O Pequeniño gran médico do Incio

12 de Septiembre , 2019

El 11 de septiembre de 1936 es masacrado en su municipio y enterrado en un lugar sin localizar

UNA MENINGITIS SUFRIDA a los 12 años marca su estatura y da pie al apodo con el que será conocido, O Pequeniño do Incio. Quizá por eso, Manuel Díaz González (O Incio, 1886) se esfuerza desde entonces en ser el más grande en la consideración de sus vecinos, que al fin y a la postre es la vara de medir con la que se perciben los tamaños.

Había nacido en San Xoán de Sirgueiros dentro de la familia que forman Juan Díaz Mendoza y Dolores González Domínguez, de 20 años. Es el primero de su numerosa descendencia, pues tras él vendrán José, Rodrigo, Celestino, Pedro, María, Luis , Dolores… hasta once.

Estudia bachillerato y Medicina (1913) en Santiago, para ejercer en La Bañeza, antes de residir definitivamente en O Incio, de donde es alcalde unos meses de 1924, durante el Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera.

Casado con Regina Carnero Pardo, se distingue desde los primeros momentos como un médico culto, amable y caritativo, de ésos que el cobro de los servicios lo establece el paciente y no la tarifa, por lo que no es de extrañar que además de O Pequeniño, pase a ser también O Médico dos pobres.

Esa trayectoria de humanitarismo va a ser reconocida públicamente en el homenaje que se le rinde el mes de agosto de 1929 en el Gran Hotel del Balneario, mediante lo que entonces se denomina un banquete popular.

La percha para el acto es su nombramiento como inspector municipal de Sanidad, que se hace efectivo el 4 del anterior mes de julio, frente al otro aspirante al cargo, Elías Fariña Rosende, de Coristanco, que siendo médico de Carballo fallecerá en Camariñas cinco años después en accidente de autobús.

En el fondo, ese homenaje celebrado siete años antes de morir es el reconocimiento a su labor como galeno, por su elevado espíritu, su afable trato social y su vasta cultura. Son palabras o sentimientos que expresa el portavoz de los oferentes, Ricardo Gasset, primo de Ortega y como él, gran dominador de la palabra.

Manuel Díaz le contesta con emoción y elocuencia para finalizar sus palabras con una poesía compuesta para la ocasión y un canto a Galicia que se lleva el tronar de los aplausos.

En enero de 1934, el inspector médico incoa un pleito ante el Tribunal provincial de lo Contencioso Administrativo contra el acuerdo del Ayuntamiento de O Incio, por el que es nombrado médico de la tercera zona de aquel municipio, Luis López Valcárcel, que después será jefe de Sanidad de Sarria.

Los acontecimientos se precipitan, como la propia historia de España, hacia la conocida tragedia del 36, que en su caso pasa por unos días de retención en Monforte, para ser masacrado más tarde por pistoleros alzados a las afueras de Eirixalba, en O Incio, tal día como hoy de 1936, y enterrado en lugar ignoto, lo que ha dado origen a una búsqueda infructuosa de su cadáver. Se cree que puede encontrarse bajo la actual carretera nacional.

La nota sarcástica la pone el propio Ayuntamiento, cuando el 30 de agosto lo destituye de su cargo “por abandono de destino”.

Para recuperar la otra figura de O Pequeniño, la espiritual, se han celebrado diversos actos, con participación de Xosé Ramón Fandiño, Xosé Alvillares, Lourenzo Fernández Prieto, Claudio Rodríguez Fer, David Simón Lorda y su sobrino, el médico e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México José Luis Díaz Gómez, que a su vez es autor de dos libros sobre él, Sementeira e memoria. Represalia e desagravio dun médico lucense republicano, y Siembra y memoria: muerte y evocación del médico de O Incio.

Gustavo Freire, los aires más lucenses

11 de Septiembre , 2019

El 14 de septiembre de 1885 nace en Lugo el músico, y el 4 de septiembre de 1948, muere

ESTAMOS EN EL ecuador vivencial de Gustavo Freire Penelas (Lugo, 1885), pues nace el 14 de septiembre y muere el 4 del mismo mes.

Viene al mundo en la Ruanova, en una casa cuya ubicación se recuerda hoy con placa alusiva, de ésas que no abundan en la ciudad, como si fuésemos rácanos con nuestras celebridades, o como si no hubiese celebridades de las que echar mano. Con todo y eso, Freire no se puede quejar, pues cuenta con placa, auditorio y calle, aunque pocos saben exactamente dónde se encuentra.

Después de nacer, nuestro músico más entrañable _ y que no se enfaden ni los Bal, ni el resto de colegas _, va a la capilla de la catedral, para hacerse al oficio. Y al Conservatorio madrileño, cuando es mozo menudo sin estridencias capitalinas.

