Montero, o personaxe que se lle escapou a Cunqueiro

8 de Agosto , 2019

O máis medieval do XXVII Mercado mindoniense ten que ser á forza o mago Merlín

EN MONDOÑEDO, MANOLO Montero é Merlín. Os demais son a familia.

Eu daría algo por poñerlle a data de nacemento despois do nome, como fago cos outros cromos do álbum, pero con Montero é imposible. Padece coquetería máxica e prefire facer manteiga coas penas de Oirán antes de confesar o ano da súa chegada a Vallibria, onde agardou a que Alvarito se fixese novelista para vivir en plena liberdade a súa condición merlinesca acariñando unha cachola xibarizada.

Non sei se llo aprenderon, ou foi cousa do seu caletre filosófico, pero Manolo sempre bota man da mesma resposta cando alguén ten o atrevemento de lle preguntar pola súa idade. “Eu son un mago. Non teño medida no tempo, nin hoxe, nin pasado, nin mañá”. E os de fóra _ xa que ninguén de Mondoñedo lle fala diso _, marchan de fociños sen sacarlle, nin con propina, de que exerxicio vén sendo.

E algo de razón teñen, porque tanta maxia non pode ser ben. Se este home foi libreiro, quere dicir que houbo un antes e un despois. Se os pais foron matachines é que houbo preñez. A min que non me tolee, porque se pode ser mago, pero non se pode nacer por xeración espontánea. Hai que ser epígono do anterior!

Non sei. Pregúntadelle a Cunqueiro.

Se cadra Merlín Montero nace canda o mago do seu amigo e atrás queda outro, chamado Manolo M. Rego, que foi libreiro e que terma coa maledictio de amorear revistas impúdicas para o contento de xente talar. Que eu non o dixen, que foron outros.

Se foi verdade, nada queda hoxe do invento e as únicas imaxes que se poden sacar del son fotografías de recordo ao seu carón, coma se vas a Londres e pides á túa parella que che faga unha cun garda do pazo de Buckingham.

Se non lle doe o oído, fala cos visitantes do que lle pregunten, e se saen na conversa males de amores, seguro que Merlín ten algo que dicir para remedialos. Hai tempo fixo unha mostra de bruxería xacobea, que son dous conceptos moi achegados un doutro, se só buscamos o ben. Especializouna no mal de ollo, iso que os italianos chaman jettatura, que é arma moi poderosa contra a que cómpre unha defensa eficaz, como pode ser a propia cuncha de peregrino e outros escudos que Merlín colecciona, se non os fabrica el mesmo.

Daquela aínda mantiña consulta e levaba cos seus clientes unha relación moi profesional, de mago a fodido. Logo a cousa veu a menos. Os vellos deron en consultar o tarot con xuízas de Vixilancia Penitenciaria, e os novos foron máis polo Instagram. Entón Merlín quedou atrapado entre a incredulidade e as novas tecnoloxías, e por moita túnica que levase posta perdeu o consultorio. Non así as peticións para se afotografar con el, que xa digo, ir a Mondoñedo e non traer un selfie con Montero, é coma ir a Teixido e voltar sen a herba de namorar.

Non só de Cunqueiro vive o home. Manuel María dedicoulle uns versos ben bonitos e el pagounos cunha xuntanza na honra do poeta que foi de medo. Darío Xohán tamén falou moi ben de el e despois Requeixo, Reigosa e Piñeiro encheron Mondoñedo dun universo cunqueirán para que propios e estraños tropecen polas rúas co Simbad e co Pallarego; co Lence-Santar e co Merlín.

O seu museo é un totum-revolutum que recorda o que José María Kaydeda monta en Oleiros, mellorando o presente. Mesmo os dous teñen unha sección de olería que paga a pena ver dúas veces.

O de Merlín habería que desorganizalo un pouco. Está en orde de abondo e aínda se pode camiñar polo medio. Os magos non precisan tanto amaño, porque fan así, zas, e xa o teñen todo ben aquelado.

Burón, la aldea de las calles comunistas

7 de Agosto , 2019

Enrique Fernández transforma las fiestas de agosto en A Pobra para que chinche A Fonsagrada

HASTA 1835 LOS actuales municipios de A Fonsagrada y de Negueira de Muñiz forman el Concejo, o las Tierras, de Burón, con capitalidad en A Pobra de Burón.

De aquella pérdida de categoría para los de Burón a favor de A Fonsagrada _ separadas por tres km _, se deriva entre los primeros una tradición de agravio que en algunos casos sobrevive hasta hoy. En estas circunstancias discurre la vida de Enrique Fernández y Fernández (A Pobra de Burón, 1925), también llamado Enrique de Gabriel, porque ése es el nombre de la casa natal, o el Burón Rojo, como gusta bautizarse.

