxo y Orozco se conocen en Foz con motivo de una visita de Zapatero. Entonces le hace dos confesiones al periodista, lo triste de sus recuerdos en casa de su abuelo y lo guapa que era su abuela, Elena Díaz. Anxo se derrite y se olvida del pelma de Zapatero.

El círculo de coincidencias se cierra cuando Enric Juliana le pide a Anxo que le presente al político lucense, deseo que se cumple a través de un almuerzo en Lugo, como mandan los cánones. A la salida, el periodista catalán le comenta al periodista gallego: “Un poco episcopal este alcalde socialista de Lugo, ¿no?”

Nada que los lucenses no hubiesen advertido ya hace muchos años y que le valen al personaje otro apodo de más tristes recuerdos para él que los de Triacastela.

Y es que su perfil, tirando a orondo, su bonhomía, su simpatía y un cartesianismo en busca siempre del razonamiento pueden dar como resultado una imagen eclesiástica y conciliadora.

Después del salto a la capital de la provincia, estudia el bachillerato en Lugo y se licencia en Filosofía y Letras en Salamanca, con cursos de doctorado en Santiago. Clases como profesor interino y en 1977, catedrático del actual instituto Xoán Montes, para enseñar Filosofía, por ejemplo, a otro Pepe, Blanco, con el que formará una dupla política de éxito. Luego, imparte en el Lucus Augusti.

Del PSP con Vilela y Pablo Pardo, al PSOE, con el exalumno. Y de la Delegación de Cultura con la Xunta de Laxe, a ser candidato en 1999 a la alcaldía lucense, de Lugo. Está 16 años en el poder con varios hitos y sale de él, forzado por Lugonovo y el BNG, iniciándose un calvario de imputaciones de Pilar de Lara y una peregrinación de desimputaciones, hasta diez, que finalmente le dejan limpio el expediente.

Está casado, tiene dos hijas, quiere hacer alcalde de Valdoviño a su nieto, y dice que presenta maneras.

Gallego Tato, periodismo, teatro, novela y poesía

Lunes, 9 de Mayo, 2022

El periodista lucense es redactor de El Progreso, y dirige Ferrol Diario y El Correo Gallego

DURANTE AÑOS FUE la columna diaria con la que se abría la segunda página de El Progreso. Primero hereda una anterior, La Ciudad, y luego la abre a otros temas, aunque siempre con Lugo en primer plano, Reloj sin Horas.

Juan María Gallego Tato (Lugo, 1925), era hijo de Matías Gallego González, funcionario el Banco de España, y de Concha Tato López, una de las hijas de Laureano Tato Rodríguez, que fallece en Murcia el año 1938. Su tío paterno, Andrés, fue un torero fallecido en A Coruña de una cornada.

La vocación literaria de Juan María es temprana. Con 16 años obtiene una mención honorífica en el concurso que con motivo de la Fiesta del Libro organizan Radio Lugo, el Patronato provincial de Archivos y el instituto. Lo gana Glicerio Albarrán y entre los galardonados están Enrique Santín, Manuel Aguilera y Antonio Bonet Correa.

Con la misma edad honra a José Antonio con un poema y a la patrona de Lugo con una glosa que serán emitidos por la revista radiofónica Ondas Nocturnas.

A los 19 localizamos su primer artículo periodístico, publicado el 18-III-1944 en El Progreso: Gracia y desgracia de Don Quijote, y un poema a San Froilán poco después. En ese momento también es colaborador de Radio Lugo. Luego se va con Alejandro Armesto a la Escuela Oficial de Periodismo y a Políticas, donde estudia algunos cursos sin que ninguno pierda de vista El Progreso.

Él hace prácticas en Pueblo y en una de sus colaboraciones descubre a los lucenses la extraordinaria vida de Antonio Santamarina Pedrayo, Doktor Gandi, que algún día rescataremos.

El año 1948 funda lo que llama el movimiento cultural lucense Gerifalte, de vida efímera. De la mano de Luis Ameijide, lo presenta en el Círculo como heredero del espíritu de Ronsel. Ya está graduado en la Escuela y es redactor de El Progreso. Hace crónica municipal, pero le interesa la música y el teatro.