Allí obtiene las mejores notas en toda la carrera, así como un premio en Harmonía, que es como vencer a los de tu promoción, bien entendido que hablamos de un conservatorio, no de Operación Triunfo.

A la órdenes de Bartolomé Pérez Casas, el del Himno nacional español, va de gira por la península con la Filarmónica madrileña. Casas había sido su profesor de Harmonía en el Conservatorio.

Siendo violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional compone sus dos rapsodias más lucenses, Festa na Tolda y Airiños aires. Esto es, que las dos tienen cuna madrileña.

Es lógico que así sea, pues qué mejor sitio para dos composiciones como ésas que una ciudad alejada de Galicia y repleta de lucenses que se acuestan pensando en volver.

Airiños aires será la primera melodía que escuchen los lucenses, segundos después de finalizar el último parte de guerra, el 1 de abril de 1939.

El pequeño concierto en homenaje a los heridos hospitalizados en Lugo está previsto desde días antes, pero la casualidad quiere que se convierta en la primera pieza en escucharse tras el parte. La ejecuta el propio Gustavo Freire al violín en los estudios de Radio Lugo, acompañado al piano por Purita Ramos.

A continuación, los dos mismos intérpretes ofrecen a los heridos y enfermos la Serenata de Shubert, y finalmente, Purita y Adela Borrego ejecutan a cuatro manos al piano el galop de concierto ¡Quién vive!, de Wilhem Ganz. Salgado Toimil hace mención a esta curiosidad en su artículo sobre él, aunque situándolo en Madrid.

Cuando acaba la guerra, Freire realiza pases diarios en el Círculo y quienes lo conocen lamentan que se le considere un músico de relleno, y no por tocar en el Círculo. Qué le vamos a hacer. Estamos en 1939 y el año no da para más. Bastante felicidad hay en escuchar cualquier pieza musical sin que la sobresalte una sirena.

El placer de escuchar a Freire ya se puede lograr sin tenerlo a él delante, pues ha grabado lo más popular de su obra en los sellos Editorial Unión Española, La Voz de su Amo y Regal.

Capítulo aparte merecerían las vicisitudes que acompañan el estreno de Non chores Sabeliña, la zarzuela de Freire con libro de Trapero Pardo, de la que este último cuenta cómo se ve en la necesidad de escribirla de un tirón una noche de turbio en turbio. No dudamos de la capacidad de Trapero para tamaña empresa

Cuando en 1964 José Castiñeira, al frente de la Coral Polifónica, clausura la Exposición de Pintura Gallega del Círculo, y ante la insistencia del público, ofrece como propina la jota de Non chores Sabeliña, que se había estrenado en el Gran Teatro el 11 de febrero de 1943. Freire dirige la orquesta y sale al escenario a recibir los aplausos, con Trapero, Racamonde y todos los intérpretes.

Triacastela, en la Tabla Periódica de los Elementos

10 de Septiembre , 2019

2019 es el Año Internacional dedicado a ensalzar el sistema descubierto por Mendéleiev hace 150

EN 2019 SE celebra el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, según decisión de la ONU para conmemorar que en 1869, el químico ruso Dmitri Mendéleiev (Tobolsk, 1834) presenta la primera versión de dicha Tabla en San Petersburgo para clasificar y ordenar todos los elementos presentes en la naturaleza de una manera sistemática.

Mendéleiev incluye los 63 elementos conocidos, pero contempla los huecos vacíos para los descubrimientos futuros, algunas de cuyas propiedades predice con acierto.

Al ordenar los elementos según su masa atómica de menor a mayor, averigua las constantes que se repiten, una idea que le viene en sueños, según la versión más fantástica sobre la aportación del químico ruso.

Tres de los elementos han sido descubiertos por científicos españoles: el platino (Pt), el wolframio (W) y el vanadio (V), aunque este último debemos compartirlo con Suecia.

Este encuentro con el vanadio, situado en el grupo 5 de la tabla, estuvo rodeado de características misteriosas.

En el año 1801, el químico Andrés Manuel del Río Fernández llega al convencimiento en México de que ha descubierto un nuevo elemento al que llama Erythronium, basándose en su color rojo que adquiere al calentarse y en el término griego que lo designa, Mar Rojo, Mar Eritreo.

El hallazgo ocurre en una mina de Zimapán, un municipio en el estado de Hidalgo. Una vez que se convence de su novedad, Del Río lo bautiza con diversos nombres. Primero, por su cuna, lo llama zimapanio. Después, por la diversidad de colores que presenta, pancromio. Y finalmente eritronio, como ya está dicho.

