O mociño Manuel María e os seus primeiros libros

7 de Octubre , 2019

O poeta de Outeiro de Rei faría hoxe noventa anos e a súa obra, setenta

HOXE FARÍA O Manuel (Outeiro de Rei, 1929) noventa anos, xusto cando a súa obra cumpre setenta. O seu debut, agás versos soltos publicados en El Progreso y La Noche, foi cun libro en castelán _ máis ben un caderno _, do que se fala pouco por razóns idiomáticas e porque non é precisamente unha marabilla, pois hai que ter en conta que Manuel María ten entre 17 e 18 anos cando o escribe.

Chamouno “Marinero en la noche”, que é un título emparentado co do seu primeiro libro en galego, “Muiñeiro de brétemas”, aínda que un e outro non teñan nada que ver.

O primeiro en falar da obra de Manuel María, a.e.o.c., é JOTAGE, ou sexa Juan María Gallego Tato, que no 3 de xuño de 1949 recolle en El Progreso o nacemento de “Marinero en la noche” e fala da influenza de Alberti e de Lorca, aínda que o máis determinante no novo poeta é a paisaxe que viña de ollar co seu tío Xosé en Cespón (Boiro) durante a estancia estival á beira do mar.

Poucos máis falaron do libro ata Vidal Villaverde ou por aí. Polo que respecta á obra en galego, o primeiro comentarista con todo o merecemento é Francisco Fernández del Riego, Salvador Lorenzana, que vai seguir a obra de Manuel dende esa pegada inicial. Xusto é dicir que o poeta é o primeiro en falar na prensa galega do seu libro “Cos ollos do noso esprito”, publicado por Alborada en Bos Aires (1949).

E de quen máis fala na prensa Manuel María? Pois de Carballo Calero, que vén de publicar canda el na colección Benito Soto, de Pontevedra, de Álvaro Paradela, de quen se confesa lector diario, e de Luz Pozo, a través de Antonio Cillero.

Na pescuda por localizar a primeira entrevista xornalística con Manuel María aparece unha que asina Antonio Domínguez de Olano en La Noche o 3 de febreiro de 1951, cando o entrevistado ten vinte e un anos, e o entrevistador, a incrible idade de 13.

Os dous mozos chairegos, pois iso son neses intres, falan do pasado, do presente e do futuro. Manuel afirma que escribe poesía desde os doce anos, primeiro en castelán e logo, en galego, e recoñece que o mellor da súa obra ata ese día é “Morrendo a cada intre”, unha autobiografía íntima.

Cando Olano lle pide que se defina, Manuel contesta que, como poeta, o que lle agradaría é ser un burgués, o cal non é incompatible coa Arte. Seguramente a máis dun vai alporizar esa resposta.

Á hora de salientar tres poetas galegos do momento, cita a Luis Pimentel, a Carballo Calero e a Cuña Novás.

Olano, o neno Olano remata a súa peza xornalística _ se cadra unha das súas primeiras entrevistas, porque outra non queda _, volvendo ao rego:

“En un café de líneas modernas, en donde tiene su tertulia, le dejamos. Ésta es la ratificación de lo que él había afirmado de sí mismo al definirse: Le gustaría ser un poeta burgués. Y ya ha conseguido serlo de café”.

Supoñemos que moito non lle gustou a entrevista ao Manuel.

Do poeta dise moitas veces que a xente repite os seus versos crendo que son cantigas populares, e non obra dun autor recente e coetáneo. É certo. Manuel María foi un cantor de todo o que lle rodeaba. Se alguén mira a Galicia e pensa en dez cousas das que ve, quedará abraiado ao comprobar que o chairego ten un poema escrito para cada unha delas; ou de nove, para non arriscar dabondo.

Por iso din tamén que non foi un poeta culto, ou que foi máis popular que culto. Son xeitos de falar, porque poucos autores houbo tan apegados ao home, e se iso non é cultura…

El último milagro de San Froilán en 1919

4 de Octubre , 2019

Hace un siglo las fiestas patronales de Lugo peligran por la guerra y la falta de una comisión organizadora

LAS FIESTAS PATRONALES de 1919 no pintan bien. Los paisanos de Madrid, agrupados en torno a Federico Culebras _ un señor que tiene por título y timbre de orgullo el de ser “entusiasta lucense” _, han decidido suspender el tradicional banquete del día del santo, por la cantidad de jóvenes de Lugo que en esos momentos luchan en los frentes africanos, y si se mira hacia el norte, aún parecen escucharse los cañonazos de la Gran Guerra.

El hecho de que el día 5 de octubre sea domingo plantea problemas añadidos. Los barberos acuerdan que el día no sea festivo en su calendario laboral para poder apurar barbas y bigotes, pero algunos dependientes de comercio se soliviantan por el hecho de trabajar en domingo, en festivo y en patronales. Tres en uno.