Se casa con Julia Estremera Conti y publica el serial Quince días en el corazón de España, que retrata el Madrid de 1952. Gana algunos premios periodísticos, ejerce como secretario de la Asociación da Prensa y es nombrado director de Vida Comercial, la revista de la Cámara de Comercio.

Comienza entonces su actividad teatral y novelística. En la primera destacan tres títulos. En el primero de ellos, publicado por Celta en 1960, aborda un situación similar a la de F. Scott Fitzgerald en The Curious Case of Benjamin Button, que será llevado al cine por David Fincher, con Brad Pitt y Cate Blanchett. La comedia de Gallego, representada el año 1959 en Santiago y Lugo con Carlos Losada, Margarita Iturralde y José Antonio Vilariño, María Teresa Carpintero y Nicerita González, se titula El hombre que volvió a ser joven.

Las otras dos son Una casa con jardin / Dunkerque 42 y Los hombres pueden ser dioses, publicadas en 1960 y 1961, respectivamente y también representadas.

Este última la presenta en gallego al I Certame Literario do Miño que gana Cunqueiro, aunque uno de los miembros del jurado, Ricardo Carballo Calero, confiesa, quizás indiscreto, que su voto fue para Os homes poden ser deuses, versión gallega que se ha perdido. María Teresa Amado Rodríguez estudia la obra en profundidad.

En 1973 es nombrado director de Ferrol Diario, y el año siguiente, de El Correo Gallego, cargo que tiene cuando fallece diez años después. Sus libros se completan con dos novelas, Los hermanos Ayala y Esta tierra fue rica y respetada, y la colección de artículos de El Progreso, Veinte años de papel.

Pepe Benito, o el poder político a la vieja usanza

Jueves, 5 de Mayo, 2022

Se hartaron de llamarlo cacique muchos de los que querían ser como él

UNO DE LOS poetas satíricos de Galicia en los 30 es Rómulo Llilo. Mediado enero del 36 bromea en Alborada alrededor de la política lucense: “¡Aquí va a haber mucha tela! / Ni Benito, ni Quiñones, / ni Sotelo, ni Reguera. / ¡Yo gano las elecciones, / de una o de otra manera!”

Rómulo hace hablar así a Portela Valladares, que a su vez cita a José Benito Pardo Rodríguez (Castro de Rei, 1867), el abogado civilista que al decir de las gentes es sinónimo de poder provincial en Lugo.

En esas fechas iniciales del año trágico, Portela denuncia el artilugio montado aquí para fabricar actas y propiciar pucherazos. Señala al frente a Pepe Benito. Lo habitual.

Pero él y los otros candidatos de la derecha contraatacan para acusar a Portela y al gobierno de adulterar las actas y de consolidar la pésima fama de la circunscripción.

Esa es la tónica de la política lucense a lo largo de los años. Su mala reputación llega a toda España, pero el error es dar por sentado que en el resto de la península no ocurre más o menos lo mismo.

Pepe Benito va a morir tres años más tarde, el 12 de octubre de 1939, es decir, que apenas le queda ya vida política activa. Fallece en su casa de San Salvador de Balmonte donde había nacido. No fue un óbito repentino, pues una enfermedad prologa el fatal desenlace. A la hora de los elogios, el primero se dedica a su acreditadísimo bufete de abogado, pues se tiene como el más prestigioso letrado del Colegio del que es decano durante los últimos veintidós años, otro motivo para apuntalar el renombre de poderoso de este caballero que ostenta la Gran Cruz del Mérito Militar.

Eso sí. Hasta sus enemigos le reconocen dos cualidades, una inteligencia muy por encima de la media y una evidente simpatía. Ambas le valen por un igual en el foro, en la política y en su vida privada.

Balmonte, cuna y tumba del personaje, aparece también en el apellido paterno, José Benito Pardo Balmonte y Valledor, que ya había sido preboste provincial, aunque menos que su hermano, Pegerto. Al hijo también se le adjudica el Balmonte en sus primeros pasos. Su madre, María Rodríguez Rodríguez, lo tiene como único descendiente.

