Gerardo Castro, impresor y repartidor del gordo de Navidad

22 de Diciembre , 2021

Dirige tres periódicos, edita doscientos libros e imprime hasta una docena de cabeceras de la provincia

CONSTITUYE UNO DE los más destacados eslabones en la cadena de grandes impresores de Lugo, que se prolonga en su hijo, Castro Lamas, y se ensancha en sus sobrinos, los Montero Castro, cuya sombra alcanza a los talleres de todos los periódicos de Lugo del siglo XX, incluido El Progreso.

Gerardo Castro Montoya (Lugo, 1864), disfruta de dos fechas de nacimiento. La citada ut supra y 1835. La segunda supondría que muere con 93 años, que parecen muchos, y la primera, con 64.

Es hijo de Ángel y Virtudes, vecinos de la Rúa Nova, dedicado el primero al comercio ambulante de la plata, como es propio de maragatos. En 1887 se casa con Juana Lamas Neira y tiene un padrino famoso, Aureliano José Pereira de la Riva. Serán padres de Natividad, Serafina, Leopoldo y Gerardo Castro Lamas, su sucesor en el arte de imprimir. Juana le sobrevive hasta 1932.

El resto de los impresores de la familia vienen por parte de su hermana, Manuela Virtudes Castro Montoya, esposa del maquinista de los talleres tipográficos de La Voz de la Verdad, Manuel Montero Castro y madre de quien será jefe de talleres de La Provincia, de igual nombre y apellidos que su padre.

Él se hace cargo de la Imprenta Católica, de la calle del Castillo, antes de independizarse con otra en la de Palacio, que se traslada a la de la Cruz, y antes también de quedarse en 1894 con los talleres de Soto Freire en la de San Pedro, donde se harán fuertes las Gráficas Gerardo Castro.

Impresor, por un lado y periodista por el otro, dirige El Heraldo, El Lucense y La Razón, en distintos períodos, así como la Asociación Patronal Lucense. Vicepreside el Orfeón Gallego, con Pepe Benito Pardo al frente y es directivo del Círculo das Artes tras una tormentosa sesión en la que el anterior presidente, Purificación de Cora, abandona la sociedad entre opiniones para todos los gustos sobre las sesiones cinematográficas.

A su esmerado arte tipográfico une una notable generosidad y en todo Lugo se sabe que cuando los músicos callejeros le encargan las coplas que venden, siempre quedan a crédito y nunca se llegan a satisfacer. También es habitual que corra con los gastos de los ágapes en bodas humildes, cuyos novios acuden a él en busca de padrino.

Gerardo y Chinita, sus hijos, forman un dúo infantil al amparo del Orfeón y sus actuaciones llaman la atención. Son los dos niños del cromo.

Doscientos títulos forman sus aportaciones bibliográficas, entre ellas Obras gallegas (1915), foliadas y coplas recogidas por él, y el parrafeo No valado, de su autoría. Añadamos la prensa local y provincial, boletines y folletos que a veces firma por por La Minerva, y obtendremos su abundante producción.

Como representante de la Cámara de Comercio, en 1903 viaja a Madrid con la Comisión Lucense para evitar que no abandone Lugo el regimiento de Isabel la Católica, con poco éxito. Es cuando se produce el altercado de Quiroga Ballesteros en la estación de Lugo. Gerardo Castro le reprocha al diputado que habiéndose cruzado en Madrid con la Comisión de Lugo, ni siquiera se volvió para saludarles.

Para compensar un año tan nefasto, Castro adquiere un décimo del 14600 para el Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad del 23 de diciembre y gana uno de los primeros premios. Lo ha repartido en medio centenar de lucenses que recibirán la friolera de 70.000 pesetas. La relación de todos ellos aparece en la prensa, cosas de la época, y nadie se libra de pagar unos convites para festejarlo.

Fallece el 21 de mayo de 1928.

El alcalde

21 de Diciembre , 2021

Habló el alcalde y campo redondo

Camporredondo, un pequeño ayuntamiento de Valladolid, tiene una calle dedicada a José Calvo Sotelo, una única funcionaria y un alcalde con arrestos suficientes como para encararse al Senado y a su presidenta a fin de evitar un atropello más como los que se realizan amparados en la sectaria y malintencionada Ley de Memoria Histórica.

En el caso de Camporredondo han pinchado en hueso y se han encontrado con un alcalde de derechas, aunque se llame Javier Izquierdo.