La protesta llega a los adoquines y dos de ellos impactan contra sendos comercios, lo que provoca una dura condena de la Cámara.

Con todo, lo más grave es que a mediados de septiembre San Froilán está sin Comisión de Fiestas, sin programa y sin nada, salvo lo que buenamente pueda ir organizando cada uno.

Antonio de Cora, en colaboración con Pelúdez, propone un programa que se podría llevar a cabo sin graves esfuerzos. Cantigas e Aturuxos se descuelga con la organización de una festa enxebre con cantos regionales “en los que tomarán parte distinguidas señoritas de esta ciudad” y promete incluir entre los números, el concertante del segundo acto de la ópera Maruxa. Después irán a Zaragoza para cantar en las fiestas del Pilar.

El presidente del Círculo, Pedro Menéndez y García del Busto, convoca en su sede a todas las sociedades para ver que se puede organizar a diez días vista para salvar el vacío y que la ciudad festeje a su patrón San Froilán (Lugo, 833) con algo más que una lluvia fina y menuda.

Todos, menos el Círculo Industrial, responden como un solo hombre y de repente se anuncian conciertos, torneos deportivos, bailes y desfiles como si estuviesen escondidos debajo de las piedras. Los más cercanos al obispo nacido en O Regueiro dos Hortos, ya hablan de un nuevo milagro del santo, que si fue capaz de domesticar lobos de carga, también se las vale para sacarse fiestas de debajo de la mitra.

En un día se recaudan fondos. Los contribuyentes de la Praza Maior y aledaños son: La viuda de Tato, José Palacios, El Capricho, Iglesias y Compañía, Bernardo Madarro, Arturo Artalejo, Constantino González, Manuel Quiroga, Manuel Calvo, Manuel Fouce, Alfredo Casanova, Nemesio González, Tomás Carro, Eliseo Blanco, La Batalla, Evaristo Varela, Eduardo Ameijide, José M. Torviso, Jesús Franco Rivas, Julio Carro, Escolástica Lois, Hija de Plácido Ramos, Sombrerería Pimentel…

El 20 de septiembre, medio mes antes de la fiesta, llega el primer caldero de pulpo e instala su caseta en A Mosqueira. Los lucenses la van a ver como si se estuviesen inaugurando las murallas. Es el heraldo de las fiestas. Ya no hay duda. Si viene el caldero, vendrá el resto.

Uno de los que se instala con su barraca pulpista es dueño de un circo ecuestre e incluso tiene problemas de espacio para acomodarse debido a sus dimensiones. Un día antes peligra la fiesta y al siguiente no hay terreno para sentar sus reales. Milagro, y de los gordos.

Nadie puede quejarse, El 7 de noviembre la prensa informa que el día anterior se ha desmantelado a golpe de martillo la última barraca llegada para participar en las fiestas. Y se añade con cierto tono lastimero: “sólo quedan los puestos de pulpo”. Y eso que no iba a haber fiestas.

Baño triunfa en los negocios a poco de emigrar

3 de Octubre , 2019

El de Xove financia el homenaje del municipio a su pariente Tomás Mariño en septiembre de 1921

FRANCISCO BAÑO (XOVE, 1850?) es uno de los fundadores de la ciudad argentina de Necochea, convertida hoy en un enclave turístico que atrae a miles de veraneantes, con una población similar a la de Lugo.

Francisco y su hermano Maximino salen de Xove todavía adolescentes. Habían nacido en la misma casa donde lo hace otro ilustre hijo del municipio, su pariente Tomás Mariño Pardo.

En 1881, cuando se lleva a cabo la fundación de Necochea, Francisco ya es todo un personaje dentro de la pujante sociedad argentina. El nombre de la ciudad rinde homenaje al general Mariano de Necochea, colaborador de San Martín en las guerras de independencia.

Entonces Francisco ya ha ingresado en la masonería argentina dentro de la logia El Sol Argentino del Valle del Quequén.

Cuando los fundadores se enfrentan al diseño de la futura ciudad, se determina situar el centro administrativo y social a más de tres kilómetros del mar, una decisión adoptada por Baño, ya que se pretendía ubicarlo en la misma línea de costa, y el de Xove sugiere separarlo, “para evitar las molestias constantes que los médanos y el viento podían causar”, según relata en su libro “Horas perdidas” (Buernos Aires, 1920).

En reconocimiento, se le asigna a Baño el honor de plantar la primera bandera de la fundación, que deja un reguero de símbolos masónicos en la ciudad, perfectamente reconocibles hoy, pues masones eran casi todos los fundadores.