Enrique nace noventa años después de que desaparezca Burón como capital del municipio. Sin embargo, la herida está tan fresca como el primer día. Al menos eso considera él cuando alcanza el uso de razón.

Una vez superados los estudios elementales da con sus huesos en Barcelona y allí hace por la vida como guía del metro. De Barcelona viaja al Archivo General de Simancas, en Valladolid, en busca de papeles que le ayuden a defender los derechos históricos del Concejo de Burón y a su regreso trabaja por convertir en carretera los caminos que lo cruzan.

Con el fin de que los vecinos no necesiten ir a Fonsagrada, se hace con una furgoneta donde rotula: «Comestibles El Buronés el más barato del norte de España». Por medio de ella vende a domicilio la cesta de la compra y poco le falta para acabar en la ruina. Por eso y por comprar la fortaleza de Burón, que pretende poner en valor sin ayudas de ningún tipo. También colabora en la llegada del teléfono, compra un órgano para la iglesia, limpia y regenta la cantina del lugar. Lo que sea con tal de engrandecer Burón.

Y es entonces cuando Enrique y sus planes se dan a conocer fuera de Burón. Y lo hace de una forma sorprendente. Lo recuerdo con bastante exactitud. Un día de verano de 1985, o incluso antes, llega a la redacción de El Progreso la noticia de que en A Pobra de Burón están organizando para el mes de agosto unas fiestas excepcionales, pues el programa incluye números que evidentemente no pueden ser contratados por una población tan pequeña. En torno al día mayor, el 15 de agosto, el programa se inicia con fuegos artificiales “que describirán círculos de estrellas maravillosas para descender en forma de palmeras”. El pregonero será Rafael Alberti y actuará la Orquesta Sinfónica de Londres. La misa incluye el Cantum Sacrum de Rimsky Korsakov, y el torneo de fútbol lo disputan el Dinamo, de Kiev y el Estrella Roja, de Belgrado. El Fari, Diana Ross, Tina Turner y Juan Pardo completan unas fiestas imposibles de mejorar por el cercano y siempre odiado ayuntamiento de A Fonsagrada.

Su iniciativa más duradera y la más comentada es cuando decide bautizar las calles de Burón con los nombres de personajes rusos y dirigentes comunistas internacionales, sabedor de que son los que más irritan al poder establecido, aunque hoy soplen aires de democracia.

Enrique encarga unas placas de cerámica similares a las oficiales para distribuirlas a lo largo de las casas de Burón a su leal saber y entender en honra de Mao Tse Tung, de Carlos Marx, o del Dr. Fidel Castro, un título que alude a su doctorado en Derecho Civil.

Otros vecinos residen en la Avenida Lenin o en otra que recuerda a Hô Chi Minh, aunque aquí el vietnamita adquiera un admirativo Oh Chi Minh, sin duda por la devoción que despierta el personaje. También las hay de Igor Stravinski, o del mariscal Gueorgui Konstantínovich Zhúkov.

José Bolaños, el bonito de Burela

6 de Agosto , 2019

Hoy se cumplen los 57 años de la muerte de Marilyn Monroe y él fue la última persona en hablar con la actriz

ENTRE LOS LUCENSES y asimilados hay que hacerle un hueco a José Bolaños Prado (México, 1935), especialmente en un día como hoy, cuando se cumplen los 57 años de la muerte de Marilyn Monroe, ya que este hombre es la última persona que habla con ella antes de aparecer el cadáver en el número 12 305 de Fifth Helena Drive, en Brentwood (California).

La última, o la penúltima, si se admite la hipótesis de un asesino que pudo intercambiar alguna palabra con la estrella antes de mandarla al firmamento.

¿Y por qué Bolaños en el Álbum de Lucenses? La culpa la tiene Xavier Navaza, que escribe un libro llamado El último amante de Marilyn, publicado por Alvarellos, donde nos descubre que el susodicho productor, actor y guionista de cine mexicano, tiene sus orígenes en Burela; aquí al lado, en la antigua parroquia del ayuntamiento de San Xiao de Nois, que luego lo fue de Santa María de Cervo y que más tarde se convierte en ayuntamiento de seu.

Cuenta Navaza que el abuelo del rapaz sale hacia México desde su casa do Vilar, en tierras cervenses, y que el vástago de su hijo, antes y después de convertirse en amante de esta Marilyn en barrena, nunca quiso saber nada de sus orígenes gallegos, quizás por parecerles poco dignos a tan meritorio título alcanzado entre sábanas.

Pero habida cuenta que la artista se fija en él por su belleza, José no podrá negar a la historia que él también fue un bonito de Burela.