Juan Soto, que le ha seguido los pasos a mano alzada, pero con documentación de peso, nos lo presenta como alumno brillante de los escolapios en el colegio monfortino de la Compañía, antes de hacer Derecho en Santiago. También como amigo de quien será su cuñado, Carlos Pardo Pallín, y de Alejandro Pérez Lugín, el retratista de los troyanos de la compostelana Casa.

Digamos ya que desde 1899 Pepe Benito ocupa la presidencia de la Diputación lucense en cuatro etapas y que cuenta con la colaboración de Rof Codina para la creación de la granja provincial, una de sus realizaciones más notables.

Los títulos de muñidor, logrero o cacique le acompañan durante toda su existencia, y aunque serían susceptibles de matizaciones, parece evidente que administró poder muy a su gusto y favoreció más a los partidarios que a los rivales. El caso contrario está inédito en España.

El parentesco con los Quiroga lo arrima a la rama moretista del Partido Liberal y lo aleja de El Progreso, volcado con los monteristas desde su fundación. El matiz no es chiquito porque a nivel lucense cada facción funciona por su cuenta.

Luego, con la República, rechaza a la izquierda y a Falange para apostar por la CEDA, pero no pensando ya en él, sino en su hijo José Benito Pardo y Pardo, que será diputado poco después del episodio con el que iniciamos el cromo.

La Morandeira, el glamour lucense del siglo XX

Miércoles, 4 de Mayo, 2022

La modista por excelencia domina el mundo de la elegancia de Lugo antes y después de la guerra

DESDE EL PRIMER momento sabe ganarse la consideración de ser la cumbre de la elegancia y en esa fama se mantiene el resto de su existencia. Se llamó Carmen Morandeira Fernández (Lugo, 1905?), aunque al buen entendedor siempre le bastó saber que hablábamos de “la Morandeira”.

Era hija de Francisco Morandeira Vilar, longevo carabinero que cuando le toca bajar a la tumba, en enero de 1956, sobrepasa los noventa años de existencia y se precia de ser miembro de la Cofradía del Santísimo Sacramento.

Su madre fue Josefa Fernández Gorría, que además de Carmen tuvo a otra niña, María. La fama de la primera crece como la espuma y ya en 1929 merece que la prensa la trate de “prestigiosa modista”.

La joven sabe el aprecio que en España se le da a la moda llegada de París, por lo que desde antes de la llegada de la República viaja a la capítal francesa y a otras capitales europeas, para traer lo último, principalmente en sombreros. Que haya trabajado o no en la capital francesa es detalle que se comenta, pero que se nos escapa.

En ese momento ya ha abierto su establecimiento en Libertad, 8 _ calle de la Reina _, y allí ofrece “elegantísimos sombreros para señora de las mejores casas de Paris”, según reza su campaña publicitaria en Vanguardia Gallega y El Progreso.

Ya entonces es la más reclamada modista para trajes de boda, como la de Pepe Álvarez y María Luz Fernández. “El traje no lleva ningún adorno, porque siendo ella tan guapa, no le hacen falta”, declara a este periódico sabedora del impacto que causará.

En los años previos a la guerra dedica los veranos a viajar por Europa y en septiembre anuncia que ha regresado con las novedades francesas. En julio de 1936, el Montepío de Dependientes de Comercio organiza un concurso “de vestidos de cinco pesetas” que se celebrará en los jardines de la Diputación el 25 de ese mes, día de Santiago. Quienes se presenten deben acreditar que sus modelos no costaron más allá de esa cantidad.

La ciudad está muy animada pues concurren quince costureras de la Morandeira y de Teresa Redondo. No hará falta decir que el estallido de la guerra trunca la ilusión de todas ellas.

Pero superados los años de trinchera, la modista renueva su oferta e incluso, ya en 1963, abre la Boutique Morandeira en la calle José Antonio, “donde nada sobra, ni nada falta”, y donde se puede encontrar lo más exquisito para vestir con glamour.

El título de Boutique no pasa desapercibido para José Luis Bugallal, quien desde la Hoja del Lunes coruñesa _ mitad envidioso, mitad lleno de razón _, critica que se use el nombre francés de tienda y se burla de las dependientas que allí digan: “Merque istas culottiñas beige tan xeitosiñas, madame la marquise; sonlle o derradeiro cri de la mode a París. ¡Válganos el glorioso San Froilán!” Si había paletada en algo, Bugallal logra paletada y media.