La lectura de la carta que ayer publica Diario de Valladolid y que fue redactada en noviembre, alimenta y reconforta a todos aquellos que vivimos convencidos de que tal norma nace de la venganza, crece en la injusticia y desemboca en el exabrupto.

El señor Izquierdo arranca con una reflexión que basta para sacarles los colores a varios senados enteros que hubiese a la redonda. Dice el alcalde que les hubiese gustado recibir una carta en la que el alto organismo se interesase por las necesidades del municipio y de sus habitantes _ chapó _, y no aquella misiva intimidatoria reclamándoles una actuación que él considera contraria al ordenamiento jurídico y solo debida a la ignorancia histórica de todos los senadores. Ahí queda eso.

Su argumento para mantener a Calvo Sotelo en el callejero de Camporredondo se basa en que dicho señor malamente pudo protagonizar la sublevación del 18 de julio de 1936, ni la guerra, ni el régimen de Franco, “porque ya estaba muerto”.

Y lo estaba a manos de un socialista, un dato que expuesto en las actuales circunstancias, confiere al alcalde Izquierdo los méritos de su colega Andrés Diego Torrejón García, alcalde de Móstoles el año 1808, ya que ambos se dijeron para sus adentros, hasta aquí hemos llegado. Si rechazamos los métodos de la dictadura, razón de más para no repetirlos.

El padre López, destacado misionero y eventual novelista romántico

21 de Diciembre , 2021

El franciscano de O Corgo fue vicario del arzobispado de Tánger e historiador de la orden en Marruecos

ES OBLIGADO DECIR en primer lugar que nuestro personaje de hoy aparece en un buen número de referencias con graves errores biográficos, fruto quizá de fundir en uno los datos de Xosé María López, sacerdote castrense nacido en Vilaboa-Vilaodriz, hoy de A Pontenova, el año 1884, y los de José María López Queizán (O Corgo, 1891), nacido en Santiago de Adai, franciscano y vicario general del primer arzobispo de Tánger, también nacido en O Corgo, Francisco Aldegunde Dorrego, así como secretario del anterior vicario, fray José María Betanzos.

Así las cosas, advertimos a los interesados en ambos personajes, escritores los dos, que naveguen con precaución en ese mar de erratas.

El padre López, como será conocido, era hijo de Salvador López Fernández y otras tres hermanas suyas también fueron religiosas, Celia, superiora en Benavente, Asunción y Patrocinio Adela, así como Salvador, que tuvo la concesión de Renault en Aranda de Duero y que mantienen sus descendientes. A través de su hermano Ramiro, emparenta con la familia Tella.

Tras estudiar en Herbón y siendo todavía muy joven, se traslada a Tánger, donde residirá gran parte de su vida, hasta que regrese al convento franciscano de Santiago, en el que fallece a finales de los años setenta.

Al cumplirse los cuarenta y ocho años de su permanencia en África, el Consejo Superior de Misiones del ministerio de Asuntos Exteriores le concede la Venera y el diploma de Misionero Benemérito, de la misma forma que las autoridades lusas le reconocen su labor en Tánger con la orden del Infante don Enrique de Portugal.

Desde el año 1952 el vicario desempeña el cargo de Comisario Regular de las Misiones Franciscano-Españolas de Marruecos y es el principal investigador del archivo de la Misión, gracias a lo cual publica un buen número de trabajos históricos, entre los que destaca El padre Lerchundi. Biografía documentada (Madrid, 1927).

Pero sin duda la obra más curiosa de su producción es la novela Neima, la sultana de Alcazarquivir, publicada por la Editorial Marineda el año 1935 en Madrid, la misma fecha que la Memoria del Vicariato Apostólico.

La novela no recibe buenas críticas, más bien todo lo contrario. Quizás fue escrita en su juventud y por su argumento, es posible que su intención haya sido más apostólica que literaria.

Le achacan ser un texto excesivamente largo, de poca estructura novelesca y lleno de exotismos y figuraciones.

Cuenta la historia del capitán español Germán Olivares, que se enamora de Neima, una joven marroquí de una noble familia de Alcazarquivir. a la que solo ve una vez, con la que no puede comunicarse por no entender su idioma y de la que ignora absolutamente todo, menos la forma de su cara.

Como el capitán y la sultana son buenas personas, su relación acaba en boda, eso sí, previa conversión de la mujer al cristianismo, que es el objetivo perseguido desde la primera línea.