Cuatro años más tarde, cuando entrega unas muestras a su amigo Alexander von Humboldt para ser analizadas Del Río escucha entristecido cómo el químico francés H. Victor Collet-Descotils derrumba el descubrimiento y afirma que no constituyen la evidencia de un nuevo elemento, sino que se trata de cromo. Se lució el galo.

Esas conclusiones eliminan la posibilidad de que el científico hispano-mexicano pase a la historia como el descubridor del nuevo elemento.

Sin embargo, en 1831 Nils Gabriel Sesftröm, químico sueco que estudiaba minerales asociados al acero, redescubre muestras del Erythronium y las bautiza como vanadio, en honor de Vanadis, la diosa escandinava del amor y la belleza, a partir de lo cual se consolida el nuevo elemento anunciado treinta años antes y se reconoce a Del Río como el hombre que intuye su existencia.

Pues bien, Andrés Manuel del Río Fernández, el químico hispano-mexicano, había nacido en la calle Avemaría, de Madrid, el año de 1764, hijo de José del Río, natural de Linas (Huesca) y de María Antonia Fernández (Triacastela, 1741?), natural de Biduedo, parroquia que para mayor precisión se conoce hoy como Santo Isidro de Lamas do Biduedo, en el municipio lucense de Triacastela.

Andrés Manuel muere el 23 de marzo de 1849 en México, tras haber contribuido a la independencia de España de ese país. Allí funda entre otros el Palacio de la Minería, antecedente del actual el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Perteneció a la Real Academia de Ciencias Naturales de Madrid, la Sociedad Werneriana de Edimburgo, la Real Academia de Ciencias del Instituto de Francia, la Sociedad Económica y la Sociedad Linneana de Leipzig y la Sociedad Filosófica de Filadelfia, además de presidir la Sociedad Geológica de Filadelfia y el Liceo de Historia Natural de Nueva York.

Cora descubre Tutankamón en Lugo

9 de Septiembre , 2019

El primer Pelúdez se publica el 9 de septiembre de 1908 en El Progreso

PELUDEZ CUMPLE MAÑAÑA 111 años, que si se añaden a los que trae puestos de casa nos permite suponer que el hombre roza el siglo y medio de existencia, un detalle que él trata de ocultar bailando ante cada escenario que se levanta en San Froilán. O incluso subido a ellos.

El personaje es una creación de Calvino, seudónimo bajo el que se esconde el periodista y abogado Antonio de Cora Sabater (Lugo, 1889), protagonista a su vez de la vida social lucense durante las tres primeras décadas del siglo XX en múltiples facetas.

Tras acabar el bachillerato en el instituto lucense, estudia Derecho en Madrid y Santiago, para convalidar mucho después su carnet de periodista en el primer curso de la recién creada Escuela Oficial de Periodismo de 1941.

Antonio de Cora, Calvino o D´orca, son firmas habituales en El Progreso de esos años, periódico que va a dirigir de forma efectiva entre 1914 y 1927, y codirigir, algunos años más. Política, pintura, música, arte o turismo, son sus temas más recurrentes, sin olvidarnos de Pelúdez y de sus crónicas intrascendentes sobre todos los rincones provinciales.

Su segundo campo de actuación es la sede judicial, donde consigue notables y aplaudidos éxitos como abogado criminalista en una época donde no falta trabajo ni competencia. También es designado magistrado suplente de la Audiencia de Lugo.

Al margen de esas dos principales facetas profesionales, realiza una colección de tarjetas postales con paisajes y monumentos de Lugo a través de la Librería Religiosa, de la calle San Pedro, cuya actividad continúa bajo su mando. También dedica buena parte de su trabajo al teatro y a la música.

Además de actor amateur, escribe piezas humorísticas llamadas A propósitos que son representadas con gran aceptación en el Círculo das Artes, y preside el Orfeón Gallego, al frente del cual trae a Lugo importantes galardones.

Famosa y comentada fue su conferencia en el Círculo sobre el hallazgo de la tumba de Tutankamón, que ilustra con imágenes proporcionadas directamente por Howard Carter, su descubridor.

De esa sociedad es presidente y del ayuntamiento, primer teniente de alcalde y presidente de la Comisión de Música, desde donde favorece y consolida la Banda Municipal.

Otro momento destacado de su biografía fue su designación en 1918 como delegado regio en el acto de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, cuando contaba 29 años.

En 1927 traslada su residencia a Madrid para ejercer la abogacía hasta su fallecimiento, aunque sin dejar sus casi diarias colaboraciones para El Progreso fundado por su padre, y para otras muchas cabeceras que se las solicitan siempre que de Lugo quieren tratar.

Él es quien acuña la expresión “homiños de Lugo” para referirse a aquellos pesimistas e inactivos que nada de provecho emprenden, pero que siempre están dispuestos a disparar contra lo que en la ciudad se realiza.