Baño será uno de los directores del Banco de España y América, y el primer presidente del Centro Hijos del partido de Vivero, en abril de 1909. Aproximadamente en esas fechas, su hermano Maximino es nombrado vocal de la Sociedad Argentina de Créditos, o Banco de Descuentos, fundado casi sólo con capital español. En 1908 decide denominarse Banco de Castilla y Río de la Plata.

Años después, Baño conoce los pioneros trabajos de su paisano y pariente Tomás Mariño en torno a la solución de los problemas de la navegación aérea, cuarenta años antes de las aportaciones de Zeppelin.

Baño vibra de entusiasmo y decide poner todo de su parte para que la gesta de Mariño no quede en el olvido. Habla con Manuel Insua Santos, el descubridor de los textos de Mariño, y juntos deciden publicar el trabajo en el Heraldo de Vivero, financiar una placa conmemorativa en la casa natal de Mariño y entregar ese manuscrito al Archivo Regional de Galicia.

Baño no solo lo financia, sino que se desplaza a Galicia para supervisar y participar en los homenajes, siempre en un discreto segundo plano.

Las palabras que pronuncia en Xove el día en que se inaugura la placa nos descubren a un Baño cautivado por el mundo del conocimiento, y como es habitual en esa época, espiritista y admirador de capacidades humanas todavía semiocultas, como la telepatía:

“Eso que los espiritistas llaman espíritus que vagan por los espacios, y que encarnándose en la materia inspiran al hombre y dirigen sus actos; como asimismo ese otro que algunos sabios denominan casos de telepatía, no son ni más ni menos, señores, que los pensamientos, que, sin el invento de Volta y Marconi, corren de un extremo a otro sin respetar distancias”.

Quizá los asistentes al acto no supieron analizar con exactitud qué les decía su paisano de Necochea, pero Baño hablaba en clave espiritista y masónica, incapaz de sustraerse de hacerlo aunque tuviese delante a todos los párrocos de los contornos, de Cervo a O Vicedo.

Manuela como Valle, la enamorada del rey

2 de Octubre , 2019

El 1 de octubre de 1842 nace en Mondoñedo la actriz que va a conquistar al público lisboeta del XIX y a su rey Pedro V

LA HISTORIA DE la actriz Manuela Rey (Mondoñedo, 1842), ídolo del público lisboeta en el ecuador del XIX, llega a los gallegos actuales a través de Dionisio Gamallo Fierros, Andrés García Doural y Antonio Reigosa.

Las aportaciones de Gamallo y Reigosa han sido recogidas en estas páginas de El Progreso y entre lo averiguado por los tres se tiene hoy suficiente información para saber quién ha sido el personaje, cuáles son sus orígenes en A Pradela de San Vicente de Trigás, cómo fue su largo recorrido entre Mondoñedo y Lisboa y qué éxitos logra a lo largo de su corta existencia, pues nace otro 1 de octubre como hoy, el de 1842, y muere tan solo 23 años después.

Siempre quedará el misterio de saber cuán íntima fue la admiración que sentía por ella el rey Pedro V, antes de su matrimonio con la princesa Estefanía de Hohenzollern-Sigmaringen.

El octavo conde da Ponte, João Saldanha da Gama Guedes de Brito, da testimonio de que fueron enamorados en toda la extensión de la palabra, que no es exacto sinónimo de amantes. Y el escritor Júlio de Sousa e Costa lo pone negro sobre blanco en su libro “O segredo de dom Pedro V”, que Gamallo conoce a través de su edición portuguesa de 1940, aunque en puridad, de lo que allí se habla no es de una aventura galante de un rey mujeriego y de una actriz casquivana, sino de un amor imposible entre un monarca y una artista.

Únase a que Manuela era un bellezón y que entre los portugueses la mujer destaca por ser elegante, culta y joven dama del teatro, y tendremos los protagonistas ideales para una novela rosa de altos vuelos ¡y con personajes reales!

Sin que ella lo desee, Manuela es protagonista de duelos de amor, como el que cita Reigosa entre el dramaturgo J. A. Correia de Barros y el periodista Francisco Serra en 1865.

Y recordamos su pronto fallecimiento y el del rey Muito Amado, la novela rosa va camino de convertirse en el dramón portugués del XIX. A diferencia de la historia que nos cuenta Fernando Fernán Gómez en el Viaje a Ninguna Parte, el periplo que Manuela realiza con la compañía ambulante de cómicos que la recoge en Mondoñedo, sí tiene un destino glorioso, aunque efímero. El tifus se encarga de que así sea el 26 de febrero de 1866, cinco años después de morir Pedro V.

A Gamallo, Doural y Reigosa se adelanta el periodista gallego que ejerce de corresponsal en Lisboa del diario vigués El Miño, cuya cabecera se publica mientras dura la sanción a La Oliva, pues el 1 de abril de ese mismo año informa que allí ha muerto “una de las notabilidades dramáticas de esta capital. Es más: la mejor actriz que tenía el teatro nacional portugués”.