El sexo fácil entre militares españoles y nativas, prostitutas o no, era un atractivo para suavizar el envío de tropas a Marruecos. Posiblemente el padre López pensó que esta otra visión de la realidad no sería tan descarnada y abría las puertas a la posibilidad de crear un matrimonio entre ambos mundos.

En cualquier caso, Neima… es incluida entre la novelística española que se genera durante esos años en Marruecos.

Al padre López, que también fue preceptor del cardenal Carlos Amigo, se le rinde un homenaje en Tánger en reconocimiento a su amplia y fecunda labor en Marruecos.

Ramón Neira Pedrosa, el siglo XX de Lugo

20 de Diciembre , 2021

Está presente en el Ayuntamiento, Diputación, Caja de Ahorros, Casino, Círculo, Sporting, Cruz Roja…

PENETRAR EN LA vida de Ramón Neira Pedrosa (Lugo, 1879) es hacerlo también en varios siglos de la historia lucense, pues sus vinculaciones familiares nos permitirían navegar a través del tiempo. Trataremos de ceñirnos al suyo, que fue dilatado, pues alcanza los 96 años de vida, más longevo que su padre, Dositeo Neira Gayoso, ya presente en el Álbum, y mucho más que su abuelo, Ramón Neira Montenegro, las principales referencias si a influencia nos referimos.

No así su madre, Purificación Pedrosa Ulloa, hija del marqués de Villaverde de Limia, Jacobo Pedrosa y Porras, fallecida en 1911 veinte años antes que su marido.

Pero vamos con él, que el papel no se estira. Antes de dejar el bachillerato e iniciar Derecho, Ramón se convierte en uno de los más destacados velocipedistas de Lugo, es decir, en un pionero del ciclismo con rueda alta.

En septiembre de 1896 lo encontramos compitiendo “en el espacioso velódromo de Montirón” con los especialistas locales y gallegos del momento, como son Antonio Fernández Tafall, redactor y director de La Gaceta de Galicia; Sandrás, Curbera, de Vigo; Tojo, de Santiago; Sueiro, alias Centauro, de Ferrol; y Saavedra Salgado, que son los que entonces destacan.

En cuanto a los corredores internacionales, nadie como el campeón portugués Michín, conocido como Pernas de Ferro.

Cada carrera se celebra a una distancia y en distintos ámbitos. Las hay de mil metros o de 1.500, hasta las de Resistencia, que son de cinco km. Disputan las preparatorias, locales, regionales, provinciales, una de Consolación y la que llaman de Campeón. Una tarde Ramón gana la Preparatoria y le dan un barómetro. En otra se hace con un alfiler de corbata y más adelante es campeón local sobre 1.600 metros.

Las “señoritas más distinguidas de Lugo” bordan las cintas para los ganadores y el 8 de septiembre, Saavedra y él se las llevan todas.

En otro orden de cosas, pero siendo todavía abogado mozo, Ramón sigue la estela política de su padre para ser primer teniente de alcalde en Lugo y diputado provincial, con plaza en la comisión de Beneficencia (1913).

Se mantiene dentro del deporte como presidente del Sporting Club y dentro de la beneficencia, como vice de la Asamblea de la Cruz Roja desde que se constituye en septiembre de 1936.

En ese año fatídico es candidato de la CEDA para las elecciones del mes de febrero. No estaba previsto que lo fuese, pero la rebeldía de Ángel López Pérez lo derriba a la lista contrarrevolucionaria y es Ramón quien lo sustituye al lado de Pepe Benito Pardo y Saco Rivera, aunque él se negaba por respeto al exalcalde.

En la campaña le incautan el coche, más que nada para incordiar los desplazamientos de la derecha. Pero obtiene el acta, aunque por poco tiempo como sabemos.

Nada más acabar la contienda integra la Federación Católica Agraria que encabeza Tella.

Soltero, pero no solo en la vida porque la familia es amplia, participa en las actividades del Casino, donde en 1910 es vicepresidente con Fernando Pardo Suárez, y del Círculo. Cuando cumple 64 años como socio del Casino, en 1962, la directiva lo hace Socio de Mérito y Bernardino Pardo Ouro le ofrece el homenaje. El Círculo hará lo propio en 1968, siete años antes de su muerte.

En 1955 vende el Balneario a Garaloces. Es presidente del Consejo de la subcentral lucense de la Caja del Ahorro y Monte de Piedad de La Coruña y Lugo desde su fundación en 1960, y consejero del Banco de España.

En fin, entró lo que entró.