Marilyn conoce al bello Bolaños cuando su marido, Arthur Miller, cambia de pareja de manera radical, pues pasa de la inconstante frivolidad de la espectacular rubia, el icono sexual de todo el planeta, a la calma intelectual y serena guapura de la fotógrafa Inge Morath. Por cierto, en 1996 quien esto suscribe tomó el pulpo de octubre con la austríaca Morath en una caseta del parque lucense y circunvaló la ciudad desde el adarve amurallado gracias a la amabilidad de Ramón Soilán.

Marilyn va a México porque quiere decorar su nueva y última casa con muebles extrafronterizos de estilo colonial, y es en ese viaje donde sus ojos y los de Bolaños se cruzan y se entrecruzan. Comentario al margen, pero oportuno, es decir que la preocupación por el estilo de los muebles caseros marida muy mal con las supuestas tendencias suicidas que ya entonces se le adjudican, pero a saber cuántas ideas caben en una cabeza tan diversa y dispersa como la suya.

Hasta un Bolaños cabe. Un conde de Lugo que a base de corderos lechales y bollos preñados combate en la muralla y la salva del cerco de sus enemigos.

Este José, al que se le tilda de playboy y acaba acostándose con la mujer que ocupa la portada del número 1 de Playboy, recibe clases de Carlos Velo, aunque seguramente delante del cineasta de Cartelle no se atreve a decir que no quiere saber nada de Galicia. O vete a saber, quizás Velo nunca descubre que el guaperas de su alumno es nieto de gallegos.

Lástima también que la amistad horizontal con Norma Jean no le valga a José para plantarse en Hollywood con su rostro molón, una mezcla de Humphrey Bogart, James Dean y Jorge Negrete sin bigote. Lástima para él y ventaja para Navaza, pues de esa forma se mantiene sin descubrir el nexo del chaval con Burela hasta que el periodista lo saca a luz.

No obstante, el amante tenía algo más que serrín en la cabeza, como lo demuestra su versión cinematográfica del Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Dicen que es mala, pero no lo sé. Si pueden, lean a Navaza y vean a Marilyn Monroe: Murder on Fifth Helena Drive, donde se cuenta todo esto.

Un héroe de Ribadeo para una ciudad en llamas

5 de Agosto , 2019

Travieso dedica su vida al mar y encuentra la gloria en tierra

UNA RECOMENDACIÓN PARA los turistas ribadenses, y lucenses en general, que estén de visita en las Canarias es que se acerquen a una céntrica calle de Las Palmas que lleva en placa el nombre de Travieso y se fotografíen en ella, pues lo estarán haciendo en honra y recuerdo de un paisano.

Acostumbrados como estamos a encontrar en la toponimia callejera el nombre de Traviesa para las calles _ Lugo, Vilalba, Coruña, Ferrol… _, es fácil deducir que este Travieso canario es debido a un callejón, paseo o pasadizo que atraviesa otras dos calles principales, pero al menos en Las Palmas la explicación es otra.

Aunque muchos en la isla desconocen también su origen, el caso es que con ella se rinde honores al marino Manuel Rodrigo de Travieso (Ribadeo, 1714). Vesteiro Torres, Amor Meilán (Manuel Molina Mera) y otros que los siguen, se refieren a él como “Miguel Travieso”, quizás por un error documental transmitido de uno a otro.

Veamos qué hace este Travieso para ganarse el reconocimiento callejero.

Después de nacer en Ribadeo _ requisito indispensable para una buena navegación _, ingresa voluntario al servicio de la Armada cuando supera los 18 años de edad (1732). Las etapas de su carrera se suceden como sigue: artillero de mar (1738); pilotín (1739); segundo piloto (1741); primer piloto (4 de abril de 1761); alférez de fragata (marzo de 1762); alférez de navío (diciembre del mismo año); teniente de fragata (20 de marzo de 1764); teniente de navío (1760); capitán de fragata (1772); capitán de navío (1774); brigadier (1781); y, finalmente, jefe de escuadra (21 de septiembre de 1789) cuando ya cuenta 75 años de edad.

En esa larga y exitosa carrera sirve a las órdenes de Blas de Barreda, Juan de Lángara, Luis de Córdoba y otros destacados marinos del siglo XVIII. En Cartagena de Indias participa en la defensa del castillo de San Luis de Bocachica, contra la escuadra inglesa del almirante Edward Vernon, y siendo segundo piloto da la vuelta al mundo con una etapa en El Callao y ruta por el cabo de Buena Esperanza.

También lucha contra los argelinos en el Mediterráneo y si su hoja de servicios está plagada de hechos relevantes a bordo de buques, el que andamos buscando se produce en tierra.

Ocurre el año 1755. Cuando realiza un crucero de Cádiz a América, toca en la rada de Las Palmas y se ve en la necesidad de saltar a puerto para sofocar el incendio que está destruyendo aquella parte de la ciudad.