En Madrid preside un tiempo la Casa de Galicia y cuando llega la guerra es detenido y encarcelado en la siniestra checa de Porlier, dentro de una saca de varias personas que acaban siendo fusiladas por el desgobierno rojo.

Si salva la vida, según escribirá después, fue por estar casado con una súbdita uruguaya, Enriqueta Díaz Requeijo y Ventre, pues se habían dictado estrictas consignas de no llevar a cabo ninguna actuación que pudiese molestar a un gobierno extranjero.

Poco después de acabada la guerra, el 6 de junio de 1943, muere en Madrid.

Canoura, el misterioso donante del reloj

9 de Septiembre , 2019

El 8 de septiembre Ferreira do Valadouro celebra sus fiestas mayores

RAMÓN FERNÁNDEZ MATO, que había nacido en Boiro, pero que ejercía de hijo de Ferreira do Valadouro, vía matrimonial, por su mujer Josefa López, estaba tan atento a las novedades del valle como un nativo más.

Un acontecimiento señalado en aquellas tierras, incluso para muchos de la cáscara amarga, fue la finalización de las obras de la nueva iglesia de Santa María de Ferreira, que hoy, 8 de septiembre, vive su día grande con fiestas a su alrededor.

Fernández Mato da buena cuenta del hecho en un artículo que publica en Vida Gallega el 20 de octubre de 1931, donde refleja la paradoja de que habiendo llegado la república, la iglesia sea una realidad.

Así fue, en efecto, pero no precisamente porque la república hubiese favorecido de forma especial la obra, sino porque por ella venían laborando desde años atrás muchos vecinos y simpatizantes, eso sí, con gran lentitud y modestia. Téngase en cuenta que en el año anterior, el 1930, la recaudación para las obras del templo, alcanzaba tan solo las 18.600 pesetas y semanas antes de la inauguración rozaba las 25.000.

En enero de 1931, Canoura viaja a Madrid para recabar fondos de mayor sustancia y rematar así las obras. A su paso por Lugo ofrece una exclusiva a El Progreso: Existe un importante donativo con el que se costeará la adquisición del reloj que ha de lucir en la torre de la nueva iglesia.

Bien sabe Ramón Canoura que el misterioso donante del dinero para el reloj era él mismo, aunque no le parecía procedente decirlo en ese momento, especialmente porque tendrán que pasar todavía más de quince años desde de la inauguración para que la iglesia disponga de reloj, lo que ocurre cuando el párroco de Ferreira ya es Eulogio Fernández Murias, que va a estar en el cargo la friolera de 56 años.

También corre a cuenta de Canoura la construcción de la rectoral y otras inversiones menores.

Mato recuerda en esa colaboración que el director de Vida Gallega, Jaime Solá, había realizado un reportaje fotográfico quince años antes _ alrededor de 1915 _, con imágenes de las obras y del “ruinoso cobertizo que hacía las veces de templo parroquial”, a las que puso como pie: “La iglesia que no acaba de caerse y la iglesia que no acaba de levantarse.” El fin de aquella situación era lo que ahora le comunicaba él en su artículo.

El hombre en el que Mato simboliza los esfuerzos de Ferreira por dotarse con un templo digno de la categoría del valle era su actual alcalde, Ramón Canoura Fernández (O Valadoro, 1899), ya regresado de Cuba y afanado en la prosperidad de su municipio.

Pero no quiere, ni puede, dejarle todo el honor para Canoura, ya que otros muchos, como José Ramón Alonso, o Ángel Mandiá, se han distinguido en esa recuperación.

Canoura tenía 32 años, pero ya había ido a Cuba y ya había vuelto en olor de multitudes, con un homenaje de despedida celebrado el 28 de agosto de 1927 por el Centro Gallego de La Habana, como demostración que a su paso por la isla deja muchos admiradores y un buen número de amigos.

Uno de los fundadores del Centro había sido su padre, Ramón Canoura Palmeiro, propietario en La Habana de la zapatería La Moda y exalcalde de Ferreira durante la segunda década del siglo.

Ramón Canoura Fernández era presidente de España Integral y como tal había realizado varios saltos del Atlántico para gestionar ayudas al colectivo español en la isla que resultaron positivos, motivo por el cual el homenaje de despedida fue multitudinario.

Un lucense en las cortes de Inglaterra, Italia y Rusia

6 de Septiembre , 2019

Dositeo Neira Gayoso muere el 5 de septiembre de 1932, hace hoy 87 años

TRES AÑOS ANTES de finalizar el siglo XIX, J. de la Esquipa escribe que Lugo es una de las provincias más liberales de España en el sentido textual de la palabra, es decir, donde más y mejores miembros del Partido Liberal existen. Para apuntalar su impresión, De la Esquipa _ un probable seudónimo santiagués _, cita a sus más destacados baluartes, Darriba Dorrego, Bengoechea, Soto y Dositeo Neira Gayoso (Lugo, 1841).

