Las ovejas descarriadas
20 de Noviembre , 2021
Traicionados por el subconsciente
Me gusta la claridad con la que Podemos ha logrado clasificar a algunos de sus votantes. Es de imaginar que no son todos, porque entonces tendríamos el pleno convencimiento de que nos espían el correo, el wassap y hasta los sueños REM.
El sexador de votantes podemitas habla de un primer grupo a los que califica de “ovejas”, así, entre comillas para diferenciarlos de las merinas. No es preciso un estrujamiento de meninges para aventurar qué características exige el sexador a quienes bautiza de esa guisa. Corderillos que caminan hacia el matadero sin chistar, mansos abonados al amén, cabestros de fácil manejo y conducción, o un centenar de seudónimos en esa línea.
Después están los “descarriados”, a los que imaginamos con pantalones de marca y faldas a cuadros, burgueses hasta donde pone Louis Vuitton, pero con el voto entregado a ellos por lo mucho que mola. Y finalmente, los “precarios indecisos”, sobre los que caben múltiples interpretaciones. ¿Dubitativos? ¿Pobres de solemnidad? ¿Despistados? A mí me daría un prolapso rectal saber que he sido catalogado dentro de este apartado y si puedo elegir me quedo con descarriado, que suena a bohemia, a vida alegre y a posterior convento.
Eso, en el caso de haberlos votado. Si no recuerdo mal no lo hice, por lo que estoy descatalogado, como los libros de Dumas en la Biblioteca Ilustrada.
Hay más grupos. Los “parados” y los “pensionistas”, pero son categorías descriptivas, no opinativas. Echo en falta el de “gilipollas” y que nadie se ofenda. En todos los partidos y candidaturas recaen votos de ese estilo. Son aquellos que no deberían estar donde se encuentran, pero que han llegado allí por razones de variada índole.
Tengan cuidado las “ovejas”, procuren descarriarse o acabarán trasquiladas.