Cómo sería su colaboración en los trabajos contra el fuego, que a las autoridades de Las Palmas no les queda otro remedio que rendirle eterno agradecimiento con esa principal vía, siempre que no aparezca ahora algún gilipollas con cargo que se lo cargue, creyendo que ése es el sentido de la palabra.

Curiosamente, el año del incendio, 1755, es el mismo del gran tsunami originado por el terremoto de Lisboa que va a afectar a Las Palmas, con una retirada del mar de unos dos kilómetros y una gran ola que deja la ciudad sembrada de pescado. Pero el tsunami no es la causa del fuego.

Lo cita Vesteiro Torres en su Galería de gallegos ilustres (t. III, Marinos), pero solo lo hace de manera tangencial dentro de la biografía del coruñés Juan de Lángara, uno de sus mejores amigos.

En tierra también ocupa diversos cargos, como el de capitán de maestranza, Subinspector de Arsenales y vocal de la Junta de Asistencia del departamento de Cartagena, donde fallece el 1 de octubre de 1796. Travieso merece la Gran Cruz de Carlos III.

Vázquez Cereijo, lucense y europeo

5 de Agosto , 2019

Hoy, tercer aniversario de la muerte del pintor y con antológica en el Museo.

SE CUMPLE HOY el tercer aniversario de la muerte de José Vázquez Cereijo / Coté Pimentel (Lugo, 1940) y es ocasión propicia para dedicarle el cromo del día. Al contrario de lo puede parecer desde fuera, resulta mucho más difícil trazar una semblanza a los amigos, pues sabiendo de ellos bastante más que de los personajes solo conocidos a través de terceros, sientes a cada paso la sensación de estar traicionando un secreto de intimidad compartida.

Durante años, mientras no solucioné por vía de adquisición el transporte motorizado, Coté es mi auriga en misiones que nos afectan a ambos, cuales son los desplazamientos Madrid-Lugo y viceversa, especialmente en Navidad, pues en verano no es habitual que coincidan las fechas.

Recuerdo un año en el que me espera pacientemente delante de Efe a que termine la información de la lotería. Había caído el Gordo en Madrid y hasta deponer en el teletipo todas las botellas de champán descorchadas no puedo despegar.

El viaje era una ininterrumpida conversación sobre casi todo, sin concesiones al silencio, quizás porque el silencio lo reserva para las horas de estar frente al lienzo. Los madrigallegos, amigos comunes, ocupan el primer tramo, hasta Medina del Campo o por ahí. Juanjo Varela, Nicanor del Pardo, Lobo Montero, Borobó, Freixanes, Armesto, González Páramo, Emilio Temprano… todos iban saliendo a su debido tiempo en estado de revista, como una retreta anual para conocer novedades. “¿Sabes? Vi a Currinche y me dijo que le iba a caer a Fraga porque hace tiempo que no le saca una lechuga”. Mil pelas, ya saben.

En aquel coche también se charla de pintura, claro, pero no es algo impuesto por su condición de pintor. Es más. Yo creo que no habla de su obra por pudor. Una vez lo aparca y me dice directamente: “Voy a exponer en Toisón. ¿Quieres escribirme el catálogo?”

Imposible decir que no, aunque en aquellas lides yo estaba más pez que los que por esas fechas cuelga Julio Nespereira en Kreisler. Una cosa tenía clara. Un catálogo de pintura debe ser una pieza literaria oscura, de la que nadie obtenga una idea demasiado diáfana sobre las intenciones del pintor, ni las pretensiones del escribidor.

Y así me salió. Aquello no lo entendía ni yo. A Coté le gustó e incluso hubo algún que otro crítico que reprodujo uno de sus párrafos como si citase a Camón Aznar. En resumen, la exposición fue un éxito, como lo demuestra que Jorge Espiral la recuerde en su particular obituario de hace tres años.

Lo pasamos muy bien en Toisón, pero ese mismo día también inaugura Elena Gago en una galería cercana y yo tengo que cubrir las dos informaciones. Honor de gallego.

Como me entretengo en Toisón, llego tarde a la de Gago, y aquello está a punto de costarme un serio disgusto. Algún día se lo cuento porque no tiene nada que ver con Coté.

Lo que sí resalto en el catálogo, aunque sea oscurecido, es su obsesión por trascender siendo europeo y asiduo del Rastro madrileño al mismo tiempo; enamorado de Praga y peripatético de la Praza Maior lucense; provocador y conservador según y cómo; adusto y colorista. En una palabra, digamos que al pintor le preocupa su coherencia con el tiempo y las ideas, siendo ellas las que fuesen. Anne Nikitik sabrá más de todo eso.

Yo creo que se había enamorado de Maruja Mallo, en el sentido que era posible hacerlo en los años setenta. Después gana el premio Nacional de Grabado en 1997, pero él sigue dedicando las mañanísimas de los domingos a pasear por el Rastro con Bonet y Trapiello. Seguramente lo seguirá haciendo.