La sorpresa de los vigueses es morrocotuda cuando ese corresponsal _ cuya identidad perseguimos _, les dice que se llamaba Manuela López Rey, que era hermosa y que había nacido en Mondoñedo.

De ella dice que los “azares de la fortuna” la habían llevado hasta allí, lo cual indica que también podría estar al tanto de su peregrinar teatral.

“Manuela Rey _ dice El Miño en 1866 _, era una de esas vocaciones espontáneas, que se manifiestan sin esfuerzo, que se enseñorean del arte casi sin estudio. Su muerte ha sido muy sentida porque el lugar que deja en la escena portuguesa nadie lo puede llenar hoy”.

Habla de un entierro multitudinario y de su actual labor de recoger “pormenores biográficos acerca de ella, con el fin de remitir algún articulito para El Miño, lo cual espero no retardar por mucho tiempo”.

Delante tiene pormenores y pormayores.

El nacimiento lucense de Julián Besteiro

2 de Octubre , 2019

El próximo septiembre se cumplirán los 150 del alumbramiento que casi todos localizan en Madrid

EL RELATO DE RIVAS Reija convierte a Julián Besteiro (O Corgo, 1870) en un lucense más, y a sus pruebas nos remitimos.

La persona que actúa como comadrona en el parto es la señora Apolonia o Polonia, a quien Rivas llega a tratar en persona. Su abuelo paterno, Manuel Rivas Besteiro, guarda cierto parentesco con el político, como denota su segundo apellido.

Todo se realiza de sorpresa y con cierta premura. La intención de sus padres es inscribir al niño en Madrid, donde tienen casa, alejándolo de la casa paterna de O Corgo como pequeños burgueses que son. Paradojas de la existencia.

Rivas Reija hace en vida lo que puede para que Besteiro tenga cuna lucense, ya que lucenses son los brazos de Apolonia y el paisaje que lo ve nacer.

Pero hasta el momento, ya sea por falta de pruebas mayores, de interés, o por conspiración castizomasónica, las biografías del expresidente de las Cortes apuestan mayoritariamente a favor de un nacimiento el 21 de septiembre en la capitalina Costanilla de Santiago, 15, y no el 14 de septiembre del mismo año en Cima de Vila, lugar de la parroquia de Santa María de Franqueán (O Corgo), donde también lo había hecho su padre, José Francisco Besteiro Guiza el 15 de diciembre de 1819.

Quienes porfíen en la empresa de rescatar la verdadera nacencia de don Julián Besteiro deberán consultar un trabajo remitido por Rivas Reija a Gómez Vilabella y fechado en 1970, donde narra que Julián nace accidentalmente en su casa paterna de Cima de Vila. El aspecto de la criatura es inquietante, por lo que se decide administrale el agua de socorro, esto es, un bautismo de urgencia.

Rivas recoge testimonios de los vecinos más ancianos de Franqueán, entre ellos el de la señora Apolonia/Polonia. Dice que lo ve nacer en estado preagónico y que todos le dan pocas esperanzas de vida. Recuerda que se comenta; “Este neno nunca vai ao poleiro”.

Explica que su madre, Juana Peregrina Fernández y García, lo concibe después de veintitantos años de matrimonio. Llega a Lugo muy enferma para pasar el verano de 1870 en la casa de Cima de Vila. Rivas sospecha que el alumbramiento es prematuro y que probablemente ya tuviesen en mente regresar a Madrid para parir allí, sin poder conseguirlo.

Pero madre e hijo mejoran lo suficiente como para arriesgarse al viaje 8 o 9 días después. Cuando comienza a haber constancia de su existencia es el 24 de septiembre de ese año, al ser bautizado por segunda vez, ahora con todas las formalidades, en la iglesia de San Ginés, de Madrid. Recibe los nombres de Julián, Mateo y José María. Su verdadero nacimiento _ anota Rivas _, supone que los padres cometen una infracción de la nueva Ley del Registro Civil, ya que ésta obliga a realizar la inscripción de los nacidos dentro de las 24 horas siguientes de parto.

En el trabajo de Rivas se afirma que Julián Besteiro se refería con gran cariño a su casa de Franqueán. “Mi tierra de Chamoso”, y añade que pasaba nueve meses en Madrid, y tres en Lugo, “a orillas del río Tórdea, semi-centro del Condado de Chamoso”, a donde siempre llega delicado de salud para regresar a Madrid con las fuerzas renovadas.

Otra consideración: “En el Catastro de la Única, de Piñeiro, figura Fabián Vesteyro, como traficante de bueyes, en 1752-53, única profesión lucrativa en Lugo, profesión que siguieron todos los Vesteyros de la Casa de Piñeiro. Y era tal su prestigio y honradez, que llegaban a las ferias de Monterroso, y los labradores les fiaban el ganado hasta la feria siguiente”.

