Hacia el fin de los balseros
19 de Diciembre , 2014
Despedida de un grupo de balseros
Las nuevas relaciones Cuba-EEUU se ven como la botella. Unos, medio llena, y otros, medio vacía. Unos dan por derribado el muro del Caribe; otros creen que es combustible para que el castrismo se prolongue otros cincuenta años.
Cuentan que La Habana de Miami está muy dividida entre los dos polos. Mucho más que La Habana de la isla, donde se respira optimismo por los cuatro costados. Y es lógico que así sea, porque si algún colectivo tiene por delante una expectativa de mejora, es el que permanece dentro.
Al fin y al cabo, a los cubanos de la isla se les dice que han emprendido una larga travesía al final de la cual hay un billete de avión o de barco, que les llevará a los lugares a donde hoy solo pueden ir como balseros. Y no es pequeño el cambio si llega a realizarse. Piensen que los cálculos más inflados de la oposición al régimen hablan de 150.000 personas muertas en su intento por escapar de la isla en estos 53 años.
Fin del castrismo, o pasaporte para eternizarlo. La alternativa no impide que hoy sea una buena noticia si con ella se consigue mejorar un punto la vida de los cubanos, al margen de otras consideraciones que pueden seguir planteándose con igual o mayor intensidad. La cuestión no es que el castrismo se prolongue más o menos tiempo, sino que se prolonguen las expectativas de vida de los cubanos residentes. Al menos, ése es el punto de vista que me gustaría escuchar desde el exterior, si me hubiese tocado ser uno de ellos.
Sería muy insensato pedir nuevos sacrificios a los cubanos para ahogar al régimen. Tanto como rechazar el restablecimiento de las relaciones y el levantamiento del embargo para conservar la pureza de la revolución.
La botella está como está, pero la fuente parece más cerca.











