El juicio final
12 de Febrero , 2017
Comienzan las votaciones
A estas horas, con la votación inminente, circulan encuestas en las que Errejón arrasa con porcentajes que doblan a los de Iglesias. Hay una de 65 contra 35 y cosas así.
Ahora bien, la gran mayoría de quienes participan en ellas no votarán hoy, y por lo tanto no se trata de una indagación sobre el sentido del voto, sino sobre los deseos y las percepciones de la realidad.
Hecha la advertencia y establecidas las precauciones, sí se puede decir que Íñigo vapulea a Pablo. ¿Por qué?
Lo que desde aquí se diga sobre la dicotomía podemita también forma parte de la percepción que da la barrera cuando se asiste a los toros. Es decir, un mundo donde se mezclan las impresiones con las apetencias.
Es imposible que el preferido surja de un análisis cabal de los dos programas. Si acaso, eso se dará entre los votantes de Vistalegre, y bastante optimismo es pensar que tal ocurra.
No, el preferido sale de una amalgama de sensaciones transmitidas desde que ambos forman parte de la pomada y del famoseo. Pablo se ha expuesto más a los medios y sobre el papel es el que cuenta con mayores índices de popularidad. Sin embargo, su imagen lo ha devorado sin compasión.
Chulo, prepotente, desafiante, manipulador, macho alfa, flojo en historia de España, narcisista, autoritario y pesetero. Ésas son algunas de las perlas cultivadas en el tiempo de exposición, mientras que en la casilla negativa de Errejón prácticamente solo aparece aquel episodio del trabajo fantasma por el que fue inhabilitado en la Universidad de Málaga. El resto del perfil tiende a neutro, cuando no a positivo. Esto es lo que en nuestra opinión se traduce ahora en mayor simpatía hacia su candidatura, al menos, desde fuera de la formación.
Desde dentro carece de interés especulativo porque solo faltan minutos para el juicio final.











