La calle es suya
12 de Julio , 2015
Que no se les olvide ésta
Ya sabrán que una de las medidas más urgentes y perentorias de Carmena y sus jóvenes desairados _ entre otros consistorios _, es hacer lo que hacen todos los inútiles, cambiar el nombre de las calles, una afición muy española que han practicado con profusión y bandazos tirios y troyanos nada más pisar moqueta.
En esta ocasión invocan para ello la Ley de la Memoria Histórica, como diciendo que la gilipollez está amparada por todas las bendiciones y no se trata de ninguna arbitrariedad, algo fácilmente desmontable según en qué casos.
Si de leyes hablamos, están en vigor un buen puñado de ellas a las que no se dignan someterse con tanto celo, desde la Constitución a la de Seguridad Ciudadana, pasando por el propio Código Penal, la de Banderas y otras de variado signo. Como ya dijo doña Ada Colau, las que consideremos injustas, no las cumplimos y vía. Avancemos, y yo la primera, por la senda de la selva.
Pero a mayores de estas menudencias que hablan a las claras del quilombo, fregao o monipodio en el que estamos inmersos, se añaden nuevas gravedades, pues en la saca de topónimos que se citan para ser paseados se han introducido nombres ilustres de nuestra cultura, se pongan como se pongan los nuevos inquisidores. La integran, por ejemplo, Jardiel _ con placa en su casa de nacimiento _, Gerardo Diego, Dalí, Foxá, D’Ors, Machado, don Manuel; Muñoz Seca… la mitra en verso. Naturalmente, no figura ningún autor ni instigador de paseos o fusilamientos masivos del otro bando, que los hay en el callejero.
La consigna no es cargarse el recuerdo del franquismo, que eso ya está logrado, sino cargarse la transición y meternos de nuevo en vereda fascista y totalitaria, que es lo que les mola a los ignorantes. Y eso ya lo anuncia Jardiel cuando escribe Madre (el drama padre).