Juan Orol, boxeador, torero y cineasta

2 de Agosto , 2019

El director nace hoy hace 122 años en Lalín, desde donde partirá a la conquista de América siendo un niño de 12

HASTA 2016, AL cineasta mexicano Juan Orol (Lalín, 1897), ninguna información lo relacionaba con Lugo, pero dos artículos publicados en los meses finales de ese año dieron a su biografía pública un inesperado giro.

Primero fue Antonio Paz Palmeiro quien en un artículo titulado “Ferreira: Realismo mágico”, afirma, como de pasada, que el padre del cineasta Juan Orol era de Ferreira. Se refiere a Ferreira do Valadouro, y allí, quien no lo sabía, pregunta, ata cabos y traza la posible historia, aunque no tiene mucho tiempo para la especulación, porque un mes más tarde la destapa Martín Fernández Vizoso con todos los detalles precisos para relacionar al conocido cineasta con aquel municipio de A Mariña lucense.

Juan Orol, eso se sabía, nace en San Román de Santiso, parroquia del ayuntamiento de Lalín hace hoy 122 años y se registra como Juan Rogelio García García, hijo de Ramona García, A Bufa, y “de padre incógnito”. El niño se cría con sus abuelos maternos hasta que a los 12 años, es enviado desde Ferrol a La Habana. Donde lo espera otra vecina de Lalín, Carmen Fondevila.

Cinco años permanece Juan en la isla cubana, pues a los 17 se traslada a México, donde se encuentran en plena revolución, con Porfirio, Madero y Zapata matándose por el poder.

Quizá por eso regresa pronto a Cuba, donde sucesivamente es mecánico, boxeador, jugador de béisbol, y actor. En 1917 vuelve a México convertido en el torero Juan García, Esparterito. En siete años no se quita el traje de luces y recorre América. Ya con 33 años entra como publicista en la XEO, la empresa nacional de radio, donde conoce a las estrellas del cine mexicano. Vende un terreno que poseía y funda su propia productora cinematográfica, Aspa Filmes. Nace así la leyenda del director Juan Orol. ¿Por qué ese apellido?

El hombre sabe quién era el “padre incógnito” de su partida de nacimiento. Tuvo que habérselo dicho Ramona o Carmen. Es el comerciante de Ferreira, Juan Orol Maseda. A él dirige una carta presentándose y, se supone, dándole noticias de sus peripecias. Por eso no duda en utilizar el apellido Orol, que considera como suyo.

Pero el intento por contactar con su padre se produce tarde, ya que éste acaba de fallecer. Quien lee la carta es su tocayo, el administrador de Correos de Ferreira, Juan Prudencio Orol Balseiro, hijo del destinatario y por lo tanto, medio hermano suyo, como se dice entonces.

De esa forma, la familia conoce su relación con aquel Juan Orol que cada dos por tres sale en los periódicos al frente de una nueva película. Juan Orol Maseda, hermano del concejal monterista de Ferreira Andrés Orol, había formado su familia años después de nacer Juan Rogelio, al casarse en Ferreira con Consuelo Balseiro Moscoso, que le da otros 16 hijos, uno de los cuales fue el popular notario de Baralla y Becerreá, José María Orol Balseiro, que curiosamente sería un gran aficionado a los toros, e incluso empresario taurino, sin saber que en América triunfaba su hermano, Juan García Esparterito.

Juan produce su primera película en 1933, Sagrario, y el público la recibe con agrado. No así, la segunda, Mujeres sin alma, con la que pierde lo invertido. En ambas y en la tercera sobre todo, Madre querida, destila notas autobiográficas de su peripecia vital.

Con Madre querida, de 1935, se puede hablar de un fenómeno de masas en América Latina, pero no así en España, quizá porque se estrena en junio de 1937, y como dice el crítico de Ahora, el ruido de las bombas es más real que la emoción de la historia. (Continúa en https://www.elprogreso.es/seccion/album-de-los-lucenses)

De Funes a Maupassant, con escala en los reyes

1 de Agosto , 2019

Hoy se cumplen los 105 años del nacimiento del actor francés Louis de Funes, nieto político del don Teolindo

TRAS SU PASO por la universidad de Santiago de Compostela, Teolindo Soto y Barro (Ortigueira, 1840?) se vincula de por vida a Lugo, donde será notario, presidente del Círculo das Artes en dos ocasiones _ 1881 y 1885 _, y diputado liberal a la sombra de Manuel Becerra hasta la muerte de éste. Luego, por muy breve tiempo, representa a Pontevedra en el Senado.

El periodista y poeta Antonio Palomero, que firma como Gil Parrado cuando se pone satírico, le dedica unos versos que le afean su labor en sede parlamentaria: “Como nadie lo conoce / su oscuridad no desgarro, / pero sé que Soto Barro / es orador sotto voce.” Bueno, como tantos.

