Infiltrados
2 de Junio , 2015
El chavismo nos ha servido para valorar los anteriores cuarenta años de democracia como los más prósperos de la historia de Venezuela. Lo comentaba con toda la ironía que la frase conlleva uno de los entrevistados en la última entrega de Infiltrados, una magnífica pieza de la Cuatro que pone los pelos de punta sobre Maduro y compañía a quienes todavía no los tengan erizados y que en España, visto lo visto, son bastantes.
Aunque otras muchas circunstancias apuntan hacia las diferencias que existen respecto a nuestra situación política, las similitudes son suficientes como para mosquearse.
Chaves basó su ascenso en la crítica y la descalificación de los dos partidos que se alternaban en el poder, contra la casta de su particular bipartidismo que había generado, en efecto, un amplio muestrario de corrupción sin saber administrar las épocas en las que ataban perros con longanizas.
Les convenció de que, ahora sí, llegaba la honradez personificada en él para regenerar el sistema, cuando su pretensión no era regenerar nada, sino quedárselo. Primero, a través del golpismo, y una vez que descubre su tirón mediático, valiéndose de la propia democracia, como ya había sido el caso de dictadores precedentes. Incluso se apoyó en un partido llamado Podemos al que acabó por expropiar por inservible para su fin último. El líder de ese Podemos también habló para el reportaje y sus lamentos son imaginables.
Y al igual que el III Reich, el avance no se detiene en fronteras, pues aspira como él a conquistar todo lo que se deje; o sea, todo lo que no se menee. Es la revolución pendiente con la que sueñan todos los que no son capaces de ver al hombre con su libertad, su diversidad y sus defectos, llámense como se llamen y cabeceen a derecha o a izquierda.