Ni idea

20 de Diciembre , 2021

Y con recaídas

Una vegana dice por la tele que se comería antes a un ser humano que a un animal, y nada nos ayuda a pensar que mienta. Ni hablar, la mozuela lo mantiene muy convencida porque el despiste ha escalado hoy hasta cotas nunca antes sospechadas.

Porque una cosa es la ignorancia, la superstición y la superchería cuando el conocimiento no alcanza para más y el hombre se las arregla como puede para explicarse los entresijos de la existencia. Faltos del instinto que rige las vidas de todos los animales, tenemos el cerebro para suplirlo, pero hay que darle tiempo al tiempo. No viene de fábrica como los limpiaparabrisas de los coches.

Lo de esta chica, como lo de otros muchos que vagan y veganan hoy en día por el mundo adelante, con ideas que en sí mismas son de bombero y de Código Penal al mismo tiempo, no es achacable ni a la falta de conocimiento, ni a la superstición, sino al despiste general.

A saber en qué escuela super-fashion ha caído, qué gurú le ha liado los primeros porros, o qué libraco se ha metido entre pecho y espalda antes de leer los que corresponden para que todo el edificio intelectual crezca según y conforme, con los cimientos sólidos y sin peligro de que sople un ligero airecillo y se vaya todo al traste, como es el caso.

Posiblemente quede muy crocanti soltar en una tertulia: “Yo me comería muy a gusto un par de abogados del Estado”, porque ´épater le bourgeois´ sigue siendo uno de los ejercicios más sanos y divertidos que le restan a los humanos pandémicos y postpandémicos, pero hay que saber hacerlo, pues de lo contrario el único que queda despatarrado y desorejado es quien lo intenta. Y en esas estamos.

De vegano se puede salir en 24 horas. De burro cuesta bastante más, sobre todo cuando lo que llevas andado no te da ni para forrar un palillo mondadientes.

Mi vida en rosa

19 de Diciembre , 2021

No se puede ser más neutro

Se fueron Castells e Iglesias, pero nos quedan Irene, Garzón, Belarra, Yolanda y el nuevo fichaje, que ha sido recibido como se despide a los malos toreros, con pitos y abucheos. Eso sin contar la bancada socialista, donde también abunda la inutilidad teórica y el refrito práctico.

Muchos estábamos convencidos de que se llevaría la palma Irene, pero en las últimas semanas le está comiendo las papas don Garzón el consumero. Desde que ha descubierto el filón de los juguetes no se apea de los titulares y eso en los tiempos que corren es impagable.

Después vendrán las encuestas sobre los ministros más conocidos y si no haces o dices cuatro tonterías al mes, ni apareces. En cambio él, ahí lo tienes, en la cresta de la ola. La huelga de los juguetes fue una auténtica genialidad digna de don Tancredo López, que quiso ser hipnotizador de toros hasta que el primero de ellos le rompió varias costillas.

Y ahora, en un más difícil todavía, el ministro recomienda a los Reyes Magos que compren a los niños juguetes en colores neutros, ni rosas, ni azules; y que las muñecas tengan cuerpos diversos. Ambas ideas son rayanas con la perfección propagandística de la inanidad universal adobada en la retorta de la mentecatez absoluta, aquella en la que es imposible añadir una gilipollez mayor porque se ha superado el grado de saturación.

Miento. Hay un escalón más allá que todavía no se ha recorrido, pero que a este paso pronto lo veremos en las noticias. De acuerdo con el mismo razonamiento, la tela para trajes de camuflaje, esa de manchas verdes y negras, resulta de un machismo apabullante y haría bien Garzón de recomendar a la titular de Defensa que fuese pensando en implantar uniformes de colores neutros, no vaya a ser que el enemigo nos tome el número cambiado.

Enhorabuena, ministro; lo has vuelto a lograr.

La bañera

18 de Diciembre , 2021

Acaso, chapuzón

La utilizan con abundancia y soltura, pero al escuchar esa palabra no puedo evitar que un espeluzno me recorra el espinazo y piense de inmediato en un tipo de tortura visto alguna vez, solo en el cine, afortunadamente.

Se trata del término inmersión y la tortura que se patentiza, la bañera.

Desde el caso del niño de Canet, la Generalidad ha redoblado su uso en medidas inmediatas, como amenazas que caen sobre la población para atemorizarla asegurándole que fuera de su férula no hay salvación:

“El profesorado contará con herramientas para garantizar la inmersión”. A los padres y niños afectados tendría que erizárseles el manto piloso solo con leer este encabezado. ¿Qué herramientas serán esas? Sugieren garrochas con las que presionar las cabezas para que no emerjan del líquido donde se realiza la inmersión, o cuchillas que recorren la superficie para no se te ocurra asomar la nariz ni para decir Buenos días, porque su filo te alcanzará inmisericorde.