Pero la Morandeira, cuya fama traspasa las fronteras provinciales, está ligada al primer piso de la calle de la Reina, 8, donde las señoras acuden a las citas solicitadas con gran antelación. Allí se ven reflejadas en espejos basculantes de acuerdo con el avance de los modelos y la ilusión del gran lujo se hace patente sin remedio, pues la firma de la Morandeira es suficiente para sentirlo sobre la piel.

Curiosamente, su mayor competencia, Antonia Casal, se asienta al otro lado de la calle. El resto de modistas mediado el siglo son Concepción Rois, en la Plaza de España y Mercedes Pérez, en la calle de la Cruz. Carmen muere en 1991.

Silvestre D. Varela, el café madrileño de los mil poetas

Martes, 3 de Mayo, 2022

El industrial de Pol permanece medio siglo al frente del Café Varela, donde se da cita la lírica española

LA PREHISTORIA DEL famoso Café Varela, la casa de los poetas, comienza con la llegada a Madrid de dos hermanos nacidos en la parroquia de Santa María de Cirio, en Pol, Edmundo y Manuel Varela.

Se instalan en el Mercado de los Mostenses con un puesto de aves y caza, donde el éxito les sonríe para ganarse el sobrenombre de Los Polleros de Oro. Esa bonanza económica les permite llamar a un sobrino de Lugo, Silvestre Díaz Varela (Pol, 1865) para que trabaje en la pollería.

Silvestre, natural del lugar de Rois, dentro de la mencionada parroquia, es testigo de cómo sus tíos amplían negocio y se hacen con un local entre las calles Preciados y Veneras, para abrir allí un nuevo establecimiento en una zona propicia para ello, el Café Varela.

El joven pasa de pollero a mozo echador, o sea, auxiliar del camarero que porta el café y la leche, y luego, a camarero y a propietario.

Estamos en el tránsito de los siglos, entre 1884 y 1916, que es cuando el hacedor de sainetes Tomás Luceño inaugura la nómina de escritores que eligen el Varela para combinar tertulia y creación, tal como consigna la historia del establecimiento que hoy pertenece a un tercer gallego, Melquíades Álvarez, que suple la falta de ascendencia lucense con parentesco ribadense por vía de matrimonio.

Pero volvamos a los años iniciales del XX. Silvestre es industrial tan influyente en la colonia gallega que va a ser directivo del Lar Gallego y administrador del conde de Romanones, quien observa en él tan buenas trazas que lo propone para alcalde de Madrid, cargo que el de Pol declina.

Se casa con Felipa Velasco Martín, que será vicepresidenta de los Jueves Eucarísticos de la Merced hasta fallecer el año 1957 en su casa de Rois. Tienen tres hijos, Vicente, que muere muy joven, Pilar, que se casa con el abogado Manuel Cortón, y María Paz, que lo hace con Miguel Fidalgo. Un hijo de los primeros, el arquitecto Manuel Cortón, nace en el primer piso del mismo edificio del café.

En 1930 Silvestre financia en Rois las obras de una fuente muy demandada por los vecinos y que hoy existe.

Los escritores relacionados con el Café Varela son innumerables. El pintor Pedro Gros los reúne en el cuadro que nos sirve de cromo e incluye a 79, solo una selección. Recordemos los más sonoros. Curros, Cela y Xavier Bóveda, para los gallegos; Zamacois, Baroja, Jardiel, Benavente, los hermanos Machado, Unamuno y un interminable parnaso: Eduardo Alonso, que crea allí la tertulia Poesía a medianoche; García Sanchiz, los Dicenta, Borrás, García Nieto, Pérez Creus, Juderías, Sainz de Robles, Muelas, Linares Rivas, Trenas, Acevedo, Gloria Fuertes, Ruano, Azcona, Mingote…

El local destaca a Emilio Carrere con una placa porque allí escribe gran parte de su obra y nosotros destacamos a Gamallo Fierros, porque allí descubre a la recitadora Carmina Morón. La periodista y poeta Adelaida Las Santas redacta una historia del café.

