Punto y seguido
22 de Diciembre , 2012
Maya en actitud de haber acertado
Si está leyendo esto, es señal de que algo falla. En el tiempo transcurrido del día 21 no se han registrado mayores desgracias que las habituales y se puede afirmar sin ambages que se trata de uno de los fines del mundo más tranquilos que se recuerdan.
De todas las reacciones suscitadas en torno a esa catastrófica interpretación de los mayas, ninguna como la venta de lujosos refugios que garantizan sobrevivir al armagedón. Pónganse en el lugar del vendedor que enseña el piso piloto:
_Éste es el dormitorio de invitados, pero como va a estar usted solo en el mundo, lo hemos convertido en el cuarto de la plancha.
Bueno, pues se han vendido varios refugios. Para que luego hablen de la burbuja inmobiliaria. Es de suponer que los hayan pagado a tocateja, porque los plazos y las hipotecas no casan bien con el fin de los tiempos.
_Por el dinero no se preocupe, que ya se pasará el cobrador.
_¿El cobrador? ¡Pues menudo apocalipsis de pacotilla!
Sobrevivir al fin del mundo es una contradictio in terminis, como la de Augusto Monterroso: Mis libros están llenos de vacíos. Aun así, en Monterroso apreciamos una delicada figura literaria, y en la compra-venta de refugios solo vemos una inmensa tontería.
Tanta o más como la que propugna otro grupo de afectados por el afán de desaparición, quienes no del todo satisfechos con que ayer viniesen en fraternal cabalgada los cuatro jinetes de marras, animaron a la gente a concentrarse en el cerro Uritorco de la Argentina, para proceder a un entrañable suicidio colectivo. Se supone que sería “antes de…”, porque “después de…” ya no tiene gracia.
Lo dicho. Si esto leen, algo ha fallado y tenemos más tiempo por delante para superar esta crisis continua de la existencia. Y ya que no el colapso, a ver si la Lotería.