Carreiras, alcalde republicano y episcopal

30 de Septiembre , 2019

En septiembre de 1932 vive su gran momento, cuando estrecha la mano de Azaña en Mondoñedo

SASTRE, INDUSTRIAL, LIBRERO, periodista, pero fundamentalmente republicano, Cándido Carreiras Domenech (Mondoñedo, 1870), es una inagotable fuente de anécdotas, auténticas unas, atribuidas otras, como ocurre con todos los personajes peculiares, y Cándido lo fue.

El republicanismo sincero que alienta sus ideas no elimina un respeto reverencial a lo eclesiástico de tal modo que, por ejemplo, cuando escribe la crónica del primer aniversario de Leiras, su admirado poeta, amigo y correligionario, destaca que sus venerables restos “han santificado el cementerio civil”, lo cual no deja de ser una pirueta doble mortal hacia atrás para quedarse en el mismo sitio.

El 21 de septiembre de 1932, el presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña y el titular de Gobernación, Santiago Casares Quiroga, hacen un alto en Mondoñedo procedentes A Coruña.

Carreiras, nervioso ante tamaño despliegue de republicanismo en su episcopal ciudad, corre a saludarlos en compañía del cronista, Eduardo Lence Santar y del concejal José Villamarín, “tres republicanos de luengas y bíblicas barbas”, tal como se describe a sí mismo en la crónica enviada a El Pueblo Gallego del que es corresponsal en esos momentos.

Luengas, vale, pero bíblicas es un adjetivo que se escapa al carácter del comité de bienvenida.

Por si fuera poco, cuando don Cándido le estrecha la mano a Azaña, la emoción le juega una mala pasada y exclama:

_¡Reverendísimo señor!

Se ve que el trato con el señor obispo de Mondoñedo y con otros personajes de la curia habían dejado en su ánimo una huella indeleble, como los sacramentos.

Fole contaba con mucha gracia cómo fue que llegada la República, los pocos partidarios que había en Mondoñedo se dirigen a él para que ocupe la alcaldía y Carreiras, humilde y trascendente a la vez, les replica:

_Queridos republicanos, queridos mindonienses… ¡en mi pecho no anidan jefaturas!

Él había anunciado y declarado la buena nueva desde el balcón del ayuntamiento y de hecho fue alcalde. Vallibria le agradece en su primer año que su republicanismo manifiesto sea compatible con la celebración de la Virgen de los Remedios, ejemplo de tolerancia y convivencia para los tiempos venideros, que por desgracia no tuvo mucho predicamento.

También recordaba Fole a cada paso la que quizá sea su anécdota más conocida, cuando precisamente se proclama la II República y se acerca al citado cementerio para anunciárselo a su querido amigo: “¡Leiras, Leiriñas! ¡Chegou a República!”

Cuando en tiempos de Primo es desterrado a Ribadeo y Castropol por sus proclamas republicanas, promete a sus vecinos que volverá pronto, y cuando lo haga, “hablaré de los Borbones”, sus enemigos declarados.

Colaborador y corresponsal de El Progreso, es en este periódico donde publica su crónica sobre la estancia de la fotógrafa norteamericana, Ruth Mathilda Anderson, y su padre en Mondoñedo, aunque Cándido la trata de “miss inglesa”, porque hablar hablaba inglés, sin duda. Dice que Ruth Mathilda se ha quedado maravillada de lo limpia que es Mondoñedo, la ciudad más limpia de Galicia, y eso a Cándido le gusta, claro.

Redactor jefe de Justicia, es donde despliega sus mejores dotes periodísticas, casi siempre salpicadas de sí mismo, como alcalde o como testigo de los sucesos, como cuando narra la muerte de dos mujeres de O Valiño electrocutadas por la línea de alta del Tronceda. “¡Están negras como carbones!” Y finaliza: “También murió una vaca”.

El descubridor de las pinturas murales de Mondoñedo

30 de Septiembre , 2019

Hace 109 años que fallece en Madrid el arqueólogo e historiador sin despejar la polémica

DELANTE DE SU nombre, José Villaamil y Castro (Madrid, 1838) llevó siempre alguno de estos títulos: ilustre bibliotecario, erudito arqueólogo, eminente historiador, riguroso cronista provincial, archivero, dibujante… ¿expoliador? Así es desde que se sumerge en el conocimiento desde el Seminario Conciliar hasta que fallece a los 72 años. Villaamil dedica su vida por entero a la erudición y nada hay en ella ajeno a la investigación del pasado. Incluso siendo ciertas las acusaciones.