En efecto, Neira fue líder y jefe provincial de los liberales durante muchos años, tanto bajo la férula de Becerra o Montero Ríos, como bajo la de su yerno, Manuel García Prieto, duque de Alhucemas.

Lo fue desde los años de éxito, llenos de esplendor político, con ministros y presidentes del Gobierno liberales sin solución de continuidad, hasta los posteriores del fracaso, cuando los liberales lucenses se disgregaron y se reduce el número de militantes de tal forma que Dositeo Neira opta por dejar la política, a la que había dedicado buena parte de sus 91 años de vida, finalizados tal día como hoy de hace 87 años, el 5 de septiembre de 1932.

Las serias divergencias entre monteristas de Neira, partidarios de Montero Ríos, y moretistas de Quiroga Ballesteros, seguidores de Segismundo Moret, motiva la suspensión de un viaje que Montero tenía previsto hacer a Lugo. Lo sustituye por un mensaje de unidad y entonces la prensa comenta que Montero no quiere ni monteristas, ni moretistas, sino sagastinos a secas.

En cierta ocasión, antes de finalizar el XIX, la prensa destapa la existencia de un lance pendiente en Lugo entre un diputado conservador y un exsenador liberal. Se trata de Nicolás Vázquez de Parga, hijo del conde de Pallares, y Neira. El lance, que no llegó a serlo ni mucho menos, tuvo su origen en unos artículos publicados en un periódico lucense por don Dositeo, donde Vázquez de Parga quiere ver frases injuriosas para su persona, y por las que exige a su autor la debida satisfacción en el campo del honor.

La prensa de Madrid se pone las botas ante la posibilidad de un enfrentamiento más allá de las galeradas entre un liberal y un conservador, y naturalmente, cada tendencia sueña con que las narices rotas sean las del oponente.

Neira era licenciado en Derecho y en su juventud había sido agregado diplomático en las embajadas españolas de Londres, Florencia y Moscú.

De esa época dedicado a la diplomacia obtiene el título de caballero de la Corona de Italia, de S. S. Maurizio e Lázaro de Italia, de San Juan de Jerusalén, y el gran cordón de la orden tunecina de Nichan Iftikhar, su máximo grado, entre otras. También era caballero Gran Cuz de Isabel la Católica.

A su regreso a Lugo es diputado provincial y vicepresidente de la Diputación, concejal, senador por Ourense y luego senador vitalicio. Preside varias asociaciones benéficas, sociales y culturales.

Tras un recorrido por Galicia, el célebre periodista Fernando Soldevilla, el mismo que firma Fernán Sol, cita la suya como una de las casas donde mejor pote gallego ha comido, aunque siendo en Lugo el condumio, puede referirse a un cocido o a un caldo con abundante compango.

El caso es que su casa goza fama del buen comer, pues Fernán Sol ha de reprimirse en su apetito, sabiendo que el estómago es la oficina donde se administra la salud.

Además de sus muchas tierras, Dositeo Neira era propietario del balneario lucense, o como entonces se dice, la casa de baños del Miño, heredado por sus hijos Blanca y Ramón, y su hijo político, José María Montenegro y Soto.

Un desatascador como sordina

5 de Septiembre , 2019

Justino Prieto sale de Xermade para actuar en las mejores orquestas de Galicia

DOS FECHAS CONCITAN buena parte de las fiestas locales. Este 15 de agosto de la Asunción, y el 8 de septiembre de la Virgen en sus diversas advocaciones. Y claro, fiestas es sinónimo de orquestas. ¿Qué orquesta traemos este año? Ésa es la pregunta de todos los ramistas.

Justino Prieto Rodríguez (Xermade, 1935) sabe mucho de fiestas y de salas de baile porque fue trompeta de las más famosas formaciones gallegas antes de que las orquestas se transformasen en escenarios móviles.

En realidad Justino ha hecho de todo con la trompeta, pues a ello le obliga su paso por la Banda Municipal de A Coruña, o las clases que imparte a quienes se inician en el instrumento.

Sin embargo sus primeros pasos están más cerca de la percusión. Le tira la música, pero la del bombo y el tambor. Hasta que la orquesta de Xermade, la Burgás, se queda sin trompeta y Justino se dice, ésta es la mía, para hacerse con un puesto en ella.

El instrumento no es fácil, de modo que debemos imaginar sus esfuerzos en dominarlo. Antonio Souto, el director de la Burgás, lo ve con aptitudes y como Justino tiene una vocación musical muy trompetera, acaba siendo un maestro.