Y aunque el escalofrío inicial se pasa porque ni eres niño, ni vives allí, en tu memoria permanece la idea de que una inmersión no es amable, ni voluntaria, ni democrática, ni deseable, ni digna de aparecer en el manual del buen comportamiento con tus semejantes, cuyos antecedentes inmediatos son las cartillas de urbanidad, sin ir más lejos.

Las inmersiones que conocíamos hasta ahora eran las de los submarinos en aquellas películas tan angustiosas que se hicieron después de la II GM y las que las familias costean a sus vástagos en Londres o por ahí adelante, para que se empapen de inglés sin siquiera respirar en su lengua materna. Pero son voluntarias y en el extranjero. Que te sumerjan a la fuerza y en tu tierra no dice nada bueno de su amor por la lengua, ni de su amor por los semejantes, ni de su amor por la amabilidad.

300

17 de Diciembre , 2021

Las Termópilas, dos conceptos energéticos, termo y pilas

Ha dimitido Castells. No me digan que no lo conocen. Era ministro de Sánchez y se sentaba en la esquina derecha de la mesa del Consejo, es decir, a mano izquierda del presidente. El mayor del grupo, de pelo blanco, con cara de bonachón.

Bueno, pues ese es Castells, la cuota de Ada Colau en la ministroika, de la misma forma que ahora lo será Joan Subirats, que se presenta con un grado superior, pues es la mano derecha de la alcaldesa. Vamos que Sánchez ni los huele. Lo nombra ella, dimite él y lo sustituye otra vez Adita. Ya pasó con Pablo y Yola, de modo que nada nuevo bajo el sol.

Además de tener a la comunidad universitaria en rebeldía, de reírse de las revistas científicas y de despreciar la excelencia de los estudiantes, la etiqueta de Castells ha sido siempre la de ideólogo del 15M, de la misma forma que Arias Navarro era el del 12F, también llamado espíritu.

Aquel 15M llega al gobierno encarnado por Iglesias, que ya está fuera, y por él, que también. Quiso la casualidad, o a la necesidad le plugo, que Castells se marche el 16-XII-2021, el día en el que la tarifa de la luz sobrepasa la barrera de los 300, que no son los espartanos de Leónidas, sino los euros que debemos pagar por megavatio-hora, cifra histórica, redonda y abrasiva que contiene varias veces repetida la que hizo exclamar a Sánchez que Rajoy nos salía muy caro a los españoles.

Ha sido entrar ellos y chico, de los 300 de hoy, 250 suben en sus meses. Como ideólogo del 15M no tiene precio, pero como ministro es un auténtico fenómeno.

Como los sindicatos _ esos entes con tragaderas del tamaño del túnel de Despeñaperros _, no dicen ni mu, confiamos en que nunca jamás protesten ya por nada, pues llegado el caso bastará recordarles una cifra: 300 el día 16-XII-2021, cuando se las piró Castells.

El censor

16 de Diciembre , 2021

Irresistible tentación de ser dios

Uno de los distintivos de Franco como dictador fue la censura previa, transformada luego en el artículo 2 de la Ley de Prensa, o sea una censura posterior.

Aquello era una pesadilla para los periodistas, porque el artículo 2 te podía pillar por cualquier lado. Publicar lo publicabas, pero el palo venía después en forma de expediente, multa o secuestro. Lo he vivido en mis carnes más de 50 veces y no exagero. En El Indiscreto Semanal salíamos a doce expedientes por número, más alguna multa y un porrón de secuestros.

El caso es que, fallecido don Francisco, nos las prometíamos muy felices. Se acabó el artículo 2. Y en efecto, tardó un poco, pero logramos evacuarlo y tirar de la cadena. Adiós censura.

¡Ja! ¡Y un lacón con encajes! Cuando vamos camino de separarnos medio siglo de aquellos acontecimientos, nos hemos dotado de un gobierno que añora la utilidad de la censura y está dispuesto a desenterrarla como ya hizo con don Francisco, demócrata en diferido, por lo que se ve.