Madrileño de nacimiento y muerte, es gallego de todo lo demás; lucense para más señas y mindoniense para afinar, pues frente a esa catedral tiene su familia casa y escudo y a ella vuelven poco después de nacer José, que va a ser de todo en la ciudad del Masma antes de dejarla en 1873.

Esta semana se cumplieron los 109 años de su muerte y a lo largo de este siglo y pico, todos los que escudriñaron el pasado de Galicia se toparon obligatoriamente con Villaamil. Y muchos de los que lo hicieron en el de España, también.

Sus padres son el gaditano José Villaamil y Albareda, hijo de mindoniense, y Carlota de Castro y Cavia. Desde 1865 forma matrimonio con María del Carmen Santiso y Cora, de Viveiro, Lieiro y por ahí. Tienen dos hijas, Carlota, fallecida de niña, y María Josefa, que se casará con el polémico Florentino Álvarez Osorio, aunque quien sabe bien la filiación es García Doural, que la ha publicado en su Miscelánea mindoniense.

Durante el último lustro del XIX, la muralla de Lugo vive uno de los momentos más peligrosos de su existencia, peor que cuando es acosada en la Edad Media. Peor que cuando veinte años después se conjuren diversos intereses para echarla abajo y vender sus piedras al puerto coruñés.

El peligro viene porque quienes encabezan el plan para chimparla son sus concejales en sede municipal, es decir, que se trata de un enemigo interno, un quintacolumnista infiltrado en las bancadas representativas.

Como siempre ocurre en estas ocasiones, la polémica cuenta con radicales que abogan por la demolición total y el relleno de las cuestas adyacentes con ella; con mediopensionistas que solo tirarían determinados lienzos y con horrorizados ciudadanos que por una razón u otra están escandalizados.

Y los erúditos, que diría Fole. Gente dispuesta a demostrar que la muralla es medieval y que no merece ni un minuto de discusión, porque si les hiciéramos caso, se prohibiría la electricidad y viviríamos como en el tiempo de las cavernas.

A todo esto se cita a Villaamil como autoridad suficiente para rechazar la romaneidad de las murallas, y don José, que luce la prudencia por divisa, pero que ya ha colaborado en la magna obra del alemán Emil Hübner, “La arqueología de España”, con todo lo que se refiere a Roma y Lugo, se muerde la lengua, se calla lo que le gustaría soltarles a los indocumentados y redacta un extenso artículo titulado “La Murallas de Lugo. ¿Son romanas?”, prólogo de otro trabajo más extenso sobre el Lugo romano, publicado como folletón.

Queda Villaamil sin ser mencionado para dar y tomar. Citemos al menos sus dibujos de las pinturas murales de la catedral de Mondoñedo, quizá su hallazgo más notorio y que figura en su cromo.

En cuanto a las acusaciones de expolio y comercio que algunos, como el cronista episcopólogo de Lugo, Antonio García Conde, le dirigen, a él y a su hijo político, solo podemos constatar que existen y con bases suficientes para ser creídas.

Pérez Parada, paciente pionero de Pasteur

27 de Septiembre , 2019

El sábado 28 es el Día Mundial contra la Rabia

ESTE SÁBADO, 28 de septiembre, se celebra el Día Mundial contra la Rabia porque en esta fecha de 1895 fallece Louis Pasteur, el hombre que desarrolla la primera vacuna contra la enfermedad.

Aun hoy se calcula que unas 60.000 personas mueren anualmente de rabia, y sólo Europa, Estados Unidos, Chile y Australia, están libres de ella. Antes de 1885, ser mordido por un perro rabioso supone una condena a muerte.

En ese contexto vive nuestro protagonista de hoy, Manuel Pérez Parada, natural de Monforte de Lemos y posible sargento de la Guardia civil, aunque ese dato no hemos podido confirmarlo.

Por toda Galicia circula ya la “Memoria original que sobre el sistema curativo de la Rabia descubierto por Mr. Pasteur…”, de su paisano, el médico monfortino Maximino Teijeiro Fernández, y las esperanzas de que Pasteur o Ferrán hayan encontrado una vacuna eficaz contra el virus son casi absolutas.

Maximino Teixeiro había sido comisionado por el Gobierno a París en mayo de 1886 para estudiar lo que entonces se conoce como el sistema curativo de la rabia descubierto por Pasteur.

En abril de 1888, Pérez Parada es mordido por un perro rabioso y dadas las noticias que se producen en ese campo, ya no es un condenado a muerte, pues parece que si se adoptan las medidas oportunas, hay muchas posibilidades de salvarle la vida.

Conocido el caso, el 18 de abril la Diputación de Lugo, como también había hecho el ayuntamiento de Ferrol con otros, acuerda subvencionar con mil pesetas el traslado a París de Pérez Parada, con el fin de que sea sometido a la vacuna de Pasteur antes de que aparezcan en él los síntomas de la rabia, pues entonces sí que no habrá vuelta atrás.