De Xermade da el salto hacia otras orquestas de A Coruña, como la Bahía y la Oriente. En esa ciudad llegan también los primeros estudios en serio de la mano de Ramiro Vázquez, y más tarde, su fichaje por la Orquesta Veracruz, de Vigo, dirigida por el maestro Tuto.

Arrancan los sesenta y Xavier Cugat triunfa en Hollywood. Las orquestas lo imitan y surgen nombres como Veracruz, que evocan lo latino y lo exótico, esa melodía que se rompe con un solo de trompeta para convertirse entonces en el instrumento rey de todos los conjuntos. Por eso él se decanta por la música tropical y el jazz, aunque la segunda apenas aparece en el repertorio de sus distintas formaciones.

El nombre de Justino va a estar ligado también a Los Españoles, a Los Satélites y a la muy renombrada Orquesta Mallo, donde aterriza años después de su fundación. Ahora es él el profesor de las nuevas generaciones que quieren adentrarse en los secretos del viento.

También triunfa en esas fechas el norteamericano Harry James y su orquesta, a quien Woody Allen rinde homenaje póstumo en la banda sonora de Hannah y sus hermanas. Justino lo admira como conjunto, pero puestos a quedarse con un solista, su favorito es el inglés Eddie Calvert.

El secreto mejor guardado del músico de Xermade está en sus sordinas. Utiliza cuatro según sea la pieza. “Son indispensables para interpretar el San Luis Blue”, explica. Pero él tiene una cuarta muy especial, ya que se trata de un auténtico desatascador de tuberías, de ésos que hay en todas las casas para cuando se forman tapones en los fregaderos. Justino pinta su goma negra de otro color más acorde con el mundo del espectáculo y lo utiliza como sordina, lo que le permite conseguir unos sonidos distintos al resto. Unos sonidos únicos, nos atrevemos a decir una vez conocido el truco.

En una entrevista que concede a Belarmo, el periodista vigués Belarmino Calvo que llegará a ser redactor jefe de Marca, Justino razona así: “Me agradan las músicas lentas, lo más difícil, aunque siempre existe el temor al gallo. Parte del público no da mucho aprecio a las orquestas de aquí. Después resulta que se van al extranjero _ como Los Españoles o Los Támara _, y se achinan de fama y dinero. Esto, chico, es como el fútbol. Para ser un buen músico tienes que llamarte algo raro y venir de muy lejos”. Él solo venía de Xermade.

López Varela, látigo musical de Galicia

4 de Septiembre , 2019

El 3 de septiembre de 1950 muere en Madrid el director de su Banda municipal, lucense de nacimiento

DIRECTOR, COMPOSITOR Y transcriptor musical, Manuel López Varela (Lugo, 1895), fallece en Madrid tal día como hoy, el 3 de septiembre de 1950, después de una intensa labor en esos tres campos.

Su educación musical está a cargo del maestro de capilla de la catedral lucense, Octavio Torres; del director de la Banda municipal de Lugo, Antonio Martí, del maestro madrileño Gregorio Baudot _ que le enseña Armonía, Contrapunto y Fuga, Instrumentación y formas musicales _, y del maestro Vega, ya fuera de Galicia.

La primera muestra de su talento musical la ofrece el año 1916, cuando él cuenta 21, con el estreno de la Marcha solemne para la procesión del Corpus, que llama la atención por su exquisito clasicismo y adecuación al acto.

En esa época es flautista de la orquesta del Teatro Martín, donde permanece poco tiempo, porque tan solo un año más tarde es nombrado director de la Banda municipal de Albacete, y aunque a sus 23 años intenta hacerse con la de Bilbao, queda en segundo lugar.

Excepto un intervalo en la Banda de Carcaixent, se afinca en la ciudad manchega hasta 1944, cuando dé el salto definitivo para dirigir la Banda municipal de Madrid.

Con la formación de Albacete, o con otras que simultanea durante su estancia allí, va a participar en numerosos certámenes y ganar muchos galardones. Una obra suya será la elegida en 1926 como himno provincial de Albacete, con letra de Eduardo Quijada Alcázar.

En esa labor de composición encontramos títulos diversos como Balada romántica, Alborada en el priorato, Amanecer gallego, Noche de aquelarre, Danza de las brujas, para orquesta y piezas para diversos instrumentos, así como A Choqueirada, para coro, que fue estrenada en Galicia por el Orfeón Gallego en el Círculo das Artes, el 6 de septiembre de 1927.

Entre los premios obtenidos destaca el del concurso de Zarzuelas españolas de la Sociedad de Autores, convocado el año 1922, que él se lleva con la obra La Suerte, un libreto de los hermanos Álvarez Quintero.

