El presidente entusiasta
23 de Marzo , 2014
Reconocimiento internacional
Ya no podremos saber qué opinaba Adolfo Suárez sobre el desarrollo histórico de la transición que lideró. En realidad ya no lo podíamos saber desde hace mucho tiempo, porque el expresidente no estaba en condiciones de analizar nada por falta de entusiasmo para ello. Él, que lo había tenido a raudales para reiniciar varias veces su actividad política, se había desfondado; quizá por eso, quizá por los golpes de la vida.
Tuve la oportunidad de asistir como periodista a muchos actos en los que participó, tanto entre 1971 y 1975, como después, hasta 1980. Lo entrevisté una sola vez, en Santiago, cuando ya luchaba por transformar el CDS en un partido de futuro, y en todas las ocasiones doy fe de que existió esa misma nota común, fuese director general de RTvE, ministro de Arias Navarro, presidente del Gobierno o líder de un partido cuasiimposible, el desbordante entusiasmo que emanaba.
El Suárez más veces repetido, el del mensaje de su dimisión, es la antítesis de aquel otro hombre que parecía disfrutar más, cuanto mayor era la altura del listón a superar.
Después, todo se apagó. El hijo del díscolo coruñés Hipólito Suárez Guerra pasó al limbo en vida, estando sin estar.
No arriesgamos la respuesta si imaginamos los aspectos de la actualidad que menos fervor suscitarían en Suárez. El constante coqueteo de algunos con la ambigüedad territorial, los titubeos en la respuesta, los ataques a la convivencia, o la desbandada hacia el maniqueísmo nunca estuvieron en el ideario de la transición, porque lo que se pretendía era construir una democracia fuerte, no el puente entre dos dictaduras, palabras de Suárez.
Una última nota al margen. Me sume en una profunda perplejidad el adelanto informativo llevado a cabo por su hijo. Y creo que no soy el único.