Tengamos en cuenta que la efectividad de la vacuna ha sido probada con éxito el 6 de julio de 1885 en el caso del niño Joseph Meister y que el Instituto Pasteur de París no va a ser inaugurado hasta ocho meses más tarde, el 14 de noviembre de ese año.

La Corporación Provincial lucense entra en contacto con la embajada española en la capital francesa y le informa que Pérez Parada viaja hacia allí. En los 18 meses siguientes, 2.500 personas se benefician del descubrimiento de Pasteur y salvo diez, todas sobreviven. Uno de ellos, el monfortino.

También en 1888 se da noticia de una monja de Vitoria que frisa los ochenta años y que ha comenzado a mostrar los síntomas de la rabia. Lo sorprendente del caso es que la monja había sido mordida por un perro en su niñez, setenta años antes, cuando lo normal es que los síntomas se presenten en los 300 primeros días.

Desde Francia también llega la adopción de unas medidas que a muchos españoles les parecen exageradas, o modernistas, o imposibles de llevar a cabo.

Dicen las autoridades sanitarias galas que todos los perros deben llevar colgada una medalla que certifique el pago de sus impuestos y su vacunación antirrábica. Llevar al perro con bozal o sujetarlo con una cuerda no basta, ni protege contra nada. El que no lleve medalla debe ser sacrificado.

Y para que nadie se tome la medida a broma, anuncian la muerte allí de más de 50.000 perros, porque sólo en los países donde se exigen con rigor estas medidas han visto disminuir los casos de hidrofobia.

Seguimos en 1888 y la prensa española no acaba de creerse la seriedad con la que hay que enfrentarse a la enfermedad, pues opina: “En breve tendremos nosotros que llamar la atencíón de nuestras autoridades sobre este asunto”, como si fuese cosa de pensárselo.

Madarro, la fama de los pasteles en toda España

26 de Septiembre , 2019

Su confitería se encamina a cumplir los 130 años de historia

AUNQUE LA FECHA de fundación de la confitería sea el año 1891, Alejo Madarro Villar (Lugo, 1865) abre su establecimiento en el 13 de la calle de la Reina el 29 de septiembre de 1895. En 1891 están abiertas la de su padre, Madarro López, y la de Cipriano Barros, ambas en Dr. Castro, o calle de las Dulcerías.

La crónica corresponde a El Eco de Galicia y es muy elogiosa. Afirma que los lucenses acuden en masa y que todo se ha dispuesto con exquisito gusto gracias a “las expertas y hábiles manos del señor Madarro”.

En diciembre de ese año, don Alejo anuncia que tiene turrones de Alicante, Jijona y Cádiz; de limón, naranja, yema, fruta, rosa, canela, vainilla, avellana, etc.; chocolates, vinos de guinda, naranja, pasa y tintillo de Rota. Así como un variado surtido de cajas de lujo para bodas o bautizos.

En paralelo, su hermano Bernardo Madarro Álvarez mantiene la confitería en Dr. Castro, 2, antigua Batitales.

Los productos de Alejo obtienen diplomas en las exposiciones a las que acude desde el primer año. También es nombrado Proveedor de la Casa Real, con derecho a utilizar escudo de armas en las etiquetas. Se trata de una orden del 1 de abril de 1904 firmada por Alfonso XIII, a quien se le han remitido unas tartas. El título llega cuando muere su hijo Nicolas, niño de muy corta edad.

Alejo y Bernardo Madarro firman un comunicado conjunto en 1919, hace un siglo, para explicar que durante la guerra del 14 mantienen los precios a la espera de que una vez terminada bajen las materias primas _ azúcares, harinas, huevos, mantecas o almendras _, pero al seguir altos, se ven obligados a fijar en 10 cént. el precio mínimo de los pasteles.

Durante los primeros años también se venden juguetes con precios que van de los 5 cént. a las cien pts. La oferta es variada y de gran calidad en pastelería, bollería artesanal y confitería de elaboración propia, de tal modo que algunas de sus especialidades se solicitan con verdadera devoción.

Hay clientes enganchados a los merengues y si viven fuera de la ciudad, no perdonan una visita a Madarro para hacerse con la prueba. Otros se decantan por las cañas de crema o canutillos, las pastas, las coronas de almendra, el dulce de membrillo, las tartas a la holandesa o la espectacular Muralla romana de petisús de crema, sin olvidar los productos de temporada, como son los huesos de santo y los buñuelos, los turrones, troncos de Navidad, mazapanes y roscones de Reyes.