No por ello este orador callado deja de colaborar estrechamente con los dos Alfonsos, XII y XIII.

Casado con Leonor Reguera, son padres de siete hijos, aunque de uno, Manuel, se olvidan las biografías por haber fallecido siendo niño. Entre los Soto Reguera figuran el militar Cándido y el abogado lucense José, director general de Administración, presidente del Ateneo de Madrid entre 1926 y 1930, y diputado liberal por Lugo y Viveiro en sucesivas ocasiones. José es quien hace las presentaciones entre Fernando Pardo Gómez y Gregorio Marañón, un momento siempre recordado por el longevo médico lucense recientemente fallecido.

Hoy nos interesa hablar de su hermana mayor, bautizada Leonor como la madre y casada a contrapelo con un noble abogado sevillano, que a la sazón vende joyas en Ortigueira, Carlos Luis de Funes de Galarza.

Leonor y Carlos se dan a la fuga para que la negativa paterna se enfríe y recapacite. Su escapada se detiene en Francia, donde apenas viven dos años antes de que la parca se lleve a don Teolindo, precisamente cuando el marqués de la Vega de Armijo le ha ofrecido una cartera ministerial.

Los fugados tienen tres hijos y los dos primeros rinden homenaje en sus nombres a ese abuelo cascarrabias que no aprueba la boda de sus padres. La primera se llama María Teolinda Leonor y el segundo, Carlos Teolindo Javier.

El tercero, cuando la familia completa su afrancesamiento, recibe los nombres de Louis Germain David y llega al hogar de los Funes en paralelo a la guerra del 14, exactamente el día 31 de julio, es decir, hace hoy ciento cinco años, cuando don Teolindo ya hace ocho que ha muerto. El niño será conocido en todo el mundo como Louis de Fùnes, el gendarme de S- Tropez. Ciento cincuenta películas le contemplan.

Cuando en 1906 fallece el notario Teolindo Soto y Barro, se publican de él dos esquelas en la prensa de Madrid. Una en El Imparcial y otra, en El Liberal. La primera ve la luz con una pequeña, pero significativa errata. El cajista se equivoca llamando a su yerno “Carlos de Junes”, y claro, así no hay forma de seguirle la pista al actor.

Teolindo está enterrado en Ortigueira, pero quienes lo visiten en el recoleto cementerio marino que lo acoge no podrán certificarlo con sus ojos, ya que su sepultura tiene la lápida de mármol dada la vuelta. Al menos así la tenía cuando lo hicimos nosotros, hace ya unos cuantos años. Por fortuna nos acompañó Xesús, Cefucho, cicerone local que sí lo sabía.

Don Teolindo también va a compartir familia con Guy de Maupassant porque el actor se casa con Jeanne Augustine Barthélémy de Maupassant, o sea, la bisnieta del autor de Bel-Ami.

En la casa de los Cheda nos enseñan una fotografía del actor, con una dedicatoria en castellano a Santa Marta de Ortigueira, “donde nació mi madre”.

Un berciano que antecede a Amancio Ortega

31 de Julio , 2019

Hace 34 años del cierre de Industrias Abella, empresa pionera en el trabajo femenino en Lugo

LA PRIMERA PERSONA con criterio que anuncia la inminencia de un Papa americano _ él dijo iberoamericano _, fue el exembajador en el Vaticano, Carlos Abella y Ramallo. Es decir, algo se hablaba de Francisco antes del cónclave, un rasgo nada habitual en nombramientos papales.

Carlos Abella, fallecido en 2014, había nacido en A Coruña, pero vino a Lugo siendo niño, pues al morir su tío José, su padre, Antonio Abella Laurel (Villafranca del Bierzo, 1895), se ve obligado a liderar in situ las recién creadas Industrias Abella, la primera empresa cárnica gallega con intención de superar con sus productos los límites provinciales o locales donde acababan las aspiraciones de las anteriores.

La biografía de Antonio Abella guarda ciertas semejanzas con la de Amancio Ortega. Nacido en una familia de viticultores en Villafranca del Bierzo, ve cómo la filoxera arruina las viñas leonesas y le muestrael camino de la emigración. Él marcha a Argentina donde trabaja como corredor de comercio y conoce los rudimentos de las industrias cárnicas, aunque en 1917 ya está de vuelta en España.

Se casa en A Coruña con Justa Ramallo Naya y en esa ciudad se establece como comerciante de harinas y suministrador de alimentos a las casas de beneficiencia a través del matadero de Montellos, en Betanzos, y otros. Y de ahí, a Lugo, capital de la principal provincia ganadera gallega, para levantar Abella con su cuñado Rogelio Ramallo y su hermano José, que morirá antes de la inauguración. El general Queipo de Llano, Carlos Beca Iglesias (Laboratorios Beca) _ casado con Lola Soto Camino _, y los hermanos Ferreiro _ Ramón y Fernando _, fueron valedores de la empresa en todos los ámbitos.