Decíamos que López Varela había ejercido también la labor de transcriptor y en efecto, en sus últimos años va a dedicarse a este paciente oficio, cual es llevar las partituras de las obras sinfónicas a otras que se adapten para ser interpretadas por las bandas, con sustitución de instrumentos y otras exigencias, sin que merme la calidad de la composición.

Su trabajo está destinado a la Banda Republicana y Municipal de Madrid, y entre otras, supone la trascripción de Pinos de Roma, de Ottorino Respighi; El Pájaro de fuego, de Strawinsky; La tumba de Couperin, de Ravel; Vals triste, de Sibelius; Septimino, de Beethoven; Alborada del gracioso, de Ravel; Romeo y Julieta, de Tchaikovski y la Tocata y Fuga en re menor, de Bach.

En febrero de 1932, la Orquesta Sinfónica de Madrid, estrena su Interpretación orquestal de la Tocata y Fuga en re menor de Bach, que merece los elogios de la crítica madrileña en este delicado cometido.

Poco después de ser nombrado director de la banda madrileña concede una polémica entrevista a la publicación Finisterre que va a levantar ampollas. Viene a decir que Galicia es un páramo musical _ un asco, según traduce la prensa _, un lugar que solo hay coros, rondallas y bandas muy deficientes.

Como es fácil suponer, en 1946 se habló mucho del director en las cuatro provincias, donde se le trata de indocumentado y a sus informaciones, de improcedentes.

En un artículo de prensa Mantecón bromea sobre su oficio y dice que López Varela “ha perdido el compás”.

Peña e Ibáñez, como una pieza salida de Sargadelos

3 de Septiembre , 2019

Nace en septiembre de 1840 en la propia fábrica y clama contra el Gobierno por el olvido en que la tiene

POCOS COMO ÉL pueden presumir de haber nacido en la fábrica de cerámica, antaño fundición, de Santiago de Sargadelos, pero lo cierto es que Federico de la Peña e Ibáñez (Cervo, 1840) viene al mundo con la vista puesta en el Paseo dos Namorados, siendo biznieto de Ibáñez, el marqués que industrializa aquella parroquia.

Quizá los ecos de los ejércitos napoleónicos a su paso por el norte de la provincia le lleven a conseguir la cátedra de Francés en el instituto de Lugo; o quizá solo haya sido la sonoridad de la lengua de los galos lo que le atrae, siendo él como era, un poeta de versos musicales, marciales y patrióticos que aspiran a una España sin manchas y con honra.

Tradicionalista de convicciones, pertenece a la Junta provincial carlista de Lugo, de la que es vicesecretario para hacer piña Peña con el conde de Campomanes, que la preside; con el marqués viudo de Villaverde y con los más destacados carlistas lucenses de finales del XIX, o sea Ramón María Alvarado, Ramón Losada Montero, Antonio Pedrosa, Siro Montenegro, Ramón Veiga Valcárcel, Antonio Rodríguez Franco, Froilán Gayoso y el propio Manuel Soto Freire.

Su biografía se escribe por completo en Lugo, salvo la bucólica infancia de Sargadelos, donde nace el 13 de septiembre. De la fábrica que fue su cuna escribe de la Peña que es como “el inválido a quien su patria, cuando ya inútil, relega al olvido y tiene que perecer de miseria en el rincón de una choza”. No debe preocuparse tanto el catedrático, pues larga vida tiene por delante la obra de su bisabuelo desde que él redacta tan pesimistas líneas.

Aunque su actividad periodística y literaria se expresa fundamentalmente en castellano, Armando Requeixo ha localizado un poema suyo en gallego, “Fuxide d’eles” publicado en La Unión Gallega, el 27 de mayo de 1883. También encontramos un curioso artículo suyo sobre los beneficios del estiercol de cuadra en las patatas. En 1870 es corresponsal en Lugo de La Concordia, de Vigo, y colaborador de El Lucense durante años.

En ese aspecto, alcanza fama de escribir rápido y de improvisar con gran facilidad.

Se cuenta que un día se compromete para recitar en una velada poética y como quiera que la hora se echa encima sin noticias del vate, uno de los organizadores va a buscarlo a su casa, donde no se encuentra. Desesperado, se da de bruces con él en el Círculo das Artes cuando charla tan campante.

_ ¡Que se acerca la hora de la función, don Federico! _ le dice este hombre.

_ ¡Es verdad! _ le responde el interpelado _ Ya me olvidaba del compromiso contraído; perdóneme. Pero no se apure. Aún no me toca a mí actuar. Y ¿qué voy a hacer? ¡Bah! Cualquiera cosilla. Espere un poco…

Y tras pedir recado de escribir, compone los versos que minutos más tarde lanza ante el auditorio con voz tronante, como si fuesen estrofas muy meditadas y trabajosamente podadas.