Los trabajadores de la confitería, José Rodríguez Torres y Ricardo González Gallego, la adquieren en marzo de 1958, y hoy son sus herederos, José Ramón Rodríguez Vázquez, Monserrat González Ares y Beatriz Rodríguez López, quienes regentan el negocio. Entre ambas generaciones se encuentra también Marcelino González González, que la recibe de su tío Ricardo. Hoy ya hay hijos dispuestos a perpetuarlo.

La decoración con pinturas murales modernistas de 1904 se debe al italiano Arturo D´Almonte que también pinta y decora otras casas en Lugo, como la que hoy es sede de Abanca, en la Praza Maior. Con su firma existen dos cuadros colgados en el Círculo das Artes.

Las pinturas de D´Almonte _ unos angelitos repartiendo pasteles desde las nubes _, son restauradas en 2014 por las mismas profesionales que recuperan la cúpula del altar mayor catedralicio, las orensanas María Isabel Vázquez Rodríguez y María Dolores Lago Arce.

Bernardo Madarro fallece en 1919 y continúa con el negocio su hijo Pedro. Alejo Madarro, el 5 de noviembre de 1925.

Cabanela, el hombre de las 10.004 caderas

25 de Septiembre , 2019

El 24 de septiembre de 2013 opera en Madrid a Juan Carlos I

TRES AÑOS ANTES de acabar Medicina, el 14 de septiembre de 1932, Enrique Cabanela Álvarez viaja a Santiago con otro estudiante larguirucho de la episcopal ciudad llamado Álvaro Cunqueiro Mora. Son amigos, aunque todavía no parientes por doble vínculo. El primero, porque Álvaro se casará con Elvira González-Seco, y Enrique, con su hermana Maruxa. El segundo, porque Enrique será padrino de César, el hijo del escritor, y éste, padrino de Miguel, el hijo de Enrique.

Miguel Enrique Cabanela González-Seco (Mondoñedo, 1942) recuerda a su padre protestando a grito pelado cuando a las tres de la mañana le vienen a buscar para atender a un enfermo, pero es su forma de despertarse. Nunca deja de ir a donde le reclaman sea la hora que sea.

El hombre está predestinado. Enrique Cabanela quiere que su hijo se forme en el extranjero y considera que la mejor opción es Alemania. El propio Miguel aprende el idioma para poder especializarse al terminar en Santiago. Va, pero no vuelve convencido del nivel que requiere para su perfeccionamiento. Hace un año de posgrado en Compostela y decide que su destino será EE.UU.

Cuando le preguntan por qué elige su especialidad, Cabanela afirma que la culpa la tiene el cirujano ortopédico judío, Marvin Dubansky, al que trata en un hospital de Iowa donde llega para hacer un año de internado rotatorio, antes de especializarse en la Clínica Mayo.

Ya en 1980, cuando lleva más de una década siendo profesor de Cirugía Ortopédica de la Facultad de Medicina de la Mayo, de Rochester, viene a Galicia para hablar a sus colegas de artroplastia de cadera a doble copa, que los profanos debemos traducir como su sustitución por una prótesis, algo que hoy ya está a la orden del día.

No sabe entonces que unos treinta y tantos años después será llamado para que intervenga al Rey, y no una, sino dos veces. La fama de Cabanela hijo se dispara más allá de las fronteras que su padre había conquistado con amor y ternura hacia los pacientes para dar fe de que los Cabanela atienden del Rey abajo, a todos.

De la Mayo se trae a su habitual compañero de quirófano, Robert Trousdale, y juntos le implantan al jefe del Estado su definitiva prótesis de cadera el 24 de septiembre de 2013. Quizá sea cierto que hoy es una operación sencilla y no hay motivo alguno para dudarlo. Sin embargo, lo que no debe ser tan sencillo es que te elijan a ti para ponérsela al Rey, porque de entre todos los cirujanos posibles, han de quedarse con uno y ése fue Cabanela.

El médico que tiene “un currículum humanitario que no tiene fin” reconoce que se siente más presionado en otras operaciones de personalidades, como cuando interviene al vicepresidente de los Estados Unidos o a algún jeque árabe.

Cuando terminan en quirófano, los dos médicos ya le habían augurado al paciente un buen nivel de recuperación, siempre que no intentase jugar al baloncesto. Cabanela se gana a la prensa con su sorna gallega y con su tendencia a colar un chiste en cada respuesta. Claro que algún periodista va demasiado lejos pidiéndole que ponga la mano en el fuego para asegurar que el monarca nunca más tendría problemas de cadera. “Me pide usted mucho”, contesta.

Esta segunda operación ha sido más corta que la anterior, “no por mucho, la otra fue 2,47 y ésta 2,32″. Minutos, claro. Entonces suena su teléfono móvil y el doctor lo atiende para que lo oiga toda la sala:

_ Non. Estou todavía falando.

Dice haber operado 10.000 caderas, más las dos de Madrid y otras dos en Lugo, 10.004.