Especial atención dedica el Varela al billar y en 1925 inaugura 12 mesas Petroncillo con una actuación del campeón mundial de billar de fantasía Isidro Ribas.

También serán muy recordados sus filetes con patatas, “a precios prehistóricos”, o sea, baratos. Bajo el marxismo, en denominación de la época, el local es incautado, Silvestre pasa a ser un camarero más y luego denunciará el robo de una notable cantidad en Deuda Perpetua.

Díaz Varela muere en 1944 y en 1959 cierra sus puerta el Café, para volverlas a abrir bajo la batuta de Melquíades y el añadido del Hotel Preciados.

Vázquez Portomeñe, el artífice del Xacobeo

Lunes, 2 de Mayo, 2022

El político de Taboada es autor de sus memorias y de una novela medieval llamada Brianda de Moás

TENIENDO EN CUENTA que Víctor Manuel Vázquez Portomeñe (Taboada, 1934), ya realizó su trabajo de memorialista en Testigo y parte, resulta sencillo seguirle la trayectoria vital, máxime cuando una época fue objetivo de Barreiro contra Barreiro, el libro donde se cuenta el mandato de Fernández Albor.

Su semblanza ha de iniciarse en Pazos de Piñeira los años en los que Galicia espera la llegada de la luz, que allí lo hace cuando él cumple los 18 años.

En su educación se cruzan los jesuitas que dejan admirado a su padre y se convence de que lo mejor para el muchacho es ser instruido bajo su influencia, primero en el colegio de Camposancos, en A Guarda, y luego en Carrión de los Condes. El periplo lo finaliza en el instituto de Lugo.

Hace Derecho por obedecer al padre, que fallece en 1954, pero descubre que le agrada y se hace secretario del ayuntamiento de Antas de Ulla con gran interés por limar las asperezas locales. Destaca y el año 1979 forma parte con Luis Cordeiro (UCD-Lugo) del equipo redactor del Estatuto dos Dezaseis. Quiroga Suárez se fija en él para nombrarlo conselleiro sin cartera en aquel ejecutivo preautonómico.

Ya entonces se ha casado con la profesora y escritora Otilia Seijas, con quien tendrá sus tres hijos.

El siguiente paso es la turbulenta e iniciática década de los ochenta, cuando llega a la Consellería de Educación y se da cuenta, entre otros detalles, de que no hay funcionarios para hacer las nóminas y si la falta de electricidad define su infancia en Taboada, la falta de funcionarios es la señal inequívoca de que están construyendo la autonomía.

En el plano político la época no puede estar más animada. Por una parte vivirá el episodio con su director xeral de Cultura, Luis Álvarez Pousa, que tantos recelos levanta en el partido por lo que se supone una rendición al nacionalismo de Barreiro, y por otro, el enfrentamiento con Cacharro y la formación de las listas de Lugo.

Cacharro no quiere a Víctor en Lugo, pero Fraga, sí. De repente aparece en escena un Mariano Rajoy al que nadie espera para decir que en Pontevedra no quieren a Garrido Valenzuela, un nombre que no sería mal visto en Lugo.

Fraga despacha el asunto con un trueque bíblico. Garrido pasa a Lugo y Portomeñe, a Pontevedra.

Luego vendrá el episodio de la Biblia y el “pasou o que pasou”, para el que el me permito remitirles a la lectura del citado libro, que mis buenas semanas me costó escribir.

Desde la Consellería de Relaciones Institucionais, ya con Fraga en la Presidencia, Víctor se prepara para la gran experiencia del Xacobeo. La Xunta observa con sumo interés lo que se anuncia para España: Olimpiada, Expo y demás. De ahí surge el convencimiento de que Galicia debe acometer una iniciativa similar que le dé promoción. En tres años de trabajo se articula el Xacobeo de 1993 y la historia del camino de Santiago cambia para siempre.

A Portomeñe le llamarán a partir de entonces el artíficie o el cerebro gris del plan, y no siempre para alabárselo. El Xacobeo encuentra reticencias entre los puristas de la peregrinación, aquellos que no ven de buen grado que se mezcle el Camino con Julio Iglesias, pero lo cierto es que el Xacobeo llega para quedarse y su balance _ polémica del Pelegrín incluida _, es tan positivo, que del resto pocos se acuerdan.