Su iniciativa fue revolucionaria en todos los sentidos. No solo porque sus miras industriales iban mucho más allá que hasta ese momento, sino por la modernidad de la fábrica y por dar trabajo de forma generalizada a un buen número de mujeres.

También fue influyente en la toponimia urbana de la ciudad, pues O Castiñeiro y Abuín pasaron a llamarse Abella, un nombre que hoy se conserva, no solo en el decir de la gente, sino en el rótulo de una calle, en diversos negocios y en un centro comercial.

Las industrias arrancan en octubre de 1941 y prolongan su actividad hasta el 30 de julio de 1985, es decir, que estos días se cumplen los 34 años de su desaparición.

Llega a tener 230 empleados, aunque arranca con un centenar. Entonces es costumbre de don Antonio reunirlos en un acto el día de su santo, el 13 de junio, para hacerles entrega de una especie de cesta de Navidad, con coñac, Jerez, pastas y naturalmente, un surtido de productos Abella, que ellos mismos fabrican.

Durante los primeros años, Antonio Abella aprovechaba esta festividad de San Antonio de Padua para anunciar en público y por sorpresa los nombres de aquellos trabajadores que por su fidelidad y esfuerzo se habían hecho merecedores de un aumento de sueldo, que llega a afectar a casi todos, porque las cosas ruedan muy bien una vez superadas las dificultades iniciales.

La maestra de ceremonias en esas ocasiones suele ser su sobrina, Pura López Gamallo, auxiliada por varias trabajadoras, como María Victoria Vázquez Naranjo y Felicitas López Camarón, dos de las cientos de mujeres que a través de Abella conocen el trabajo industrial en Lugo.

En 1966 se le quiere reconocer su papel en la industrialización de Lugo con la petición de la Medalla al Mérito en el Trabajo, que la ciudad apoya sin reservas.

Don Horacio, el primer prisionero de la I Guerra Mundial

30 de Julio , 2019

Hoy se cumplen los 105 años del inicio del conflicto, cuando el lucense ya había sido hecho prisionero en Prusia

TRAS EL ATENTADO de Sarajevo contra el archiduque Francisco Fernando de Austria, el 29 de julio de hace 105 años Rusia declara la movilización contra el Imperio austrohúngaro, el comienzo de la I Guerra Mundial. A sus 20 años, Horacio García Fernández (Lugo, 1894) acaba de protagonizar un vuelo en globo que solo la inconsciencia pudo inspirar.

Durante su estancia en Lille para estudiar ingeniería industrial en el vanguardista Institut Industriel du Nord conoce al aeronauta Salmon, que en los primeros meses de 1913 recluta gente para que le acompañen en una aventura tan emocionante como peligrosa.

Se trata de sobrevolar en el globo bautizado como Maire-André territorios de Francia, Bélgica y Alemania. Y regresar, claro. Salmon pregunta a Horacio cuánto pesa y al conocer la respuesta, le ofrece una plaza sin más requisitos que su valentía. “Tú me vales”. De esa forma se cierra la tripulación del Maire-André, formada por el francés de Lille, Salmon, el brasileño de Río de Janeiro, Arther y el español García.

El domingo 9 de marzo de 1913 sueltan lastre en Lille sin saber a ciencia cierta a dónde van. Los vientos los llevan hasta Custrin, en Brandenburgo, donde comienza a desinflarse el aerostato y deciden bajar pues hace un frío que pela. Creen que la operación roza la perfección, pero al poco tiempo se ven abordados por un empleado de Comunicaciones y por miembros de la policía.

El primero les reclama 80 francos por haber destrozado 17 hilos telegráficos en su descenso. Los segundos traen una orden de detención, pues sospechan las autoridades que el trío pueda constituir un comando de espías internacionales, una posibilidad nada descabellada en aquel convulso año.

Horacio García y sus compañeros aeronautas, Salmon y Arther, dejan el globo donde lo han posado y caminan hasta el ayuntamiento de Custrin detenidos y rodeados por un millar de personas convocadas por la curiosidad como en las películas épicas. Allí son interrogados sobre su misión, que las autoridades prusianas suponen, sin lugar a dudas, de espionaje.

Mal que bien explican que no, que solo son aventureros en busca de un récord de vuelo libre. Horacio se muestra indignado por el trato que reciben y un policía le pone una pistola al pecho. Estamos en 1913 y no se admiten bravuconadas. Luego son encerrados en tres celdas sin posibilidad de comunicarse.

La policía revisa el globo de arriba abajo por si porta armas o algún objeto sospechoso, pero claro, no las encuentran. Más tarde vuelven a interrogarlos dos oficiales del Estado Mayor de Custrin y cuarenta y ocho horas después son puestos en libertad, no sin antes cumplimentar las mil y una exigencias requeridas.