Ahora bien, no nos engañemos; como dice Manuel Castro Lopez, Peña era un poeta local, localísimo, un poeta “cuyo nombre traspasaba únicamente poco más allá del viejo e histórico cinturón de piedra que ciñe a la antigua Lucus Augusti”, quizás porque lo ampuloso de su poesía escondía una modestia conformista con las dimensiones ciudadanas.

Su petición fue que “si llego a morir, que dulcemente / cantéis sobre mi urna funeraria”.

Y eso hacemos, como cuando medio Lugo se reúne en la Plaza de la Constitución para escuchar sus loas al doctor Castro, o su encendida protesta de 1885 contra Alemania en el contencioso sobre las islas Carolinas.

Antonia Cabana, una mujer de tres siglos

2 de Septiembre , 2019

En septiembre de 1903 muere una vecina de Gontán (Abadín), de 105 años de edad

EN SEPTIEMBRE de 1903 fallece en Gontán Antonia Cabana Bouza (Abadín, 1797), una mujer de condición sumamente humilde.

Si se fijan en los dos años citados, el primero pertenece al siglo XVIII y el segundo, al XX, es decir, en el medio de ambos falta por completo el siglo XIX. O lo que es lo mismo, con sus 105 años vividos, Antonia ha pisado en la tierra tres siglos diferentes, y lo ha hecho con unos medios de subsistencia absolutamente precarios, alimentación escasa, higiene relativa y expuesta al frío, la humedad o el calor en peores circunstancia de la mayoría de sus coetáneos.

Todo ello puede ser fruto de la casualidad o de una fortaleza especial de la mujer, pero en cualquier caso no deja de constituir la contradicción de todo lo que normalmente se predica como lógico, pues vivir entre algodones no proporciona la longevidad de una humilde choza.

Dada la rareza del caso que protagoniza Antonia, es el propio párroco de San Pedro de Goás, y anejo de Santa María de Abadín, José María Rey Reigosa, quien se encarga de localizar su partida bautismal para atestiguar que sí, que a la mujer le faltan dos meses para cumplir los 106 años de edad.

Quien más llora la muerte de Antonia es Pepiño de Gontán, un vecino que cuenta 95 años de vida en ese año de 1903 y que la recuerda hecha ya una moza, siendo él un niño que todavía no gasta pantalones.

La causa de la muerte de la mujer fue una bronconeumonía fibrinosa que se la lleva en muy poco espacio de tiempo. Prueba de ello es que sus vecinos la recuerdan con 105 años de edad en trabajos de agilidad y fuerza que no son propios de esa edad, aunque lo realmente impropio es que nadie en los contornos alcance esa edad, excepto Pepiño, que es el vicedecano de los longevos.

Si el cuerpo de Antonia se mantiene ágil y fuerte, no le va atrás su cabeza, que conserva, ya centenaria, el pleno uso de todos sus sentidos sin merma de ninguna clase.

En Lugo todavía no se ha fundado El Progreso y es primero El Regional, y luego El Eco de Galicia, quienes dan noticia del fallecimiento, que será rebotada por otras cabeceras españolas, aunque llamándola Antonia García Cabana.

El Correo Gallego, que se hace eco del caso en su número del 3 de octubre de 1903, echa cuentas de lo vivido por Antonia y concluye que el balance de su experiencia política supone haber conocido en España dos formas de gobierno, dos dinastías, seis reyes, dos regencias, dos gobiernos provisionales, una república y nada menos que veintiseis guerras, entre ellas, la del Rosellón, las anglo-españolas, la de las Naranjas, las napoleónicas, las de independencia americana, las carlistas, la de África, la Chiquita, la de Cuba y la de las Filipinas, por no ser más explícitos.

El cronista titula su información “Una mujer del siglo XVIII” y expresa su conclusión final respecto a la mujer: “Nunca mejor que en esta ocasión puede decirse ´vivir para ver´”.

Los dos españoles que aventajan a Antonia en el récord de longevidad desde que hay registros también son mujeres. Encabeza la tabla Ana María Vela Rubio, nacida el 29 de octubre de 1901, y fallecida el 15 de diciembre de 2017, es decir, con una existencia total de 116 años y 47 días.

La segunda es una tocaya, María Antonia Castro, nacida el 10 de junio de 1881 y fallecida el 16 de enero de 1996, una vida de 114 años y 220 días. Ambas eran andaluzas.

La primera gallega en el ránking controlado es María del Carmen Figueiró Freiría, de Nigrán (Pontevedra) fallecida a los 113 años y 209 días.