Su posterior trabajo como portavoz fue muy bien valorado. También es autor de la novela “Brianda de Moás”. Su madre, Salomé Portomeñe, fallece en 2008 a los 99 años de edad.

Amable Veiga, el nacimiento de la fonología gallega

Jueves, 28 de Abril, 2022

El catedrático de Triacastela fue pionero en Galicia de esos estudios a través de su tesis doctoral

ALONSO MONTERO, QUE comparte con él casi todos sus años de docencia en Lugo, pide para Veiga una calle, al tiempo que lo define como “un home grave, serio, honesto, rigoroso y de cabeza filolóxica”. Se refiere a Amable Veiga Arias (Triacastela, 1929), un excelente estudiante que pasa por las manos del mítico latinista don Froilán López, el profesor más hueso de las aulas lucenses, que a su vez lo tiene como su mejor alumno.

Después hará Filología Clásica, los tres primeros años, en Santiago, y los dos de especialidad, en la Universidad Central como alumno libre. Las dificultades económicas las solventa dando latín en pasantías y donde puede, pues conocimientos tiene ya para hacerlo sin desdoro.

Su erudición como latinista no impide, ni tenía por qué hacerlo, su afición por el fútbol como seguidor de la Gimnástica, de cuyo juego publica en los cuarenta algunos análisis muy profundos y semi-científicos.

También en Lugo será profesor adjunto interino de latín y griego hasta que gana la cátedra Joan Vaqué Jordi, un especialista en Arquímedes, y lo sustituye en griego. Para entonces ya se había casado con la profesora de inglés del Instituto y del Círculo, Francisca Teresa Rodríguez Andrade, con quien tiene el primero de sus dos hijos en 1958.

Uno de ellos, Juan Felipe, muere electrocutado cuando la familia veranea en Barreiros el año 1971, una tragedia de la que se acusa a Fenosa por cometer un imperdonable descuido.

Será adjunto numerario en 1961 y a continuación, catedrático de Lengua y Literatura Latinas, con el número 2 y con plaza en Mieres, donde permanece dos años. Posteriormente se doctora en 1980 con la tesis Algunas calas en los orígenes del gallego, dirigida por Manuel Díaz y Díaz, que a la postre será su obra más conocida y la que sienta las bases de la fonología gallega.

Profesor del Femenino, será nombrado director del Masculino y entre uno y otro destino, lo encontramos como asiduo colaborador de Grial, tertuliano en el Méndez Núñez y conferenciante, como por ejemplo en 1965 con “A propósito de la pronunciación del latín”, una de sus especialidades, pues es pionero en esos estudios dentro de Galicia, como se refleja en su tesis.

Su residencia en Lugo se va a interrumpir entre 1973 y 1977, cuando imparte clases en el instituto Xelmírez de Santiago, a donde había solicitado el traslado.

En 1968 forma parte de un histórico jurado literario para Lugo, pues premia por primera vez a los alumnos del Instituto Xosé María García Palmeiro, que será periodista y primer decano del Colexio de Xornalistas de Galicia, y a los poetas y narradores Darío Xohán Cabana y Xesús Rábade Paredes.

A instancias del ya citado Xesús Alonso Montero, traduce al gallego con Antonio López Otero el Evangelio de San Marcos, que hoy permanece inédito, y gracias a uno de sus alumnos, Arcadio López-Casanova, puede ver publicada su Fonología gallega (Fonemática) (1976) en la colección Biblioteca Filológica de la Editorial Bello que Arcadio codirige en Valencia.

Los criterios de Amable no coinciden en algunos puntos con los de Carballo Calero, como pone de relieve Alonso Montero en la necrología que publica en Moenia el año 1995.

En efecto, Amable Veiga fallece un año antes, a los 65 de edad, en San Pedro de Benquerencia (Barreiros), donde residía jubilado anticipadamente y donde había perdido de forma tan trágica a su hijo. Arrastraba un lupus eritematoso sistémico diagnosticado en 1965.