Alzan vuelo a toda prisa y se sitúan entre los 1.000 y los 1.400 metros. Salvan una fuerte tormenta, sobrevuelan Bélgica y allí bajan. Lille, que estuvo pendiente de sus andanzas, organiza un gran recibimiento al saber que regresan sanos y salvos. Los miembros de la Emulation Aerostatique du Nords, el Aero Club y el ayuntamiento de la ciudad se vuelcan con sus tres héroes a quienes homenajean en el café de Vlamik. La noticia traspasa fronteras y se publica en toda la prensa europea

Maide Prósper, viuda del sobrino de Horacio, Francisco García Bobadilla, recuerdaba que en la familia siempre se comentó la reacción del padre del aeronauta, Francisco García Sobrino, cuando un amigo lee en un periódico francés la crónica del viaje:

_ Ese monsieur García del que hablan es mi hijo.

Rodríguez López, el hombre que defendió a las feas

30 de Julio , 2019

Hace 160 años, tal día como hoy, nace en Lugo el médico y escritor que critica la belleza femenina

HOY SE CUMPLEN los 160 años del nacimiento del médico, poeta y ensayista Jesús Rodríguez López (Lugo, 1859), “hijo de Esculapio y mimado por las Musas”, como lo titula la prensa lucense a la hora de su muerte.

Es tan amplio el campo de sus actividades que de él se pueden tejer orlas muy diversas y que le encajen todas. El Progreso dijo de él que “con la misma facilidad dicta una fórmula que escribe una quintilla”.

Y en su necrología se trazan estas pinceladas: “Era hombre de aptitudes singulares fácilmente adaptable a todos los ambientes. Gran ajedrecista, buen tresillista, manejaba los pinceles y dibujaba y pintaba, tañía la guitarra como un maestro, figuraba como político afiliado al partido liberal y tomaba parte activa en la gobernación de diversas sociedades a que pertenecía”.

Firmada por el doctor Salcedo, la revista científica francesa Le Correspondant Medical publica un resumen de su obra: “Ha escrito acerca de la rabia, gripe, vacuna, viruela, etc; un Estudio psicológico de la mujer lucense: Defensa de las feas (estudio social de la mujer); Las preocupaciones en Medicina y las Supersticiones de Galicia”.

La Idea Moderna condensa su labor poética, siempre celebradísima por todos los públicos: “Poesías gallegas son su lindo tomo Pasaxeiras y Gallegadas, su hermoso poema Cousas das mulleres, y algunas otras que fueron galardonadas en públicos certámenes. En prosa gallega escribió la novela A cruz do Salgueiro, y su última comedia O Chufón”.

Pero siendo éstas auténticos éxitos populares, la obra más emblemática de Rodríguez López fue y sigue siendo la colección de Supersticiones de Galicia desde que topa con la Iglesia y con inexplicables problemas eclesiásticos por interpretaciones rigurosas en alguna creencia, cuando en realidad la obra rema en su misma dirección. Y a saber todavía lo que se esconde en muchas de estas supersticiones.

Ahora bien, la palma de la curiosidad se la lleva esa Defensa de las feas, en contra de la hermosura femenina, donde se exponen ideas tan sorprendentes como afirmar que a los pocos años de matrimonio muchos maridos de mujeres bellas las sustituyen por feas.

O que las feas hermosean al mejorar de posición económica, porque salud y bienestar “son los dos elementos más poderosos de la belleza de la mujer”.

Quién vería a don Jesús publicar hoy sin miedo a las críticas que “a unos les gustan las jóvenes, y a otros, las jamonas”. O que hay quien se enamora de una cara escultural, “hermosa como un cromo, pero fría y de expresión perezosa”.

Al autor se le intuyen las intenciones, pero metido en un berenjenal como el que aborda en esta curiosa obra, sale de él un tanto escocido, especialmente cuando a la hermosura de la mujer añade otros peligros por el atractivo que ejercen en otros hombres.

“Las que no son hermosas _ se atreve a decir el doctor_, tienen gracia, inteligencia o virtud, y a menudo, poseen las tres cualidades juntas. Es decir, a falta de un cuerpo hermoso, poseen un alma llena de bellezas”.

O lo que es lo mismo, la guapa, tonta y vanidosa. A la fea, escribe Rodríguez López con todas las letras, se la ve al principio con frialdad, pero se la trata luego con agrado, se la quiere después con pasión y “se la admira por fin en los encantos siempre nuevos con que se manfiesta su alma”.

Otras muchas perlas contiene esta Defensa de las feas que habrá hecho las delicias en las mesas camillas de hogares con mujeres poco agraciadas.

Ya asegura el dicho que “o importante é ter saúde”.