Como con la prensa encuentran severas dificultades y aunque el rebaño de plumillas a sueldo crece de forma exponencial, han inventado una nueva modalidad de censura, que no es previa, ni posterior, sino primigenia, pues consiste en que el adulto ya venga censurado de la escuela gracias a la inefable Ley de Memoria Histórica, a la que de memoria solo le queda el memo.

Si nadie pone remedio, y nadie lo está poniendo, podrán conseguir que el concepto de Hispanidad en América sea malo por naturaleza, que Stalin rivalice en virtudes con San Pascual Bailón, que la izquierda no haya gritado Amnistía durante la transición y que el descubridor de la circulación pulmonar era de Podemos. Eso además de colgarle a Franco lo que sea pertinente, y ay de quien ose decir lo contrario.

Dos pases más y ale-hop, voilá la censura prenatal.

Don Froilán, un erudito latinista y un hueso como profesor

16 de Diciembre , 2021

Para aprobar con el catedrático de Láncara, “hay que saber latín”, comentan en el instituto

ALGUNOS DE SUS alumnos, por ser de Lugo, distinguen al Froilán bueno del Froilán malo. El primero es el santo de las patronales y el segundo, don Froilán López López (Láncara, 1900), su profesor de Latín, tan diestro en el arte de manejar ceros, como erudito en la materia que imparte.

Don Froilán es meticuloso a la hora de preguntar las declinaciones, pero también cuando toca calificar, pues distingue un cero alto de un cero bajo, una precisión que no todos los que los reciben saben apreciar.

En cualquier caso, a la hora de redactar su semblanza debe prevalecer la idea de que el sacerdote fue un auténtico erudito moderno de la lengua latina y los títulos de sus obras al respecto bastarían para llenar el resto de estas columnas. Como son de fácil acceso, nos abstenemos de reproducirlas.

Don Foilán nace en la parroquia de San Xoán de Muro y tras solventar con nota la carrera eclesiástica en el Concilar de Lugo y el Colegio Español de Roma, es ordenado sacerdote el año 1925, para ocuparse después de la asignatura de Latín en el seminario lucense durante los siguientes diez años.

Obtiene la licenciatura y el doctorado en Filosofía y Teología por la Universidad Gregoriana de Roma, antes de matricularse en la sección de Clásicas de la Universidad Central de Madrid el año 1935, ciudad a la que va en el verano anterior para sustituir al capellán del Colegio de Huérfanos de Estado Mayor y Sanidad Militar. No sabe lo que significará esa sustitución.

Se examina en el 36 y sin conocer el resultado de la prueba se declara la guerra, por lo que permanece esos tres años ignorante de su suerte académica. Terminado el conflicto descubre que su expediente ha desaparecido, aunque por suerte para él, su examinador se acuerda perfectamente de su ejercicio y de su sobresaliente nota.

Había pasado la guerra en Madrid “desde el primer día al último”, como dirá él para contarlo. Primero, al lado de su anciana madre hasta que fallece. Luego, solo. Él se lo achaca a las horas que la mujer permanece a la intemperie en las colas del pan. El sacerdote esconde su sotana, da las clases que puede y se procura alimentos en una ciudad desabastecida.

Frecuenta el salón de lectura de la Biblioteca Nacional, donde lo detienen unos milicianos y se lo llevan a la Dirección General de Seguridad. Milagrosamente a los tres días recobra la libertad tras ser interrogado.

Ya en 1939 se hace con veinte kilos de trigo, que bien administrados le permiten llegar vivo al final de la guerra.

En 1942 oposita y gana la cátedra de Latín, con la que empieza a dar clases en el instituto de Lugo en compañía de Bernís, Rodríguez Labajo, Fraguas, Mendaña o Lázaro Montero, a quien sustituirá en la dirección del centro interinamente.

Uno de sus objetivos entonces es incrementar el número de excursiones educativas, aunque poco se puede hacer en ello. Lo que sí incrementa es su fama de hueso entre los alumnos y el convencimiento de que solo hay un sistema para aprobar con don Froilán, saber latín.

A ello contribuye el aislamiento que se autoimpone, enfrascado únicamente con sus trabajos y sus libros.

Lugo reconoce su labor docente con un homenaje en 1971, un año después de su jubilación en el Instituto de Alicante, a donde había solicitado el traslado por razones de salud.

Al final de los días el profesor está contento del nivel de sus alumnos. Como botones de muestra cita a dos, el arabista José María Fórneas Besteiro y su sucesor, Amable Veiga Arias.

Fallece en Madrid el año 1990, cuando aborda investigaciones sobre toponimia gallega.