La chamuscada
6 de Febrero , 2022
A punto de lignito
Entre hacer las cosas bien y hacerlas mal existe una enorme distancia, pero al mismo tiempo basta una mosca para estropear un guiso.
Batet pone la mosca, la distancia sideral y lo que le pidas para que nadie dude de su parcialidad. Si los presidentes del Parlamento se elegían en orden a su habilidad para disimular su pertenencia al partido del Gobierno, Batet demuestra su sintonía con Sánchez desde que se despeina por la mañana hasta que se pone el camisón por la noche, si es que lo usa.
Comenzó chamuscándose poco a poco en asuntos de funcionamiento e intendencia, con naturalidad y soltura, como si estuviésemos obligados a comprender que se debe a quien la nombra, y no al cargo, a la institución y a todos los españoles, incluidos los que no votan.
Después del trámite de la reforma laboral, Batet está carbonizada por completo, como cuando tienes un filete en la sartén y te llama tu madre diciendo que se divorcia. Pobre filete. Allí se queda hasta que cualquier minero de Samuño lo confundiría con la hulla o la antracita que extrae a diario. Esa es hoy la presidente Batet, un filete que se cae al suelo y se rompe.
Otra cosa es cómo acabe todo lo ocurrido en este febrerillo loco. Si hay pucherazo del PSOE o connivencia del PP; si la reforma es lo que ya había o cambia mucho; si beneficia al trabajador o lo sepulta; si multiplica el paro o lo destierra.
Todos esos supuestos discurren por otros derroteros que aquí no se analizan. Lo que sí se puede vislumbrar a día de hoy es que Maritxell pasa a la categoría de los bituminosos, que Yolanda Díaz termina chamuscada en sus partes más prominentes, que Nadia Calviño avanza en su sedimentación arenisca y que Adriana Lastra sale aparentemente indemne, lo cual es un duro golpe para quienes defendemos el valor de la formación académica.











